Determinantes sociales y demencias: una estrecha relación
De
acuerdo con las tasas de prevalencia reportadas, en Cuba
aproximadamente 160 000 personas padecen demencia y este número se
incrementará en 2,3 veces para el 2040, es decir a 300 000 personas con
demencia, el 2,7 % de la población cubana, si no se logra alcanzar una
cura efectiva
«En el complejo proceso salud-enfermedad los determinantes sociales
tienen un papel fundamental», afirma acertadamente el estudio de la
Universidad de Ciencias Médicas de La Habana, Facultad Finlay Albarrán y
el Departamento de Estudios de Alzheimer de Cuba, Algunos determinantes
sociales y su impacto en las demencias, de los investigadores Rodolfo
Isidro Bosch Bayard, Tania Zayas Llerena y Elaine Hernández Ulloa.
El texto, publicado en el Volumen 43, Número 3 del año 2017, de la
Revista Cubana de Salud Pública, es un necesario acercamiento a un tema
estratégico, en tanto «la demencia es hoy uno de los principales
problemas de salud que afecta a todos los países, con un enorme costo
social y económico».
«Los países en desarrollo enfrentan una transición demográfica
acelerada que conlleva el aumento de la incidencia y prevalencia de la
demencia, lo cual depende de las condiciones propias del individuo, pero
en buena medida está la influencia de otros factores macroeconómicos.
Es importante conocer cómo influyen los determinantes sociales en esta
enfermedad para poder trazar las acciones que permitan su control y una
mejor incorporación del paciente y su cuidado a la sociedad para que
incremente su calidad de vida», sostienen los autores.
A partir de cada uno de estos elementos, los investigadores se
propusieron describir la influencia de los determinantes propios del
individuo y los determinantes sociales macroeconómicos, en la
prevalencia de las personas con demencia, así como el rol de las
políticas de salud en el control de la enfermedad, a partir de una
amplia revisión de textos publicados sobre el tema
Como resultado, señalaron que los determinantes de la salud propios
del individuo: edad, sexo, raza o grupos étnicos aportan información que
puede influir en el desarrollo de la demencia y pueden ser modificados
por factores ambientales como el estilo de vida y las redes sociales.
También, abordaron los determinantes sociales macroeconómicos, como
los costos y los planes nacionales para la atención a la demencia. En
ese sentido, refieren que el costo mundial de la enfermedad se
distribuye de forma desigual, con predominio de los países más
ricos. Cuba, Costa Rica y México son los primeros países de medianos y
bajos ingresos que comenzaron a desarrollar estrategias nacionales para
la atención a la demencia, explica el texto.
«La demencia puede estar influenciada por factores de riesgo en la
edad media de la vida: obesidad, hábito de fumar, sedentarismo,
hipercolesterolemia, alcoholismo y bajo nivel educacional», afirman los
autores, quienes mencionan entre los determinantes de la salud propios
del individuo la edad, el sexo y la etnia o raza.
En relación con la edad, queda claro que es un factor de riesgo para
la enfermedad de Alzheimer. «La prevalencia e incidencia en demencia
aumenta con el envejecimiento poblacional, pero este incremento se
produce casi de forma exponencial, la población estimada de personas con
demencia para el 2015 en el mundo fue de 44,6 millones. La prevalencia
de demencia se duplicará cada 20 años, hasta alcanzar los 65,7 millones
en el 2030 y los 115,4 millones en el 2050», ejemplifica el material.
Por otra parte, las mujeres tienen una expectativa de vida superior a
la de los hombres, pero también mayor comorbilidad y deterioro de su
salud, al tiempo que son las más afectadas por la demencia y viven con
niveles de discapacidad más elevados que los hombres de igual edad. «La
prevalencia estimada de la demencia en mujeres es superior a la de los
hombres de 19 a 29 %, respectivamente. Las mujeres sufren más los
síntomas sicoafectivos de la enfermedad y tienen menos acceso a los
servicios de salud por el rol que desempeñan en el cuidado de la
familia», explican los autores.
Pero así como la incidencia de la demencia depende de factores
biológicos (genéticos), también intervienen en este proceso factores
ambientales como el estilo de vida o la actividad mental, la dieta, la
actividad física, el consumo de tabaco y alcohol, y la educación. «Estos
factores pueden acelerar o retardar la cascada de eventos fisiológicos
que ocurren a nivel cerebral para la aparición de la enfermedad».
