domingo, 29 de octubre de 2017

ME CRIE EN LA PAMPA Y YA LO SABIA


Vivir cerca de espacios verdes se asocia con una mayor atención infantil

    Un investigación realizada en Cataluña analiza por primera vez la exposición residencial continuada de niños y niñas a espacios naturales. Los resultados muestran que aquellos con mayor contacto con espacios verdes alrededor de sus viviendas presentaban mejores resultados en las pruebas de capacidad de la atención.
    <p>Los espacios verdes dentro y alrededor de las escuelas podrían mejorar el desarrollo cognitivo de los niños y niñas. / Michael Podger - Creative Commons</p>
    Los espacios verdes dentro y alrededor de las escuelas podrían mejorar el desarrollo cognitivo de los niños y niñas. / Michael Podger - Creative Commons
    ¿Cómo influyen los espacios verdes en el desarrollo cognitivo durante la infancia? Un nuevo estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por la Fundación Bancaria ”la Caixa”, afirma que los niños y niñas con más espacios verdes alrededor de sus viviendas podrían desarrollar mejor su capacidad de atención.
    Los entornos naturales, incluyendo los espacios verdes, pueden tener beneficios para el desarrollo del cerebro, pero la evidencia científica en la infancia es todavía limitada. Un trabajo anterior de ISGlobal ya indicaba que los espacios verdes dentro y alrededor de las escuelas podrían mejorar el desarrollo cognitivo de los niños y niñas entre 7 y 10 años.
    La investigación actual se propuso ampliar el foco y estudiar el impacto de los espacios verdes de alrededor de las viviendas en el desarrollo cognitivo de los niños y niñas, desde su nacimiento y en etapas más tempranas de su vida.
    El análisis, publicado en la revista Environment Health Perspectives, se basó en datos de 1.500 niños y niñas de las cohortes de nacimiento del Proyecto INMA (Infancia y Medio Ambiente) en Sabadell y Valencia, recogidos entre los años 2003 y 2013.
    Aunque se trata de un trabajo pionero, los autores consideran necesario realizar más estudios con vegetaciones y climas diversos
    El equipo de ISGlobal analizó la cercanía residencial a espacios verdes –100, 300 y 500 metros alrededor de las viviendas–, en el momento del nacimiento, a los 4 o 5 años, y a los 7 años. Se realizaron dos tipos de test de evaluación de la capacidad de atención a los 4-5 y a los 7 años de edad.
    Estudio pionero
    Los autores observaron que los niños y niñas que tenían una exposición continuada mayor a espacios verdes alrededor de sus viviendas presentaban mejores resultados en las pruebas de la capacidad de la atención.
    Payam Dadvand, investigador de ISGlobal y primer autor del estudio, destaca que se trata de “la primera vez que se estudia el impacto de la exposición residencial a espacios verdes desde el nacimiento en la capacidad de atención de los niños y niñas”. Esta investigación “demuestra la importancia de las zonas verdes en las ciudades para la salud y el desarrollo del cerebro infantil”, señala Dadvand.
    Por otro lado, Jordi Sunyer, coordinador del estudio y jefe del programa de Salud Infantil de ISGlobal, apunta que “la posibilidad de que la exposición a diferentes tipos de vegetación tenga diferentes impactos en el desarrollo neurológico sigue siendo una pregunta abierta para futuros estudios”. De esta manera, Sunyer considera que es necesario realizar más estudios en otros entornos con vegetaciones y climas diversos.
    “Los espacios verdes en las ciudades promueven vínculos sociales y actividad física, así como también disminuyen la exposición a la contaminación del aire y el ruido. Por tanto, son imprescindibles para el desarrollo de los cerebros de las nuevas generaciones”, concluye el coordinador del estudio.

