domingo, 14 de enero de 2018

PARIS NO ES TODO EL MUNDO


“Hay que dejar de creer que la mujer siempre es una víctima”

Catherine Millet, escritora y crítica de arte, impulsora del manifiesto de 100 mujeres francesas contra el movimiento #MeToo, denuncia sus métodos y consecuencias

La escritora francesa Catherine Millet, en su casa en abril de 2016. ULF ANDERSEN AURIMAGES | EPV
Su manifiesto ha logrado sembrar el caos en Francia y parte del extranjero. La escritora y crítica de arte Catherine Millet (Bois-Colombes, 1948), autora del superventas La vida sexual de Catherine M., es una de las cinco impulsoras de la tribuna opuesta al movimiento #MeToo, firmada por 100 personalidades de la cultura francesa, encabezadas por la actriz Catherine Deneuve, la cantante Ingrid Caven o la editora Joëlle Losfeld. Millet denuncia que este movimiento, al que tilda de “puritano”, favorece un regreso de la “moral victoriana”. Ella defiende “la libertad de importunar”, incluso en el sentido físico, que considera indispensable para salvaguardar la herencia de la revolución sexual. Así lo relata en su despacho parisino, un cuarto lleno de catálogos amontonados en el que no deja de sonar el teléfono, desde el que dirige la revista Art Press, que cofundó en 1972.'
Pregunta. ¿Esperaba las violentas reacciones que ha suscitado su texto?
Respuesta. En absoluto. Solo quisimos reaccionar ante la palabra de las feministas radicales, que era la única que leíamos en la prensa. Nos resultaba molesto, porque no era un punto de vista que compartiéramos y porque, a nuestro alrededor, conocíamos a muchas mujeres que opinaban lo mismo. A mi entender, no te quedas traumatizada durante años porque un hombre te haya tocado un muslo... Se trataba de contar que todas las mujeres no reaccionamos igual ante gestos que podemos considerar groseros o fuera de lugar.
P. Se les ha reprochado su falta de solidaridad con las demás mujeres...
R. A un hombre no se le pide que comparta las opiniones del resto de varones del planeta. Eso es imposible. No estamos diciendo que nos parece bien que violen a las mujeres, sino que señalamos los derrapes que ha tenido ese movimiento. Por ejemplo, poner en tela de juicio a ciertos hombres por hechos bastante mínimos, que han tenido consecuencias graves en sus carreras. Se ha constituido un tribunal público en el que ni siquiera se les ha dejado defenderse. De repente, tuvimos la sensación de que todos los hombres eran cerdos. Hay que meterse en la piel de quienes han padecido violencia sexual, pero también pensar en los hombres que han sido víctimas de acusaciones muy rápidas y con consecuencias graves en sus vidas profesionales.

R.
 ¿No dicen las feministas que se ha liberado la palabra? Pues, si es así, nuestra palabra vale lo mismo que la suya. La censura que ha podido provocar este caso me parece ridícula. Me parece muy grave que se borre a un actor de una película [Kevin Spacey, sustituido por otro actor en Todo el dinero del mundo tras ser acusado de agresiones sexuales]. Son métodos que me recuerdan a los del estalinismo…P.
 Subrayando las disfunciones del movimiento y no sus aciertos, ¿no se arriesgan a hundir esa toma de conciencia sobre la violencia sexual y los abusos de poder, que su propio manifiesto considera “necesaria”?
P. Su tribuna habla de “una ola purificadora” que terminará instalando “una sociedad totalitaria”. ¿No es un poco excesivo?
R. Precisamente, me cita una frase que escribí yo. En todo texto polémico hay una parte de exageración, pero lo asumo totalmente. Veo aparecer un clima de inquisición, en el que cada uno vigila a su vecino, como sucedía en los regímenes soviéticos, y luego lo denuncia en las redes sociales. Todos los rincones de la sociedad están bajo vigilancia, incluida nuestra esfera íntima…

R.
 De acuerdo, pero no es el mejor método. Si cada ciudadano se toma la justicia por la mano, regresaremos a los tiempos del Lejano Oeste. La justicia tiene defectos y es innegable que se le escapan cosas, pero vivimos en una sociedad que acepta que es ella la encargada de juzgar y no un tribunal popular. En eso soy radical.P.
 ¿No son esas acusaciones el resultado de una justicia imperfecta, a causa de las prescripciones y de la falta de pruebas?
P. Se la ha acusado de antifeminista. ¿Lo es?
R. Si hablamos de ese feminismo en concreto, sí que me posiciono en contra. Pero hoy existen varias corrientes feministas... Yo me siento más cercana a las feministas que integran el sexo en su discurso, que suelen ser más jóvenes que yo, que a quienes expresan, a través del movimiento #MeToo, posiciones radicales que nunca he compartido, ni ahora ni durante los años 70. El feminismo sigue estando muy justificado en el entorno social. Por ejemplo, en cuanto a la igualdad salarial. Y también milito por esa igualdad en la libertad sexual, eso va por sentado…
P. También se les reprocha que casi todas sean blancas y burguesas. Que defiendan, al fin y al cabo, una postura elitista.
R. Sí, nos han reprochado que no tomemos el metro. En realidad, yo lo tomo varias veces al día. Cuando era más joven, alguna vez vino algún hombre a frotarse contra mí en los transportes públicos, y no por eso me morí ni me convertí en una impedida… En realidad, entre las firmantes del manifiesto hay una mezcla generacional y de orígenes. Por otra parte, las mujeres que nos atacan también son intelectuales y universitarias, igual que nosotras. Catherine Deneuve debe de tener un modo de vida algo distinto, pero las demás somos bastante parecidas a quienes nos atacan…

