domingo, 1 de julio de 2012

TODO ES SEXO,PARA LOS HOMBRES...

El erotismo como herramienta para la superación personal

En su flamante y polémico ensayo "El capital erótico", la socióloga británica Catherine Hakim analiza la manera en que el entramado de elementos estéticos, físicos y sexuales desplegados por un individuo impacta sobre el resto de la sociedad, en el marco de una cultura que le asigna un rol central a la sexualidad.
A contramano de las descalificaciones habituales que recibe la belleza como herramienta para la superación personal, "El capital erótico" (Debate) reivindica la posibilidad de utilizar en beneficio propio este atractivo: lucir bien y tener gestos que despierten la empatía son estrategias que para la investigadora aportan un plus a la calificación intelectual y profesional.
Hakim retoma las categorías trabajadas por su colega francés Pierre Bordieu como activos de la personalidad -el capital económico, el cultural y el social- y le adiciona esta nueva variable -el capital erótico- que a diferencia de las anteriores posee un carácter subversivo en tanto puede resultar esquiva aún para las elites.
"Ningún padre rico puede garantizar que sus hijos nazcan guapos y atractivos, aunque sí invertir mucho dinero para `mejorarlos`", sostiene esta mujer egresada de la London School of Economics que desde la publicación de su obra se ha enfrentado a los embates de distintas agrupaciones feministas, disgustadas con la idea de que el sexo constituya una variable de acumulación económica equivalente al capital intelectual o financiero.
Sustentado en un análisis riguroso y una cuantiosa bibliografía que ocupa gran parte de la obra, el ensayo alienta a hombres y mujeres -en especial estas últimas- a sacar provecho del poder erótico, un "capital" que ha sido invisibilizado porque se concentra principalmente en manos femeninas.
Según Hakim los hombres –y hasta algunas mujeres influidas por el patriarcado- han tomado medidas para evitar que las mujeres aprovechen su potencial de seducción (una de las “principales ventajas” femeninas, según su mirada) bajo la insinuación de que la dimensión erótica carece de valor.
“Las mujeres deben aprender a exigir un trato más justo, tanto en la vida privada como en la pública, pero el punto de partida es que tomen conciencia y den validez al capital erótico de las mujeres, y estén dispuestas a sacar provecho del hecho social del déficit sexual masculino, del mismo modo que los hombres sacan provecho de todas sus ventajas”, esboza Hakim.
Bajo la consigna de que el atractivo físico puede abrir puertas en el mercado laboral en un mundo tan sexualizado como el actual,  la autora identifica seis elementos que integran el capital erótico -belleza, atractivo sexual, habilidades sociales, viveza, presentación en sociedad y sexualidad-, al que califica como "una obra de arte que es posible aprender”.
“Una de las claves del capital erótico es que puede ser completamente independiente del origen social, y erigirse en un vehículo de movilidad social ascendente muy rápido”, sostiene Hakim, nacida en Oriente Medio en 1948 y educada en Gran Bretaña desde los 16 años.
Para explicar las razones de la exclusión del capital erótico en los estudios sociales previos, la autora remarca el sesgo patriarcal que sufren algunas disciplinas, atravesadas por una suerte de ideología moral que impide que las mujeres aprovechen su capital erótico para lograr beneficios económicos y sociales.
En "El capital erótico", la autora también trabaja sobre lo que denomina "déficit sexual masculino", un concepto que describe cómo  los hombres demandan mucho más sexo del que reciben a todas las edades mientras que las mujeres manifiestan niveles más bajos de deseo sexual, así como de actividad, lo que provoca que ellos se sientan “casi toda la vida sexualmente frustrados”.
Para explicar esta "disparidad sexual", la ensayista evoca una escena del film "Annie Hall" (1977), de Woody Allen, en la que los dos miembros de la relación muestran sus diferentes puntos de vista acerca de la frecuencia sexual de la pareja cuando asisten  al psicólogo y responden a la pregunta sobre la frecuencia de sus encuentros sexuales.
Mientras el personaje de Allen contesta apesadumbrado que “casi nunca; tal vez tres veces por semana”, el de Hall responde -casi con enojo- que “constantemente; unas tres veces a la semana”.
Para Hakim, el deseo no sería tanto una construcción de la sociedad como algo innato en los varones que provoca frustraciones desde la adolescencia y ejerce una influencia oculta en las actitudes masculinas frente a las mujeres, no sólo en las relaciones privadas sino en la esfera pública.
La conclusión de la investigadora es que las mujeres tienen en todo el mundo más capital erótico -entre otras cosas porque le dedican mayor esfuerzo-, un atributo que adquiere valor especial en situaciones en las que se entretejen la vida pública y la privada.

