sábado, 10 de febrero de 2018

HUELGA MUNDIAL FEMENINA EL 8 DE MARZO

La ciencia también es cosa de mujeres


Marie Curie y su esposo Pierre, en su laboratorio. Ambos compartieron el Nobel de Física en 1903. CORBIS

Cada vez hay más mujeres en laboratorios y universidades, pero son pocas las que lideran grupos de investigación y centros científicos
En la víspera del Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, las investigadoras proponen soluciones y reivindican su papel
Rainer Weiss, Barry Barish, Kip Thorne, Jacques Dubochet, Joachim Frank, Richard Henderson, Jeffrey Hall, Michael Rosbash y Michael Young. Son los ganadores de los últimos premios Nobel en las tres categorías científicas y entre ellos -un año más- no figura ninguna investigadora. También de nuevo le han llovido las críticas y las acusaciones de machismo a la Real Academia de las Ciencias de Suecia. ¿Acaso no hay mujeres con contribuciones que merezcan el premio más prestigioso del mundo? Desde que en 1901 empezaron a entregarse estos galardones, 844 Nobel han sido para hombres y 49 para mujeres (la mayoría ganó el de Literatura o el de la Paz y sólo 17 de ellas se hicieron con el de Física, Química o Fisiología y Medicina).
Unos datos que no reflejan lo que ocurre en los laboratorios y universidades de todo el mundo, donde los logros científicos y la presencia de las mujeres es cada vez mayor -el 39% del personal investigador en España es femenino y la media europea ronda el 33%, según el informe Científicas en Cifras 2015, elaborado por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad-. Su presencia, sin embargo, aún es escasa liderando grupos de investigación o dirigiendo instituciones científicas y universidades. Su sueldo también sigue siendo más bajo -de media, las científicas europeas cobraban en 2010 un 17,9% menos que sus colegas hombres, según el último informe She figures 2015, de la Comisión Europea-.
Son algunas de las cuestiones que quieren poner de manifiesto este domingo durante el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una jornada que Naciones Unidas instauró en 2015 para intentar reducir "la brecha de género en los sectores de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM) que persiste desde hace años en todo el mundo".


Desafiando comentarios como el "qué pesaditas estáis las mujeres" que proliferan ante la oleada de reivindicaciones para alcanzar la igualdad en todo tipo de sectores, durante esta semana se están celebrando una gran variedad de actos y conferencias para reclamar que se equiparen sus condiciones laborales a las de los hombres, dar a conocer los descubrimientos y los trabajos realizados por mujeres y fomentar las vocaciones científicas entre las niñas y jóvenes.
"Cierre los ojos y piense en un científico. ¿Qué imagen le viene a la mente?", preguntaba María Mittelbrunn, jefa de Laboratorio de Inmunometabolismo del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, al inicio de su charla durante la jornada Mujeres, Ciencia e Innovación, organizada en noviembre por la Embajada de Suecia de Madrid y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). ¿Cuántas científicas es capaz de nombrar? Probablemente una de ellas sea la francesa Marie Curie, la única mujer que ha ganado dos Nobel y cuyo aniversario de su nacimiento sirvió como excusa para debatir sobre la situación de las investigadoras.
Entre las españolas, las bioquímicas Margarita Salas y María Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), figuran entre los rostros más conocidos. Pero a lo largo de la historia, el papel de muchas científicas ha pasado casi desapercibido. Tampoco les resultó fácil entrar en ese mundo. Sin ir más lejos, hasta 1910 las mujeres españolas que querían matricularse en la universidad necesitaban un permiso especial.
"Estamos mucho mejor de lo que estábamos gracias a las mujeres que nos han abierto al camino. Y ahora somos las científicas que estamos en el laboratorio las que tenemos que abrir el camino a las más jóvenes", dice Mittelbrunn. Dar visibilidad a su trabajo y luchar contra los prejuicios que siguen vigentes son dos de las tareas pendientes. "Hay que combatir los estereotipos porque ponen límites a nuestros sueños", reclama Mittelbrunn.