R.
 Es que son dos cosas que van juntas... Cuando un hombre te molesta, tienes la libertad de decirle que deje de hacerlo. Una tiene la capacidad de decir que no. Por otra parte, importunar es una palabra bastante leve. No es lo mismo que acosar, ni mucho menos. Alguien te puede importunar fumando a tu lado en un lugar público…P.
 ¿Considera que el famoso “derecho a importunar” que defiende el texto es más importante que el derecho a no ser importunado?
P. No es el mismo grado de intrusión que tocar a alguien.
R. Sé que se nos reprocha mucho esa palabra, pero que la gente abra el diccionario... Mire, se lo voy a buscar… [busca la definición en su tableta]. Importunar es sinónimo de molestar, fastidiar, incomodar, sacar de quicio…
P. ¿Pero entiende que existan mujeres que no quieran ser importunadas cuando pasean por la calle o van en metro?
R. No. Creo que hay un margen en que el comportamiento de los demás puede desplegarse sin que sea considerado un delito. A ti te puede parecer desagradable y te puedes quejar, pero no por eso es un delito... Y, como tal, no quiero que esté regulado, ni por una moral superior ni por la ley. Hay que aceptar que existen impertinentes en la vida. Esas mujeres parecen aspirar a una sociedad utópica y regulada hasta el más mínimo detalle, donde un hombre deberá tomar precauciones antes de dirigirse a una mujer. La codificación de nuestras relaciones es imposible, a no ser que nos convirtamos en robots.
P. Sostiene que ese derecho a importunar es indispensable para garantizar la libertad sexual. ¿En qué sentido?
R. En una relación entre dos individuos, siempre hay un momento borroso y ambiguo, en el que alguno de los dos no tiene muy claro lo que quiere… Cuando me ha intentado seducir un hombre, a veces he sentido una atracción que no era lo suficiente grande para ceder de inmediato. Un momento de duda… A veces terminas cediendo y otras, no. Mientras que esas mujeres dicen que un no siempre es definitivo, yo creo que hay matices. A veces, los hombres tienen una oportunidad si insisten una segunda vez…

R.
 Hace tiempo que creo que, cuanta más libertad hay en el discurso y en la circulación de las imágenes, más se crispan sectores que la consideran molesta, por lo que su reacción se vuelve cada vez más violenta. Lo sorprendente es que esta voluntad de censura ya no proceda de círculos extremadamente conservadores, sino de mujeres que se consideran feministas. No sé si vio a las dos chicas que pidieron al Metropolitan de Nueva York que descolgara un cuadro de Balthus: eran dos jóvenes modernas y probablemente de izquierdas…P.
 Denuncian un regreso a la moral victoriana. De nuevo, ¿no es un poco exagerado, en una sociedad donde la sexualidad resulta omnipresente?
P. Son casos puntuales, que ya tenían lugar mucho antes del movimiento #MeToo. Pintores como Balthus o Schiele, al que también se refiere su texto, llevan décadas generando escándalos. ¿No toman la excepción como si fuera la regla?
R. Sí, pero yo creo que hay que reaccionar con rapidez, porque los efectos en la realidad pueden ser inmediatos. Fíjese en ese profesor estadounidense despedido por mostrar imágenes del siglo XVIII, probablemente algo libertinas, a sus alumnos… ¡Algunos de sus padres las habían considerado pornográficas!
P. “Lamento mucho no haber sido violada, porque así podría dar fe de que una violación también se supera”, dijo en diciembre. Su frase ha generado un escándalo inmenso. ¿Se arrepiente de haberla pronunciado?
R. No. Fue una formulación algo ligera y cómica, pero solo porque no quería enmarcarme en una excesiva gravedad. Al tener la vida sexual que he tenido, en la que he contado con muchos compañeros distintos –algunos de ellos, perfectos desconocidos–, siempre he dicho que, si me hubiera encontrado en una situación de violación, no me habría defendido. Así habría tomado menos riesgos, porque lograría neutralizar la violencia del agresor. Si la violencia de ese acto me hubiera trastornado, creo contar con la suficiente capacidad moral para superar ese hecho e intentar olvidarlo. Esa es mi respuesta personal. Hace poco leí una entrevista con una abogada que había sido violada de joven y que desaconsejaba a sus clientas denunciar e ir a juicio, porque eso solo te hace prisionera del sufrimiento. Salvo en casos donde haya consecuencias físicas graves, yo creo que la mente logra vencer al cuerpo.

R.
 Existen para algunas mujeres, pero no para todas. Hay que dejar de creer que la mujer siempre es una víctima. Puede ser víctima de ese acto en un instante, pero también puede encontrar en ella la capacidad de reaccionar…P.
 ¿No cree que una violación también tiene consecuencias psicológicas?
P. Una de las firmantes del texto, la filósofa Peggy Sastre, es autora de un ensayo titulado La dominación masculina no existe. ¿Está de acuerdo con eso?
R. Existe, pero no en todas partes. En nuestra sociedad, a día de hoy y en la clase media, las mujeres cuentan con un gran poder. En la esfera doméstica, a menudo son ellas quienes imponen su voluntad dentro de la pareja, a causa de la culpabilidad de los hombres jóvenes y al hecho de trabajar y ser económicamente libres…
P. Entonces, ¿dónde persiste la dominación masculina?
R. Voy a echar balones fuera... Ha habido tantos progresos en las últimas décadas… Si comparo mis posibilidades con la vida que tuvo mi madre, en una sola generación hemos ganado mucho. Pero a las feministas les sigue interesando hacernos creer que nuestra sociedad es únicamente patriarcal. Eso no es verdad. Yo creo que también existe un matriarcado…
P. Para usted, ¿el patriarcado es cosa del pasado?
R. Digamos que está seriamente mermado.