¿El anuncio de condones más ingenioso?


En castellano: “Para quienes hayáis usado los condones de nuestros competidores, Feliz Día del Padre.”
Este anuncio de Durex apareció el día del Padre en Inglaterra y los EEUU (allí el Día del Padre se celebra en el tercer domingo de Junio).
No tengo idea de cómo funciona el mundo de la publicidad, pero siempre he tenido la impresión de que el mayor premio para un creativo es que le encarguen un anuncio de condones. Las posibilidades para lucir ingenio son inmensas.
Ser publicista y que te pidan un anuncio de condones es equivalente a ser delantero centro y jugar de titular la final de un Mundial. En ambos casos, se trata de meterla. Aunque sea con la puntita.

sábado, 30 de junio de 2012

¿Qué es un hombre?: intelectuales y psicoanalistas analizan la nueva virilidad

Intelectuales como Georges Vigarello, Jean-Jacques Courtine y Alain Corbin aseguran que la virilidad es un “atributo” en decadencia. La pregunta freudiana ¿qué quiere una mujer? parece haber cambiado por ¿qué es un hombre? Algunas reflexiones de psicoanalistas y del escritor francés Philippe Sollers al respecto.

POR Pablo E. Chacón

En 1998, el sociólogo Pierre Bourdieu escribió una frase lapidaria: “La virilidad, entendida como capacidad reproductiva, sexual y social pero también como aptitud para el combate y el ejercicio de la violencia es, ante todo, un peso”. Sin caer en una sociología “feminista” que elogia la empatía, la capacidad de emprendimiento y la autonomía económica y formación intelectual de las mujeres, es cierto que el peso específico de los hombres en la dirección de la cultura contemporánea ya no tambalea sino que cayó por su propio peso. Los efectos son múltiples (y siempre singulares) aunque ciertas correlaciones destacan –entre los antiguos amos– un aumento de las depresiones, poca resistencia para soportar la equivalencia o la prescindencia, así como el disparatado protagonismo que tienen en los episodios de violencia de género, cada vez más habituales, en los países industrializados y en los otros.
La psicoanalista (y codirectora de la revista Registros, cuyo último número está dedicado a los hombres), Gabriela Grinbaum, es clara: “Lo vemos, es fenoménico. Los hombres hoy corren a las mujeres del espejo para mirarse ellos. ¿Qué pasó? Cuando nos encontrábamos en el régimen del Nombre del Padre, cuando el Otro contaba con una consistencia tal que no requería de la multiplicidad de identificaciones para responder a la pregunta ¿qué es un hombre?, la cosa era más clara. Hoy los medios dictaminan líneas identificatorias. Estamos en la “hipermodernidad”, como dijo Jacques-Alain Miller tomando a (Gilles) Lipovetsky. La igualdad laboral, incluso el dominio de las mujeres en las empresas, en el mundo, las mujeres presidentas, todo eso modificó el lazo entre unos y otras. Hay algo amenazador para muchos hombres que se enfrentan con estas mujeres, “las nuevas patronas”, como las bautizó Ernesto Sinatra. Estas mujeres que intimidan a los hombres invitándolos a sus departamentos, a tener sexo... Es un rasgo de la época. En ese sentido, existe una cierta inversión: el hombre es tomado como objeto sexual. Y muchos no lo soportan”.
Carlos Gustavo Motta, psicoanalista y docente arriesga que “la época cambia. Sabemos que el significante Nombre del Padre se encuentra devaluado y eso, traducido a lo cotidiano, muestra la dificultad del hombre por insertarse en la dimensión simbólica. Hasta el superhéroe muestra sus estigmas cuando declara, como Linterna Verde, que es gay. Y en el film de Steve McQueen, ‘Shame’, el protagonista sólo confiesa sus debilidades y muestra su fuerza en la cama, hasta que se enamora y este afecto, cual kriptonita para Superman, lo vuelve impotente”.
También psicoanalista, Adriana Rubistein constata algunos “problemas” que obsesionan a los hombres contemporáneos: “Se podría hablar de una virilidad en el plano identificatorio, en donde cada época ofrece una combinación simbólico-imaginaria de los atributos masculinos. Pero no puede confundirse la virilidad sólo con eso y mucho menos confundir la virilidad con el machismo, que de hecho funciona como una impostura. Tener que demostrar que se es muy macho hace sospechar una fragilidad de la virilidad. La virilidad en un plano más real pone en juego el problema de cómo un hombre se las arregla con el otro sexo partiendo del hecho de que ‘no hay nada escrito sobre la relación sexual’, que