"En estos últimos años se ha avanzando pero ha sido un avance mínimo y, en algunos campos, como el de la igualdad económica, ha habido un retroceso. Estamos mejor que en los años 60 pero se pensaba que el avance iba a ser mayor", opina la alicantina María Blasco, que considera que "sigue habiendo sesgos que están desfavoreciendo a las mujeres a pesar de que hace mucho tiempo que están igual de preparadas que los hombres".
Por ello, aboga "por hacer políticas más agresivas que las que se han hecho hasta ahora para que todas estas mujeres que están superformadas ocupen los puestos más altos y reciban dinero suficiente para investigar". Blasco, en cuyo laboratorio del CNIO las mujeres son mayoría, considera que "en España la ley es discriminatoria, pues se dan permisos más largos por maternidad. Los estereotipos como que las mujeres tenemos que ser cuidadoras y tener un carácter amable podrían cambiar si los hombres tuvieran los mismos permisos de paternidad y éstos fueran obligatorios. En la actualidad, muchas investigadoras tienen jornadas parciales y no pueden acceder a los puestos más altos", argumenta.
Una de las que sí lo ha logrado es la química asturiana Rosa María Menéndez quien, tras ocupar diversos cargos de gestión a lo largo de su carrera, está al frente del CSIC desde el pasado noviembre. Es la primera mujer que preside este organismo desde que en 1907 se fundó la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), origen del actual CSIC, creado en 1939. "Desde el punto de vista personal ha sido un reto tremendo, pero que he asumido sin dudarlo. Me sentía con fuerzas y con experiencia, y voy a rentabilizar toda la experiencia acumulada durante años", señala esta experta en materiales de carbono.
Menéndez, que el lunes cumplirá 62 años, asegura que nunca se sintió discriminada profesionalmente por ser mujer: "Al contrario, a veces me sentí demasiado solicitada porque hubo momentos en que me llamaron de varios sitios".


En su caso, recuerda, su estancia postdoctoral en la Universidad de Newcastle (Reino Unido) supuso "un antes y un después" en su carrera: "Tuve la suerte de trabajar en un grupo muy activo de materiales. Hice muchos contactos y, cuando regresé a Oviedo, comencé a trabajar en proyectos europeos", rememora. "Inicialmente nunca estuve a favor de las cuotas de participación, pero soy consciente de que yo empecé a colaborar con la Comisión Europea gracias a ellas", admite. Considera, asimismo, que la situación de las mujeres científicas "es mejorable". "Tenemos muy buenas científicas y en estos próximos años espero que se note".

Conciliación familiar

Al igual que María Blasco, la presidenta del CSIC cree que "posiblemente el mayor problema para que las mujeres lleguen a ocupar altos cargos es la conciliación familiar. Requieren mucha dedicación, así que depende de las prioridades que cada uno se marca en la vida. Es algo totalmente respetable. Ha habido ocasiones en las que he intentado rodearme de mujeres en mi equipo y algunas me han dicho que no". Asimismo, Menéndez cree que aún existen prejuicios sociales: "La ambición se valora de forma más positiva en los hombres que en las mujeres".
Otra institución científica española que desde 2017 está dirigida por una mujer es el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH). La elegida ha sido la paleontóloga gallega María Martinón Torres, miembro del Equipo de Investigación de Atapuerca (Burgos) desde 1998: "Personalmente yo no he tenido experiencias negativas por ser mujer, y he contado con la suerte de que mis mentores, que eran hombres, apostaron por mí, con una especial mención a José María Bermúdez de Castro, quien fue mi maestro y ahora mi colega y amigo", asegura.


Además, considera que en Atapuerca, donde se formó, "hay mujeres muy prominentes, responsables de grupos de investigación y de excavaciones de yacimientos, capaces y brillantes que han servido de modelo y estímulo para tener confianza en que las cosas se pueden hacer".
Martinón asegura que "hay muchos ejemplos de mujeres fuertes, como Mary Leakey, Dorothy Garrod o Jane Goodall que, además del trabajo intelectual, han desarrollado trabajo de campo que requiere un esfuerzo físico que parece que asumimos que es solo patrimonio de los hombres", reflexiona.
Además de mencionar la dificultad que hay en España "tanto para los hombres como para las mujeres" para conciliar la vida laboral y personal, cree que "muchas veces las mujeres no negocian con sus superiores aspectos profesionales (promoción, responsabilidades, etc.), sino aspectos familiares personales (como la flexibilidad horaria). Debemos recordar que una verdadera conciliación familiar no es una reducción de jornada, sino posibilitar el desarrollo de ambas esferas de la vida en mejores condiciones. Y se puede", asegura.
"Yo no me he sentido discriminada por ser mujer, pero cuando participo en una comisión donde se discuten proyectos nuevos o cualquier asunto que tenga algo de política me parece extraño ser la única mujer. Y, a veces, me cuesta entender el código", admite la argentina Amina Helmi, astrofísica de la Universidad de Groninga (Países Bajos) y miembro de Gaia, una misión de la Agencia Espacial Europea (ESA) que está haciendo un mapa de estrellas de la Vía Láctea. "Me ha pasado muchas veces que al poner sobre la mesa una idea, me lleva mucho tiempo que sea absorbida por el comité. Y después, un hombre ha repetido la misma idea y se la han atribuido a él", asegura.