AHORA ES DESPACITO,DESPACITO

La extraña plaga de la danza que cobró miles de vidas en la Europa del siglo XVI

Pieter Brueghel el joven
Image captionAsí pintó la manía de la danza Pieter Brueghel el joven (1564-1638) a partir de dibujos de su padre.
Un día de julio de 1518, en la ciudad de Estrasburgo, una mujer salió a la calle y comenzó a bailar.
Varios días más tarde seguía bailando. En una semana, unas 100 personas habían sido consumidas por el mismo impulso irresistible de bailar.
Las autoridades estaban convencidas de que los afligidos solo se recuperarían si seguían bailando día y noche, así que los separaron y los llevaron a salones de baile, contrataron músicos que tocaran flautas y tambores para mantenerlos en movimiento, y pagaron bailarines profesionales para mantenerlos en pie.
En cuestión de días, aquellos con corazones débiles comenzaron a morir.
A fines de agosto de 1518, alrededor de 400 personas habían experimentado la locura. Finalmente fueron cargados en vagones y llevados a un santuario de curación.
No fue sino hasta principios de septiembre que la epidemia empezó a desaparecer.
"El martirio de San Vito", obra anónima colgada en el Museo Nacional de Varsovia, fotografiada por Maciej Szczepańczyk
Image captionLa aflicción, en ese entonces, tenía el nombre de un santo en particular: San Vito. ("El martirio de San Vito", obra anónima colgada en el Museo Nacional de Varsovia, fotografiada por Maciej Szczepańczyk).
Ese no fue el primer brote de baile compulsivo en Europa.
De hecho, hubo hasta diez epidemias de danzas antes de 1518, una de ellas, en 1374, abarcó muchas de las ciudades de la Bélgica actual, el noreste de Francia y Luxemburgo.
El caso de 1518 simplemente está mejor documentado que sus predecesores y por una variedad más rica de fuentes.
Aunque no fue el primero, seguramente fue el último en ocurrir en Europa.

¿Cómo explicar este extraño fenómeno?

Una idea popular ha sido que los bailarines habían ingerido cornezuelo o ergot(Claviceps purpurea), un hongo psicotrópico que crece en tallos de centeno.
Pero eso es muy poco probable. El ergotismo puede desencadenar delirios y espasmos, pero también corta el suministro de sangre a las extremidades, lo que dificulta el movimiento coordinado.
Grabado de Hendrick Hondius (1642) a partir de un dibujo de Pieter Brueghel el Viejo (1564)
Image caption¿Hongos, heréticos, histéricos...? Hay varias teorías pero el historiador de medicina y autor de "Tiempo de danzar: Tiempo de morir" tiene la propia. Grabado de Hendrick Hondius (1642) a partir de un dibujo de Pieter Brueghel el Viejo (1564)
También se ha pensado que los bailarines eran miembros de un culto herético.
Eso también es improbable porque los contemporáneos estaban seguros de que los afligidos no querían bailar y los propios bailarines, cuando podían, expresaban su miseria y necesidad de ayuda. Además, esas personas nunca fueron tratadas como herejes.
El otro contendiente principal es que esto fue un estallido de histeria colectiva.
Eso es mucho más plausible, especialmente porque en 1518 los pobres de Estrasburgo estaban experimentando hambre, enfermedades y desesperación espiritual en una escala desconocida por generaciones.
Pero en sí misma esta teoría no explica por qué la gente bailó en su miseria.
Estado de trance
Mi explicación es que los bailarines estaban en trance. De lo contrario, no habrían podido bailar durante tanto tiempo.
Sabemos que es más probable que el estado de trance ocurra en personas que sufren una angustia psicológica extrema y que creen en la posibilidad de posesión espiritual. Todas estas condiciones se cumplieron en Estrasburgo en 1518.
Los pobres de la ciudad sufrían de hambrunas y enfermedades severas. Y, lo que es más importante, también sabemos que creían en un santo llamado San Vito que tenía el poder de controlar sus mentes e infligir un baile terrible y compulsivo.
La anticipación de esa maldición sumada a la alta vulnerabilidad de las personas aumentó la probabilidad de que entraran en el estado de trance. Y una vez en él, representaron el papel del maldito: bailando salvajemente durante días a la vez.
Así que la epidemia, sostengo, fue el resultado de la desesperación y el temor piadoso.
(Argentoratum Strassburg, publicado por primera vez en la Cosmografía de Munster edición de 1550. ©Universidad Hebrea de Jerusalén y Biblioteca Nacional de Israel)
Image captionEn aquella época, los pobres de Estrasburgo estaban en una situación desesperada. (Argentoratum Strassburg, publicado por primera vez en la Cosmografía de Munster edición de 1550. ©Universidad Hebrea de Jerusalén y Biblioteca Nacional de Israel)

Santo remedio

La plaga del baile se extinguió porque las creencias sobrenaturales que la alimentaban desaparecieron gradualmente.
A corto plazo, ciudades como Estrasburgo ya no eran susceptibles porque se convirtieron en protestantes durante la Reforma y rechazaban el culto al santo del que dependía la plaga.
A la larga, el ferviente sobrenaturalismo del mundo medieval tuvo que dar paso al surgimiento de la ciencia y la racionalidad modernas.
La locura danzarina fue efectivamente aniquilada.
Aun así, medio milenio después todavía sirve como un recordatorio de la inefable extrañeza del cerebro humano.