    sábado, 28 de octubre de 2017


    El genoma de los guanches confirma su origen norteafricano

      El origen de los primeros colonizadores canarios ha generado un gran número de mitos y especulaciones. Ahora, una investigación internacional, en la que ha participado la Universidad Complutense de Madrid, confirma el origen africano de estos primeros pobladores, conocidos comúnmente como guanches, a partir del análisis del genoma de hombres y mujeres de Gran Canaria y Tenerife, que vivieron varios siglos antes de la conquista europea del siglo XV.
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      <p>Colección de cráneos procedentes de las islas Canarias en la Universidad de Edimburgo. / David Cheskin</p>
      Colección de cráneos procedentes de las islas Canarias en la Universidad de Edimburgo. / David Cheskin
      El análisis del genoma de los primeros pobladores canarios, conocidos como guanches, confirma que provienen del norte de África. esta es la conclusión de una investigación internacional en la que participa la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y que se publica en la revista Current Biology.
      “Nuestros análisis de los genomas guanches muestran –apoyando las hipótesis previas– que están más próximos a los actuales norteafricanos de origen bereber que a ninguna otra población, a la vez que aportan nuevos datos sobre los primeros pobladores de las islas Canarias”, explica Ricardo Rodríguez Varela, investigador del Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos y de la Universidad de Estocolmo y primer firmante del estudio.
      El origen los guanches ha generado múltiples debates, mitos y especulaciones. Las evidencias de las que se dispone hasta la fecha sugieren que los guanches poblaron el archipiélago en algún momento durante el primer milenio antes de Cristo.
      Los genomas recuperados en este trabajo aportan nuevos datos para entender de dónde venían y cómo eran los guanches
      “Más misterioso aún que su origen, es cómo y por qué estos primeros colonizadores viajaron a las islas Canarias, teniendo en cuenta que carecían de barcos y de conocimientos de navegación, al menos cuando los europeos llegaron”, recuerda Rodríguez Varela, quien añade que los genomas recuperados en este trabajo aportan nuevos datos para entender de dónde venían y cómo eran los guanches.
      Genomas completos para historias complejas
      Hasta ahora, los estudios previos sobre los guanches se habían basado en marcadores uniparentales como el ADN mitocondrial o el cromosoma Y. Aunque estos marcadores proporcionan una información importante acerca de la historia de las poblaciones, “no tienen tanta resolución como el estudio de genomas completos a la hora de comprender fenómenos recientes o historias poblacionales complejas”, determina Linus Girdland-Flink, último firmante del estudio e investigador de la Universidad de Liverpool John Moores.
      Además, la investigación revela que los guanches presentan una mezcla de diversos antecesores. Según Anders Götherström, de la Universidad de Estocolmo, estos resultados muestran que una pequeña proporción de los guanches proviene de poblaciones emparentadas con los primeros agricultores europeos.
      Esta señal genética fue introducida en Europa desde Anatolia por medio de las migraciones de los agricultores durante la expansión neolítica, hace alrededor de 7.000 años. Otras poblaciones norteafricanas tienen un porcentaje variable de esta señal genética relacionada con los primeros agricultores anatolios, pero no está claro cómo y cuándo se extendió por el norte de África.
      Esta investigación proporciona nuevos conocimientos acerca del legado genético de los guanches en las poblaciones modernas canarias. “Nuestros análisis muestran que entre el 16% y el 31% del genoma de los habitantes actuales de Gran Canaria proviene de los guanches”, concluye Juan Luis Arsuaga, director del Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos, director científico del Museo de la Evolución Humana y coautor de este trabajo.

      viernes, 27 de octubre de 2017

      CINCO MINUTOS Y NO TE HAGAS EL LEON,QUE ELLOS TIENEN DOS MINUTOS

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      Cuánto dura el sexo perfecto

      | Cuánto dura el sexo perfecto
      Un estudio sobre 500 parejas heterosexuales determinó el tiempo de una relación ideal.
      .Todos nos quedamos pensando siempre, si tuvimos un buen desempeño sexual. Hombres y mujeres se dieron cuenta en más de una ocasión de la inseguridad e insatisfacción de su pareja, pensando si hicieron feliz a su pareja o no durante el coito.
      Para disipar las dudas, un psicólogo de la Universidad de Queensland de Australia, realizó una investigación para determinar cuánto dura el sexo perfecto.
      En el estudio participaron 500 parejas heterosexuales de todo el mundo. Cada una tenía un cronómetro para medir el tiempo. La prueba duró cuatro semanas y al final obtuvieron interesantes resultados.
      El sexo dura un promedio de 5.4 minutos. Curiosamente en Turquía el acto es más corto y alcanzó 3.7 minutos. Además de conocer estos resultados, el estudio recogió otro dato novedoso; ya que la mayoría de los hombres dijo sentirse presionado y obligado a durar más tiempo, para que su pareja alcanzara el orgasmo. Unas tardaron 33 segundos para llegar al clímax y otros 44.
      Además, el estudio determinó que el uso de preservativo no afecta la duración del coito, pero la edad sí. Las parejas de mayor edad experimentan sexo corto a comparación de los jóvenes.

