viernes, 12 de enero de 2018

NO HAY ENFERMEDADES NI ENFERMOS,ES EL CAPITALISMO QUE DESTRUYE TODO

LA RESPONSABILIDAD POLÍTICA EN EL COLAPSO DE NUESTRO PLANETA

Por Roberto Savio *

Roma, diciembre 2017 - El 20 de diciembre, los 28 Ministros de Medio Ambiente de  la Unión Europea (UE)  se reunieron en Bruselas para discutir el plan de reducción de emisiones preparado por la Comisión, para cumplir con el Acuerdo de París sobre cambio climático. Pues bien,  lo que está claro (es) que hemos perdido la batalla para mantener el planeta tal como lo conocemos. Por supuesto, esto puede ser considerado como mi subjetiva opinión personal.

Por lo tanto, voy a proporcionar muchos datos, historia y hechos para ser  concreto. Los datos y los hechos tienen un apreciable valor: son útiles para todos los debates, mientras que las ideas no. Entonces, si a Ud. no le gustan los hechos, por favor deje de leer aquí. Usted se librará  de un artículo aburrido, como probablemente todos los míos, porque no estoy tratando de entretener, sino de crear conciencia. Además, si deja de leer, se ahorrará la oportunidad de conocer nuestro triste destino.

Como es usual ahora en política, los intereses se anteponen a los valores y la visión. Los ministros decidieron (con alguna resistencia de Dinamarca y Portugal), reducir el compromiso de Europa. Esto va al encuentro de Donald Trump, que abandonó el Acuerdo de París, para privilegiar los intereses estadounidenses, sin ninguna atención al planeta. Por lo tanto,  Europa simplemente está siguiéndole.

Por supuesto, los que estamos vivos ahora no pagaremos nada: las próximas generaciones serán las víctimas de un mundo cada vez más inhóspito. Pocas de las personas que en 2015  asumieron en París compromisos solemnes en nombre de toda la humanidad para salvar el planeta, estarán vivos dentro de 30 años, cuando el cambio se vuelva irreversible. Y será también evidente que los seres humanos somos los únicos animales que no defendemos ni protegemos nuestro hábitat.

En primer lugar, el Acuerdo de París fue adoptado por los 195 países participantes, de los cuales 171 ya han suscrito el tratado, en sólo dos años, lo cual está muy bien, excepto que el tratado es solo una colección de buenos deseos, sin ningún compromiso concreto. Para empezar, no establece compromisos específicos y verificables. Cada país decidirá sus propios objetivos y será responsable de su implementación. Es como pedir a todos los ciudadanos de un país que decidan cuántos impuestos quieren pagar y que si no los pagan, no hay ninguna sanción.

En París en 2015 Europa se comprometió a llegar a utilizar el 27% de energías renovables (reduciendo el uso de energías fósiles), fijando un objetivo del 20% para el 2020. Pero, del 27%, bajó al 24,3%. Además, los ministros decidieron mantener los subsidios para la industria de energías fósiles hasta el 2030 en lugar del 2020, como estaba previsto. Y aunque la propuesta de la Comisión era que las plantas de energías fósiles perderían los subsidios si no reducían sus emisiones a 500 gramos de CO2 por tonelada para el 2020, los ministros extendieron los subsidios hasta el 2025.

Por último, la Comisión propuso reducir los biocombustibles (a base de productos de consumo humano, como el aceite de palma) al 3,8%. Así, los ministros, contrariamente a todas sus declaraciones sobre la lucha contra el hambre en el mundo, decidieron duplicarlo, al 7%.

Now let us go back to the real flaw of the Paris Agreement. Scientists took two decades to conclude with certitude that climate change is caused by human activities, despite a strong and well financed fight by the coal and fuel industry, to say otherwise. The International Panel on Climate Change, is an organization under the auspices of the UN, whose members are 194 countries, but its strength comes from the more than 2.000 scientists from 154 countries who work together on climate.

Volvamos ahora al principal defecto del acuerdo de París. Los científicos tardaron dos décadas para concluir con certeza que el cambio climático es causado por las actividades humanas, a pesar de una fuerte oposición, bien financiada por la industria del carbón y del petróleo, que sostenía lo contrario.

El Panel Internacional sobre Cambio Climático, es una organización bajo los auspicios de la ONU, cuyos miembros son 194 países, pero su fortaleza proviene de los más de 2.000 científicos de 154 países que trabajan juntos en el tema del clima.

El debate se prolongó desde 1988 --cuando se estableció el IPCC-- hasta   2013, cuando llegaron  a una conclusión definitiva: la única manera de detener el rápido deterioro del planeta, consiste en impedir que las emisiones superen los 1,5 grados centígrados sobre la temperatura de la Tierra en 1850. En otras palabras, nuestro planeta ya está deteriorado, y no podemos volver atrás. Hemos quemado demasiada gasolina y emitido demasiados gases contaminantes, que ya están actuando. Pero si detenemos este proceso, aunque nunca podremos cancelar el daño ya causado, que durará algunos miles de años, podemos estabilizar el planeta.

