domingo, 18 de febrero de 2018


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Lucía Etxebarria

Bondage, sadomaso, dominación y feminismo


El otro día un sujeto estaba intentando convencerme de que yo tenía que ir a ver '50 sombras liberadas'. Decía que esa saga había hecho dos grandes favores. A las mujeres, porque nos permitía expresar libremente nuestra sexualidad. Y a la comunidad BDSM, porque visibilizaba sus prácticas
¿Perdonaaaaa?
Vamos a aclarar primero por qué el BDSM proporciona placer:
Todos conocemos a alguien a quien le encanta la comida exageradamente picante, o a otro que corre maratones o hace escalada. Todos conocemos a un masoquista legitimado socialmente. Y eso es porque, científicamente hablando, la línea que separa dolor y placer no está bien delimitada. Ambas sensaciones activan circuitos neuronales. De placer y dolor. Circuitos interconectados y que pueden anularse mutuamente.
Porque la valencia positiva o negativa de las emociones no depende de una neurona en sí, sino de sus conexiones con otras neuronas en otras partes del cerebro. Además, ambas sensaciones, dolor y placer,  liberan dopamina y endorfinas, unos opiáceos naturales de los que se sirve nuestro sistema nervioso para contrarrestar el dolor y el miedo.
Para entendernos, si una persona está excitada sexualmente, y por lo tanto siente placer, no percibirá un golpe como doloroso, sino como placentero, porque su circuito estará conectado en 'modo placer'. Esto lo puede entender perfectamente un no masoquista.
¿Usted ha tenido alguna vez un polvo salvaje y al día siguiente se ha encontrado con que tenía chupetones en el cuello y moratones en los muslos? De ser así, ¿mientras estaba practicando sexo le dolió que le succionaran el cuello o le dieran golpes? No, de hecho, usted ni se enteró. Sus circuitos de placer no solo anularon la sensación de dolor, sino que la interpretaron como placer. Pero si usted se da un golpe contra la mesa que le deja un moratón y el golpe se ha producido en una situación neutra, seguro que ve estrellitas de colores y jura en arameo.

Pero la película sugiere que a 
Christian Grey le va el BDSM porque tuvo una madre que no se ocupaba de él y porque sufrió abuso sexual de pequeño. Una concepción conservadora del sadomasoquismo en donde se asume que el dominador/hombre está 'enfermo/conflictuado' y la sumisa/mujer se 'sacrifica' para darle placer. Pero el BDSM es algo muy común, no es necesario justificarlo con una infancia difícil. Ni hay que jugarlo por complacer a otro. Lo sano es que las parejas que eligen jugar a BDSM lo hagan de mutuo acuerdo, porque encuentran placer en ello, y punto.Por otra parte, existen personas que arrastran el lastre de una educación sexual represiva y que se sienten mal practicando sexo, porque lo asocian a vergüenza o culpabilidad. Estas personas pueden disfrutar del sexo en un entorno BDSM adoptando un rol sumiso, porque así la culpa desaparece, ya que simbólicamente, es el otro el que le obliga. Aunque ellos en el fondo sepan que se trata de un juego, de una representación.
Pero lo que es aberrante es que una mujer firme un contrato en el que se estipula que la relación de dominio y sumisión va más allá de un juego y una práctica sexual, y se extiende a todos los aspectos de su vida. Es el caso de Christian Grey, que intenta controlar cada aspecto de la vida de Anastasia Steele, incluso qué come y cuánto bebe. Y que, por contrato, puede hacer con ella lo que quiere cuando quiere porque básicamente es su dueño.  
Chicas, si un hombre te dice: "Estás aquí porque soy incapaz de dejarte sola" ( se lo dice Christian a Anastasia en el minuto 0.28 de la primera entrega), si descubres que te ha puesto un GPS en el móvil, si vende tu coche sin tu consentimiento, si se presenta siempre donde estás por sorpresa, si compra la empresa donde trabajas, si conoce tus datos bancarios… ¡Cambia la cerradura de casa, cambia de trabajo, de banco y de itinerarios! Denúncialo por acoso y pide, por si acaso, una orden de alejamiento.
Y muy importante: si en cada relación sexual quiere jugar al BDSM y si siempre quiere ser el dominante, ese chico tiene un problema. El BDSM es un juego más en el que suele haber intercambio de roles. Pero si es la única práctica sexual que puede realizar… Chungo, muy chungo. Además de aburrido.
Ah, y por cierto, que os quede claro que si os encontráis a un chiflado como Grey la fuerza de vuestro amor no le va a salvar. 
 El amor, por sí solo,  no salva a nadie. La terapia, sí.