De ahí que «la prevención de la demencia es hoy uno de los pilares
para el tratamiento de la enfermedad, ya que aún no existe un
tratamiento curativo».
Pero los investigadores van más allá, hasta considerar claves también
factores como las redes sociales, la economía y la voluntad política de
los gobiernos para enfrentar la demencia. «Las personas con deterioro
cognitivo y sus cuidadores sufren el estigma social de la demencia,
tienen menos oportunidades en el entorno laboral, presentan síntomas
sicológicos como depresión y ansiedad y necesitan el apoyo de sus
vecinos, organizaciones de masas y grupos de ayuda mutua», refiere el
artículo.
Del mismo modo, es determinante el impacto económico. A escala
mundial, hoy las demencias constituyen la tercera enfermedad en costos
económicos superada solo por los padecimientos cardiovasculares y el
cáncer.
«Los planes nacionales para la demencia de países como Cuba, Costa
Rica y México, aumentan la calidad de la atención médica, optimizan los
servicios de salud y logran una mayor equidad. Es una necesidad que los
países en desarrollo incrementen su colaboración mutua y tracen
estrategias para enfrentar esta enfermedad» refiere el texto.
De acuerdo con las tasas de prevalencia reportadas, en Cuba
aproximadamente 160 000 personas padecen esta enfermedad y este número
se incrementará en 2,3 veces para el 2040, es decir a 300 000 personas
con demencia, el 2,7 % de la población cubana, si no se logra alcanzar una cura efectiva.
Las demencias son hoy un desafío para los sistemas de salud, social y
económicos del mundo, pero son sobre todo un reto a la conciencia
individual de cada ciudadano que tiene ante sí la posibilidad de cuidar
su salud, apoyar al otro y contribuir a derribar mitos y miedos.
Una nueva investigación podría explicar
el vínculo reportado entre el uso de los edulcorantes artificiales y la
diabetes, señalan unos científicos.
Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale
afirman que en la naturaleza la intensidad de la dulzura refleja la
cantidad de energía presente. Pero en la vida moderna, el metabolismo
del cuerpo resulta engañado cuando una bebida es demasiado dulce o no
suficientemente dulce para la cantidad de calorías que contiene.
Eso significa que una bebida de sabor dulce baja en calorías puede
provocar una respuesta metabólica mayor que una bebida con más calorías,
apuntaron.
"Una caloría no es una caloría", explicó la autora principal del estudio, Dana Small, profesora de psiquiatría.
"La suposición de que más calorías provocan una respuesta metabólica y cerebral mayor es errónea.
Las calorías son solo la mitad de la ecuación; la percepción del sabor
dulce es la otra mitad", planteó Small en un comunicado de prensa de la
universidad.
Cuando ocurre una "falta de concordancia", los circuitos de
recompensa del cerebro no registran las calorías que se han consumido,
señalaron los investigadores. Muchos alimentos procesados tienen esa
falta de concordancia, por ejemplo el yogurt con edulcorantes bajos en
calorías.
"Nuestros cuerpos evolucionaron para utilizar con eficiencia las
fuentes de energía disponibles en la naturaleza", dijo Small. "Nuestro
ambiente alimentario moderno se caracteriza por fuentes de energía que
nuestros cuerpos no han visto nunca antes".
Small y sus colaboradores dijeron que el estudio podría ayudar a
explicar el vínculo entre algunos edulcorantes artificiales y la
diabetes descubierto en investigaciones anteriores. Pero el tema sigue
siendo controversial, y los expertos concuerdan en que se necesitan más
investigaciones.
El estudio aparece en la edición del 10 de agosto de la revista Current Biology.
Así fueron los 'homo sapiens', según la reconstrucción de los gemelos Kennis. A la derecha, la mandíbula y el cráneo hallados.
