jueves, 28 de julio de 2011

La OMS alerta sobre los ORRORES médicos

La OMS alerta sobre los errores médicos

Un paciente internado tiene 10% de probabilidades de padecerlos. Para la Organización Mundial de la Salud, ingresar en un hospital es tan peligroso como viajar en avión. El mayor riesgo: las infecciones hospitalarias.

PorValeria Román

Se supone que un hospital es un lugar destinado a diagnosticar y tratar enfermos. Sin embargo, las chances de morir por un error médico dentro de un hospital son mayores que las chances de perder la vida durante un vuelo en avión, según advirtió el profesor Liam Donaldson, quien fue designado días atrás como “enviado para la Seguridad del Paciente” por la Organización Mundial de la Salud.

La probabilidad de morir en un vuelo áereo es de 1 en 10 millones. Mientras que 1 de cada 10 pacientes resulta afectado por algún error médico , como por ejemplo someter a una persona a una cirugía errónea, darle medicamentos equivocados, o que adquiera una infección hospitalaria por falta de programa de control interno o la falta de limpieza de manos por parte del personal de la salud. A nivel mundial, el riesgo de morir por causa de un error médico es de 1 en 300.

“Es importante que la OMS advierta a la población sobre la existencia de estos incidentes. En particular, el error por infección hospitalaria tiene una muy alta mortalidad, llegando a alcanzar cerca del 45% de mortalidad en el caso de las neumonías asociadas al uso de respiradores ”, comentó a Clarín el médico argentino Víctor Rosenthal, presidente del Consorcio Internacional para el Control de las infecciones nosocomiales (INICC), que trabaja en varias regiones del mundo. Rosenthal señaló que hasta ahora la mayoría de los gobiernos han realizado compromisos para combatir las infecciones hospitalarias, pero no siempre se han traducido en acciones concretas.

Desde la OMS se lleva adelante un registro de hospitales que se comprometen a tener programas de lavado de manos: 13.649 hospitales de 153 países ya se han anotado. “Aunque el registro no significa que todos los centros hospitalarios cumplan con el lavado de manos frecuente, ni tampoco es la única acción contra las infecciones hospitalarias: hay cientos de medidas que pueden adoptarse, como por ejemplo evitar el rasurado de la piel del paciente antes de una cirugía o poner un filtro de alta eficiencia en el aire del quirófano ”, opinó el especialista Rosenthal.

En la Argentina, la situación de las infecciones hospitalarias es seria. Incluso, el último reporte del programa de vigilancia de infecciones hospitalarias que depende del Ministerio de Salud de Nación admite que las neumonías asociadas al respirador en las unidades de cuidados intensivos en adultos siguen siendo “altas”: 18 infectados por 1.000 días de respirador. En cambio, en los Estados Unidos, es de alrededor de 2.9 por 1000. Es decir, la tasa de Argentina es 6.2 veces más alta que la tasa estadounidense.

“Deben extremarse las medidas de intervención”, recomienda el reporte al que tuvo acceso Clarín .

También es llamativo que, en los hospitales argentinos, la tasa de infecciones en el torrente sanguíneo por el uso de catéteres en las unidades de cuidados intensivos para bebés sea 5 veces más alta en la Argentina que en EE..UU.

Esta prevalencia de las infecciones ha llevado a que los pacientes recurran más a la Justicia. “Quince años atrás era impensable que un paciente demandara, pero eso cambió notablemente”, afirmó el abogado Rafael Acevedo, autor del libro “El error médico”. Hizo un seguimiento de 800 atenciones judicializadas por pacientes de Argentina entre 2001 y 2010, y encontró que dentro del total de errores producidos por las instituciones médicas que son evitables, el 40, 77% correspondían a infecciones. El 30% de las demandas por infecciones se negocian durante el juicio.

En la Cámara de Diputados del Congreso, aún está pendiente un proyecto de ley que ya tiene la media sanción del Senado y servirá para resguardar a los pacientes.

Hará que los hospitales tengan la obligación de notificar las infecciones y que establezcan programas de control. Hasta ahora, los hospitales adhieren voluntariamente al programa de vigilancia del Ministerio (sólo son 115 en todo el país).

miércoles, 27 de julio de 2011

La artificial polémica de los medicamentos genéricos: una historia interminable

Por: Esther Samper

MedicamentosEl pasado jueves, el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud anunció, como una medida de ahorro en las arcas de la sanidad española, que los médicos deberán prescribir medicamentos por su principio activo y no por su marca comercial.