sábado, 17 de febrero de 2018

NO JUEGUEN CON LAS COSAS DEL QUERER,EL COMER Y EL SABER


Mikel Mancisidor, en el Comité de la ONU por el derecho a la ciencia

“La ciencia está en el corazón de los derechos humanos desde el principio”

La ciencia es un derecho humano, como lo son el derecho a la alimentación, al agua o a la vivienda, identificado por la Declaración Universal de 1948. ¿El problema? En la Declaración tan solo se nombran los derechos, no se concretan. Mikel Mancisidor forma parte del comité de la ONU que está trabajando para definir en qué consiste el derecho a la ciencia y cuáles son sus implicaciones.
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Mikel Mancisidor. / Fundación Ramón Areces.
El derecho a la ciencia se recogió por primera vez en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) de 1948, pero solo se mencionaba en un par de líneas del artículo 27. Años más tarde se incluyó en el artículo 15 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966, pero su complejidad teórica y la amplitud de sus implicaciones causaron que tuviese escaso desarrollo, hasta el extremo de hacer de este derecho un gran desconocido para la comunidad científica, los defensores de los derechos humanos, los diplomáticos y las autoridades nacionales e internacionales.
El profesor Mancisidor, docente en la American University de Washington D.C. (EE UU), es uno de los 18 expertos independientes que conforman el Comité de Derechos, Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas, encargado de actualizar el derecho a la ciencia tal y como se recoge en el mencionado pacto. 
Para explicar la importancia del trabajo del comité, recurre a un paralelismo: “Cuando se empezó a trabajar en el derecho humano al agua, muchos escépticos decían: 'una resolución de Naciones Unidas nunca pondrá una sola gota de agua en la boca de los necesitados'. Desde que existe el comentario general sobre este derecho, se ha conseguido poner kilómetros cuadrados de agua en los depósitos, grifos y casas de la gente. Algo así nos gustaría conseguir con el derecho a la ciencia”.
Mikel Mancisidor recibe a Sinc antes de su ponencia del pasado 12 de febrero, en la Fundación Ramón Areces. 
¿Qué implica ver la ciencia desde el punto de vista de los derechos humanos, en lugar de como un motor económico?
No son excluyentes, obviamente la ciencia es un motor económico importante. Desde la pespectiva de los derechos humanos, la ciencia se podría tratar con varios enfoques. Uno de ellos entiende la ciencia como un instrumento para el disfrute de los derechos humanos. Por ejemplo, la ciencia es un instrumento para el disfrute del derecho a la salud, porque es indispensable para crear tratamientos, vacunas, etc. Esto haría a la ciencia importante para los derechos humanos, pero no un derecho humano. La otra idea, por la que optaron los redactores de la DUDH, es considerar a la ciencia como uno de los derechos culturales.