Se considera que la revolución industrial comenzó en 1746, cuando las usinas industriales reemplazaron a los tejedores individuales. Pero comenzó a gran escala en la segunda mitad del siglo XIX, con la segunda revolución industrial. Esto implicó el uso de la ciencia en la producción, inventando motores, ferrocarriles, creando fábricas y otros medios de producción industrial.
Empezamos a registrar las temperaturas en 1850, cuando aparecieron los termómetros. De esta forma,  podemos verificar cómo el carbón, los fósiles y otros combustibles comenzaron a interactuar con la atmósfera.

Lo que concluyeron los científicos fue que si superamos los 1,5 grados centígrados con respecto a la temperatura de 1850, cruzaremos irreversiblemente una línea roja: no podremos modificar la tendencia, y el clima quedará fuera de control, con dramáticas consecuencias para el planeta.

La conferencia de París es el acto final de un proceso que comenzó en Río de Janeiro en 1992, con la Conferencia sobre Medio Ambiente y Desarrollo, donde dos líderes ya fallecidos, Boutros Ghali y Maurice Strong, llevaron a cabo la primera cumbre de jefes de Estado sobre el problema del medio ambiente.

Por cierto, vale la pena recordar que Strong, un hombre que dedicó toda su vida a los problemas del medio ambiente, por primera vez abrió la conferencia a los representantes de la sociedad civil, además  de las delegaciones gubernamentales. Más de 20,000 organizaciones, académicos y activistas viajaron a Río, iniciando la creación de una sociedad civil global reconocida por la comunidad internacional.

A diferencia de Kioto, se suponía que París sería un acuerdo realmente global, con el fin de incluir la mayor cantidad de países posible. Es un secreto sucio poco conocido que la ONU decidió poner como objetivo no los muy ajustados 1,5 grados centígrados, sino los más apetecibles 2 grados centígrados. Pero desafortunadamente, el consenso es que ya hemos superado los 1,5 grados centígrados. Y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha estimado que los compromisos asumidos por los países en París, si no cambian, nos llevarán a 6 grados centígrados, un aumento que según la comunidad científica haría inhabitable una gran parte de nuestro planeta.

De hecho, en los últimos cuatro años registramos los veranos más calurosos desde 1850. En 2017 tenemos el récord de emisiones en la historia, que han alcanzado 41.5 giga toneladas. De ellos, 90% proviene de actividades relacionadas con los humanos, mientras que las energías renovables (cuyo costo ahora se ha vuelto competitivo con respecto a las energías fósiles), todavía cubren solo el 18% de la energía consumida en el mund
Hablaremos ahora de otro secreto sucio importante.
Mientras discutimos sobre cómo reducir el uso de fósiles, estamos haciendo lo contrario. En este momento, gastamos 10 millones de dólares por minuto para subsidiar la industria de los fósiles.
Según la ONU, solo considerando los subsidios directos, estos se sitúan entre 775 mil millones de dólares a 1 billón de dólares. La cifra oficial solo en el G20 es de 444 mil millones. El Fondo Monetario Internacional ya ha aceptado la opinión de economistas que sostienen que los subsidios no son solo dinero en efectivo: es el uso de la tierra y la sociedad, así como la destrucción del suelo, el uso del agua, los aranceles políticos (las llamadas externalidades, el costo que existe, pero que no está incluido en el balance de las empresas). Si tenemos en cuenta esto, llegamos a  la friolera de 5.3 billones: fueron 4.9 billones en 2013. Eso representa el 6.5% del Producto Bruto global y eso es lo que les cuesta usar energías fósiles a los gobiernos, a la sociedad y a la tierra.

Este hecho no ha sido difundido por los medios de comunicación. Pocos conocen la fuerza de la industria de los fósiles. Trump quiere reabrir las minas de carbón, no solo porque esto atrae los votos de aquellos que perdieron un trabajo obsoleto, sino porque la industria de los fósiles financia el Partido Republicano. Los multimillonarios hermanos Koch, los mayores propietarios de minas de carbón de Estados Unidos, declararon haber "invertido" 800 millones de dólares en la última campaña presidencial.

Algunos podrían decir que estas cosas suceden en Estados Unidos, pero de acuerdo con la respetada organización Transparencia Internacional, en Europa hay más de 40.000 lobistas que actúan para ejercer influencia política. El Observatorio Corporativo de Europa, que estudia el sector financiero, descubrió que estos grupos de presión gastan 120 millones de euros (143 millones de dólares) al año en Bruselas y emplea a 1.700 cabilderos. Se estableció que presionan sin respetar las normas legales, con más de 700 organizaciones, superando siete veces el número de sindicatos y organizaciones de la sociedad civil.

El poder de la industria de  fósiles explica por qué en 2009 los gobiernos ayudaron al sector con 557 mil millones de dólares, mientras  que toda la industria de las energías renovables recibió solo entre  43 y 46 mil millones de dólares, según estimaciones de la Agencia Internacional de Energía.

Está claro que los ciudadanos no tienen idea de que una parte de su dinero está manteniendo con vida y con mucho lucro a una industria clave en la destrucción de nuestro planeta, que sabe muy bien que hemos superado las 400 partes por millón de CO2 en la atmósfera, cuando la línea roja había sido establecida en 350 ppm. Pero la gente no lo sabe, y así continúa esta espectacular fiesta de hipocresía.