La noticia, aplaudida por organizaciones como la OCU y FACUA, con el punto a favor de la mayoría de médicos y con el rechazo más absoluto (como era de esperar) de los farmacéuticos y farmaindustria, vuelve a poner sobre la mesa una artificial polémica que ha persistido durante muchos años: las garantías de los medicamentos genéricos como sustitutos de los medicamentos de marca. ¿Curan igual?

Así son los medicamentos genéricos

Los genéricos, también llamados especialidades farmacéuticas genéricas (E.F.G.), son medicamentos que se venden por su principio activo y no por una marca comercial definida y están identificados por las siglas E.F.G. en sus envases. Así, por ejemplo, paracetamol sería el nombre (y principio activo) de un medicamento genérico y Gelocatil sería el nombre del medicamento de marca.

En esencia, medicamentos genéricos y medicamentos de marca son lo mismo y los primeros deben haber pasado un estricto control para demostrar que son equivalentes a los segundos. Los principales criterios que se establecen son los siguientes:

-Los medicamentos genéricos deben tener idéntico principio activo, con la misma cantidad y calidad que el fármaco de marca.

-Deben demostrar misma eficacia terapéutica. Es decir, que curen igual.

-Deben demostrar biodisponibilidad equivalente. Es decir, deben ser equivalentes en el grado de absorción y la velocidad con la que un fármaco llega al lugar del cuerpo humano donde tiene que realizar su acción terapéutica. En la actualidad, se permite una variación máxima de un +/- 20% de biodisponibilidad entre medicamentos genéricos y originales de marca. Y eso, ¿significa mucha o poca variación en el efecto del medicamento? Significa que la variación es mínima e imperceptible clínicamente. Para que se hagan una idea, un mismo medicamento de marca podría contener también esa variación según los lotes. Incluso una misma persona en momentos distintos de su vida podría alterar la biodisponibilidad del fármaco más del 20%.

Si estos tres factores se dan, existe lo que llamamos bioequivalencia. Es decir, un genérico y el de marca son intercambiables ya que ambos contienen esencialmente lo mismo y curan igual.

Entonces, ¿cuál es la razón de que sean más baratos los genéricos con respecto a la marca, si son lo mismo? Las farmacéuticas que han desarrollado medicamentos de marca han tenido que invertir en investigación y en patentes para sacar un nuevo medicamento al mercado. Como recompensa, tienen la patente exclusiva de ese medicamento durante décadas (entre 10 y 20 años en España) y pueden permitirse vender ese medicamento a un precio elevado. Pasado ese tiempo, la protección comercial desaparece y surgen los laboratorios que fabrican genéricos de estos medicamentos de marcas con un precio normalmente mucho más barato (pues la inversión inicial es mucho menor).

Los ataques injustificados a los medicamentos genéricos: una historia interminable

Ya sea por ignorancia o por puros intereses económicos, entre algunos profesionales sanitarios y la población general se difunden mitos sobre los medicamentos genéricos que no se corresponden con la realidad y que atacan a éstos poniendo en duda las garantías con las que sustituyen a los medicamentos de marca. Se han realizado numerosas campañas en las distintas comunidades autónomas para informar con evidencias científicas al personal sanitario sobre el asunto, pero las polémicas injustificadas siguen persistiendo. No hay que irse muy lejos: como ejemplo, recientemente podíamos leer a José Ramón Luis-Yagüe (representante de farmaindustria) decir que "los medicamentos genéricos no tienen la misma eficacia que uno de marca".

El principal y más extendido mito trata sobre que los genéricos pueden tener un 20% más o menos de principio activo con respecto al medicamento de marca (normalmente suele decirse que tiene menos, ya que eso tiene una percepción más negativa). Este hecho es completamente falso. Lo que sí puede variar en un +/- 20% es la biodisponibilidad y, como se comentó anteriormente, este porcentaje no supone variación clínica alguna para la absoluta mayoría de tratamientos y son igualmente seguros y eficaces a los de marca.

Otro mito, también muy presente aunque menos conocido, es aquel que dice que como los genéricos pueden tener una variación del 20% de biodisponibilidad, eso los convierte en peligrosos para enfermedades en las que se necesita un control del medicamento muy estricto. Esto es una verdad a medias. Hay que tener en cuenta que la mayoría de medicamentos son seguros aún con gran variación en la biodisponibilidad. Para aquellos medicamentos que tienen una ventana terapéutica estrecha (es decir, que como te pases un poquito de dosis provocas efectos adversos) no se permite la comercialización de genéricos como reemplazo. Por ejemplo, el anticoagulante Sintrom no se reemplaza por genéricos en España.