hay un imposible, que es necesario inventar. La relación del hombre con el falo, con el objeto y con el Otro sexo permite entender las distintas soluciones que pueden encontrarse. Para acercarse a una mujer es necesario que el hombre apueste, juegue su castración, y esta época se caracteriza por un rechazo de la castración que afecta la posición viril (del hombre) y su relación con las mujeres. Pero es una época en que también hay una caída del Nombre del Padre, una pluralización y una pérdida de las referencias que hacían que la virilidad pudiera sostenerse. La virilidad, en esta perspectiva, está ligada al Nombre del Padre, y su crisis da lugar a una feminización. ¿Qué vemos? Que los hombres parecen haber perdido los sostenes imaginario-simbólicos que les aseguraban virilidad, que pierden la iniciativa frente al encuentro sexual y esperan que las mujeres lo hagan por ellos”.
Y Motta insiste: “Presenciamos el auge de lo que Lacan llamó ‘la ética del soltero’, de la que el propio Kant prescribió la exclusión de la mujer, estrategia de erradicación de lo femenino y acrecentamiento del concepto Uno (ese que atraviesa el Seminario ‘…o peor’): una mujer es Otra para un hombre. Un hombre, en su encuentro con una mujer, la pone a trabajar de lo Uno, sea por su propia soledad, ya que lo Uno no se anuda con nada de lo que parezca el Otro sexual”. El ejemplo ayuda: “Una nota en Clarín, del 24 de junio de 2012, responde en parte a este interrogante: la ola del autismo (y no de aquel que los laboratorios medicinales recomiendan medicalizar) se instala en  las llamadas Silent Sounds, fiestas silenciosas que son top en Nueva York y amenazan su aterrizaje por estas tierras ajenas a su folklore, a su música popular, a su tango. Fiestas donde cada uno tiene su auricular y baila con otro, quizás no sabiendo cuál es la armonía de su compañero. En el ambiente no se escucha música. Y por otro lado, aquello que era marginal y oprobioso ya no lo es. La homosexualidad se ha puesto a la par que la heterosexualidad: la bisexualidad se enuncia para aquellos que aún no han decidido mantener relaciones con su mismo sexo de manera franca. Las prácticas SM tienen sus boliches particulares, así como los swingers gozan de sus intercambios sin mencionar otras prácticas sexuales privadas o públicas compartidas, sectorizadas, aprobadas sólo por algunos en clubes de categoría, como muestra Kubrick en Ojos bien cerrados, basada en la novela de Arthur Schnitzler”.
Rubistein da otro paso: “En esta época, efectivamente, todos parecen ‘más libres’, cada uno goza a su manera, pero es tiempo de grandes soledades. El goce auto-erótico, el paso de un partenaire a otro, supuestamente un triunfo de la libertad, es engañoso, deja expuestos a hombres y mujeres a un goce peligroso. El matrimonio, con todos sus embrollos, da un marco de estabilización y acotamiento del goce que cuando no funciona produce angustia, propia de este momento, igual que las soledades del Uno a las que estamos expuestos”.
¿El buey solo bien se lame? No está tan claro. En Shame, Brandon, el protagonista, un puritano que no puede evitar los imperativos que lo empujan por más sexo y nada de amor, es uno de los ejemplos actuales de la “ética del soltero” que Lacan supo definir cuando habló del escritor Henri de Montherlant en 1974.
Lo explica Grinbaum: “Lacan se refirió en Televisión a la ética del soltero para referirse al goce solitario, al goce idiota de la masturbación. Es cierto que hoy es más fácil satisfacer la pulsión sin tener que pasar por el partenaire sexual. Hay una oferta cibernética a ese nivel: la cosa marcha sin demasiado esfuerzo. Y es bien cierto que el hombre se las arregla solo mucho mejor que la mujer. Se las arregla con su órgano. En la actualidad vemos más hombres solos que conviven con un zapping de relaciones esporádicas pero también están aquellos que buscan el matrimonio. Es el hombre el que retrocede. Está turbado, se feminiza, empujado por las mujeres. Pero eso no responde a la pregunta por la virilidad. La virilidad, como dice Graciela Brodsky, no es la imaginaria de la barba o la campera de cuero. La verdadera virilidad implica creer que una mujer puede revelarle algo al hombre que le es absolutamente desconocido”.