Carreras para 'listos'

La percepción de que los hombres son más brillantes e inteligentes que las mujeres y, por tanto, más adecuados para desempeñar carreras para listos (como física o filosofía), prevalece en 2018 y es interiorizada por las niñas a una edad tan temprana como los seis años, según asegura un estudio publicado el año pasado en la revista Science.


La investigación, elaborada en tres universidades de EEUU (de Nueva York, de Illinois y Princeton), concluyó que la elección de disciplinas académicas por parte de mujeres y hombres parece estar influenciada por las percepciones que se tienen sobre la inteligencia. Y las niñas tienden a pensar que no son lo suficientemente listas para dedicarse a ellas.
"Resulta descorazonador comprobar que incluso los niños más pequeños adoptan los estereotipos culturales", señala Andrei Cimpian, coautor del estudio, que admite que les sorprendió encontrar esas percepciones ya a los seis años. "Queríamos comprobar cuándo se comienza a tener esas percepciones sobre lo brillante que se es, que parece que es un obstáculo para el éxito de las mujeres", apunta. "Otra investigación ha sugerido que a esa edad, los niños tienden a asociar las matemáticas con los niños y no con niñas".
En los encuentros que organizan entre científicas y niños y niñas de entre 13 y 15 años, Ana Arribas, responsable del programa L'Oréal-Unesco For Women in Science en España, comprueba con frecuencia la existencia de esos estereotipos: "Tenemos claro que hay que trabajar duro para cambiar estas percepciones que se tienen a temprana edad", asegura.
"Las cifras demuestran que hay mayor presencia femenina en las carreras de ciencias vinculadas a la salud, como medicina, biología y farmacia, donde superan el 50%. Sin embargo, esta cifra es bastante menor en ingeniera electrónica o informática", apunta.
A la hora de despertar vocaciones y trabajar por la igualdad, añade, los docentes son "clave", por eso los incorporan también a sus encuentros. "Todas las científicas que han ganado nuestros Premios a la Investigación, sin excepción, nos dicen que empezaron a interesarse por la ciencia por sus profesores", dice la directiva de L'Oréal-Unesco For Women in Science. Los medios de comunicación y los hombres también juegan, en su opinión, un papel fundamental para combatir las desigualdades de género.
Una de sus iniciativas es el Science dating, en el que las jóvenes conocen a las científicas premiadas en su programa: "Buscamos que tengan referentes cercanos, investigadoras jóvenes, no esa figura científica de éxito, de la que hay una entre miles. Queremos que vean que las investigadoras no son bichos raros, sino personas con sus éxitos y sus fracasos".

LAS CIFRAS DE LA DESIGUALDAD

2133. Año en el que se llegará a la igualdad económica entre hombres y mujeres, según el Foro Económico Mundial
39% del personal investigador en España son mujeres. La media europea es del 33%
49 premios Nobel han sido para mujeres y 844 para hombres
El 30% de los trabajadores en el sector tecnológico en Europa son mujeres. En España, un 18%
17,9% menos de sueldo cobraban las científicas europeas en 2010 que sus colegas hombres
21% de los puestos investigadores de máximo nivel en la UE están ocupados por mujeres
55% de los universitarios españoles son mujeres
1 rectora en las 50 universidades públicas españolas
9% de las patentes de inventos en la UE fueron registradas por mujeres entre 2010 y 2013
13,5% de investigadores de la UE trabajaban a tiempo parcial en 2012 frente al 8,5% de investigadores
FUENTE: Informes del Instituto de Estadística de la Unesco, la Comisión Europea (She Figures 2015) y de la Unidad de Mujeres y Ciencia del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad (Científicas en Cifras 2015)

viernes, 9 de febrero de 2018

TODOS "NEGLITO"...CHEVERE

Hombre de Cheddar: ¿por qué a los humanos que abandonaron África se les aclaró la piel hace miles de años?