Otro mito, también muy conocido por la población general, es que los genéricos tienen excipientes peores y que eso afecta a la absorción del fármaco y a su eficacia. Para empezar, los excipientes de los genéricos pueden ser los mismos o diferentes de los de marca, pero no tienen por qué ser peores. Y cuando se estudia la biodisponibilidad de un genérico se hace en conjunto con sus excipientes, por lo que la biodisponibilidad conocida es la que tiene con su excipiente.

Y ya el mito predominante, sobre todo en la población general, es aquel de "a mí me va mejor el de marca que el genérico". El ser humano es altamente capaz de sugestionarse por un tratamiento para bien (efecto placebo) o para mal (efecto nocebo). Una persona que tenga prejuicios hacia los genéricos y los vea con malos ojos muy probablemente percibirá menos mejoras o incluso mejorará menos por el simple hecho de que tiene una visión negativa de su tratamiento con genéricos. Las expectativas del ser humano ante la curación pueden influir mucho durante un tratamiento. De hecho, existen múltiples estudios que han evidenciado mayor efecto placebo cuánto más caro pensaban que era el tratamiento que tomaban.

Las desventajas justificadas de los medicamentos genéricos

Como en todo, la implantación obligatoria de genéricos en lugar de medicamentos de marca no está exento de desventajas. Entre ellas, que al existir la posibilidad de genéricos con distintos excipientes hay que tener cuidado con pacientes alérgicos o intolerantes (especialmente los intolerantes a la lactosa).

Otra desventaja muy importante es que la apariencia de cada pastillita o envase de un genérico es de su padre y de su madre. No existen apariencias similares para un mismo tipo de fármaco entre genéricos. Esto, que puede que no suponga una dificultad para muchos, es un gran inconveniente para las personas mayores, que normalmente están polimedicados e identifican sus tratamientos por los colores y formas de sus pastillas o sus cajas. Una gran variedad de colores y formas de distintos genéricos para un mismo tratamiento los puede confundir y dar pie a tratamientos erróneos. Además, muchas personas mayores pueden no darse cuenta de que el medicamento genérico "sirve" para lo mismo que el que estaba tomando de marca y pensar que es un nuevo tratamiento. El papel informativo del médico es esencial en estos casos.

Tampoco hay que olvidar la desventaja del efecto nocebo comentado anteriormente. Mucha gente tiene una percepción muy negativa de los genéricos que va a influir para mal. Porque el pensamiento "me han dado el más barato y, por tanto, el peor" puede ser muy dañino, no sólo para los resultados del tratamiento sino también para la confianza hacia el médico que puede debilitarse.

martes, 26 de julio de 2011

Ellas quieren sexo; ellos, 'mimitos'

| Raúl Arias.

| Raúl Arias.

  • Las caricias son más valoradas por los hombres que por las mujeres
  • Ellas disfrutan más del sexo cuando llevan años de relación estable

A Blanca, ama de casa, lo que más le gusta en el mundo es el sexo con su pareja. "Me encanta su cuerpo, su olor, le sigo viendo atractivo después de 16 años en común, y consigue excitarme con una mirada. En mi caso, la experiencia sí es un grado. Me encanta comprarme ropa interior pensando en él y provocarle. Con el tiempo me he vuelto más desinhibida y tengo una vida sexual auténtica... Con el tiempo, también, todas mis fantasías han dejado de serlo y se han convertido en una realidad cotidiana, sencilla y poderosa. Mi marido suele decir que no resiste 'dos asaltos', pero me cuesta tan poco volver a ponerle en marcha, que casi lo tomo como un juego. Para mí el sexo es un terreno en el que me siento fuerte, segura y plena. Lo que no me gusta tanto es meter la ternura en la cama. Para eso hay otros momentos... El sexo es sexo", afirma categórica.

No opina de la misma forma Alfredo (nombre ficticio, como el del testimonio anterior), de 46 años y de profesión liberal. "Para mí, el sexo es importante y le concedo valor en la relación de pareja. Me gusta que ella tome la iniciativa algunas veces, pues me hace pensar que para ella también es valorable. Además, así eleva mi autoestima. Creo que es una demostración de amor. Me gusta el sexo, pero valoro casi más las caricias y los abrazos de mi mujer. A veces necesito demostraciones extremas de ternura".