En 2015, la ONU realizó una amplia encuesta donde participaron 9,7 millones de personas. Se les pidió que eligieran como prioridades seis de 16 asuntos.  El primer elegido, con 6.5 millones de preferencias, fue "una buena educación". El segundo y el tercero, con más de 5 millones de preferencias, fueron "un mejor sistema de salud" y "mejores oportunidades de trabajo".



El último de los 16 temas, con menos de 2 millones, fue el "cambio climático", que también resultó último en las preferencias de los países pobres, pese a que serán las principales víctimas del cambio climático. Los 4,3 millones de participantes, de los países más pobres, pusieron en primer lugar la educación (3 millones de preferencias); el cambio climático fue el último, con 561.000 votos... Ni siquiera en Polinesia, Micronesia y Melanesia, cuyas islas están por desaparecer, el cambio climático apareció en primer lugar. Esta es una  prueba contundente de que las personas no se dan cuenta de que hemos llegado al umbral de la supervivencia de nuestro planeta tal como lo conocemos desde hace miles de años.

Por lo tanto, si los ciudadanos no están conscientes y no están preocupados, ¿por qué lo habrían de estar sus políticos? La respuesta es porque son elegidos por los ciudadanos para representar sus intereses y no pueden tomar decisiones fundamentales ¿Cómo suena esto en sus oídos? Cabilderos luchando por intereses, que se presentan ofreciendo empleos y estabilidad.

Y ahora, expongamos un último secreto sucio, para mostrar cuán lejos estamos de alcanzar el control de nuestro clima. Además de lo que ya hemos dicho, hay un tema muy importante que incluso se ha debatido en París: los acuerdos se refieren exclusivamente a la reducción de las emisiones de la industria de los fósiles. Otras emisiones se han ignorado por completo.

Un nuevo filme documental, “Cowspiracy: The Sustainability Secret” (Conspiración: el secreto de la sostenibilidad), producido por Leonardo di Caprio, https://www.youtube.com/watch?v=JyTFZefMvZ8 , ha clasificado muchísimos datos sobre el impacto de la ganadería en el cambio climático. Son considerados de cierta forma exagerados. Pero sus dimensiones son tan grandes que, de todos modos, añaden otro clavo a nuestro ataúd.

Los animales emiten metano, no emiten CO2, pero el metano es al menos  25% más dañino que el CO2. La ONU reconoce que, si bien todos los medios de transporte, desde automóviles hasta aviones, contribuyen al 13% de las emisiones, las vacas lo hacen en un 18%...

Pero el verdadero problema es el uso del agua, un tema clave que no tenemos forma de abordar en este artículo. El agua es considerada incluso por los estrategas militares, como una muy próxima causa de conflictos, como el petróleo lo ha sido durante mucho tiempo.

Para producir medio kilo de carne se necesitan usa 10.000 litros de agua. ¡Eso significa que una hamburguesa es equivalente a dos meses de duchas...! Para obtener 1 litro de leche, se necesitan 1000 litros de agua. Las personas en todo el mundo usan una décima parte de lo que necesitan las vacas. El ganado usa el 33% de toda el agua disponible y el 45% de la superficie aprovechable del planeta. Además, es la causa del 91% de la deforestación de la Amazonía y producen 130 veces más desechos que los seres humanos.

La cría de cerdos en Holanda está creando serios problemas porque sus desechos ácidos están reduciendo las tierras utilizables. Y el consumo de carne está aumentando muy rápidamente en Asia y África, ya que se considera un objetivo a alcanzar los niveles de consumo de los países ricos.

A este grave impacto en el planeta, se ha unido una fuerte paradoja de sostenibilidad para la población humana. Actualmente somos 7,590 millones de personas y pronto llegaremos a 9,000 millones. La producción total de alimentos en el mundo podría nutrir de 13 a 14 mil millones de personas. De estos alimentos, una parte considerable se desperdicia y no llega a las personas (tema para un artículo separado). La comida para los animales podría alimentar a 6 mil millones de personas y tenemos mil millones de personas muriendo de hambre. Esto  prueba lo lejos que estamos de utilizar los recursos racionalmente para los habitantes de la Tierra. Tenemos suficientes recursos para todos, pero no los administramos racionalmente. El número de obesos ha igualado al de las personas que mueren de hambre.

La solución lógica en esta situación sería llegar a un acuerdo sobre una gobernanza global, en el interés de un planeta para la humanidad. Sin embargo,  vamos en la dirección opuesta. El sistema internacional está asediado por el nacionalismo, que hace cada vez más imposible llegar a soluciones significativas.

Concluyamos con un último ejemplo: sobrepesca. Han pasado dos décadas desde que la Organización Mundial del Comercio (que no forma parte de la ONU y se construyó en disparidad con el foro mundial) trata de llegar a un acuerdo sobre la pesca excesiva con mega redes, que recolectan una enorme cantidad de peces: 2.7 billones, de los cuales solo se usa una quinta parte y se botan los cuatro quintos restantes.