Hombre de Cheddar
El estudio del esqueleto humano más antiguo encontrado en Reino Unido contradice la creencia popular de que la mayoría de europeos tuvieron siempre la piel de color claro.
Un análisis genético del conocido como "hombre de Cheddar", de 10.000 años de antigüedad, reveló que la pigmentación de su piel era "de oscura a negra".
Su rostro, reconstruido gracias a un escáner de alta tecnología, muestra un aspecto totalmente opuesto a las pieles blanquecinas que hoy caracterizan a muchos de los británicos.
"La combinación de una piel muy oscura con los ojos azules no es lo que típicamente solemos imaginar, pero esa era la apariencia real de aquella gente", dijo Chris Stringer, del Museo de Ciencias Naturales de Londres donde fue expuesto este miércoles.
De hecho, según Yoan Dieckmann, del equipo del University College de Londres responsable del estudio, la piel clara que asociamos a los europeos modernos del norte sería un fenómeno "relativamente reciente".

Entonces ¿en qué momento aquellos ancestros comenzaron a cambiar su color de piel y por qué se produjo ese fenómeno?

Migraciones desde África

Según los expertos, hay dos factores principales que explican esta transformación histórica.
El primero de ellos es la movilidad geográfica de las poblaciones humanas modernas, que mientras vivieron en África hace al menos 150.000 años tuvieron en su mayoría una piel oscura.
"Aquellas poblaciones, que serían nuestros ancestros directos, comenzaron después a migrar. A Europa, por ejemplo, llegaron hace unos 45.000 años", le explicó a BBC Mundo Víctor Acuña, profesor de la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México.
Algunos estudios genéticos concluyeron que la pigmentación de la piel más clara comenzó a ser común en algunas regiones europeas hace 25.000 años.
El descubrimiento del "hombre de Cheddar", que vivió hace 10.000 años, indica sin embargo que ese aclaramiento no ocurrió hasta mucho después en lugares como las islas británicas.
El análisis en 2014 de otros restos humanos de hace 7.000 años encontrados en León, España, concluyeron también que pertenecían a un hombre de piel oscura y ojos azules.

Protección frente al sol

El segundo factor, el más importante, es el que explica por qué al llegar a estas zonas del planeta la piel de los humanos tendía a aclararse.
"Los humanos, a diferencia de otros primates, tenemos muy poco vello corporal. Por ello pensamos que la pigmentación de la piel era una barrera a los efectos negativos de la luz ultravioleta" tan intensa en África, dijo Acuña.
Cuando migraban a regiones del norte del planeta, donde las radiaciones del sol son mucho más escasas, dejaban de necesitar esa protección natural ante posibles quemaduras o cáncer de piel.
Como explica Acuña, "en zonas con poco sol, tener color de piel más claro les permitía una mejor absorción de la luz ultravioleta que es vital para capturar mejor la vitamina D".
Hombre de Cheddar
Ello explica que dentro de la propia Europa comenzaran a observarse diferencias al respecto. Las pieles más claras se volvieron más frecuentes en el norte, mientras que en el sur la población mostraba tonos más variables.
En definitiva, el color de piel jugaba un papel fundamental a la hora de que aquellas generaciones pudieran adaptarse al medio de manera natural.

10% de aquellos ancestros

Con esta explicación, es obvio que esta característica de la evolución humana no se reduzca solo a los ancestros de los británicos.
De hecho, como destaca Acuña, esta tendencia a una pigmentación cada vez más clara no solo se registró entre los antepasados que llegaron al norte de Europa.
"Los estudios indican que procesos evolutivos similares ocurrieron al menos en las poblaciones que llegaron al este de Asia y a África, donde pese a lo que mucha gente cree, también se detectaron notables diferencias en la pigmentación de sus pieles", señaló el profesor.
Sobre el hallazgo del "hombre de Cheddar", el experto confirmó la relación directa entre aquel grupo ancestral y la población europea actual, aunque matizó que esta última podría ser portadora de no más de un 10% de aquellos antepasados debido al mestizaje.

"Aquella primera población tuvo contacto con migraciones posteriores. Eso hizo que 'desaparecieran' como cultura arqueológica al ser asimiladas por otros grupos", le dijo a BBC Mundo.
Se estima que el "hombre de Cheddar" migró de la Europa continental a las islas británicas al final de la última Edad de Hielo.