Y es que las cosas no siempre son lo que parecen. Porque ellas están más satisfechas con el sexo y ellos, con su felicidad en pareja. En contra de los viejos estereotipos, curiosamente, los abrazos, las caricias y los besos son ingredientes importantes para la complacencia de una relación estable, pero esta sensibilidad tiene más valor para los hombres que para las mujeres. Es más, los que reciben mimos son hasta tres veces más felices que los que tienen parejas más 'secas'. En definitiva: ellas quieren sexo; ellos, arrumacos, al menos pasados los 40.

Datos curiosos y sorprendentes como éstos son los que se desprenden de un nuevo estudio internacional que analiza la relación marital y la satisfacción con el sexo en parejas con convivencias largas: una media de 25 años.

Resultados reveladores

Julia Heiman, directora del Instituto Kinsey de Investigación en Sexo, Género y Reproducción de la Universidad de Indiana (EEUU), es la autora principal de la investigación. En declaraciones a ELMUNDO.es asevera: "Este trabajo plantea nuevas preguntas sobre qué hace a las personas estar satisfechas con su relación y el papel que juega el sexo. Nos dimos cuenta de que, contrariamente a lo que siempre hemos creído, ellos comunican sentirse más felices con su pareja si ésta es cariñosa mientras que ellas expresan estar más contentas con su vida sexual".

Es más, el estudio "documenta que conforme pasan los años, y no al principio del matrimonio, es cuando las esposas disfrutan más en la cama. Y, posiblemente, se deba a que sus expectativas cambian o su vida se modifica a medida que los hijos crecen. También porque conocen mejor su sexualidad", agrega la experta.

Matrimonios de cinco países (Brasil, Alemania, Japón, EEUU y España), han participado en el trabajo que ha visto la luz en el último 'Archives of Sexual Behavior'. En total: 1.009 parejas (200 nacionales, residentes en Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia y Vigo).

Javier Gómez-Zapiain es del Departamento Personalidad, Evaluación y Tratamientos psicológicos de la Universidad del País Vasco y lidera la investigación de la interacción entre el deseo sexual y la vinculación afectiva en nuestro país. "Julia Heiman es una científica que goza de un gran reconocimiento internacional. Para mí es una satisfacción que, desde un marco teórico diferente al que nosotros estudiamos, llegue a conclusiones muy parecidas a las nuestras. En su estudio subyace la importancia de la vinculación afectiva en su interacción con el deseo sexual, entendido este como una emoción".

Insiste este experto en que "para lograr el bienestar, todo ser humano necesita satisfacer sus necesidades más básicas. Sin duda la más importante es la seguridad que ofrece el vínculo afectivo. La persona con la que nos vinculamos cumple dos funciones respecto a uno mismo: ser una base de seguridad y un puerto de refugio en situaciones de precariedad emocional, física, psíquica... A lo largo de la vida necesitamos gestionar adecuadamente las necesidades afectivas, sentirnos queridos y tener a quien querer y las necesidades eróticas, satisfacción de la necesidad de placer sexual. La importancia y la prioridad de estas necesidades cambian con la edad. En términos de supervivencia, es decir, de estabilidad emocional, en ocasiones, el deseo sexual se pone al servicio de otras necesidades, por ejemplo las eróticas, y viceversa".

Cree, por todo ello que "el estudio de Heiman subraya esta realidad. Las mujeres pueden sentirse muy satisfechas por el sexo, no tanto por el rendimiento sexual, como por la calidad de la experiencia emocional en torno a la actividad erótica. Los hombres, por otro lado, podrían desmitificar el rendimiento sexual, haciendo de éste algo más realista y dotándole de un significado más próximo a las necesidades de seguridad emocional".

Miren Larrazábal, presidenta de la Federación de Sociedades de Sexología y psicóloga clínica, defiende la curiosidad de los datos recién aportados por el Instituto Kinsey. "Son llamativos y, realmente, me han sorprendido. En las parejas se constata que está funcionando el sistema de apego (los vínculos de pareja implican la interacción entre tres sistemas; el de apego, el sexual y el de cuidados, tal y como han demostrado las investigaciones de Gómez-Zapiain). El sistema sexual interfiere con el de apego y viceversa. Porque cuando en una relación uno de los dos no está satisfecho con el sexo, entonces empiezan los problemas. Si el matrimonio es largo, la pasión surge de la intimidad. Los matrimonios duraderos suelen tener una sexualidad de calidad".