Sobre la soledad, tiene sus dudas: “Yo no estoy segura que la diversificación de la oferta sexual acentúe la soledad. La soledad de la que en general hablan las mujeres, la sufren, se quejan, la sufren en relación al amor. Esto –creo– no sólo tiene que ver con su actual devaluación, aunque el amor contemporáneo consuena con la liquidez, como dice Zygmunt Bauman. Y cuando finalmente se asoma, la rapidez con la que se va está de la mano con la velocidad de la época”.
Rubistein es más clásica: “Lacan no habla del soltero como una categoría clínica, habla de una ética del soltero encarnada por Montherlant, uno de cuyos libros se titula, justamente, Los solteros, y es de 1934. Pero él se caracterizaba por su rechazo de lo femenino. Era homosexual y pedófilo. Su alegría era no haberse casado”.
Entonces, ¿cómo entender que Lacan hable de ética?
“Bueno, frente al exilio de los sexos, frente a la no inscripción de la relación sexual, cada uno encuentra o inventa algún modo de relación o no con el Otro. El soltero decide no casarse, es una ética. Pero más allá de su estado civil, la ética del soltero es el goce del idiota, el goce masturbatorio, el predominio de un goce auto-erótico. En el seminario 17 Lacan toma la frase de (Marcel) Duchamp, ‘el soltero se hace sólo el chocolate’. Hay un rechazo de lo Otro”.
Y ¿qué diferencia puede encontrarse entre el soltero de aquella época y el de ésta?
“Quizá no haya una respuesta única. Pero es posible que entones el Nombre del Padre marcara de manera más clara ciertos caminos. Ahora, con la caída del Nombre del Padre y el predominio del Uno, del Uno solo, se alienta el autoerotismo. Y muchos hombres disfrutan del goce fálico eludiendo la relación amorosa, que requiere un paso al cuerpo del Otro que el goce auto-erótico rechaza. Las adicciones están en la misma dirección: eludir el encuentro con el otro sexo. Pero el tema no es unívoco, las posiciones entre los sexos presentan singularidades. No conviene generalizar sino  localizar la singularidad, la modalidad de goce”.
“Es cierto”, dice Motta, “el psicoanálisis tiene una respuesta singular, y la época actual la escabulle por falta de tiempo, de dinero, excusas que como señala Freud son mojigaterías que implican alejarse del compromiso con la palabra y que pueden neutralizar la percepción de la manera que cada uno es afectado por la soledad. En el horizonte se encuentra el interrogante: algo que es un embrollo pero que encierra la angustia de no saber hacer”.
Debora Rabinovich, codirectora, con Grinbaum, de Registros, dice no saber si la virilidad, pero “sí que los hombres han entrado en una época en la que parecen tomados por los semblantes femeninos”; y también que “el matrimonio fundado en el amor es un derecho que la época ha otorgado, y esto se extiende a la diversificación de parejas posibles, tanto hetero como homosexuales”. Pero siempre hay un pero: “Ni esta posibilidad, ni las múltiples ofertas sexuales, pueden suplir el agujero que existe por estructura, aquello que Lacan nombró diciendo ‘no hay relación sexual’”.
Philippe Sollers es ese escritor que parece saberlo casi todo de las mujeres. Así se llama uno de sus libros, Mujeres. Y desde hace años sostiene que el mundo está en manos femeninas. “Yo escribo Les zóms… no quiere decir nada, porque hay de todos los tipos, en cada continente. Es una abstracción, no podemos hablar de los hombres en general. Hay que hablar de tal o cual hombre en particular. Y no es necesario abundar. Para ser preciso, el tema de la sexualidad masculina no anda bien. Esto es porque ha sido despojada de su función reproductora, al menos en los países occidentales desarrollados. Despojada por la técnica. En ese sentido, las mujeres fueron despojadas de otra forma, pero todavía conservan el privilegio del embarazo. Nos estamos acercando al útero artificial. Si se está en el mundo occidental, el privilegio de ser el agente de la reproducción ya no es el mismo. ¿Qué es un hombre? Es un portador de reserva espermática. Es una reserva de esperma”, dice sin dudar quien fuera íntimo amigo de Jaques Lacan y hoy lo es de su yerno, Miller.
Sólo eso, y con suerte. Lo que resta es un personaje un tanto patético, atado a sus componentes de tribu, identitarios, básicos, sin funciones económicas, políticas o sexuales clave (todo eso puede reemplazarse); con la excepción, quizá, de cierto dandismo un tanto anacrónico, como el héroe de los récords, la inteligencia anormal, cierto estilo de femineidad animal o el monje que de vuelta al tabernáculo prescinde de otra compañía que no sea la del tiempo, el espacio y los animales, tal cual sucede en el último Don DeLillo.-