En la última conferencia de la OMC celebrada el 13 de diciembre en Buenos Aires, los gobiernos tampoco pudieron llegar a un acuerdo sobre cómo limitar la pesca ilícita. Los grandes peces  han disminuido el 10% desde 1970. Y estamos explotando un tercio de todas las reservas. Se estima que la pesca ilegal coloca entre 10 mil millones y 23 mil millones en el mercado negro, según un estudio de 17 agencias especializadas, con una lista completa de nombres. Y nuevamente, los gobiernos gastan 20 mil millones de dólares por año para financiar el aumento de su industria pesquera... otro ejemplo de cómo los intereses se anteponen al bien común.

Creo que ahora tenemos suficientes datos para darnos cuenta de la incapacidad de los gobiernos para tomar en serio sus responsabilidades, porque disponen de la información necesaria para saber que nos dirigimos hacia un desastre.
En un mundo normal, la declaración de Trump de que el control del clima es un cuento chino, y que se inventó contra los intereses de Estados Unidos, debería haber causado una conmoción global. Además, si bien las políticas internas de Trump son una cuestión estadounidense, el clima está afectando a los 7.590 millones de habitantes del planeta, y Trump fue elegido por menos de una cuarta parte de las personas con derecho a voto de USA: aproximadamente 63 millones. Demasiado poco para imponer decisiones que afectan a toda la humanidad.

Actualmente,  los ministros europeos se rigen por un proverbio que dice “el dinero habla y las ideas murmuran...” Hay muchos que se están preparando para especular sobre el cambio climático. Ahora que hemos perdido el 70% de hielo del polo norte y las compañías navieras se preparan a utilizar la Ruta del Norte, lo que reducirá el costo y la duración del transporte en un 17%. Y la industria vinícola británica, desde el calentamiento del planeta, está aumentando la producción en  5% cada año.


Los viñedos plantados en el sur de Inglaterra, con un suelo calcáreo, ahora se los compran  los productores de Champagne, que planean mudarse allí. El Reino Unido ya produce 5 millones de botellas de vino y vinos espumosos, los que se venden todos. Esta Navidad,  el espumante local superará a los champañas, cavas, prosecco y otras bebidas navideñas tradicionales.

Hemos registrado en vano, el aumento de los huracanes y las tormentas, también en Europa, y una propagación récord de incendios forestales. La ONU estima que al menos 800 millones de personas serán desplazadas por el cambio climático, lo que hará inhabitable varias partes del mundo. ¿A dónde irán? No a los Estados Unidos ni a Europa, donde son vistos como invasores.

No olvidemos que la crisis siria se produjo después de cuatro años de sequía (1996-2000) que desplazó a más de un millón de campesinos a las ciudades. El consiguiente descontento alimentó la guerra, que hasta ahora  contabiliza 400,000 muertos y seis millones de refugiados. Cuando los ciudadanos se percaten de los daños, será demasiado tarde. Los científicos piensan que será nítidamente evidente después de treinta años.

Entonces, ¿por qué nos preocupamos ahora? Ese es un problema para la próxima generación. Las multinacionales continuarán ganando dinero hasta el último minuto, con la complicidad de los gobiernos y su apoyo, así que, aprovechemos la marea del cambio climático.

Vamos a comprar una buena botella de champán británico,  para beberlo en una línea de cruceros de lujo sobre el Polo, y dejemos que la orquesta siga tocando, ¡como lo hizo en el Titanic hasta el último minuto!
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jueves, 11 de enero de 2018