Sus restos fueron encontrados en una cueva próxima a la localidad británica de Cheddar en 1903, pero no fue hasta contar con los avances tecnológicos del siglo XXI que los científicos lograron poner cara al primer británico que se conoce.

jueves, 8 de febrero de 2018

UN JOVEN MEDICO CATALAN LO LOGRA

Dos años para borrar una enfermedad del planeta

Una investigación catalana demuestra que con más dosis de antibiótico se eliminará el pian, una enfermedad infecciosa que causa úlceras


Oriol Mitjà tuvo claro ya en los albores de su carrera profesional que sus esfuerzos no irían dirigidos al primer mundo. Quizás por eso, este especialista del Hospital Clínic de Barcelona, de 38 años, se formó como infectólogo y dirigió todos sus esfuerzos a combatir las enfermedades que se ensañan con los más pobres. Guiado por esa vocación, Mitjà aterrizó en 2010 en Lihir (Papúa Nueva Guinea), una pequeña isla perdida en la inmensidad del océano Pacífico donde sus habitantes conviven con la miseria y el pian, una enfermedad bacteriana altamente contagiosa. Afecta sobre todo a niños de entre 5 y 15 años, y se caracteriza por producir úlceras cutáneas que pueden causar deformaciones óseas graves.
Llegó a la isla con un plan ambicioso: erradicar la enfermedad en 2020 con una única pastilla de azitromicina, un antibiótico de modesto coste muy usado en Occidente para curar otitis. El médico catalán adquirió renombre mundial gracias a ese hallazgo, ya que el pian era una enfermedad invalidante con un difícil tratamiento en las islas del Pacífico.

Adiós en 2020

Ahora, ocho años después, este joven investigador, que desarrolla sus trabajos en el Instituto de Salud Global (ISGlobal) de Barcelona -impulsado por la Fundación La Caixa- mantiene ese objetivo inicial aunque replantea la estrategia. Un estudio, dirigido por él y publicado en «The Lancet», demuestra que el actual tratamiento antibiótico validado por la OMS sigue siendo eficaz pero es «insuficiente» y concluye que para que desaparezca definitivamente esta dolencia infecciosa del planeta en 2020 será necesario administrar más de una ronda de tratamiento antibiótico masivo y controlar de cerca posibles resistencias.
En 2012, Oriol Mitjà estableció que una sola dosis de azitromicina era suficiente para curar la enfermedad en niños, lo que sentó las bases de la estrategia de la OMS para erradicarla en 2010. Ahora, la investigación publicada en «The Lancet» demuestra que para lograr ese objetivo deberán administrarse entre dos y tres rondas de tratamiento en intervalos de entre 6 y 12 meses.
Los autores llegan a esta conclusión tras una campaña de administración masiva del antibiótico en Lihir, que llegó al 84 por ciento de la población. Se administró una sola dosis de azitromicina a la población y cada seis meses se hizo un seguimiento serológico y molecular de la muestra para detectar los casos activos de la enfermedad.
«El antibiótico se mostró altamente efectivo pero no logramos el objetivo inicial», señala el investigador principal. En los primeros 18 meses, la prevalencia de esta infección, causada por la bacteria «Treponema pallidum pertenue», disminuyó drásticamente (pasó del 1,8 por ciento al 0,1 por ciento), aunque empezó a resurgir al cabo de 24 meses y a los 42 meses subió al 0,4 por ciento. La mayoría de casos eran personas que no habían tomado el tratamiento masivo, aunque también se dieron algunos importados de otras regiones.
En esta primera experiencia, que duró 42 meses, los investigadores identificaron, por primera vez, cinco casos de resistencia, curiosamente en niños que vivían en el mismo poblado. «Todos presentaban una mutación que hacía que la bacteria que causa la enfermedad fuera resistente a la azitromicina y eran miembros de una misma familia o amigos, lo que nos conduce a pensar que se contagiaron de la misma cepa resistente», dice el investigador, quien señala que esas resistencias «no invalidan la estrategia antibiótica, ya que se resuelven administrando penicilina».
Gracias a la experiencia se evidenciaron, según explica Mitjà, dos problemas en la estrategia: «uno de cobertura» y «otro de resistencias». «El primero se resuelve tratando a todas las personas que residen en las áreas endémicas de pian porque los casos latentes si no se tratan acaban manifestando la enfermedad». En cuanto a las resistencias, la investigación apunta la necesidad de establecer mecanismos de detección de la mutación y cuando ésta se confirme aplicar la penicilina. «La idea es dar la primera ronda de tratamiento a las personas que tengan la infección activa y si al cabo de unos meses vemos que pese a tomar el antibiótico mantienen las úlceras, realizarles un test de diagnóstico para saber si presentan la mutación. Si es así, se les administra la penicilina y ya está», apunta el investigador.