Buscar el placer

Sobre todo si, como dice Rosario Castaño, sexóloga de la Unidad de Disfunción Sexual, del Instituto Palacios de Salud y Medicina de la Mujer, y coordinadora del Grupo de Sexualidad de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia, "ninguno de los dos miembros renuncia a nada y se mantiene la espontaneidad en los encuentros sexuales. Es así cuando también se preserva el deseo. Incluso puede enriquecerse, porque la mujer conoce mejor su cuerpo y toma la responsabilidad de su propio placer y su excitación".

Pero en el caso contrario, cuando "uno de los dos siente que el otro toma el control y sólo conecta con sus propias necesidades, sin tener en cuenta a la pareja, el sexo deja de ser algo lleno de matices, sabores y colores y se convierte en algo aburrido y mecánico".

Tópicos

Defiende, también, la coherencia de los datos de la nueva investigación. "Que a la mujer no le guste el sexo tanto como al hombre es un auténtico topicazo. El problema es que cultural y socialmente todavía existen muchas barreras. Que un hombre se entregue no es reprochable, no está mal visto y cuando quiere sexo lo busca sin descanso. Sin embargo, todavía ellas piensan que demandarlo está mal visto. Aún no hemos conseguido la igualdad en la intimidad de la pareja".

El nuevo estudio, el primero en examinar los parámetros sexuales y la relación de las parejas de mediana edad o mayores (los varones tenían una media de 55 años y las féminas de 52) con hijos (un 99% tenía descendencia), se llevó a cabo con encuestas.

Un total de 125 preguntas sobre satisfacción en las relaciones sexuales, el estado de salud, la frecuencia en el contacto íntimo (caricias, abrazos, besos...), importancia del orgasmo, felicidad en la pareja, frecuencia del sexo, entre otras cuestiones. "Los esfuerzos en la investigación para entender el papel de la sexualidad en la vida de los humanos rara vez involucran relaciones de parejas intactas a lo largo de los años. Se menciona constantemente en los trabajos realizados comentarios sobre el divorcio, pero es importante señalar que, aunque las tasas son altas, por ejemplo en Estados Unidos, las parejas tienden a permanecer casadas (más del 50% de ellas), una cifra que asciende al 90% en España", comenta la doctora Heiman.

Contribuye con su investigación a aumentar también la evidencia científica de que la salud física y mental en los hombres y las mujeres de mediana edad marca la diferencia entre tener o no buen sexo. "Estar en buena forma eleva la funcionalidad y la frecuencia sexual. Los dos miembros necesitan de sexo habitual para manifestarse satisfechos. Ellos requieren, además, que sus parejas alcancen el orgasmo para sentirse bien en la cama".

Los más satisfechos

Otro dato llamativo: "Aquéllos que han tenido más parejas a lo largo de su vida son los que menos gozan de su vida erótica", documentan las conclusiones. A la luz también se exponen las diferencias entre países. Así, los varones japoneses y las mujeres niponas y brasileñas son los que más gozan del sexo.

"No sé por qué existen estas diferencias, pero ahora sí conocemos que la complacencia con la vida sexual o con la vida en pareja son hasta cierto grado dos cosas independientes y con distinto impacto de género. Y los años de una relación son útiles como marco inicial para comenzar a examinar con mayor profundidad, cómo variables como el sexo y la convivencia interactúan en las distintas etapas de la vida", determina Julia Heiman.

Ningún estudio "da una respuesta definitiva sobre las claves de la excitación y el deseo, pero está claro que hay mitos que van cayendo como el hecho de que los hombres sólo quieren sexo y las mujeres, únicamente amor. Una relación de larga duración no significa menos sexo y menos placentero", determina la psicóloga Castaño

Su cerebro se encoge con la edad

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Cerebro humano

El cerebro de los humanos es tres veces más grande que el de los chimpancés.

El cerebro de los humanos se encoge con la edad, algo que no sucede con el de nuestro familiar más cercano, el chimpancé, según un estudio de científicos estadounidenses.

La investigación, publicada en el Proceedings of the National Academy of Sciences paper, sugiere que el período evolutivo que separa a los humanos de los chimpancés (que se estima entre 5 y 8 millones de años) explican la diferencia en cómo ambas especies envejecen.

Investigaciones previas habían determinado que en la medida en que envejecemos nuestros cerebros comienzan a ser más ligeros.