A nadie se le ocurre preguntar por qué tenemos derecho a leer literatura, un ensayo o poesía. No hay un porqué. Entendemos que eso es lo que nos hace humanos y consecuentemente queremos protegerlo de una forma especial, a través del invento que son los derechos humanos. La ciencia es un derecho en sí mismo –además de su papel para el disfrute de otros derechos como la salud, la alimentación o el agua– al que se le debe garantizar el conocimiento, la divulgación, la calidad, el acceso y la participación, como el resto de derechos culturales. La ciencia está en el corazón de los derechos humanos desde el principio, si bien es cierto que muy poco desarrollada.
¿La ciencia es un derecho cultural?
¿Qué funciones tiene el comité que usted integra?
Tiene varias funciones. Una de ella es el seguimiento de las obligaciones de los Estados, otra el estudio de las denuncias individuales, y la tercera es la aprobación de comentarios u observaciones generales, que es en el punto en el que nos hallamos actualmente.
¿Qué es un comentario general?
Un comentario general es un trabajo de 20 o 30 páginas donde se explica cuál es el contenido normativo del pacto, adaptado a la realidad del mundo. Se les recuerda a los 166 Estados que cuando ratificaron el pacto se estaban obligando a lo que recoge el comentario. El comité no puede aprovechar la oportunidad para incluir nuevo contenido. Es la interpretación auténtica y legítima del pacto con vinculación jurídica.
Desde fuera, Naciones Unidas puede parecer lento, pero mover a 198 países juntos a mejorar los estándares internacionales es algo ciertamente grandioso. Una vez que se consigue, tiene una potencia enorme.
180213_Pacto Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966)
Mapa de los Estados parte y firmantes del Pacto. / Louperivois
¿El derecho a la ciencia tiene que ver con el movimiento open science o ciencia abierta?
Cuando hablamos del acceso a la ciencia hablamos de tres elementos. En primer lugar, el acceso a las aplicaciones materiales, como el acceso al medicamento, a un fertilizante o a una mejora tecnológica.
El segundo es el acceso al conocimiento en sí. Ahí es donde entra el open access –el conocimiento abierto–. El acceso al conocimiento que tenga que ver con la dignidad humana debe ser compatible con los intereses de las empresas para obtener un rédito a sus inversiones. Un derecho humano no necesariamente tiene que ser gratuito, tiene que ser accesible y asequible. Para ello puede haber distintas formas mediante las que un Estado garantiza el acceso a un recurso, como bibliotecas o centros culturales.
La tercera vía es el acceso a los medios, especialmente internet. Hoy en día no entendemos el acceso a la ciencia sin el acceso a internet.
En el pacto también se menciona la cooperación internacional...
Los redactores del pacto querían recordar que la ciencia es esencialmente una aventura universal, que el trabajo de los científicos es internacional y eso debe reflejarse en las visas de los investigadores, en la libertad de los viajes de investigación, en la apertura de los trabajos internacionales en materia de ciencia y tecnología, etc.

Los derechos humanos no pueden decirle al Estado cómo debe regular los dilemas éticos o científicos, desde las células madre a la maternidad subrogada. Pero cualquiera que sea la forma de regular estos principios, debe cumplir con los mínimos establecidos en los derechos humanos.
El derecho a la ciencia ya ha sido utilizado en Costa Rica para acceder a la fecundación in vitro. ¿Cuál es la dimensión ética de este derecho?
En el caso de la fecundación in vitro, en Costa Rica se impedía el acceso a la fecundación in vitro por razones morales y se entendió que quienes lo hacían se extralimitaban de estos criterios generales. Cada caso que llega al comité debe estudiarse.
¿Podría aplicarse este derecho en el caso del acceso al aborto?
El caso del aborto no tiene que ver tanto con el acceso a la ciencia como con el derecho a la vida, con los derechos de la mujer, de la salud sexual reproductiva y con la dignidad de la mujer. Cuando tratamos el derecho al aborto no lo tratamos desde el punto de vista de la ciencia.
En algunas comunidades empobrecidas, garantizar el acceso a la tecnología no garantiza la resolución de los problemas. ¿Hay colaboración entre los cuerpos de la ONU para realizar una aproximación conjunta a estos problemas?
Cualquier problema humano, sea de la ciencia, sea de saneamiento, sea de alimentación o de vivienda, es una pieza en un puzle muy complejo. El acceso a la tecnología es un elemento muy útil, pero tiene que estar en el marco de una sinergia con otro montón de elementos, como la propia acción por parte de la población, la educación y el conocimiento.

Nosotros como comité no podemos ir tan lejos, pero apoyamos el trabajo de la UNESCO en ese sentido, que empieza a recomendar porcentajes del PIB. Otro aspecto en el que sí trabajamos de manera intensa es superar la vieja dicotomía de las responsabilidades de los distintos Estados sobre la ciencia básica y la ciencia aplicada.
¿Barajan proponer unas cuotas orientativas de inversión pública en políticas científicas, al estilo de las contribuciones en defensa a la OTAN, en relación con el PIB de cada estado?
En el viejo paradigma, los países empobrecidos debían invertir sus recursos en hacer ciencia aplicada, es decir, la ciencia que pudiera responder a sus retos agrícolas, sanitarios, etc. En un mundo en el que, cada vez más, el conocimiento en sí mismo es el recurso económico que favorece el desarrollo de los pueblos, considerar que la ciencia básica es para los países ricos es relegar a los países pobres a hacer simples aplicaciones tecnológicas. Es condenarlos, cada vez más, a ser segundones en el contexto internacional.
Los retos de la ciencia básica son desafíos universales y gracias a las nuevas tecnologías cada vez más personas y países pueden participar en ellos.
De cara a votar en unas elecciones, ¿los ciudadanos deberían estar más informados sobre las decisiones relacionadas con la ciencia que presenta cada partido en su programa electoral?
La política tiene la obligación de que las decisiones que se toman en cualquier ámbito estén sostenidas por el mejor conocimiento científico, desde las cuestiones sanitarias hasta las cuestiones más industriales o medioambientales. Es parte del derecho a la ciencia, de la responsabilidad ciudadana y de la responsabilidad pública.