Marx y la medicina

Viento Sur


En su discurso ante al 19º Congreso Nacional del Partido Comunista de China, celebrado el pasado mes de octubre, el presidente Xi Jinping habló de "la verdad científica del marxismo-leninismo". El marxismo (con rasgos chinos), como siguió declarando el presidente Xi, ha de ser el fundamento de una China saludable. ¿Quién se atrevería hoy en día, en Occidente, a ensalzar a Karl Marx como garante de nuestra buena salud?
Marx murió hace tiempo. Falleció físicamente el 14 de marzo de 1883. Falleció metafísicamente en 1991, cuando la Unión Soviética desapareció dando lugar a un Estado ruso de nuevo independiente. El experimento comunista había trastabillado, flaqueado y, finalmente, quebrado. ¿Su legado? Como escribió Michel Kazatchkine en The Lancet el mes pasado, el sistema sanitario de la era soviética "se deterioró rápidamente" en sus últimos años, dando lugar a una "disponibilidad insuficiente de medicamentos y tecnologías médicas, instalaciones mal mantenidas, calidad menguante del servicio sanitario y descenso de la esperanza de vida".
Sin embargo, ¿es justo condenar a Marx a la cuneta de la historia de la salud? El 5 de mayo de 2018 se conmemora el bicentenario de su nacimiento. Es un buen momento para reevaluar la contribución de Marx a la medicina y descubrir si su influencia es tan nociva como parece sugerir el sentido común contemporáneo.
La medicina y el marxismo tienen historias imbricadas, cercanas y respetables. La salud pública fue la comadrona del marxismo. La condición de la clase obrera en Inglaterra (1845), de Friedrich Engels, contribuyó a desvelar el coste humano del capitalismo. El ex redactor jefe del New England Journal of Medicine, Bud Relman, acuñó el término "complejo médico-industrial", haciéndose eco de los temores marxistas sobre la mercantilización de todo lo que con más esmero cuidamos en la vida. Howard Waitzkin lo formuló de este modo en un artículo de 1978 publicado en Annals of Internal Medicine, titulado "Una visión marxista de la atención médica":
El enfoque marxista duda de que puedan producirse importantes mejoras en el sistema sanitario sin un cambio fundamental del orden social en general.The Economist, difícilmente calificable de bastión del pensamiento de izquierda, escribió hace unos meses que "hay muchísimo que aprender de Marx. En efecto, gran parte de lo que dijo Marx parece adquirir mayor relevancia en nuestros días." Wolfgang Streeck, en su libro titulado con ánimo provocador How Will Capitalism End? (2016), emplea metáforas médicas para describir las "multipatologías" a que se enfrenta el capitalismo desde la crisis financiera mundial de 2007. El capitalismo ha acumulado un montón de flaquezas y ha agotado su arsenal de remedios, señala.
Fue un ex economista del Fondo Monetario Internacional, Ken Rogoff, quien escribió en 2005 que "la próxima gran batalla entre el socialismo y el capitalismo se librará en torno a la salud humana y la esperanza de vida". La primera ministra británica, Theresa May, ha dicho que el capitalismo es "el mayor agente de progreso humano colectivo que jamás se ha creado". Sin embargo, cada vez más personas, especialmente las generaciones más jóvenes, creen que una economía basada exclusivamente en el libre mercado no es necesariamente el mejor medio para crear sociedades más justas o más sanas. La nueva primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, afirmó el mes pasado que "si permites que los mercados decidan el destino de tu pueblo…, no le estás haciendo un favor al país o al pueblo". Las ideas marxistas han vuelto a entrar en el debate político.
Como expone Terry Eagleton en Why Marx Was Right (2011), el marxismo no trata de la revolución mundial violenta, dictaduras tiránicas ni fantasías utópicas irrealizables. Pienso que Marx interesa a la medicina por tres razones. En primer lugar, Marx plantea una crítica de la sociedad, un método de análisis, que permite explicar tendencias inquietantes de la medicina moderna y de la salud pública: la privatización de la sanidad, el poder de las élites profesionales conservadoras, el crecimiento del tecnooptimismo, el filantrocapitalismo, la importancia de los factores políticos determinantes de la salud, las tendencias neoimperialistas de la salud mundial, definiciones de la enfermedad en función del producto y la exclusión de comunidades estigmatizadas de nuestras sociedades. Estos aspectos de la sanidad del siglo XXI se estudian e interpretan mejor con una lente marxista.
En segundo lugar, el marxismo defiende un conjunto de valores. La libre autodeterminación del individuo, una sociedad igualitaria, el fin de la explotación, mayores posibilidades de participación pública en la adopción de decisiones colectivas, la negativa a aceptar la predeterminación de la naturaleza humana y la afirmación de nuestra capacidad de cambiar y un sentido de la interdependencia e indivisibilidad de nuestra humanidad común. Finalmente, el marxismo es un llamamiento a comprometerse, una invitación a unirse a la lucha por proteger los valores que compartimos. No hace falta ser marxista para apreciar a Marx. Ahora que se aproxima el bicentenario de su nacimiento, podemos estar de acuerdo en que la medicina tiene mucho que aprender de Marx.