Según explica Jennifer Carpenter, corresponsal de temas científicos de la BBC, a la edad de 80 años, el cerebro promedio humano ha perdido un 15% de su peso original.

Quienes sufren de enfermedades como Alzheimer experimentan incluso mayor reducción del cerebro.

Esto está asociado a un declive en la delicada estructura de las neuronas y las conexiones entre ellas.

La corresponsal de la BBC señala que en la medida en que se deteriora la estructura del cerebro, también hay una pérdida de la habilidad para procesar pensamientos, memorizar y enviar señales a otras partes del cuerpo.

También se sabe que ciertas áreas del cerebro sufren mayor deterioro; la corteza cerebral, importante para procesar y analizar, se encoge más que el cerebelo, que se encarga del control motriz.

Las razones

"(El estudio) ofrece muy buenas evidencias de que el patrón de envejecimiento del cerebro en los humanos es bastante diferente del de otros animales."

Tom Preuss, neurocientista

Pero hasta ahora los científicos no habían entendido por qué el cerebro humano experimenta esta constante pérdida de materia gris.

El hecho de que los chimpancés no sufren este mismo deterioro, ha llevado a muchos a preguntarse de si se trata de una característica única de los humanos.

El equipo de neurocientistas, antropólogos y expertos en primates trató de dar una respuesta a esta pregunta.

El equipo comparó resonancias magnéticas de más de 80 humanos saludables entre 22 y 88 años con los de un número similar de chimpancés criados en cautiverio.

Los resultados del estudio indican que el cerebro de los chimpancés no se deteriora con la edad.

El antropólogo Chet Sherwood, de la Universidad George Washington en Estados Unidos, quien lideró el estudio señaló que en sentido evolutivo los humanos viven más tiempo para compensar por nuestros cerebros más grandes.

En ese sentido, vivir más tiempo es una adaptación al hecho de que contamos con cerebros más grandes.

Los humanos tienen una vida mucho más larga que cualquier otro primate y sus cerebros son tres veces más grandes que los del chimpancé.

Ayudar a familiares

Chimpancés

Los chimpancés son mucho menos vulnerables a enfermedades vinculadas a la edad.

Según Sherwood, este tiempo extra de vida de los abuelos tiene como función, en términos de la evolución humana, liberar a los padres de ser los únicos responsables de criar a infantes energéticos que tienen cerebros mayores.

Envejecer, según esto, es una manifestación visible del estrés de vivir más tiempo para darle una mano a los familiares.

"(El estudio) ofrece muy buenas evidencias de que el patrón de envejecimiento del cerebro en los humanos es bastante diferente del de otros animales", comentó el neurocientista Tom Preuss, de la Universidad Emory en Atlanta, que no participó de la investigación.

La investigación determinó también que los humanos son más vulnerables que los chimpancés a las enfermedades vinculadas a la edad precisamente porque viven más tiempo.

El profesor Preuss señaló que estas diferencias no llevan a que otros animales no puedan ser modelos para el estudio de enfermedades vinculadas a la edad.

Por el contrario, estas diferencias podrían explicar por qué los humanos sufren más que otras especies.

sábado, 23 de julio de 2011

El estrés en el embarazo produce bebés ansiosos

El estrés de una madre durante el embarazo puede programar genéticamente al bebé que se está desarrollando a ser más susceptible a la ansiedad y los problemas de conducta más tarde en su vida.

Feto

El feto es particularmente sensible al ambiente en el útero.

Una investigación llevada a cabo en Alemania encontró que un alto nivel de estrés provoca cambios biológicos en el receptor encargado de las hormonas del estrés en el feto.

Y esto puede provocar que el niño sea menos capaz de manejar el estrés más tarde en su vida.

Estudios en el pasado ya han demostrado que el estrés puede "contagiarse" de la madre a sus hijos. Pero esta investigación muestra por primera vez que la asociación no sólo es ambiental sino también biológica.

Según los investigadores de la Universidad de Konstanz, el estrés puede pasar de la madre al feto en el útero y tener un efecto que puede durar toda la vida.

Los expertos subrayan, sin embargo, que este hallazgo -publicado en la revista Translational Psychiatry (Psiquiatría Traslacional)- se basó en una muestra pequeña de 25 mujeres y sus bebés, a los que se siguió durante 19 años.

Además, dicen, las mujeres que participaron en la investigación se vieron sometidas a circunstancias de un alto nivel de estrés, como por ejemplo violencia doméstica.