viernes, 16 de febrero de 2018


ESTEBAN FERNÁNDEZ-HINOJOSA
Médico

Sociedad y sistema sanitario

La formación médica sigue el modelo clásico de diagnóstico, tratamiento y curación, un modelo que resulta anacrónico en el entorno actual
Sociedad y sistema sanitarioSociedad y sistema sanitario
Sociedad y sistema sanitario ROSELL
Es un hecho bien documentado la elevada prevalencia, en países desarrollados, del cóctel de patologías crónicas entre personas de edad avanzada. Algunos estudios demuestran que a los 60 años casi la mitad de la población presenta, al menos, dos enfermedades. A los 80 años -número al que se acerca la media de edad de la población hospitalizada en occidente-, menos del 10% está libre de enfermedad, y el resto acarrea entre dos y seis patologías. A esta población se destina la mayor parte de los recursos sanitarios: las personas con más de una enfermedad representan alrededor de las tres cuartas partes del coste de la asistencia médica y cuando padecen múltiples enfermedades ese consumo supera el 90%. Bajo esta elevada comorbilidad late el aumento de la esperanza de vida y el consiguiente crecimiento de la población de adultos mayores, que ostenta la supremacía sobre determinados factores de riesgo como la inactividad física.
Estos cambios -lentos, pero inexorables- en la epidemiología ejercen un impacto implacable sobre los sistemas de salud. Su universal deterioro se vincula con la escasa adaptación que ofrecen a las nuevas necesidades. Se mantienen sistemas de salud con estructuras y filosofías sensibles a la enfermedad aguda, mientras la atención que necesita el nuevo perfil de paciente crónico se orienta en otra dirección. La formación médica sigue el modelo clásico de diagnóstico, tratamiento y curación, un modelo que resulta anacrónico en el entorno actual. La búsqueda de evidencias médicas aún se fundamenta en ensayos clínicos aleatorios que excluyen los casos de elevada carga en el combinado de patologías. Un antiguo editor de la revista The British Medical Journal, Richard Smith, ha señalado recientemente que, a pesar de esta evolución epidemiológica, la formación de los médicos en Reino Unido sigue empeñada no sólo en la especialización, sino en la subespecialización, mientras la Atención Primaria ostenta la consideración de cenicienta entre los estudiantes de Medicina.
Así las cosas, es regla actual que un especialista afronte problemas del paciente que escapan de su especialidad y necesite la colaboración simultánea de colegas de otras especialidades, lo que no sólo dispara y disparata los recursos, sino que desmoraliza al paciente mientras navega en el limbo de la atención. Ha cundido la idea de que la especialización es inevitable por el incremento del conocimiento -quizás, de información- en patología humana. Tal vez, las tecnologías de la información, que superan nuestra capacidad de memoria y velocidad de búsqueda, ofrezcan al médico la posibilidad de dedicar mayor tiempo a la atención humana.
La vocación médica combina la voluntad de ayuda con la respuesta deportiva al reto que plantea nuestra naturaleza enferma. En la práctica de esta noble tarea, la formación técnica del médico ha sido un instrumento fundamental en la búsqueda eficaz del restablecimiento de la salud, y ha contribuido tanto a su prestigio como a sus logros profesionales. Pero hoy ese altruismo se ve sensiblemente matizado por el imperio del conocimiento científico y del celo burocrático. La fascinación ante la capacidad de la ciencia para desvelar leyes secretas de la naturaleza arrebata al médico parte del protagonismo concedido a su voluntad de servicio. Y en sentido lato, el descomunal progreso tecno-científico ha desdibujado la verdadera relación médico-enfermo.
La estructura obsoleta de las instituciones sanitarias no contribuye a reponer de amistosa confianza esa relación. El Estado o los diversos arreglos contractuales de la Administración pueden desdibujar el carisma del médico so riesgo de convertirlo en funcionario con alto grado de especialización. La necesidad de racionalizar los recursos limitados obligaría a ese funcionario a una eficiencia al servicio de la gestión y de la organización, lo que paradójicamente estorbaría a la vocación, reduciendo la práctica clínica a una rutina muy alejada de su código deontológico. La consagración a la burocracia sanitaria inhabilitará al médico para participar de esa singular experiencia que Laín Entralgo llamó "una aventura humana y médica rigurosamente inédita", y volverá opaco los aspectos más personales de la enfermedad, donde habita su esencia. Aunque la voluntad de ayuda al ser humano enfermo pueda resultar trivial en una época tecnológica y de cínica objetividad, en el afán por la humanidad sufriente nos jugamos, nada menos, que uno de los valores más elevados de nuestra especie. Sin esa singular forma de compasión con el doliente, siempre temeroso de que se anticipe su último aliento, se perderá el rastro sanador de aquella figura tan mencionada en los textos clásicos del vir bonus medendi peritus, el hombre bueno perito en ofrecer remedios.