Según los expertos, los restos óseos encontrados en el desierto marroquí obligarán a reescribir la historia de nuestra especie
El primer homo sapiens es 100.000 años anterior a lo que hasta ahora se creía y vivía en esta región
Un
reportero de Crónica ha conseguido entrar en el recinto 'sagrado' de
los huesos; el jardín del Edén que habitó el primer hombre
Una
pequeña tormenta de arena acompaña el viaje hasta el origen de nuestra
especie. La señal del GPS desaparece. En la única emisora marroquí que
se sintoniza suena en bucle el Me Enamoré de Shakira. Para no
perderse hay que seguir al carro empujado por tres burros del señor que
lleva las bombonas de butano hasta Jebel Irhoud, un pequeño pueblo
rodeado de dunas de tierra a dos horas y media al este de la ciudad roja
de Marrakech. Al final de la calle principal llena de baches, pasando
un colegio de Primaria y unas minas de grafito, se llega al desértico
lugar donde yacen los restos más antiguos del homo sapiens.
Cientos de banderas del reino alauita escoltan el camino arenoso
reivindicando con orgullo un valioso trofeo que reconstruye el mapa
evolutivo partiendo del norte de África. A un salto de 600 kilómetros de
Tarifa y muchos milenios antes que nuestros antepasados encontrados en
Atapuerca.
Hay que retroceder 300.000 años e imaginarse estar en ese infinito jardín del Edén que era Marruecos
en aquél entonces. Los científicos bautizaron como el "Sáhara verde" lo
que hoy es un paraje árido con una brisa de pleno agosto que quema la
cara y seca el sudor. Allí un grupo de robustos humanos con el cráneo más alargado que el nuestro vivieron dentro de una gran cueva y crearon fuego miles de años antes que la fecha que han apuntado los libros de Historia.
Gracias
al método de datación por termoluminiscencia -que examina los
fragmentos de sílex calentados al fuego- se debe retrasar el reloj
antropológico 100.000 años. El homo sapiens andaría sobre la Tierra mucho antes de lo que se creía. Hasta ahora los fósiles más antiguos del Homo sapiens
estaban ubicados en el sitio arqueológico de Omo Kibish (Etiopía,
195.000 años). El 7 de junio, un equipo dirigido por los
paleontropólogos Jean-Jacques Hublin y Abdelouahed Ben-Ncer presentaron
en la revista Nature un nuevo hallazgo que ha cambiado de lugar y fecha los orígenes del hombre. Los cinco fósiles de Homo sapiens (tres adultos, un adolescente y un niño de aproximadamente ocho años)
con las estructuras de los huesos y dientes similares a los humanos
modernos que fueron encontrados en Marruecos tienen una antigüedad de
entre 300.000 y 350.000 años.
"Esto sugiere que los primeros
miembros de la especie evolucionaron en todo el continente, pero no
significa que se originaran en el norte de África",
matizan los investigadores. Si echamos un vistazo a las
reconstrucciones faciales que han realizado los artistas Künstlern Adrie
y Alfons Kennis partiendo de los fósiles, es asombroso el parecido
entre la anatomía de aquel Homo sapiens con lo que somos hoy en día. Crónica se adentra en exclusiva en este ya histórico yacimiento que algunos científicos consideran como la nueva "cuna de la humanidad".
El
guardián hoy de estos primeros hombres se llama Abdeselam. Este menudo
marroquí de 64 años custodia los 365 días del año los restos que todavía
quedan incrustados entre las rocas del yacimiento de Jebel Irhoud. Los
fósiles que sacaron en las primeras excavaciones durante los años 60 y
que se han catalogado correctamente este 2017 están repartidos entre el
Museo de Historia de Rabat, la Facultad de Ciencias y el Instituto
Nacional de Arqueología de la capital marroquí. Al igual que las
herramientas de piedras y restos de animales también hallados.
Abdeselam
vive en una casa de barro de 40 metros cuadrados justo encima del
yacimiento. Este padre de cuatro hijos lleva 13 años como guardián y se
saca un sobresueldo vendiendo los minerales que encuentra en las
montañas. Ameniza el paso de las horas y de la soledad escuchando una
radio vieja y hace el mejor té de la zona con pastillas de azúcar del
tamaño de una mano. "Ayer estuvo aquí el ministro del Interior
marroquí", confiesa mientras señala con el dedo la zona bajo un
terraplén donde se han encontrado los restos. Está todo levantado
después de más de medio siglo de prospecciones. "Aún quedan algunos
huesos por sacar", cuenta Abdeselam.