Hombres y mujeres experimentan las mismas fantasías sexuales, según un estudio

Sexo
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  • Ambos sexos fantasean con aspectos íntimos o románticos que involucran a la pareja o persona amada, según la Universidad de Granada.
  • El estudio refuerza la teoría de que "ellos piensan más en el sexo que ellas".
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Un estudio de la Universidad de Granada demuestra que no existen diferencias significativas entre las fantasías sexuales que experimentan habitualmente los hombres y las mujeres, dado que ambos sexos fantasean con aspectos íntimos o románticos que involucran a la pareja o persona amada.
Según este estudio, dado a conocer por la institución académica, los hombres tienen más fantasías sexuales (positivas y negativas) que las mujeres, lo que confirmaría, a juicio de los investigadores, la vieja creencia de que "ellos piensan más en el sexo que ellas".
Para llevar a cabo esta investigación sus autores trabajaron con una muestra formada por 2.250 españoles (49,6 % hombres y 50,4 % mujeres), con edades comprendidas entre 18 y 73 años y que mantenían una relación de pareja heterosexual de al menos seis meses.
Los hombres fantasean con actividades relacionadas con sexo en grupo Los científicos obtuvieron la información a través de una encuesta recogida de modo incidental, para lo que contaron con la participación de institutos provinciales de educación permanente de varias ciudades andaluzas, centros de educación de adultos, talleres de empleo, la Biblioteca Pública Municipal de Granada y varias facultades de la Universidad de Granada y Complutense de Madrid.
Los resultados obtenidos indican que casi el cien por cien de hombres y mujeres ha experimentado alguna fantasía sexual de modo placentero y agradable a lo largo de su vida, y en torno el 80 % de la muestra encuestada informa haber experimentado, al menos, una fantasía sexual de forma negativa o desagradable en algún momento.

Cambia la frecuencia

Donde sí se dan diferencias es cuando se compara la frecuencia con que se tienen determinadas fantasías en ambos sexos. En concreto, los científicos observaron que las mujeres experimentan de modo agradable, con mayor frecuencia que los hombres, fantasías de tipo íntimo y romántico algunas veces al mes.
Sin embargo, los hombres piensan con mayor frecuencia que ellas en actividades exploratorias, relacionadas con sexo en grupo o búsqueda de nuevas sensaciones, como "Ser promiscuo", "Intercambio de parejas" o "Participar en una orgía". La frecuencia de esta fantasía va desde "alguna vez en la vida" a "alguna vez al año", según la Universidad.
Las fantasías sexuales que son experimentadas de un modo más desagradable o no placentero son las relacionadas con temas de sumisión sexual. En concreto, las mujeres piensan alguna vez en la vida, de modo más frecuente que los hombres, en "Ser presionada a mantener relaciones sexuales".
Los hombres, sin embargo, tienen el pensamiento de participar en actividades homosexuales con una connotación negativa de modo más frecuente que las mujeres. Los resultados se publicarán en otoño en la revista Anales de Psicología.
El Supremo de EEUU avala la reforma sanitaria de Obama