Tres euros por persona

Su nuevo proyecto para reforzar las dosis actuales de antibiótico y poder así ganar la partida final a la enfermedad, presupuestado en 400.000 euros -solo están pendientes de financiación unos 100.000-, arrancará en abril de este año en la provincia de Nueva Irlanda (Papúa Nueva Guinea) y cuenta con una donación de 500.000 dosis de azitromicina gracias a la aportación de Kern Pharma. Respecto a cuántas rondas de tratamiento serán necesarias, el científico catalán precisa que «no sabemos si serán necesarias dos o tres tandas recordatorio. Lo sabremos aplicando modelos matemáticos y observándolo en la muestra. Este proyecto busca, precisamente, identificar cuántas rondas son necesarias para alcanzar el objetivo de eliminación».
Oriol Mitjà recuerda que con una inversión de solo tres euros por persona se garantiza la desaparición de la enfermedad, tiene un mecanismo de acción similar a la sífilis -de ahí que se conozca como sífilis de los niños-, aunque no se contagía vía sexual sino por contacto con la piel. «Un euro y medio sería para las pastillas y el otro euro y medio para su distribución», aclara. El pian provoca 100.000 nuevos casos anuales y es una enfermedad endémica en 14 países.
«Este proyecto refuerza una de las líneas prioritarias del plan estratégico de la Fundación: la investigación. En este caso, se centra en la contribución de científicos que, como Oriol Mitjà, dedican su vida a luchar contra las enfermedades infecciosas y preservar uno de los bienes más apreciados: la salud», indicó ayer el director corporativo de investigación y estrategia de la Fundación Bancaria La Caixa, Àngel Font. Por su parte, el director general del Hospital Clínic de Barcelona, Josep Maria Campistol, recordó que este proyecto reafirma el compromiso de la institución por la salud internacional, la investigación en enfermedades infecciosas y el impulso de proyectos de cooperación.


miércoles, 7 de febrero de 2018

ESTOS RACISTAS SE VAN A OFENDER


CIEN

Los primeros británicos eran negros con ojos azules

El análisis del ADN del hombre de Cheddar, que vivió en Inglaterra hace 10.000 años, revela sorprendentes resultados sobre sus rasgos genéticos

La recreación del Hombre de Cheddar aparecerá en un documental de televisión del Channel 4 británico
El hombre de Cheddar fue descubierto en 1903 en la popular cueva de Gough, en el condado de Somerset, suroeste de Inglaterra. Se trata del esqueleto más antiguo y casi completo de nuestra especie, Homo sapiens, que se haya encontrado nunca en Gran Bretaña. «Hasta hace poco, suponíamos que los humanos se adaptaron rápidamente para tener una piel más clara tras entrar en Europa hace unos 45.000 años», explica Tom Booth, investigador postdoctoral que trabaja con la colección de restos humanos del museo. «La piel pálida absorbe mejor la luz ultravioleta y ayuda a los humanos a evitar la deficiencia de vitamina D en climas con menos luz solar», señala.Los primeros británicos modernos no se parecían a lo que cualquiera podría imaginar como un inglés típico. El análisis del ADN del hombre de Cheddar, un esqueleto mesolítico que marca el inicio de la ocupación continuada en lo que ahora es una isla hace unos 10.000 años, ha revelado algo sorprendente. Según han dado a conocer científicos del Museo de Historia Natural de Londres, este individuo era negro y tenía los ojos azules.
Sin embargo, este antiguo inglés tiene los marcadores genéticos de pigmentación de la piel generalmente asociados con el África subsahariana. El descubrimiento, por raro que parezca, es consistente con otros restos humanos mesolíticos descubiertos en toda Europa.
«Es solo una persona, pero también un ejemplo de la población de Europa en ese momento», dice Booth. «Tenían la piel oscura y la mayoría ojos de un color claro, azul o verde, y cabello castaño oscuro», describe. En este sentido, el de Cheddar demuestra que los rasgos genéticos que creemos que van habitualmente juntos, no tienen por qué hacerlo. Además, parece que los ojos claros entraron en Europa mucho antes de que lo hicieran la piel pálida o el cabello rubio, que no aparecieron hasta después de la llegada de la agricultura.
Como dice el investigador, el hallazgo «nos recuerda que no se pueden hacer suposiciones sobre cómo era la gente en el pasado en función de cómo se ven las personas en el presente, y que la relación de rasgos que estamos acostumbrados a ver no ha sido siempre la misma».