El yacimiento está
totalmente cubierto por una lona de plástico (de la textura de las
bolsas duras que te dan cuando haces la compra) y en la entrada hay una
deteriorada red atada a dos piedras que impide el paso. "Quién diría que
aquí debajo se han encontrado los fósiles de los primeros Homo sapiens. Es como si no supieran lo que tienen delante",
exclama sorprendido el fotógrafo acerca del precario sistema que han
utilizado para cubrir uno de los descubrimientos más importantes de los
últimos años. Abdeselam hace de improvisado guía y revela lo que hay
debajo de las lonas. Enseña con precisión el punto exacto donde se
vislumbra lo que asegura que es un pequeño hueso blanco de un brazo
entre la tierra.
Padres del descubrimiento
Para entender mejor las dimensiones del hallazgo en el desierto marroquí hay que hablar con los padres del descubrimiento. Abdelouahed Ben-Ncer
es profesor del Instituto Nacional Marroquí de Ciencias de la
Arqueología y del Patrimonio (INSAP) y co-director del programa de
investigación en Jebel Irhoud. El francés Jean-Jacques Hublin es el
director del Departamento de Evolución Humana en el Instituto Max Planck
de Antropología Evolutiva en Leipzig (Alemania). Ambos recibieron a
finales de julio de manos del rey Mohamed VI el Wissam al Kafaa al
Fikria, el premio más importante en la investigación de la cultura y
ciencias marroquíes. "Este hallazgo se produce en un momento en el que
todavía se pensaba que la humanidad moderna es el resultado de lo que se
llamó el jardín del Edén africano y que data de hace 200.000 años en
Etiopía, quedando el norte de África excluido. Sin embargo, tras los
nuevos datos de Irhoud, se modifica el curso de la Historia del Homo sapiens y se reabre el debate del verdadero origen de nuestra especie", cuenta Ben-Ncer.
"El
estudio de la microfauna llevado a cabo como parte de nuestro programa
de investigación ha demostrado la membresía del sitio superior al
Pleistoceno medio. Las dataciones radiométricas han confirmado estos
resultados. Desde que retomamos las investigaciones en 2004, hemos
descubierto 16 muestras nuevas. En total ya tenemos 22".
Homínidos de Atapuerca
En España,
el yacimiento paleontológico más importante lo encontramos en Atapuerca
(Burgos), la cuna de los europeos más antiguos gracias al
descubrimiento del Homo antecessor, que estuvo en la Península hace 900.000 años. En Atapuerca han llegado a vivir hasta cuatro especies distintas de homínidos.
En 1895, una compañía británica inició la construcción de una línea
ferroviaria para transportar hierro y carbón desde las minas del norte
de Burgos hasta las fábricas de Vizcaya. Durante las obras se dejaron al
descubierto un conjunto de yacimientos con restos óseos humanos y
animales.
En la mayoría de los casos de grandes descubrimientos
el azar y la suerte han jugado un rol crucial. Al igual que pasó en
Jebel Irhoud en 1961, cuando unos mineros encontraron por casualidad un
cráneo casi completo y diversas herramientas afiladas de sílex. Un
médico los colocó en una caja con paja y los llevó a la Universidad de
Rabat, pero fueron mal catalogados como neandertales y se les estimó una
antigüedad de 40.000 años.
Los Homo sapiens hallados en Atapuerca son mucho más recientes que los de Marruecos.
Datan de hace 4.500 años y los recientes análisis han descubierto que
estos tenían afinidades genéticas con Oriente Próximo y Alemania, según
ha informado el Instituto Catalán de Paleontología Humana y Evolución
Social (IPHES). El nuevo reto de los investigadores es localizar en el
lugar restos de Homo sapiens de hace más de 40.000 años. Como ocurrió en 2011, cuando se publicó que se habían encontrado en Italia
y en el sur de Inglaterra restos fosilizados de esta especie de hace
entre 40.000 y 45.000 años, cuando se calcula que migraron desde Asia
Central al Viejo continente. Las hipótesis científicas que más coinciden
hablan de que el Homo sapiens viajó a Oriente a través de la Península del Sinaí hace 100.000 años. Juan Luis Arsuaga
es uno de los paleoantropólogos más prestigiosos en España y a nivel
mundial. Ha ganado el Premio Príncipe de Asturias de Investigación
Científica y Técnica en 1997. Dos años después creó la Fundación
Atapuerca. Arsuaga tiene otro criterio distinto sobre los restos
catalogados en Marruecos. "Yo soy más contenido que los descubridores.