      CONSPIRANOICOS AL PODER


       

      Teorías de la conspiración: la pseudociencia de las ciencias sociales

        La entrega del premio Planeta a un thriller sobre el Santo Grial ha reafirmado el tirón de narraciones indisociables del auge de las teorías conspirativas. Con su causalidad exagerada, su desconfianza de las apariencias y su certeza de que todo tiene un sentido oculto, estas fantasías imitan a las ciencias sociales para convencernos de que tras la realidad engañosa existe un orden manipulado por élites tenebrosas cuyos tejemanejes urge desenmascarar.
        Pablo Francescutti | |.
        <p>Muchos sucumben al atractivo de las respuestas rápidas a cuestiones que no dominan y compran explicaciones de procesos intrincados basados en chanchullos de la CIA, la banca o un gobierno mundial invisible. / Fotolia</p>
        Muchos sucumben al atractivo de las respuestas rápidas a cuestiones que no dominan y compran explicaciones de procesos intrincados basados en chanchullos de la CIA, la banca o un gobierno mundial invisible. / Fotolia
        Que el premio Planeta de este año le haya tocado a un thriller conspirativo de Javier Sierra confirma la buena acogida de la que gozan estas narrativas ante el público hispano. Con el galardón el novelista se suma a la familia de escritores integrada por Matilde Asensi, Julia Navarro y el inefable J. L. Benítez, los émulos patrios del género popularizado por Richard Condon y Dan Brown.
        Si solo se tratase de una temática ficticia, el interés del asunto no trascendería los confines de la literatura; pero es obvio que esos relatos se benefician del enorme tirón que tiene el pensamiento conspiranoico en nuestra cultura; tan influyente que, por ejemplo, ha llevado al rapero B.o. B. a promover el lanzamiento de un satélite para confirmar que la Tierra es plana.
        Las teorías de la conspiración están de moda, ¿cuáles son las razones de su popularidad?

        Los masones, los primeros chivos expiatorios

        En rigor, no puede hablarse de teorías del complot hasta inicios del siglo XIX. Recién toman forma tras la Revolución Francesa, cuando los reaccionarios responsabilizan a las insidias de masones, illuminati y carbonarios las insurrecciones democráticas que sacuden el Antiguo Régimen.
        No cabe duda de que las sociedades secretas promovían el avance de las ideas ilustradas y la abolición del absolutismo, pero sus enemigos les suponían un poder exagerado y una unidad de propósitos infundada. La ruptura entre las logias británicas y americanas a raíz de la independencia de EE UU demuestra que la masonería distaba de ser una organización monolítica.
        No tardaron otros rumores en darles la réplica, atribuyendo todos los males a tejemanejes del clero: los jesuitas fueron los primeros en portar ese sambenito; le siguieron las conjuras papistas que animaron la política anglosajona; y, en el siglo XX, las maquinaciones imputadas al Opus Dei.
        A mediados del siglo XX, deja de situarse a los conjurados en los márgenes de la sociedad para descubrirlos en el corazón del Estado
        A la policía de la Rusia zarista le cabe el dudoso mérito de haber infundido dimensión global a tales creencias al fabricar el primer plan oculto de dominación del mundo: Los Protocolos de los sabios de Sión. El documento apócrifo ideado para desviar hacia los judíos el malestar contra la autocracia moscovita tuvo enorme repercusión y se convirtió en la ‘biblia’ de los antisemitas.
        Las teorías poseen una prodigiosa capacidad de mutación: a mediados del siglo pasado, sus autores dejan de situar a los conjurados en los márgenes de la sociedad para descubrirlos con horror en el corazón del Estado. El macartismo centra la sospecha en la administración infiltrada por los rojos; tras el asesinato de John Kennedy, este se desplaza a los militares, los espías, el Gobierno...

        No hay conspiración sin medios de comunicación

        Un punto de inflexión en ese tortuoso recorrido lo marca la implicación de los medios masivos de comunicación. Me explico: en el pasado, esos extremos circulaban de boca en boca o a través de opúsculos e impresos propagandísticos; a partir de la década de los 60, el sistema mediático, al hacerse eco, amplifica su alcance a una escala inédita y en cierto modo los legitima.
        Más importante: aparte de propagar tales fantasías –el caso de Iker Jiménez– o incluso fabricarlas –las versiones contraoficiales de los atentados del 11M urdidas por ciertas cabeceras madrileñas–, los medios han pasado a figurar entre los conspiradores denunciados por aquellas. Lo ilustra el bulo del falso alunizaje, que acusa a la industria del cine de haber falsificado las misiones Apolo en comandita con la NASA y la prensa, que le dio credibilidad al montaje.
        La responsabilidad de los medios no acaba allí; pese al afán de los periodistas honestos por desmontar semejantes dislates, las primicias del periodismo de investigación inculcan la idea de que la realidad aparente es un fachada engañosa y que la verdad se esconde entre bastidores; una verdad secuestrada por unos pocos que los periodistas pugnan por sacar a la luz pública. Sin pretenderlo, sus revelaciones fomentan una visión próxima a la conspiranoica.