ES EL SACROSANTO CAPITALISMO

83 PAÍSES AFECTADOS

Lactalis retira varios lotes de leche maternal en polvo por el escándalo de la salmonelosis

Lactalis retira varios lotes de leche maternal en polvo por el escándalo de la salmonelosis
Sede de Lactalis en Laval, al oeste de Francia (Stephane Mahe / Reuters)
El escándalo de la leche maternal que ha contagiado con salmonela en Francia a decenas de bebés comienza a extenderse internacionalmente, pues Lactalis ha ordenado la retirada de varios lotes potencialmente contaminados en 83 países procedentes de su fábrica investigada.
"Hay 83 países afectados, que están bajo el mismo procedimiento de retirada de productos (que en Francia). Tenemos un gabinete de crisis tanto para el extranjero como para Francia", contó el responsable Emmanuel Besnier, en una entrevista publicada hoy en el Jornal de Dimanche (JDD), la primera que concede desde que asumió la dirección del grupo en 2000.
Sin embargo, el responsable del conglomerado familiar Lactalis, considerado el ejecutivo más enigmático de Francia, no detalló de qué 83 países se trata.
Quentin Guillemain, presidente de la asociación de víctimas afectadas por la firma Lactalis
Quentin Guillemain, presidente de la asociación de víctimas afectadas por la firma Lactalis (Christophe Simon / AFP)
Hasta 35 menores de seis meses han resultado infectados en Francia por salmonelosis desde que el pasado diciembre se declarase la crisis alimentaria en Francia, aunque todos ellos evolucionaron favorablemente.
La leche maternal en polvo de Lactalis, una de las más consumidas en el mundo, ha podido dejar otros dos afectados fuera de Francia, un bebé que fue atendido en el hospital vizcaíno de Cruces (norte de España), cuya causa probable de su gastroenteritis fue el producto de la firma francesa, y otro en Grecia, que aún falta confirmar.
"De acuerdo con el Ministerio de Sanidad francés, 35 bebés enfermaron (por salmonela). No hay casos nuevos desde el 8 de diciembre. Y el anunciado en España el viernes pasado se remonta al mes de octubre", certificó Besnier, quien adelantó que se indemnizará a todas las familias afectadas.
El supuesto foco de esta bacteria está en la fábrica situada en Craon, en el oeste de Francia y actualmente clausurada.
El supuesto foco de la bacteria está en la fábrica situada en Craon, en el oeste de Francia y actualmente clausurada

sábado, 13 de enero de 2018

O ESTAS JODIDO O TE LO INVENTAS...PERO NO ESTAS BIEN


¿Qué hay entre lo biológico y lo psicológico? | 12 ENE 18

¿Qué son los trastornos "funcionales"? Una propuesta que desafía lo que siempre hemos creído

Colon irritable, fibromialgia y fatiga crónica, etc. explicaciones insuficientes y fracasos cotidianos. Una propuesta teórica novedosa que permite analizar fenómenos frecuentes desde un punto de vista diferente. Teoría de la red adaptativa, un poderoso cambio de paradigma

Autor: Hyland Michael E.  Fuente: A New Paradigm to Explain Functional Disorders and the Adaptive Network Theory of Chronic Fatigue Syndrome and Fibromyalgia Syndrome Captus University Publications. (2017) Sullivan GB, Cresswell J, Ellis B, Morgan M, Schraube E. Resistance and renewal in theoretical psychology. P 21-31 Concord, ON: Captus University Publications

Resumen
  • Para explicar los síntomas del síndrome de fatiga crónica (SFC) y del síndrome de fibromialgia (SFM) se emplean teorías que pertenecen a dos paradigmas distintos: el biológico y el psicológico, pero ninguna teoría dentro de estos paradigmas explica totalmente estos trastornos funcionales.
     
  • Este trabajo presenta la idea de que los trastornos funcionales exigen teorías basadas sobre un nuevo paradigma. Este paradigma emplea los conocimientos y algoritmos de la inteligencia artificial y la teoría de sistemas y plantea que una red de mecanismos biológicos y psiconeuroinmunológicos tiene propiedades emergentes. Estas propiedades incluyen la adaptación inteligente (autoorganización) de imputsbiológicos y psicológicos simultáneos que pueden exigir adaptaciones opuestas.
     