Para mí estos humanos con 300.000 años no son de nuestra especie, yo los
llamaría Pre sapiens", asegura. "Los Homo sapiens no
son posteriores a 200.000 años, los de Jebel Irhoud yo los considero un
escalón anterior, un antepasado de esta especie, le falta un poco para
alcanzar la categoría".
"Lo que nosotros consideremos como Homo sapiens
es hasta cierto punto arbitrario y siempre habrá, por la propia
naturaleza del mundo académico, gente que discrepe", añade Carles
Lalueza-Fox, investigador del Instituto de Biología Evolutiva de
Barcelona del CSIC. "Lo que si creo que demuestra el hallazgo de Irhoud
es que el surgimiento de nuestra especie en África debió de ser un
fenómeno evolutivo más complejo de lo que pensábamos, y que el norte del
continente es un candidato tan bueno como Sudáfrica para ser el origen
de la morfología que conocemos como el ser humano moderno. Futuros
genomas de restos antiguos africanos podrían ayudar a clarificar el
escenario evolutivo de este momento crucial para nuestra historia como
especie".
Jebel Irhoud cayó en el olvido hasta que Jean-Jacques Hublin, en compañía de su colega marroquí Abdelouahed Ben-Ncer, reiniciaron en 2004 los trabajos de investigación convenciendo a las autoridades marroquíes.
El equipo alquiló un tractor y un Buldócer -topadora que se utiliza
para el movimiento de tierras- para eliminar unos 200 metros cúbicos de
roca que bloqueaban el acceso. Ya en la década de los 80, Hublin fue
asignado por el paleontólogo francés Jean Piveteau para estudiar la
mandíbula inferior de un niño encontrada en Irhoud.
Hublin
reconoce que se empezó a "obsesionar" con este yacimiento, convencido de
que la fecha real de estos huesos era mucho más antigua de lo que
estaba datada. "Nunca creí en la idea de que fueran neandertales", dice
el investigador.
En los estudios publicados en Nature se
explica que objetivo del nuevo trabajo al principio fue datar unas
capas intactas de sedimento cercanas al emplazamiento inicial del
cráneo. Quedaban por estudiar tres metros de profundidad. Y fue así como
aparecieron nuevos restos óseos en la base de una vieja cueva de piedra
caliza. Piezas craneales, una mandíbula de cinco centímetros, dientes y huesos de cinco personas diferentes.
Así como herramientas de piedra y trozos de carbón que probaban que
aquél hombre usó el fuego y que sirvieron para que en un nuevo estudio
de 2007 se aumentara la edad a 160.000 años.
Las últimas
dataciones mediante la termoluminiscencia y SRE (resonancia electrónica
de spin), comparando la dosis anual de radiación con la carga eléctrica
actual de las herramientas, establecieron que las fogatas del sitio
quemaron las herramientas hace aproximadamente 315.000 años. "Sabíamos
que los restos eran viejos, pero no tanto. Quedamos atónitos cuando las
pruebas revelaron que un diente y las herramientas de piedra tenían esa
edad", confesó Jean-Jacques Hublin.
"No hay diferencia entre el
primer cráneo descubierto por casualidad en el sitio (el cráneo Irhoud
1) y otros restos resultantes de la obra que se produjo después,
incluyendo el cráneo Irhoud 2 y el 10. Estos fósiles muestran las mismas
características anatómicas que los unen al Homo sapiens, explica Ben-Ncer.
Los
científicos compararon los fósiles excavados con los de los humanos
modernos, los neandertales y los humanoides más antiguos que vivieron hace 1,8 millones de años.
Los hombres de Irhoud, más robustos y musculosos, tenían la cara y los
dientes idénticos a los nuestros. La mandíbula inferior era similar,
pero mucho más grande.
La gran diferencia está en la cavidad
craneal, que mediante una reconstrucción en 3D de la anatomía facial, se
ha comprobado que era más alargada y arcaica. "Nuestros hallazgos
sugieren que la morfología moderna de la cara humana se estableció
temprano en la historia de nuestra especie, y que la forma del cerebro, y
posiblemente la función cerebral, evolucionó dentro del linaje de Homo sapiens", explicó en la publicación inglesa Philipp Gunz, paleoantropólogo del Instituto Max Planck.