jueves, 15 de febrero de 2018

VIDA DESPUES DE LA MUERTE

El sorprendente hallazgo de los genes humanos que siguen activos después de que la persona muere

Crime sceneDerechos de autor de la imagenSCIENCE PHOTO LIBRARY
Image captionEsperan que esta información sea de utilidad para desarrollar nuevas técnicas forenses.
Hay células que continúan funcionando incluso después de que una persona muere.
A través del análisis de muestras post mortem, un equipo internacional de científicos descubrió que algunos genes se volvieron incluso más activosdespués de la muerte.
Los detalles del estudio fueron publicados en Nature Communications.
Esperan que sea de utilidad para desarrollar nuevas técnicas forenses.

Bajo la influencia de los genes

Dentro de las células de nuestro cuerpo, la vida se desarrolla bajo la poderosa influencia de nuestros genes, controlados por un amplio rango de disparadores internos y externos.
Entender la actividad genética arroja luz en lo que puede hacer una célula, órgano o tejido, ya sea que esté sano o enfermo.
Los genes están encerrados en el ADN presente en nuestras células que cuando están activas producen una molécula conocida como transcripción de ARN.
Algunos tipos de ARN controlan procesos que se desarrollan en las células y otros se transforman en prototipos para las proteínas.
Es la transcripción del ARN lo que los científicos a menudo miden cuando quieren saber qué sucede en las células y ese análisis se llama transcriptoma.
ARNDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionCientíficos aclararon que se necesitan realizar otros estudios con intervalos post mortem más largos, no sólo 24 horas después del deceso.

Dificultades

La obtención de las muestras para este tipo de estudios no siempre es sencilla.
Es relativamente fácil obtener sangre, pero insertar una aguja en el corazón o el hígado de una persona no lo es.
Los científicos entonces tienen que trabajar con órganos y muestras de tejido que son obtenidas post mortem.
Si bien esas muestras pueden aportar valiosos datos de lo que sucede dentro de un cuerpo inerte, no está claro si representan procesos que se desarrollan en vida.
Otro factor adverso para la investigación es que las muestras rara vez son obtenidas inmediatamente después de que una persona muere.
Por lo general, los cuerpos son preservados para posteriores exámenes y ahí es cuando se extraen partes para ser analizadas.
El equipo de investigadores, liderado por el profesor Roredic Guigó, biólogo computacional del Instituto de Ciencia y Tecnología de Barcelona, utilizó ARN colectado dentro de las 24 horas del deceso y algunas muestras de sangre recogidas antes de que el paciente muriera.
Lo que descubrieron fue sorprendente.
"Hay una reacción de las células a la muerte de un individuo. Vimos algunos pasajes, algunos genes, que estaban activos y eso significa que, a veces, después de la muerte todavía hay cierta actividad a nivel de la transcripción", indicó Guigó.

Cambios en el entorno

Tubos de ensayosDerechos de autor de la imagenSCIENCE PHOTO LIBRARY
Image captionEn el estudio se analizaron muestras obtenidas inmediatamente después del deceso y sangre extraída cuando la persona estaba con vida.
Aunque se desconoce la razón exacta por la que los genes se mantienen activos, el profesor Guigó tiene una posible explicación.
"Diría que uno de los mayores cambios se debe al cese del flujo sanguíneo.Luego el cambio más significativo probablemente sea la hipoxia, la falta de oxígeno, pero no tengo una prueba de eso".
Lo que el estudio logró fue establecer un conjunto de predicciones de los cambios de los niveles de ARN post mortem y ese entendimiento podría ser crucial para investigaciones criminales.
"Concluimos que hay una firma o una huella digital en el patrón en que se expresan los genes después de la muerte, que puede ser utilizado por la ciencia forense, pero no podemos decir que tengamos ahora un método para ser utilizado en el terreno", aclaró Guigó.
Los datos resultaron coherentes entre diferentes cadáveres y se puede establecer de manera más precisas el tiempo que pasó desde la muerte en base a los niveles de ARN.
El profesor Guigó explicó, sin embargo, que aún queda mucho por hacer.
"Se necesitan mayores investigaciones, intervalos post mortem más largos, no sólo 24 horas, tener en cuenta la edad de la persona y la causa de la muerte. Todo eso debe ser tenido en cuenta si vamos a convertir esto en una herramienta útil", dijo.