  • El SFC y el SFM se explican por la adaptación inteligente de un sistema a un estilo de vida que incluye combinaciones de sucesos específicos, por ejemplo, infección más estrés psicógeno. Esta teoría desafía las teorías existentes y el tratamiento para estos dos trastornos funcionales.
INTRODUCCIÓN
El problema de los trastornos funcionales no es la falta de teorías o datos. El problema es que aunque cada teoría puede explicar alguno de los datos, ninguna puede explicarlos a todos.
La historia de la ciencia muestra que los cambios de paradigma se producen cuando ninguna de las teorías existentes puede proporcionar una explicación coherente de los datos existentes (Kuhn, 1970) y esto es lo que sucede con los trastornos funcionales. Las teorías se basan en suposiciones metateóricas no probadas (Kuhn, 1970). El cambio de paradigma se produce cuando se cambian estas suposiciones metateóricas.
Este trabajo presenta un cambio de paradigma para comprender los trastornos funcionales y una teoría para explicar dos de ellos, el síndrome de fatiga crónica y el síndrome de fibromialgia.
¿QUÉ SON LOS TRASTORNOS FUNCIONALES?
Son conjuntos de síntomas que no se pueden explicar con la teoría de la medicina tradicional, a saber, una fisiopatología específica
La medicina occidental moderna se basa sobre el concepto de enfermedad. Las enfermedades se definen por una fisiopatología singular específica de cada una de ellas. Así como un problema mecánico en un automóvil ocurre en una parte específica, cada enfermedad corresponde a un tipo particular de fallas en el cuerpo. Cuando los pacientes consultan con síntomas, el médico diagnostica una enfermedad y la trata corrigiendo la falla biológica que está causando los síntomas.
Esa es la teoría. En la realidad, algunos pacientes consultarán con síntomas que no se pueden explicar por una fisiopatología específica. Estos pacientes tienen síntomas médicamente inexplicados (SMI) y reciben etiquetas diagnósticas basadas sobre los síntomas y no sobre la fisiopatología. Estas etiquetas diagnósticas que se aplican a conjuntos de SMI se denominan trastornos funcionales. Es decir que los trastornos funcionales son conjuntos de síntomas que no se pueden explicar con la teoría de la medicina tradicional, a saber, una fisiopatología específica.
Los trastornos funcionales más frecuentes son el síndrome del colon irritable (gastralgia inexplicada con constipación o diarrea o distensión), el síndrome de fibromialgia (dolor inexplicado) y el síndrome de fatiga crónica con prevalencia de alrededor del 10%, 2,5% y 0,2% respectivamente (Jones et al., 2015; Sperber et al., 2016; Nacul et al., 2011). Hay otros trastornos funcionales mucho menos frecuentes, entre ellos las convulsiones no epilépticas y la ceguera funcional (el paciente es funcionalmente ciego, pero la corteza visual recibe señales visuales). Es necesario señalar que los trastornos funcionales no son raros ni carecen de importancia.
Una de las características de los trastornos funcionales que los distingue de las enfermedades específicas es que hay gran comorbilidad entre ellos. En cambio esto no sucede entre las enfermedades específicas. Si una persona sufre un trastorno funcional, es muy probable que sufra por lo menos algunos de los síntomas de otros trastornos funcionales. El síndrome de fatiga crónica (SFC) y el síndrome de fibromialgia (SFM) son trastornos polisintomáticos. Aunque el SFC se define en términos de fatiga y el SFM en términos de dolor, estos síntomas nunca son aislados.
La sintomatología de los trastornos funcionales hizo que varios autores se preguntaran si estos son en verdad entidades separadas (Wessely, Nimnuan, & Sharpe, 1999). El consenso producido por investigaciones empíricas es que los trastornos funcionales se deben considerar trastornos de un espectro, ya que se mezclan entre ellos (se solapan) en lugar de ser diferentes, como las enfermedades (Kanaan, Lepine, & Wessely, 2007; Lacourt, Houtveen, & van Doornen, 2013).

EL PROBLEMA DE LOS TRASTORNOS FUNCIONALES
Los problemas son dos, uno práctico y el otro teórico.
El problema práctico es que la recuperación es muy escasa. Algunos pacientes con SFM se recuperan, algunos se deterioran, pero la población en general no mejora (Walitt et al., 2011). Incluso los tratamientos recomendados para el SFC, como la terapia cognitiva conductual son poco eficaces (White et al., 2011).
El problema teórico es que los trastornos funcionales se pueden explicar por uno de los paradigmas existentes: el biológico y el psicológico, pero ninguno de ellos puede por sí solo explica todos los datos. Dentro del paradigma biológico hay teorías que explican el SFC y el SFM como alteraciones endocrinológicas, inmunológicas y neurovegetativas que se asocian con síntomas de fatiga y dolor, respectivamente (Cleare, 2003; Freeman & Komaroff, 1997; Staud, 2015).
Sin embargo, estas alteraciones no son uniformes en todos los pacientes, se comparten con enfermedades y con otros trastornos funcionales. En suma, no hay evidencia de fisiopatología específica, de modo que los trastornos funcionales siguen clasificados como tales en lugar de como enfermedades. Además, los tratamientos biológicos para el SMF y el SFC son poco eficaces (Fitzcharles et al., 2013).
Las teorías producidas a través del paradigma psicológico explican las alteraciones psicológicas del SFM y el SFC. Estas teorías psicológicas, que tienen la etiqueta general de somatización son dominantes y se basan sobre la premisa de que el malestar psicológico causa psicopatología (es decir, un tipo dualista de teoría donde la mente enferma al cuerpo) o que la consciencia de estar enfermo causa inactividad que conduce a la mala salud (es decir, un tipo de teoría inducida por la conducta). Estas teorías psicológicas son rechazadas por numerosos pacientes y esto puede llevar a gran conflicto entre pacientes y profesionales (Stone, Wojcik, Durrance, & Carson, 2002).