Conmovedor mensaje a los jóvenes que se incian en la profesión | 05 ENE 18

Carta a los médicos residentes

Las palabras del Dr. Jorge Dietsh a los residentes del Hospital Regional de Mar del Plata Dr Oscar Alende en la despedida del año son un llamado a la consciencia de toda la comunidad profesional. ¿Cómo podemos disfrutar de una profesión que nos sumerge en el padecimiento y el dolor humanos
Autor: Dr. Jorge Dietsch Fuente: IntraMed 
Una escritora canadiense, Anne Michaels, en un hermoso libro, hace plantar flores a su protagonista.  De noche, a la luz de una lámpara y como si cometiera un delito, Jean coloca plantas en lugares públicos.  Lo hace para que, cuando florezcan, quien pase por allí perciba un aroma que le recuerde algún momento feliz de su vida.  Lo hace pensando en los inmigrantes, para que recuerden a su patria, a su infancia.
El Pastor, un personaje del libro “Todos los nombres”, de José Saramago, tiene una conducta extraña: en un cementerio, cambia las lápidas de lugar.  Y dice que hace eso para que los vivos se confundan.  Rezarían entonces ante la tumba de un muerto que no es el suyo, y ese muerto recibiría una oración inesperada.  Ninguno de ellos se quedaría sin una plegaria.
Llamé a esto, “algunas formas distintas de dar”. 
Yo no vi a los residentes de nuestro hospital plantar flores ni cambiar lápidas de lugar, pero sí los vi correr por los pasillos con un paciente en la camilla, buscando desesperadamente un ascensor para bajarlo a Terapia o al Shock Room. Los vi preparar un ateneo mientras controlaban, al mismo tiempo, el goteo de un suero con dopamina.  Los vi intentar devolver el alma que había huido del cuerpo de un paciente, pero que aún estaba allí, como esperando que ellos la pusieran de nuevo en su lugar.  Los vi comprometerse a fondo con los pacientes y pelear por ellos para conseguirles un turno en el quirófano, un estudio que el hospital no tiene, un medicamento necesario. Ese compromiso que se adquiere con firmeza cuando se trabaja en un medio adverso, en el que uno pone al paciente sobre  sus espaldas y avanza con él a cuestas. Cuando el esfuerzo por conseguir algo le otorga valor a lo que se obtiene. Cuando se construye con ese esfuerzo el interior de la persona, un interior apasionado, (por lo que hace y por lo que ama).
Los vi vestirse de alegría a pesar de la pena. Celebrar la vida aún en el dolor. Y los vi ponerse de novios y tener hijos, y los vi crecer y madurar...
Varias veces les mencioné al escritor checoeslovaco Julius Fucik, que en la cárcel, condenado a muerte por el nazismo, escribió en unos papeles que le daba a su mujer con la complicidad de un carcelero, un libro que ella publicó más tarde.  En ese libro dice: “Por la alegría he vivido, por la alegría he ido al combate, por la alegría muero, que nunca la tristeza sea atada a mi nombre”. Yo les mencioné a Fucik, simplemente por el temor de que algún día perdieran la alegría.   Porque sin ella, es muy difícil ser profesional de la salud.  Uno puede serlo, pero ser médico y al mismo tiempo ser feliz, sin la alegría es casi imposible.
¿Pero cómo podemos disfrutar de una profesión que nos sumerge en el padecimiento y el dolor humanos?  
Y aquí quiero recordar al queridísimo amigo y maestro Paco Maglio, que tanto nos enseñó, y que falleció hace pocos días, el 16 de este mes de mayo.  El decía que en la Historia Clínica, el sustantivo es la historia.  Que la clínica es el adjetivo.  Que lo esencial es la historia.  En la historia de un paciente está su vida, y si aprendemos a escucharla, en una sola vida, la nuestra, podremos vivir muchas vidas.  Tenemos la gracia de haber recibido ese don.  De poder escuchar al otro.  Paco decía que el consultorio debía de llamarse escuchatorio.
Hace pocos días les leí a los residentes de clínica el poema de Konstantinos Kavafis(1863-1933, Alejandría, Egipto) “Itaca”. Itaca, la isla de la que partió y a la que volvió Ulises, después de muchos años de aventuras y peripecias.  El poema dice así:
Si vas a emprender el viaje hacia Itaca,
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencia, en conocimiento.
A Lestrigones y a Cíclopes,
o al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones y a Cíclopes,
ni al fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante ti los pone.
Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en los emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperla y coral, y ámbar y ébano,
perfumes deliciosos y diversos,
cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Más no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Itaca te enriquezca.
Itaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.
Aunque pobre la encuentres, no te engañará Itaca.
Rico en saber y en vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Itacas.

No teman a Lestrigones ni a Cíclopes, ellos no existen.  Sólo existen dentro del alma de uno, si uno les da un lugar y los construye.  Y de las personas, ahí sí, existen los malvados.  Cuando se enfrenten a uno, tampoco teman.  Piensen que debajo de su ropa está desnudo.
En Mar del Plata hubo un obispo, Monseñor Eduardo Pironio, hoy en proceso de beatificación, que en un artículo (Meditación para los tiempos nuevos) de 1977, escribió:“…vivamos con intensidad y amor esta única hora nuestra.  Ni nos debe asustar, ni podemos dejarla pasar sin asumirla plenamente con la alegría de la fidelidad.  …Es la alegría de vivir ahora y de preparar para las generaciones nuevas tiempos fuertes y fecundos”.  (Y él decía estas cosas en tiempos en que era amenazado de muerte por la triple A).     
Quiero decir con esto que no debemos tener temor de intentar que el mundo, o la pequeña parte del mundo en que nos toque estar, sea del tamaño de nuestros sueños.  Y vivir con intensidad y amor nuestra única hora.
Hagamos las cosas que nos proponemos. “Demos a los demás, al menos, la posibilidad de que nos critiquen”. (Kübler Ross).
José Saramago le dijo a Pilar del Río, la mujer que lo acompañó en los últimos 25 años:
“Se eu tiresse morrido aos sesenta e tres anos antes de te conhecer, eu teria morrido muito mais velho do que serei quando eu morrer”            
“Si yo hubiera muerto a los sesenta y tres años antes de conocerte, habría muerto mucho más viejo de lo que seré cuando me muera”.
Es decir que, para el querido José, el amor lo hizo más joven. Y agreguemos que no sólo el amor de la pareja, el amor erótico, sino el amor en general, el amor evangélico (“Un solo mandamieno os dejo: que os améis los unos a los otros como yo os he amado”), será nuestra manera de vivir siempre con un corazón joven, con un alma joven. Creyendo siempre que el amor y la solidaridad nos harán no sólo trabajar mejor sino también más felices.
Y al fin, unas breves palabras del poeta mexicano, Jaime Sabines.
“No les deseo nada para el porvenir.  Deseo que puedan hacerse un pasado feliz.”  