Los investigadores sugieren que los humanos de Jebel Irhoud sobrevivieron en el norte de África hasta que Homo sapiens
del sur del Sahara los reemplazó. Ben-Ncer cuenta que tienen la
intención de llevar a cabo dos excavaciones más en Marruecos. "Ahora que
tenemos estos restos, el objetivo es encontrar otros más antiguos
sabiendo que el Homo sapiens podría tener como mínimo 500.000 años".
.
Mujeres contra ginecólogos: la lucha frente a la violencia médica invisible
Desde
hace años, muchas pacientes han denunciado el recurso a ciertas
prácticas ginecológicas aplicadas sin su consentimiento previo. El
debate está en su punto álgido
Algunas madres sienten que tienen mucho que decir en el momento del parto. (iStock)
El pasado mes de julio una importante controversia médica
se desató en Francia a raíz de las declaraciones de la secretaria de
Estado para la Igualdad entre Hombres y Mujeres. “Tenemos una tasa de
episiotomías del 75%, mientras que la OMS prevé una media del 20-25%. Se
trata de una práctica no consentida con importantes
consecuencias, llevada a cabo sobre todo en mujeres extranjeras, jóvenes
y minusválidas”, declaraba quien en la actualidad ostenta este cargo, Marlène Schiappa.
La
praxis objeto de la polémica se encuentra rechazada como operación
rutinaria por el máximo órgano en materia de salud de las Naciones
Unidas. Consistente en una incisión en la zona del perineo para ampliar
el canal “blando” y acelerar la salida del bebé, solo se recomienda en
partos concretos que presenten dificultades o sufrimiento fetal. La
Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia recomienda realizar la
primera citología a los 25, repitiéndola cada 3 o 5 años hasta llegar a
los 65
El debate abierto en Francia toca directamente a España. Aunque se desconoce la tasa real de episiotomías, en el año 2012 la OCU calculaba
que superaría el 41% en los hospitales del Sistema Nacional de Salud. A
pesar de que este porcentaje se ha podido reducir considerablemente, diferentes agrupaciones de pacientes
lamentan que algunos ginecólogos lleven a cabo determinadas operaciones
como la mencionada sin tener el consentimiento previo de las
parturientas.
Las réplica por parte de las asociaciones médicas
francesas, como el Colegio Nacional de Ginecólogos y Obstetras, no se
hicieron esperar, acusando a la secretaria de Estado de ignorante, así
como de desinformar a la población de manera injustificada. La
controversia, sin embargo, está de plena actualidad como demuestra un artículo publicado en el diario ‘Libération’ en el que varias mujeres han decidido romper su silencio y denunciar los excesos que aseguran haber sufrido por parte de sus médicos y matronas.
Las madres hablan
“A
las 8 y 10 llega una nueva comadrona. Me anuncia que vamos a empezar.
Me señala que no empujo bien. Se sube a un escabel y comienza a
presionar mi vientre con fuerza, demasiada fuerza. En ningún momento ni
ella ni el médico me hacen la pregunta de rigor: ‘¿Autoriza usted a que
se le practique una maniobra de Kristeller?” De este modo cuenta Tiphaine Papadopoulos, abogada de 37 años, la traumática experiencia por la que pasó durante el nacimiento de su hijo Anatole hace
quince meses. Esta operación que se realiza desde el siglo XIX está
actualmente desaconsejada. Sin embargo, todavía hoy muchas madres
afirman haberse visto sometidas a ella. Tras salir de la consulta me puse a llorar, humillada. Sentí que habían profanado mi cuerpo sin mi permiso
Los riesgos de una maniobra como la de Kristeller son más que conocidos: desprendimiento de placenta, rotura uterina, desgarros en el perineo… La 'Guía de Práctica Clínica sobre la Atención al Parto Normal'
del Ministerio de Sanidad concluye que "es ineficaz en la reducción de
la duración de la segunda etapa del trabajo de parto" y no recomienda
por ello su empleo. “Esta tortura duró cerca de cuarenta y cinco
minutos. A continuación la partera me dijo: ‘Si no presiona, habrá que
utilizar forceps', una vez más, nadie me pidió permiso”, asegura
Papadopoulos.