Una vida compleja

El hombre de Cheddar era un cazador-recolector del Mesolítico, un humano completamente moderno, que medía unos 166 centímetros de altura y murió a los veinte años. Su esqueleto muestra una forma de pelvis estrecha, que generalmente se encuentra en las mujeres. No está claro si un agujero en su frente fue provocado por una infección o por un daño realizado en el momento de la excavación. Al igual que todos los humanos en toda Europa en ese momento, el Hombre de Cheddar era intolerante a la lactosa y no podía digerir la leche como adulto.
En la época en la que vivía, Gran Bretaña estaba unida a la Europa continental y el paisaje se estaba volviendo densamente boscoso. Probablemente, se dedicaba a cazar ciervos y uros (unos grandes bovinos), a pescar peces de agua dulce y a recolectar semillas y nueces. «Vivía una vida bastante compleja», dice Booth. Aunque junto a su esqueleto no aparecieron restos animales ni culturales, otros sitios del Mesolítico ofrecen pistas sobre la dieta y el tipo de vida de sus coetáneos. En Star Carr, un asentamiento mesolítico en el norte de Yorkshire unos 1.000 años más antiguo, los arqueólogos ha descubierto cráneos de ciervo rojo (que pueden haber sido usados como «tocados» o una especie de ornamentos para la cabeza), piedras semipreciosas que incluyen ámbar, hematita y pirita y un colgante de pizarra esculpido conocido como el arte mesolítico más antiguo de Gran Bretaña. Aunque es imposible decirlo con certeza, tipos similares de objetos podrían haber sido familiares para el Hombre de Cheddar.
Esqueleto del hombre de Cheddar
Esqueleto del hombre de Cheddar-Museo de Historia Natural

Una rara sepultura

La mayoría de los restos humanos mesolíticos que datan de ese período fueron descubiertos en cuevas. Cerca del lugar donde se encontró al hombre de Cheddar hay otra cueva conocida como Aveline's Hole, uno de los cementerios mesolíticos más grandes de Gran Bretaña. Allí aparecieron los restos de unas 50 personas, todas depositadas en un corto período de 100 a 200 años.
Pero el caso del hombre de Cheddar es bastante inusual porque estaba solo. «No está claro si había sido enterrado o simplemente cubierto de sedimentos a lo largo del tiempo por depósitos minerales naturales en la cueva -apunta Booth-, así que podría haber sido especial, o podría haberse acurrucado y muerto allí».
De acuerdo con varios relatos victorianos, una gran cantidad de huesos, dientes de animales extintos, cuchillos de sílex e instrumentos de hueso fueron, desgraciadamente, extraídos del sitio y descartados. Algunos pueden haber pertenecido a ocupaciones anteriores de la cueva, pero es posible que otros hubieran ofrecido pistas adicionales sobre la vida del hombre de Cheddar.

ADN antiguo

El cráneo del hombre de Cheddar
El cráneo del hombre de Cheddar
Obtener ADN antiguo no es fácil. En cuanto un organismo muere, comienza a descomponerse. Los científicos necesitan un hueso denso donde el ADN haya podido protegerse lo más posible. En este caso, utilizaron el peñasco, un hueso del oído interno, que es el más denso del cuerpo humano. Además, las condiciones de la cueva, con una temperatura fresca y constante y con capas de depósitos minerales naturales, ayudaron a la preservación.
Después de extraer el ADN, el equipo definió millones de fragmentos distribuidos aleatoriamente en el genoma para crear una «biblioteca» genética del hombre de Cheddar y poder realizar su retrato en 3D, realizado por especialistas en reconstrucciones paleontológicas.
Los científicos recuerdan que los británicos actuales comparten aproximadamente el 10% de su ascendencia genética con la población europea a la que pertenecía el hombre de Cheddar, pero no son descendientes directos. La población mesolítica a la que pertenecía este individuo fue reemplazada en su mayoría por los agricultores que emigraron a Gran Bretaña más tarde. Sin embargo, este hallazgo, como otros muchos, nos sirve para recordar la irracionalidad y el desvarío inmenso que es el racismo.