Desde que accediera a la Casa Blanca en noviembre de 2008, el presidente de EEUU, Barack Obama, ha logrado este jueves su mayor victoria. Un golpe de efecto que podría, incluso, declinar la balanza en las próximas presidenciales, en las que se presenta a la reelección ante el candidato republicano, Mitt Romney. Y es que Obama ha visto como el Tribunal Supremo le otorgaba la razón con respecto a su ambiciosa reforma sanitaria, para lograr, que por primera vez en la historia del país, se garantice la cobertura sanitaria universal .
El Alto Tribunal ha sostenido que la parte central de la reforma, que requiere que los estadounidenses tengan que contratar un seguro de atención médica, se ajusta a la Constitución. Esta reforma amplía la cobertura sanitaria a más de 30 millones de estadounidenses que no contaban con un seguro y supone una inversión de 2,6 billones de dólares.
En una declaración pública, el presidente de EEUU ha pedido que no se reabran las discusiones políticas que dividieron al país durante su tramitación. "No hice esto pensando que era bueno políticamente ; lo hice pensando que era bueno para el conjunto de la nación", ha asegurado Obama.
El presidente estadounidense afirmó que "es fundamental que ningún accidente o enfermedad lleve a nadie a la ruina". "La gente que tiene la capacidad de permitirse un seguro debe y tiene la responsabilidad de adquirirlo", indicó el presidente. Insistió en que las discusiones acerca de quién ha ganado o perdido con la sentencia "equivocan el problema". "El país no se puede permitir pelear en las mismas batallas políticas. Es la hora de avanzar", subrayó.
El presidente citó entre las ventajas que progresivamente ha generado su reforma que en la actualidad los jóvenes adultos de hasta 26 años están incluidos en las pólizas de sus padres, mientras estudian y no pueden financiarse su propia póliza, o que los jubilados paguen menos por sus medicinas.
Histórico fallo El histórico fallo se centra en lo que se conoce como el "mandato individual" y supone, sobre todo, una victoria política para Obama ante los empeños del partido republicano, que ha intentado enterrar la reforma durante los últimos tres años argumentando que la ley se inmiscuye demasiado en la vidas privadas de los ciudadanos y en el negocio de los diferentes estados.
"El requisito de la de la Ley de Asistencia Médica de que ciertos individuos paguen una sanción económica por no obtener un seguro de salud puede razonablemente caracterizarse como un impuesto", ha asegurado el presidente del Tribunal Supremo, John Roberts.
"Debido a que la Constitución permite este tipo de impuestos, no es nuestro papel prohibirlos", aseveró Roberts, que declinó la balanza en la votación al sumarse a los magistrados progresistas y resolver la votación por cinco votos a cuatro. Sin embargo, todavía faltará que el Congreso deberá revisar su aplicación concreta.
Esta sentencia se trata de la más importante que acuerda el Tribunal Supremo de EEUU desde que en 2000 paralizó el recuento de la votación en Florida en un fallo que dio al republicano George W. Bush la presidencia de EEUU frente al demócrata Al Gore.
Reacción airada de los republicanos Como era de esperar, el partido republicano se ha mostrado totalmente en contra de la resolución. Su portavoz en el Congreso, John Boehner, reiteró que seguirán trabajando para derogar la ley. "La decisión de hoy pone de relieve la urgencia de la derogación de esta ley perjudicial en su totalidad" , aseguró.
Por su parte, el virtual candidato presidencial republicano, Mitt Romney, ha dejado claro que revocará y reemplazará la reforma sanitaria. "Fue mala política ayer y es mala política hoy (...), es importante que la revoquemos y reemplacemos con una verdadera reforma", subrayó Romney.
Según el exgobernador de Massachusetts, la reforma aumenta los impuestos, reduce los beneficios para el programa "Medicare" para ancianos y jubilados y añade miles de billones de dólares al déficit y la deuda nacional.

viernes, 29 de junio de 2012

Contra el mito de la intuición

Intuye que algo queda
Por Manfred Dworschak y Johann Grolle, de Der Spiegel El psicólogo y Premio Nobel de Economía Daniel Kahneman analiza la debilidad innata del pensamiento humano, los recuerdos engañosos y el erróneo poder de la intuición.

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Cuando la Academia Sueca le otorgó al psicólogo Daniel Kahneman el Premio Nobel de Economía -en 2002, compartido con Vernon Smith-, muchos economistas ortodoxos quedaron desconcertados. Sin embargo, su trabajo parece mérito más que suficiente para ese galardón: integró, junto con Amos Tversky, aspectos de la investigación psicológica con la ciencia económica, especialmente en lo que respecta al juicio humano y la toma de decisiones en momentos de incertidumbre. Desarrolló la Teoría de las Perspectivas, según la cual, en un escenario incierto, la gente toma decisiones que se apartan de los principios básicos de la probabilidad. A este tipo de decisiones lo denominó atajos heurísticos.