Para más inri, el parto de esta mujer acabó con una
episiotomía tampoco anunciada: “Todavía estoy agotada. Siento un dolor
continuo alrededor de la zona del perineo. Tuve una costilla rota por
causa de la maniobra de Kristeller, mi libido está bajo mínimos...”. En
vista de lo sufrido, la abogada ha interpuesto una querella contra la clínica que la asistió.
Foto: iStock.
Considerando
la denuncia de la secretaria de Estado y casos como el de Papadopoulos,
algunos miembros de la comunidad médica han empezado también a
posicionarse a favor de las demandas de estas madres: “Incluso para una
ecografía transvaginal se debe pedir consentimiento. Algunos médicos
actúan como si la ley no fuera con ellos, argumentando que lo hacen por
el bien de los pacientes”, señala el doctor y escritor Martin Winckler a ‘Libération’.
¿Exploraciones innecesarias?
La experiencia ginecológica se puede transformar en una tortura física y psicológica
si el bienestar de la paciente se acaba descuidando. En este sentido,
otra de las prácticas que están bajo el punto de mira es el la de citología vaginal,
utilizada para el diagnóstico precoz del cáncer de útero. La operación
consiste en la introducción en la vagina de un instrumental médico
llamado espéculo para abrirla y observar el interior de la cavidad,
obteniendo después por raspado algunas células del área del cuello del
útero para su posterior análisis en el laboratorio. Existe una enorme falta de diálogo. Con demasiada frecuencia algunos médicos no discuten, imponen
Según las indicaciones publicadas por algunas asociaciones médicas en revistas del sector como ‘Annals of International Medicine’, no es necesario que las mujeres sanas y en situación de bajo riesgo realicen
una citología vaginal todos los años, tal y como se venía aconsejando
hasta ahora desde diversos frentes. El motivo esgrimido es el de que no
se ha detectado una mejora a la hora de prevenir posibles enfermedades,
al tiempo que para algunas pacientes la operación resulta tremendamente molesta e invasiva.
Tanto en Francia como en España se recomienda efectuar la primera citología a partir de los 25 años. Posteriormente, según
la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, el examen se debería
repetir una vez entre 3 y 5 años hasta llegar a los 65. Sin embargo, Iris,
de tan solo 18 años, cuenta al diario francés cómo tras acudir a una
simple consulta ginecológica con su madre para informarse sobre métodos
anticonceptivos acabó encontrándose, por consejo de su médico, sentada
sobre la camilla para efectuar la prueba: “Ha sido uno de los peores momentos de mi vida.
Tras salir de la consulta me puse a llorar, humillada. Sentí que habían
profanado mi cuerpo sin mi permiso. Entregué mi privacidad a la ciencia
con total confianza. Me sentí traicionada. Me gustaría haber sido
informada sobre este procedimiento y saber que no tenía nada de
corriente ni de obligatorio a mi edad”.
Actitudes cuestionables
Para Chantal Ducroux-Schouwey,
portavoz de Collectif interassociatif autour de la naissance (Ciane),
algunos de estos abusos ginecológicos son a veces más sutiles, si bien
no menos traumáticos: “Existe una enorme falta de diálogo ya que algunos
médicos creen que saben mejor que los pacientes lo que de verdad les
conviene. Con demasiada frecuencia no discuten, imponen”. El problema de los ginecólogos es su paternalismo. Creen saberlo todo. Tienen que revisar su manera de pensar
'Libération' recoge algunos testimonios en los que se demuestra esta falta de sensibilidad, como el caso de Emmanuelle,
de 24 años, que después de tomar la píldora anticonceptiva durante casi
una década se dirigió a su médico para solicitar un método como el DIU,
que no se basara en los ciclos hormonales: “Mi ginecólogo estaba en
contra, al parecerle simplemente una moda. Me dijo que después de tanto
tiempo tomando la píldora debía seguir aguantándola y
ponerme el DIU solo después de tener un hijo”. Una recomendación errónea
y basada exclusivamente en el criterio del doctor, pues desde hace años
el no ser madre ha dejado de ser una contraindicación para recurrir a
este método.
Buscando soluciones
Las críticas hacia la
actitud de ciertos especialistas y obstetras son feroces: “El problema
de los ginecólogos es su paternalismo. Creen saberlo todo. Por otro lado
también se creen moralmente superiores con las mujeres, debido a una
cierta actitud sexista que aún circula en su ambiente. Tienen que revisar su manera de pensar”, declara Martin Winckler.