Pero aún así, señalan, los resultados son importantes porque demuestran la importancia de la salud física y mental durante el embarazo y su impacto más tarde en la vida del niño.

Ambiente: clave

Tal como señalan los doctores Helen Gunter y Thomas Elbert, quienes llevaron a cabo el estudio, el primer ambiente de desarrollo del bebé, el útero, es clave.

Las madres que participaron en la investigación habían vivido durante su embarazo con la amenaza constante de violencia de su esposo o pareja.

"El embarazo es un período particularmente sensible al desafiante ambiente psicosocial materno, mucho más que después de que nace el bebé"

Dr. Carmine Parente

Cuando posteriormente los científicos estudiaron a los hijos de esas mujeres, cuando tenían entre 10 y 19 años, encontraron cambios en un gen, el del receptor de glucocorticoides (GR), que es esencial en la respuesta del individuo ante el estrés.

El GR ayuda a regular la respuesta hormonal del organismo ante el estrés. Es decir, puede hacer a un individuo más consciente del estrés para poder reaccionar a éste más rápido tanto mental como hormonalmente.

Los adolescentes de madres que vivieron un embarazo normal y relajado no mostraban esos cambios.

Este tipo de alteraciones genéticas, dicen los investigadores, ocurren principalmente cuando el bebé se está desarrollando en el útero.

Los investigadores también llevaron a cabo entrevistas detalladas con los adolescentes hijos de las madres estudiadas.

Encontraron que eran por lo general más impulsivos y tenían más problemas para controlar sus emociones que los adolescentes de madres sin estrés.

"Parecería como si el feto recibiera señales de su madre que le indican que va a nacer en un mundo peligroso. Los adolescentes de estas madres eran los más impulsivos", explica el profesor Elbert.

"También mostraron un umbral más bajo ante el estrés y parecen ser más susceptibles a éste", agrega.

Los científicos planean ahora llevar a cabo estudios más amplios con un número mayor de madres y sus hijos para confirmar estos resultados.

Según señala Carmine Pariante, experto en psicología del estrés del Instituto de Psiquiatría del King's College de Londres, "esta investigación confirma que los primeros años en los que se sienta el cimiento de la vida comienzan nueve meses antes del nacimiento".

"El embarazo es un período particularmente sensible al desafiante ambiente psicosocial materno, mucho más que después de que nace el bebé".

"Tal como tanto nosotros como otros investigadores hemos estado abogando, combatir el estrés y la depresión materna durante el embarazo es una estrategia clínica y socialmente importante", afirma el experto.

viernes, 22 de julio de 2011

CADA DIA ESTOY MAS GORDO

'Pescaíto' frito, no más de dos veces por semana

Los alimentos fritos favorecen la obesidad. | Quique Fidalgo

Los alimentos fritos favorecen la obesidad.

El consumo de cuatro o más raciones de alimentos fritos, o siete o más copas de cerveza o licores por semana está directamente relacionado con mayores índices de sobrepeso y obesidad, según ha concluido la investigadora Carmen Sayón, del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra.

Así se desprende del estudio que se ha desarrollado dentro del Proyecto SUN (Seguimiento Universidad de Navarra). Un primer artículo se ha publicado ya en la revista 'Nutrition' y, en breve, otra publicación científica, 'Nutrition Metabolism and Cardiovascular Diseases', se hará eco del trabajo de Carmen Sayón.

El proyecto SUN, uno de los estudios de nutrición con mayor número de voluntarios en España, ha permitido a la investigadora española contar con los datos sobre hábitos alimentarios y de vida de más de 9.000 graduados con una media de 38 años de edad, a quienes se ha realizado un seguimiento durante los últimos seis años.

Según se concluye de los resultados obtenidos, el consumo de alcohol -en forma de licores y cerveza- y el exceso de alimentos fritos "se asocia a mayor ganancia de peso, no así si la cantidad de alcohol es menor o si se trata de otro tipo de bebidas, como el vino tinto", aclara la investigadora.

En este sentido, el trabajo no reveló diferencias respecto a la influencia de alcohol y alimentos fritos en el aumento del sobrepeso entre hombres y mujeres.

No más de de una copa

Para los expertos, el consumo de bebidas alcohólicas debe ser lo más moderado posible: "No más de una copa al día en el caso de las mujeres y no más de dos en el de los hombres. Y, a poder ser, en forma de vino tinto", subraya la experta.