PERSPECTIVAS INTERACCIONISTAS Y REDUCCIONISMO
La opinión clínica y una inspección detallada de los datos muestran que en los trastornos funcionales participan factores psicológicos y biológicos. Cuando Engel (1989) acuñó el término interacción biopsicosocial no fue para proponer una nueva comprensión teórica de la enfermedad, sino para señalar la ventaja de actuar simultáneamente sobre las necesidades biológicas y psicológicas del paciente. Así, aunque el interaccionismo biopsicosocial existe como un concepto aceptado, se lo representa teóricamente como la combinación de teorías biológicas y psicológicas, más que como un tipo separado de teoría.
La posición metateórica actual se puede representar como dos tipos de paradigma: el biológico y el psicológico, que representan diferentes niveles de explicación (Bem & de Jong, 2013). La justificación para el nivel psicológico se basa en la afirmación (y la evidencia) de que los fenómenos psicológicos son propiedades emergentes de un complejo sistema biológico, por lo que no se pueden explicar solo como biológicos.
La autoorganización es la capacidad de aprender de manera de adaptarse mejor al ambiente
Existe consenso en que el motivo por el que la psicología no se puede reducir a biología es porque el cerebro tiene la estructura de un sistema de red y son las causas múltiples, simultáneas a través de conexiones masivas las que crean las propiedades emergentes que se describen en las teorías psicológicas. El estudio de la complejidad y la inteligencia artificial muestra que los sistemas de red tienen una cantidad de propiedades especiales, entre ellas la propiedad de autoorganizarse. La autoorganización significa la capacidad de aprender de manera de adaptarse mejor al ambiente (Ellis & Humphries, 1999).
Investigaciones, antes llamadas psicología fisiológica y psicofisiología y actualmente conocidas como neurociencia y psiconeuroinmunología, muestran la existencia de asociaciones entre sucesos psicológicos y fisiológicos. Por ejemplo, el aumento de las citocinas proinflamatorias se asocia con fatiga y depresión (Kemeny, 2009). No obstante, aunque hay asociaciones, estas son estadísticas y serían necesarias asociaciones uno a uno o lógicas si el reduccionismo fuera posible.
Por ejemplo, no hay una sola citocina proinflamatoria asociada con fatiga y otra con depresión, sino que hay una tendencia general al aumento de estas citocinas en personas deprimidas o fatigadas- o que están experimentando infección o trastornos autoinmunes. Así, aunque los niveles biológico y psicológico muestran asociaciones, no hay correspondencia uno a uno entre sucesos biológicos y psicológicos específicos.

UN NUEVO PARADIGMA: EL NIVEL INTERMEDIO
En el nuevo paradigma, existe otro nivel teórico entre el biológico y el psicológico. Este nivel intermedio, como el nivel psicológico, representa las propiedades emergentes de un sistema biológico, pero estas propiedades no son psicológicas en el sentido de que no están representadas en la consciencia o en las teorías psicológicas existentes. Sin embargo, así como hay vínculos entre lo biológico y lo psicológico, hay vínculos estadísticos entre lo biológico y lo intermedio y entre los niveles psicológicos e intermedios (Bem & de Jong, 2013).
¿Cuál es el propósito de este nivel?
La ventaja del nivel intermedio es que hace posible crear un mecanismo explicativo que vincula lo biológico y lo psicológico.
Si los constructos teóricos en el nivel intermedio sirven solo para vincular aquellos a nivel biológico y psicológico, entonces los constructos del nivel intermedio son redundantes. Siguiendo los argumentos del dilema del teórico (Hempel, 1958), los constructos teóricos que sirven solo para vincular observables o entre observables y otros constructos teóricos son útiles en términos de poder heurístico o explicativo. Los constructos teóricos son útiles solo si son heurísticos y hacen predicciones que no se pueden efectuar sin ellos (Hempel, 1958; Hyland, 1981).
La ventaja del nivel intermedio es que hace posible crear un mecanismo explicativo que vincula lo biológico y lo psicológico. En lugar de tener un vínculo directo entre sucesos biológicos y psicológicos, el nivel intermedio permite que este vínculo fluya a través de un mecanismo y este proporciona otro nivel más de teoría que tiene valor heurístico y explicativo más allá de los niveles psicológicos y biológicos. De esta manera, en lugar de solo describir la asociación entre sucesos psicológicos y biológicos, el nivel intermedio es útil solo si permite explicar esos vínculos a través de un mecanismo que sucede en este nuevo nivel.
La propuesta del autor de este trabajo es que el nivel intermedio representaría las propiedades emergentes de un sistema de red biológica que incluye los sistemas nervioso, inmunitario y endocrino, así como la programación epigenética (Hyland, 2011). Este sistema de redes, que no se limita al cerebro, incluye los mecanismos que ya se identificaron como posibles causas de los síntomas del SFC y el SFM, y en este aspecto la propuesta es similar al paradigma biológico existente. Sin embargo, al ser un sistema de redes, la combinación de estos mecanismos diferentes confiere otra propiedad, una propiedad emergente del sistema como un todo: la capacidad de adaptación.
El paradigma de una red adaptativa es un agregado, no una alternativa, a otros paradigmas
Se sabe que los sistemas de redes tienen la capacidad de autoorganizarse o adaptarse. La autoorganización es una propiedad por la cual un sistema autorregulado puede aprender a volverse más eficaz. La autoorganización es un término empleado por los teóricos de las redes, pero los psicólogos lo conocen como aprendizaje. La teoría de las redes de adaptación propone que el cuerpo es también capaz de aprender y que tiene algunas de las propiedades inteligentes normalmente asociadas con el cerebro y la cognición. Estas propiedades inteligentes del cuerpo—en lugar de solo el cerebro—necesitan el tipo de teoría concebida al nivel intermedio.
Además de ser un sistema de redes, hay otra diferencia más con el enfoque biológico existente del SFC y el SFM y es que la red de mecanismos generadores de síntomas es parte de una red más amplia de mecanismos. Esta red más amplia incluye aquellos mecanismos descritos bajo el título de psiconeuroinmunología (Kemeny, 2009).
Así, en lugar del concepto de que el impacto de la psicología en los trastornos funcionales se debe a la somatización—y por ende a una clase especial de trastorno psicológico—la función de los predictores psicológicos y las interrelaciones de los trastornos funcionales se conceptualiza dentro del marco psiconeurinmunológico. La psicología por lo tanto tiene la misma relación con los trastornos funcionales que con las enfermedades (Kemeny, 2009).
El paradigma de una red adaptativa es un agregado, no una alternativa, a otros paradigmas. Según la presente propuesta, existen mecanismos a nivel psicológico —la teoría psicológica. Existen mecanismos a nivel biológico—la teoría biológica. Algunos de estos mecanismos biológicos y psicológicos se asocian, como los descritos en la psiconeuroinmunología y la somatización. Hay además otro tipo de mecanismo— las teorías a nivel intermedio. Las teorías a este nivel expresan algo que es diferente de la psicología o la biología o la conexión entre ellas.