        Filosofía de la sospecha

        Para algunos expertos, esas teorías son el mapa cognitivo del pobre: versiones simplificadas y maniqueas de la realidad al gusto de individuos cuya escasa formación les impide captar los matices, ambigüedades e imprevistos de los fenómenos históricos. En contra, otros defienden con algo de razón que, pese a sus exageraciones, expresan críticas legítimas al poder; aunque suelen olvidar que por cada conspiranoico progresista hay otro adscrito a la ultraderecha más delirante.
        En entornos saturados de datos, proporcionan atajos mentales que nos ayudan a tomar decisiones sin esfuerzo
        Otros estudiosos encuentran lógica la proliferación de esa mentalidad en la sociedad de la información. En entornos saturados de datos cuya comprensión supera nuestras posibilidades de análisis, proporcionan atajos mentales que nos ayudan a tomar decisiones sin esfuerzo. Hasta los especialistas que dedican muchas horas y energía intelectual a los asuntos de su campo sucumben al atractivo de las respuestas rápidas a cuestiones que no dominan y compran explicaciones de procesos intrincados basados en chanchullos de la CIA, la banca o un gobierno mundial invisible.
        Lo que está fuera de discusión es su utilidad para revelar temores sociales latentes. Ellas nos informan del recelo a las élites, del descrédito de la democracia liberal, de la desconfianza en las instituciones garantes de la verdad, incluidas el periodismo y la ciencia, sospechadas de confabularse con los poderosos. Hablan, además, de la desazón del individuo ante una globalización de abrumadora complejidad, imposible de cartografiar mentalmente. En una reacción defensiva a esa ansiedad corrosiva, la sobreinterpretación del pensamiento conspiranoico –cualquier cosa es un signo del complot–, al destapar los engranajes ocultos que presuntamente rigen nuestros destinos, ponen orden en un mundo caótico; un orden tenebroso pero al menos comprensible.

        La irracional racionalidad de los conspiranoicos   

        Si las pseudociencias siguen a las ciencias naturales como la sombra al cuerpo –la astrología a la astronomía; la ufología a la astronáutica; la homeopatía a la medicina; la parapsicología a la psicología–, los conspiranoicos hacen lo propio con la sociología, la ciencia política y la historia. Los hallazgos de estas disciplinas sobre la influencia de los intereses económicos, la complicidad de la prensa con las clases dirigentes, el efecto engañoso de las ideologías o la persistente opacidad del Estado democrático son fagocitados y distorsionados por el pensamiento conspirativo.
        A diferencia del esoterismo, dichas percepciones insisten en su racionalidad; de ahí su obsesión con las pruebas: siempre están aportando evidencias y reclamando documentos supuestamente retenidos. Pero cuando los archivos se abren y no les dan la razón, claman que han sido destruidos o manipulados y desbarran al dar a la falta de evidencia el valor de la evidencia.
        A diferencia del esoterismo, dichas percepciones insisten en su racionalidad; de ahí su obsesión con las pruebas
        Desde luego, hay conspiraciones reales. Como dijo Kissinger, hasta los paranoicos tienen derecho a tener razón. Mientras escribo estas líneas, cien complots se ponen en marcha. Son de sobras conocidas las ‘cloacas de la democracia’, en donde agentes del Estado actúan al margen de la ley. Pero de ahí a afirmar que la historia se mueve por intrigas orquestadas en la oscuridad por camarillas estratégicamente ubicadas, conlleva el absurdo de considerar zombis al resto de las fuerzas sociales así como de negar el rol del azar, el desbaratador de numerosas conjuras.
        Con todo, que el concepto crítico de teoría conspiranoica se haya asentado en el discurso público prueba la existencia de un saludable escepticismo; pero al parecer no basta: por cada fantasía refutada, otra ocupa su puesto. El síndrome del complot domina el imaginario político.
        Así es nuestra peculiar situación: no podemos dejar de rebatir esos clichés ni tampoco prescindir de ellos. Umberto Eco la retrató con gran destreza en El péndulo de Foucault, parodia en la que disecciona su mecanismo persuasivo al tiempo que rinde tributo al encanto de relatos que, como aprenden los protagonistas a su pesar, pueden tornarse realidad si alguien se los toma en serio.