  
El Dr. Jorge Dietsch se ha desempeñado como jefe de docencia e investigación del Hospital General de Agudos Dr. Alende de Mar del Plata, es un incansable educador en valores humanísticos en medicina. Ha escrito libros de literatura, trabajos científicos y columnas de opinión.

miércoles, 10 de enero de 2018

PSICÓLOGO DE TRIBUNA DE FÚTBOL

Dentro del amplio catálogo de ruindades que se han dicho sobre Diana Quer, de su hermana y de su madre, destaca, por sólo unos centímetros, una crónica abyecta en la que se contaba que la madre de Diana Quer frecuentaba un bar en el que las mujeres buscaban a hombres para casarse con ellos. No sabemos si la coincidencia de estas mujeres se producía con hombres que quedaban en aquella cafetería para, no sé, leer a Rubén Darío, hombres ínclitos de raza ubérrima.
Ocurre cuando no hay noticia, pero sigue habiendo morbo y audiencia. No hay nada que contar, pero hay que seguir contando como si hubiera algo nuevo que contar.
¡Qué puntería! que siempre se pone el foco en la mujer, la mujer culpable, sentenciada antes de encontrar su propio cadáver, el de su hija, el de su hermana. La madre de Diana Quer le decía a su hija que se tomara un “orfi”, y ahí parecía asomar la culpa. Contaban que la hoy asesinada tenía, al parecer, querencia por los malotes, que se llevaba mal con su hermana y las dos con su madre, que las tres eran unas histéricas. Sospechosas.
No tardó mucho en salir la especie de que Diana buscaba fuera de la familia el cariño que no encontraba en su familia. ¡Qué nivel de conocimiento hay que aparentar para escribir eso! Es como meterse en la cabeza de un suicida. El psicólogo de guardia dijo que Diana era depresiva y tenía la autoestima por los suelos. Humm. Más delitos.
Por supuesto, el hecho de que sus padres estuvieran separados –ella buscando otros hombres, en bares de hombres, se contaba, cercanos al lugar en el que apareció el móvil de su hija, él se supone que embebido en la hermenéutica de Rubén Darío –también influía poderosamente en la trama de sospechas sumadas sobre Diana Quer. Diana presentada como culpable de sí misma. Culpable sentenciada, sin posibilidad de defensa. Diana y su madre, las malas de la película; la hermana de la asesinada, sospechosa secundaria.
Mientras las tres mujeres eran criminalizadas, el padre miraba a cámara con la solvencia del que se siente libre de las miserias de las tres hembras, como un actor de culebrón, cuerdo en un mundo de locas. Miraba a cámara previo pago de un asesor de imagen y solemnizaba que él era el único que se mostraba emocionalmente solvente ante una situación desgarradora.
La madre de Diana Quer, como si tuviera afasia, era sospechosa por el destrozo de la desaparición en el relato de algunos medios. Llegó a comparecer acompañada por otra mujer, una amiga, que trataba de explicar que lo estaba pasando mal, que ella no era la culpable y que deseaba que su hija volviera. Secuencia de obviedades difíciles de transmitir por una mujer devastada por la pérdida y enfocada como potencialmente culpable. En medio, le quitaron la custodia de su otra hija y el padre cuerdo y asesorado dijo: ya era hora, demasiado tarde.
Cuando un hombre asesinó a una mujer en El Salobral (octubre 2013), hubo quien escribió que era una muerte “pasional”, que la cría estaba “muy desarrollada”, que en su perfil escribía de sí misma “oscuridad”, que era “gótica”, que su madre estaba “separada”, que “la tuvo muy joven”. Verdades consecutivas que construían una enorme mentira: la asesinada era culpable. (Decían otras cosas de la chavala asesinada, pero me niego a reproducirlas).
El asesino, apodado el “Fraguel”, era relatado como “amigo de sus amigos” -la noticia sería que fuera enemigo, digo yo-, que le gustaban las motos, que tenía destreza en el manejo de las armas y que ya había dicho muchas veces que la mataba  -vamos, que era coherente-, serie de verdades que construían la mentira de que era un tío enrollao. Sus amigos engominados así le describían después de que asesinara a su novia, después de que esta le dijera que ya le valía, que cortaba.
Hay crónicas que dicen, en otros crímenes machistas, que sorprendía que un hombre hubiera asesinado a su mujer, cuando eran una familia “estructurada”. Otro día quedamos y nos explican qué es lo que es, eso de estructurada.
El caso es que antes de que apareciera el presunto culpable del asesinato de Diana Quer -un homínido reincidente-, detenido gracias a su redundante reincidencia, ya se había establecido una alineación de culpables que empezaba por la propia víctima, por su madre y por su hermana.
No pasa nada. Ojalá no vuelva a ocurrir lo mismo, pero seguro que algunos lo contarán igual.

UN VIEJO REFRÁN "NADA PEOR QUE UN MEDICO DE LA CÁRCEL"


El preso resucitado en Asturias: "Lo primero que recuerdo es estar en una bolsa negra"


Gonzalo Montoya, el joven que fue dado por muerto en la prisión de...
Gonzalo Montoya, el joven que fue dado por muerto en la prisión de Villabona (Asturias) E.M.