Wikie, la primera orca que logra imitar sonidos humanos

Un estudio internacional aporta la primera evidencia de que estos animales pueden "adquirir sus dialectos vocales por aprendizaje social


Una orca, en una imagen de archivo. CWR
Un estudio internacional en el que participa la Universidad Complutense de Madrid (UCM) ha aportado este miércoles la primera evidencia de que las orcas"son capaces de imitar sonidos del habla humana" y de que pueden "adquirir sus dialectos vocales por aprendizaje social". Un animal de esta especia llamado Wikie ha sido el primero que ha conseguido repetir seis sonidos humanos.

Varias especies de cetáceos, entre ellas las
 orcas (orcinus orca), muestran diversidad de repertorios vocales —canciones, llamadas, etc.— específicos de cada grupo. Como las diferencias entre ellos no se pueden explicar por factores ecológicos o por herencia genética, los expertos han propuesto la hipótesis de que puedan haber sido adquiridas por imitación. Un estudio previo de Abramson reveló en 2013 que las orcas pueden "aprender por imitación acciones motoras novedosas realizadas por congéneres". Este estudio demuestra que esta capacidad también funciona para los sonidos, incluso los producidos por otras especies, también por humanos.La investigación, que publica este miércoles la revistaProceedings of the Royal Society B, ha sido desarrollada por el Grupo de Estudio del Comportamiento Animal y Humano (GECAH) de la Complutense, en colaboración con las universidades Politécnica de Madrid, Católica de Chile, St. Andrews (Escocia) y el Instituto Max-Planck de Antropología Evolutiva (Alemania). El estudio, cuyo investigador principal es el complutense José Zamorano Abramson, documenta no solo la capacidad de los cetáceos de "imitar sonidos novedosos producidos por miembros de la misma especie, sino también sonidos del habla humana", explica la UCM en un comunicado.
Para la imitación vocal se empleó el mismo paradigma del estudio sobre imitación motora: el sujeto es entrenado a responder a la señal, en la que se pide a la orca que copie la acción motora o vocal  que está realizando otro sujeto de la misma o de otra especie. En la primera fase del experimento, realizado en el Acuario de Marineland en Antibes, en Francia, se entrenó como modelo a Moana, una orca macho de tres años, para realizar cinco vocalizaciones nuevas que fueron asociadas a diferentes señales con las que posteriormente se pedía al animal que emitiera las vocalizaciones. 
El sujeto experimental fue Wikie, una orca hembra de 14 años que actúo como sujeto "observador" al que se pedía que "copiara" las vocalizaciones nuevas que hacía Moana, mediante una señal que ya había sido aprendida en el experimento de acciones motoras. Además, se introdujo una variante en la cual se pedía a Wikie otras dos vocalizaciones nuevas producidas por Moana, pero esta vez fueron grabadas y emitidas por un altavoz.
En la segunda fase, para asegurar la novedad del sonido y, por lo tanto, la flexibilidad de la capacidad de imitación vocal, se puso a prueba a Wikie ante seis sonidos humanos. "Wikie tuvo éxito en la copia de todos los sonidos independientemente de que fueran producidos por un modelo de la misma especie, tanto en vivo como a través de un altavoz, o por un modelo humano", según el estudio. El animal, ahora es capaz de decir "hola" y "adiós", entre otras palabras. 
Los resultados muestran que las orcas tienen capacidades imitativas "realmente sofisticadas" y apoyan la hipótesis de que los dialectos documentados en los cetáceos se pueden "adquirir y mantener por aprendizaje social y, más específicamente, por imitación". Aprender un comportamiento nuevo mediante la observación permite "la transmisión no genética de información" y constituye un posible vehículo de difusión y consolidación de las tradiciones culturales específicas de cada grupo.