Foto: iStock.
Sin embargo, autoridades dentro del sector como el presidente del citado Colegio de ginecólogos y obstetras francés, Israël Nisand,
achacan estos problemas de comunicación a las dificultades con las que
tienen que lidiar los especialistas, derivadas de la escasez de inversiones en sanidad: “Nuestra profesión también sufre violencia por parte del Estado,
que no para de retirar fondos para los hospitales. Cuando nos
enfrentamos a una emergencia vital y tenemos muy poco personal para
afrontarla, nos sentimos desvalidos y desamparados. Esto puede tener
unas consecuencias evidentes sobre la calidad del servicio que damos las
mujeres. Hasta ahora hemos estado encubriendo el empobrecimiento de
nuestras salas de maternidad, sin embargo, estamos cruzando la linea
roja de la seguridad”.
Resuelto el misterio de cómo surgieron los primeros animales en la Tierra
Una investigación
dirigida por la Universidad Nacional Australiana ha resuelto el misterio
de cómo los primeros animales aparecieron en la Tierra, un momento
crucial para el planeta sin el cual los seres humanos no existirían. La
clave está en la rápida propagación de las algas en los océanos.
.
/ Stuart Hay (ANU)
Un equipo internacional de científicos ha hallado la respuesta a cómo
surgieron los primeros animales en la Tierra en antiguas rocas
sedimentarias del centro de Australia. La investigación se publica en la revista Nature.
"Rompimos
estas rocas hasta convertirlas en polvo y extraímos moléculas de
antiguos organismos. Estas moléculas nos dicen que realmente algo muy
interesante ocurrió hace 650 millones de años. Fue una revolución de los
ecosistemas, el surgimiento de las algas", explicó Jochen Brocks,
coautor del estudio e investigador de la Universidad Nacional
Australiana (ANU, por sus siglas en inglés) que lidera el trabajo.
La aparición de las algas desencadenó una de las revoluciones ecológicas más profundas de la historia de la Tierra
Según el científico, la aparición de las algas desencadenó una de las
revoluciones ecológicas más profundas de la historia de la Tierra, sin
la cual los seres humanos y otros animales no existirían. "Antes de que
todo esto sucediera, hubo un evento dramático 50 millones de años antes
llamado Bola de Nieve", añade.
Este fenómeno también conocido como
glaciación global supuso que la Tierra se congelase durante 50 millones
de años, y enormes glaciares pulverizaron toda la cordillera
convirtiéndola en polvo que liberaba nutrientes. Cuando la nieve se
derritió, en un episodio de calentamiento global extremo, los ríos
arrojaron torrentes de nutrientes al océano.
Jochen Brocks y Amber Jarrett con una muestra de aceite de las rocas sedimentarias antiguas estudiadas / Stuart Hay, ANU
Los niveles extremadamente altos de nutrientes que acabaron en
el océano, junto con el paso de las temperaturas globales a niveles más
acogedores, crearon las condiciones perfectas para la rápida propagación
de algas. Este hecho supuso la transición de los océanos dominados por
las bacterias a un mundo habitado por la vida más compleja.
"Estos
grandes y nutritivos organismos en la base de la cadena trófica
proporcionaron la explosión de energía necesaria para la evolución de
ecosistemas complejos, donde animales cada vez más grandes y complejos,
incluyendo a los humanos, pudieron prosperar en la Tierra", enfatiza
Brocks.
La investigadora principal, Amber Jarrett, de la Facultad
de Ciencias de la Tierra de la ANU, descubrió piedras sedimentarias
antiguas del centro de Australia relacionadas directamente con el
período inmediatamente posterior al derretimiento de la Tierra durante
el evento de superglaciación.
"En estas rocas hallamos señales
sorprendentes de fósiles moleculares. De inmediato supimos que habíamos
hecho un descubrimiento innovador en el que el evento de Bola de Nieve
estaba directamente involucrado en la evolución de la vida compleja”,
concluye Jarrett.
Referencia bibliográfica:
Jochen J.
Brocks, Amber J. M. Jarrett, Eva Sirantoine, Christian Hallmann,
Yosuke Hoshino y Tharika Liyanage “The rise of algae in Cryogenian
oceans and the emergence of animals” Nature (2017)
doi:10.1038/nature23457