"Lo primero que recuerda es que estaba dentro de una bolsa negra. Como no podía hablar, empezó como a hacer rugidos. Entonces un médico comenzó como a notar los rugidos y abrió la bolsa cuando lo tenían ya para hacerle un autopsia y el médico se asustó mucho. Mi marido se puso a chillar y a sacar los brazos fuera de la bolsa y luego comenzaron a ponerle aparatos y medicamentos para recuperarlo".
Así ha contado Gonzalo Montoya a su esposa su increíble resurrección en el Instituto de Medicina Legal de Oviedo, el pasado domingo, cuando estaban a punto de realizarle una autopsia. El joven, de 29 años, amaneció aparentemente muerto en su celda del centro penitenciario de Villabona (Asturias) después de que se tomara un puñado de pastillas con la intención de quitarse la vida. Dos médicos de la prisión lo dieron por muerto y así lo certificó también el facultativode la comisión judicial que acudió a Villabona para ordenar el levantamiento del supuesto cadáver.
"Hablando en plata, casi me matan a mi hijo, casi me lo asesinan, porque él estaba vivo. No sé cómo estos dos médicos que certificaron que él estaba muerto lo pudieron pasar por alto, más el juez que enviaron a la cárcel...", cuenta atropelladamente José Carlos MontoyaPepe, padre del protagonista de esta increíble historia, aún aturdido por el shock de haber creído durante unas horas a su hijo muerto.
"Lo metieron en la bolsa, lo trasladaron en una funeraria hasta llevarlo a las autopsias, me lo metieron en la congeladora y, luego, cuando le iban a hacer la autopsia, ya marcado, al sacarlo de la bolsa para ponerlo encima de la camilla, mi hijo dio señales de que estaba vivo, se movió y roncó. E inmediatamente lo pasaron para el Hospital Central de Asturias. Y por eso ahora mi hijo tiene tocado un poquito el riñón, de meterlo en la nevera ha cogido la enfermedad esta del frío [neumonía] y le han sacado un montón de líquido de la espalda, está completamente desfigurado, muy hinchado...».
Situémonos un día antes de los hechos, el sábado 6 de enero, día de Reyes. La esposa de Gonzalo, Catia Tarancón, de 30 años, lo visita en prisión y le lleva, tal y como él le ha pedido, algunas fotografías de los cinco hijos de la pareja, de entre 15 y cuatro años. Al mayor, Marcos, lo tuvo Gonzalo cuando sólo tenía 14. "Yo lo vi triste, llorando por los críos, que tenía ganas de estar con los críos, 'ya te queda poco, estoy hay que pasarlo'... Lo vi triste, pero esto no me lo esperaba... Es que se murió y resucitó otra vez", cuenta la esposa, aún aturdida por lo sucedido. Pronunció también Gonzalo unas palabras en las que Catia entonces no reparó: "Mañaña [por el domingo] me sacan para afuera". "Y, efectivamente, salió, pero muerto", interviene Pepe, el padre.


Varios intentos de suicidio

A la familia no le sorprendió el estado de ánimo de Gonzalo, que arrastra, según explican los Montoya, un complicado historial psicológico y varios intentos de suicidio previos. "Esta vez se tomó un bote de pastillas de su medicación", explica Catia. "Allí en Villabona se las tomaba para los nervios, para dormir. Él tiene claustrofobia y ataques epilépticos, no puede estar encerrado en una celda, y hacía tres días que a su compañero le dieron la libertad y se agobió mucho... No sé que pasó que al día siguiente lo encontraron muerto".
La familia cuenta que Gonzalo ya había intentado suicidarse o lesionarse anteriormente al menos en dos ocasiones. Nada más entrar en prisión, aseguran, quiso colgarse con una cuerda pero un preso lo vio y se lo impidió. Otra vez se cortó en un brazo en presencia de varios funcionarios. Visto este historial, resulta sorprendente que manejara un bote de pastillas, según asegura la familia. "Cada vez que voy a comunicar con mi hijo me las enseña, seguramente le dan para 15 o 20 días. Las cogió y se las comió todas, muchísimas", dice el padre.
Preguntados por el manejo de la medicación que tenía Gonzalo y por la actuación de los médicos de prisión en el caso, Instituciones Penitenciarias sólo responde que, "como sucede con cualquier incidente en prisión, se ha abierto una investigación para el esclarecimiento de los hechos". Los Montoya, por su parte, han contratado los servicios de un despacho de abogados, que está estudiando el caso con vistas a emprender acciones legales. "Pido, como padre, ya que le queda muy poco para cumplir su condena y por lo que pasó, porque lo dieron por muerto, el indulto", dice Pepe.
A Gonzalo Montoya Jiménez, el pequeño de cuatro hermanos, todos chicas menos él, lo apodaron nada más nacer El Chino. "Tenía los ojos tan achinados que empezamos a decir 'este no es hijo de un gitano, es hijo de un chino'", cuenta su padre. La familia, perteneciente a un clan gitano muy arraigado en Asturias, se ha dedicado siempre a la venta de chatarra. Fue precisamente un robo de chatarra, "en Central Lechera Asturiana", según explica el progenitor, lo que lo llevó a prisión con una condena de tres años y seis meses de cárcel, de la que sólo le quedan seis meses por cumplir.
A decir de los Montoya, en este tiempo no ha disfrutado de ningún permiso penitenciario. "Secuelas le van a quedar y bastantes. Lo que quiero es que lo saquen para casa, para que no lo vuelva a repetir", pide su esposa. Tras varias horas en un refrigerador mortuorio y dos días en la UCI del HUCA (Hospital Universitario Central de Asturias), el martes por la tarde, Gonzalo Montoya fue trasladado a planta.