EL CUERPO COMO UN SISTEMA INTELIGENTE
Los cambios en los parámetros de los sistemas de control pueden incluir cambios en el criterio de referencia (el objetivo o punto de ajuste o setpoint)
La idea de que el cuerpo se adapta o aprende es una parte aceptada de la teoría existente. El sistema inmunitario del cuerpo aprende de la infección; la constitución de la sangre cambia gradualmente con las grandes alturas; los músculos se fortifican con el ejercicio y existen numerosas adaptaciones al estrés crónico (Kemeny, 2009). Todos estos cambios son adaptaciones a tipos especiales de sucesos. Son adaptaciones sencillas a una sola causa. La presente teoría difiere de este tipo de adaptación al proponer que el aprendizaje implica un proceso más complejo o inteligente, (Hyland, 2002, 2011) con combinaciones de sucesos.
Hay sistemas de control tanto a nivel biológico como psicológico—este último asociado con conductas orientadas a objetivos o metas. Los cambios en los parámetros de los sistemas de control pueden incluir cambios en el criterio de referencia (el objetivo o punto de ajuste o setpoint) y cambios en la ganancia (el factor de amplificación o variación de la intensidad de la respuesta dada una diferencia fija entre el criterio de referencia y el aporte externo).
La teoría se basa sobre la presunción de que los parámetros de los sistemas de control a nivel biológico y psicológico son controlados por un mecanismo integrador, adaptativoque surge de las redes de mecanismos biológicos—es decir, son controlados por el nivel intermedio.
La teoría propone que cuando el funcionamiento de un circuito de control (auto-regulación) se altera repetidamente por un aporte externo (imput), la diferencia entre el criterio de referencia y el aporte (imput) tenderá a ser mayor que si esto no sucediera.
El sistema de control por lo tanto “parece” estar funcionando mal. Este “mal control” es detectado por el sistema de control intermedio que entonces modifica los parámetros del sistema de control (auto-organización). Estos parámetros alterados son los responsables de los trastornos funcionales.

UNA TEORÍA DE REDES ADAPTATIVAS DEL SFC Y EL SFM
Las señales de detención son los aportes a un sistema de control que inhibe la conducta
En la teoría de redes adaptativas existe un constructo teórico de señales de detención oinhibitorias de la conducta (fatiga) a nivel intermedio. Estas señales tienen causas y consecuencias. Las señales de detención son causadas por sucesos a nivel biológico o psicológico. Entre los hechos biológicos que causan señales de detención encontramos la infección y el daño, que aumentan los mediadores biológicos como la sustancia P y las citocinas proinflamatorias. Entre los sucesos psicológicos que causan señales de detención encontramos la frustración, el dolor y la repetición de conductas orientadas hacia un objetivo—que crea un efecto inhibitorio, originalmente descrito como inhibición reactiva (Zeaman & House, 1951).
La consecuencia de las señales de detención es que alteran la conducta, al crear síntomas a nivel psicológico, como fatiga, dolor, depresión y náuseas. La producción de señales de detención y sus síntomas consiguientes es adaptativa. El dolor evita que las personas se lastimen. La fatiga evita la sobreactividad. La depresión inhibe la búsqueda de objetivos inalcanzables y las náuseas protegen contra los alimentos peligrosos.
Estos síntomas son también adaptativos en relación a los aportes biológicos: la inactividad y el movimiento reducido aumentan al máximo la capacidad del organismo para regenerarse. Además, las señales de detención crean cambios biológicos adaptativos a la situación de ese momento—por ej., la respuesta de lucha y huida. En suma, las señales de detención son los aportes a un sistema de control que inhibe la conducta.
El planteo de las señales de detención no añade nada en términos de poder explicativo. La asociación entre citocinas proinflamatorias con depresión y fatiga ya es conocida. De por sí, las señales de detención son redundantes (Hempel, 1958; Hyland, 1981). Su contribución teórica proviene de un mecanismo de control.
Si los síntomas no logran alterar la conducta, el sistema de control también está fracasando y el cuerpo inteligente responde modificando los parámetros del sistema de control. En este sistema de control modificado las señales de detención se convierten en un programa de detención donde las señales de detención se potencian constantemente.
En otras palabras, si la persona persiste con la misma conducta a pesar de las señales de detención, estas señales se potenciarán, de manera que los síntomas de fatiga y dolor se producirán aunque no haya un suceso biológico o psicológico que normalmente crearía estos síntomas. La contribución del nivel teórico intermediario, por lo tanto, es que proporciona una explicación para la adaptación a un patrón de conducta especial: el cambio de la señal de detención al programa de detención
Existen tres motivos para que una persona no responda a las señales de detención.
  • Uno es que tenga obligaciones sociales y familiares de modo que continúe la actividad a pesar de sentir fatiga y dolor con el fin de lograr un objetivo superior.
     