        La entrega del premio Planeta a un thriller sobre el Santo Grial ha reafirmado el tirón de narraciones indisociables del auge de las teorías conspirativas. Con su causalidad exagerada, su desconfianza de las apariencias y su certeza de que todo tiene un sentido oculto, estas fantasías imitan a las ciencias sociales para convencernos de que tras la realidad engañosa existe un orden manipulado por élites tenebrosas cuyos tejemanejes urge desenmascarar.
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        jueves, 26 de octubre de 2017


        Circulación de cerebros

        Sobre el impacto científico de la movilidad internacional de los investigadores
        Autor: Gonzalo Casino Fuente: IntraMed / Fundación Esteve 
        La llamada ciencia “open” tiene más implicaciones que el mero acceso abierto a revistas y artículos científicos, que de por sí ya es importante. La ciencia es probablemente uno de los mejores exponentes de la apertura, la colaboración internacional, la movilidad de personas y el trabajo cooperativo, por no hablar de la manida y equívoca globalización. Y ahora empezamos a apreciar hasta qué punto la investigación realizada en colaboración por autores de distintos países tiene mayor impacto científico. Un análisis bibliométrico publicado en Nature indica que, aunque la inversión nacional en investigación y desarrollo es importante para producir ciencia, cuando nos referimos a la ciencia de más calidad, o al menos la que tiene más citas y mayor impacto, lo que de verdad parece contar es la colaboración internacional.
        Parece que la inversión por sí misma no basta para crear ciencia de calidad y que hace falta además fomentar la movilidad de los investigadores
        Los países cuyos investigadores están más conectados y producen más artículos con colegas de otros países tienden a producir ciencia de mayor impacto, según los resultados del trabajo de Caroline S. Wagner y Koen Jonkers. Estos investigadores han ideado un “índice de apertura” (index of openness), que tiene en cuenta variables como la coautoría internacional y la movilidad de los investigadores, y lo han calculado para 33 países. Suiza (con un 42% de papers internacionales) y Singapur (con el 37%) encabezan el grupo de países que tienen un mayor índice de apertura internacional y a la vez producen ciencia de mayor impacto, en el que también están Australia, Irlanda, el Reino Unido, Canadá, Austria, Alemania, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Portugal, Francia, Israel, Noruega y Suecia. Aunque la correlación no implica causalidad, en todos estos países la mayor apertura internacional se asocia con un mayor impacto científico.
        En el extremo opuesto, con un bajo índice de apertura y un bajo impacto, están Turquía, Lituania, Rusia, Brasil, Polonia, la República Checa y Grecia. También están en este grupo China, Japón y, sorprendentemente, Corea del Sur, que es el país que invierte proporcionalmente más recursos en investigación y desarrollo, por delante de Estados Unidos, pero que produce solo un 15% de trabajos de investigación con coautoría internacional. De los 33 países estudiados, solo hay cuatro (Estados Unidos, España, Italia y Finlandia) que conjugan un bajo índice de apertura y un gran impacto científico. Y solo hay dos que tienen una alta apertura y un bajo impacto: México y Hungría.
        La explicación de estos resultados no está clara, pero podría ser que el intercambio de ideas fomentara la creatividad y/o que produjera un efecto llamada de los mejores investigadores hacia los centros de mayor calidad, creado una especie de círculo virtuoso. En cualquier caso, parece que la inversión por sí misma no basta para crear ciencia de calidad y que hace falta además fomentar la movilidad de los investigadores. Otro estudio bibliométrico publicado en el mismo número de Nature, que analiza la filiación de 16 millones de autores de artículos científicos durante 2008-2015, revela que el 96% de los científicos trabajó en un solo país durante este periodo, mientras el 4% restante investigó en instituciones de varios países. Entre estos últimos, la cuarta parte son emigrantes y las tres cuartas partes restantes son investigadores viajeros, aquellos que hacen estancias temporales en otros países. El impacto de toda esta “circulación de cerebros” es rotundo: los científicos que desarrollan parte de su carrera en el extranjero tienen un 40% más de citas que sus homólogos que no salen del país de origen. Y lleva implícito además un mensaje claro para luchar contra la actual epidemia de mala ciencia: favorecer la coautoría y la movilidad. Estados Unidos y el Reino Unido, los dos principales países de acogida de cerebros, parecen ir ahora en sentido contrario. Pero esto abre sin duda nuevas posibilidades para otros países.

        AHORA O NUNCA. 100 frases machistas que escuchamos desde la infancia

        miércoles, 25 de octubre de 2017