En el caso de los alimentos fritos, la doctora considera que éstos no deben superar las dos raciones por semana. "Además, parece que puede ser preferible freír los alimentos con aceite de oliva virgen", destaca.

Además de la Universidad de Navarra, en el proyecto SUN colaboran varias universidades españolas, entre ellas, la Universidad de Cantabria y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Asimismo, cuenta con la financiación del Instituto de Salud Carlos III de Madrid, como parte de la red PREDIMED (Alimentación Saludable en la Prevención Primaria de Enfermedades Crónicas).



Pues los encuestadores no estuvieron en Cádiz,tierra del "pescaito frito"donde no hay obesos.

Claro,para ellos el aceite es esa mierda de aceite de cacahuete,girasol o colza,sin hablar de la grasa de cerdo o saturada de vaca.

Prueben a comer con aceite de oliva de primera prensa y una sola fritura...

Ya ven vivo en Cádiz,como fritos y no estoy obeso.

Del alcohol no quiero hablar,una cosa es una copa de manzanilla o fino,incluso de tinto de Rioja o de la Ribera del Duero y otra es esa porquería de destilado baratos con que se emborrachan en Europa.

miércoles, 20 de julio de 2011

EL ABORTO ARGENTINO DE CRISTINA

Fracasos

Por Mariana Carbajal

El aborto es un problema de salud pública, justicia social y derechos humanos. No se resuelve con mano dura y generando terror. La penalización lo único que consigue es poner en situación de mayor vulnerabilidad a aquellas mujeres de sectores populares que enfrentan un embarazo que no quieren continuar sin contar con el dinero que cuesta una intervención segura (clandestina, pero segura). La criminalización del aborto atemoriza a las mujeres, demoniza la práctica, pero no la evita. La amenaza punitiva claramente no es eficaz. La persecución penal tampoco. Cada año deberían ir presas las casi 460 mil mujeres que se estima –de acuerdo con estudios encargados por el Ministerio de Salud de la Nación– que recurren a un aborto. ¿Estamos dispuestos como sociedad a meterlas en prisión? Son mujeres cercanas. Una tía, una prima, una amiga, la esposa del jefe, la compañera de trabajo, la maestra de nuestro hijos, nosotras mismas.

El Informe sobre Derechos Humanos en Argentina 2011, publicado por el CELS, aporta algunos datos que ayudan a comprender el fenómeno: entre 1993 y 2009 sólo en la Ciudad de Buenos Aires se registraron cerca de 1130 causas por el delito de aborto, 809 de las cuales fueron por aborto propio. “Si bien las cifras indican que los números son, año a año, cada vez más bajos, hay cientos de mujeres que deben enfrentar largos procesos penales, con el claro impacto sobre la vida personal, familiar, económica que ello implica”, señala Andrea Pochak, hasta hace pocos días directora adjunta del CELS, autora del capítulo del Informe sobre “La despenalización del aborto en la Argentina”. Por eso, agrega Pochak, qué importa sin las condenas han sido pocas: el sufrimiento es grande. De acuerdo con datos obtenidos por el Cedes, apenas 22 mujeres fueron condenadas en todo el país por el delito de aborto entre 2002 y 2008. “Sólo en la provincia de Mendoza, en el período 1996-2009, se dictaron ocho condenas a mujeres”, señala Pochak. La persecución judicial, indican las sentencias, no está dirigida a los profesionales de la salud o parteras y curanderas que favorecen o llevan a cabo la interrupción de embarazo, sino hacia las mujeres, que en la desesperación de un embarazo no deseado son capaces, incluso, de poner en riesgo su propia integridad física, con tal de poner fin a una gestación inconveniente. Otro dato interesante que aporta el rastreo del Cedes: ningún médico ha sido condenado en los últimos años por el delito de aborto. ¿Para qué mantener entonces el aborto en el Código Penal si no se persigue el delito, no resulta disuasivo para prevenirlo y lo único que consigue son graves consecuencias en la salud y la vida de las mujeres por la amenaza punitiva?

Brindar educación sexual integral en las escuelas, promover el acceso a la anticoncepción, difundir la posibilidad de recurrir a anticoncepción hormonal de emergencia ante un coito sin protección, y garantizar un aborto seguro para aquellas mujeres que deciden interrumpir voluntariamente una gestación, son los caminos adecuados para proteger la salud y la vida de más de la mitad de la población del país. La penalización ya ha demostrado su fracaso. ¿Qué más se debe esperar?

Fuente texto: diario Página 12, 18 de julio de 2011

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