  • El segundo es que la persona esté en una situación traumática donde no tiene otra opción que continuar con la conducta debido a las circunstancias o la acción de otros.
     
  • El tercero es que la persona esté empeñada en una actividad tan interesante que no registre a nivel psicológico los síntomas de fatiga y dolor.
Las señales de detención pueden aumentar sin que la persona sea consciente de ello porque los síntomas están suprimidos por actividades a nivel psicológico. La consecuencia de cualquiera de los tres tipos muy diferentes de estilos de vida es que cada uno tiende a potenciar las señales de detención.
Cada uno de estas clases de estilo de vida exigente potenciará los síntomas asociados con las señales de detención, es decir la fatiga y el dolor, pero también otros síntomas que inhiben la conducta y a menudo son comórbidos con el SFC y el SFM, entre ellos náuseas, mareos y depresión.
Según la presente hipótesis el SFC y el SFM ocurren cuando hay una clase especial de respuesta conductual a una situación: persistencia de la actividad actual orientada por un  objetivo a pesar de circunstancias exigentes que dan señales de detención (Figura).
Figura. Desarrollo del programa de detención a partir de las señales de detención
Para ser estables, es necesario que las redes se adapten lentamente al cambio (Ellis & Humphries, 1999). Si la persistencia de una conducta acompañada por señales de detención sucede en una sola ocasión, habrá escasa adaptación. Pero si la persistencia de la conducta sucede regularmente con las señales de detención y este es un patrón característico de un estilo de vida, la teoría pronostica que las señales de detención se potenciarán gradualmente, llevando a los síntomas característicos del SFC y el SFM. El desarrollo y la recuperación de la patología subyacente del SFC y el SFM son graduales.
A veces el inicio del SFC es rápido y eso se puede explicar por el modelo teórico de catástrofe donde la supresión de las señales de detención a nivel psicológico a la larga colapsa. Es decir que donde los síntomas se suprimen, ya sea por otra actividad psicológica en el caso de la fatiga o por analgésicos en el caso del dolor, la potenciación de la señal de detención aumentará y a la larga superará los mecanismos inhibitorios causando el inicio repentino de los síntomas. Los efectos iatrogénicos de los analgésicos son conocidos (Munksgaard & Jensen, 2014).
Una vez que aparecen el SFC y el SFM, los resultados a menudo son adversos. Algunos pacientes mejoran, otros siguen igual y algunos se deterioran (Walitt et al., 2011). La variabilidad se debe a los cambios en el estilo de vida desencadenados por la enfermedad. Los hábitos de vida que se caracterizan por actividades que no crean señales de detención conducirán a una recuperación gradual.
El estilo de vida en el que se producen continuamente señales de detención tenderá a perpetuar la potenciación de las señales de detención originando la perpetuación de la enfermedad o incluso el deterioro del paciente. El sistema quizás no se adapte a volver a la salud porque el estilo de vida producido por la enfermedad tiende a aumentar las señales de detención. Los estilos de vida que perpetúan la enfermedad se caracterizan por sobreactividad o por subactividad.

CONCLUSIÓN
No se ha descubierto una fisiopatología específica para estos síndromes porque no la hay
Existe dos paradigmas para explicar el SFC y el SFM, uno biomédico y el otro psicológico. Cada uno puede explicar parte de los datos disponibles, pero ninguno puede explicar todos los datos. El tratamiento es poco eficaz. No se ha descubierto una fisiopatología específica para estos síndromes porque no la hay. La fisiopatología está distribuida a través de todo el cuerpo (Hyland, Jeffery, & Wilkin, 2014). Si todo el cuerpo—y no solo el cerebro—es una red, corregir solo una parte de esa red no resolverá el problema.
La teoría de la red adaptativa representa un nuevo paradigma, pero no es una solución para los trastornos funcionales, sino el punto de partida para un mayor desarrollo teórico.
Thomas Kuhn (1970) observó que la respuesta inicial a cualquier cambio de paradigma suele ser negativa—ya que el cambio de paradigma desafía las suposiciones establecidas. La teoría de la red adaptativa no es muy conocida, pero es muy posible que sea rechazada por aquellos que adhieren al paradigma biológico o al paradigma psicológico del SFC y del SFM.
Las respuestas positivas vendrán principalmente de dos fuentes:
1) de los pacientes que perciben que la narrativa de la teoría coincide con su propia experiencia (Hyland et al., 2016)
2) de los médicos experimentados en ayudar a los pacientes con síntomas médicamente inexplicados, en especial médicos de atención primaria (Davies, 2016), que aprendieron por experiencia que la ciencia médica actual no los ayuda.
Por último, los cambios de paradigma no necesariamente son correctos. Podría ser que el éxito —o no— del cambio aquí propuesto no sea decidido por debate o datos teóricos, sino por el éxito—o no— de tratamientos que deriven de la teoría, intervenciones que recibieron el nombre de reprogramación corporal. Estos tratamientos (Davies, 2016), aún se deben poner a prueba formalmente. Según el famoso dicho de Lewin, “no hay nada tan práctico como una buena teoría.” Lo mismo se podría decir acerca de un buen paradigma.
*Traducción y resumen objetivo Dr. Ricardo Ferreira


Profesor Michael Hyland
Michael E. Hyland es miembro de la Sociedad Británica de Psicología y es un psicólogo de la salud. Es profesor de Psicología de la Salud en la Universidad de Plymouth. Él es el autor de Stress: All That Matters, publicado por John Murray