Usted dedicó su vida profesional al estudio de las trampas en las que puede caer el pensamiento humano. Por ejemplo, en su libro El pensamiento, rápido y lento describe lo fácil que es aumentar la voluntad de una persona a contribuir con dinero en un fondo del café.
Sólo hay que asegurarse de que arriba de la caja registradora esté la foto adecuada. Si hay un par de ojos que miran desde la pared -y no una foto de flores, por ejemplo-, la gente aportará el doble de dinero. Porque las personas que se sienten observadas se comportan con mayor moralidad.

¿Y eso también funciona aunque ni siquiera le prestamos atención a la foto de la pared?
Todavía más si no se la registra. El fenómeno se llama “priming”: no nos damos cuenta de que percibimos ciertos estímulos, pero se puede probar que respondemos a ellos. Esa idea le debe gustar a la gente del ambiente de la publicidad. Por supuesto, en ese rubro el “priming” está muy extendido. Una mujer atractiva en una publicidad directamente dirige la atención del espectador al nombre del producto. Y después, cuando el consumidor se encuentra con él en el supermercado, ya le parece más familiar.

¿No es mucho más influyente la asociación erótica?
Claro, hay otros mecanismos de la publicidad que también actúan sobre el subconsciente. Sin embargo, el efecto principal es que un nombre que vemos en un negocio nos parezca familiar, porque cuando algo nos parece familiar, nos parece bueno. Hay una explicación evolucionista muy buena de eso: si me encuentro con algo muchas veces y todavía no me comió, entonces estoy a salvo. La familiaridad es un signo de seguridad. Por eso lo conocido nos gusta.

¿Esto también se puede aplicar a la política?
Sí. Por ejemplo, se puede demostrar que cualquier cosa que le recuerde a la gente su mortalidad, la vuelve más obediente.

¿Como la cruz sobre el altar?
Exacto, incluso hay una teoría que juega con el temor a la muerte. Se llama Teoría de la Gestión del Terror. Se puede influir sobre las personas, simplemente haciéndoles recordar algo, puede ser la muerte o también el dinero. Cualquier símbolo asociado con el dinero, incluso si es el signo del dólar en un protector de pantalla, garantiza que las personas les presten más atención a sus propios intereses que a los del resto.

Parece que, en política, el “priming” funciona a favor de la derecha.
Podría funcionar también al revés. Hay un experimento, por ejemplo, en el cual las personas practican un deporte, sin embargo, el primer grupo se llama “juego de competencia” y, el otro, “juego comunitario”. En éste último caso, las personas actúan con menos egoísmo, pese a que se trata del mismo juego.

¿No hay manera de escapar de esas influencias poderosas?
No es para nada fácil. El problema es que, generalmente, no nos damos cuenta de que estamos bajo esa influencia.

Eso es bastante preocupante.
Bueno, no debe ser tan malo, ya que vivimos con eso todo el tiempo. Así es la cosa.

¡Pero queremos saber en qué se basan nuestras decisiones!
Para ser honesto, ni siquiera estoy seguro de querer eso, porque sería demasiado complicado. No creo que tengamos autocontrol todo el tiempo.

En su libro, usted dice que en esos casos dejamos las decisiones en manos del “sistema 1”.
Sí. Los psicólogos distinguen entre un “sistema 1” y un “sistema 2”, que controla nuestras acciones. El “sistema 1” representa lo que podríamos llamar intuición. Nos ofrece incansablemente impresiones, intenciones y sentimientos rápidos. El “sistema 2”, por el contrario, representa la razón, el autocontrol y la inteligencia.

Es decir, ¿nuestro yo consciente?
Sí. El “sistema 2” es el que cree que toma las decisiones. Sin embargo, en realidad, la mayor parte del tiempo el “sistema 1” actúa por cuenta propia, sin que uno se dé cuenta. El “sistema 1” decide si te gusta una persona, qué pensamientos o asociaciones te vienen a la cabeza y cómo te sentís respecto de algo. Todo esto sucede de manera automática. No se puede evitar y, a veces, uno toma decisiones sobre esta base.

Y este “sistema 1”, ¿nunca duerme?
Exactamente. El “sistema 1” nunca se puede apagar. No se puede evitar que haga su tarea. El “sistema 2”, en cambio, es perezoso y sólo se activa cuando es necesario. El pensamiento pausado y reflexivo es una tarea dura. Consume recursos químicos del cerebro y eso, generalmente, no le gusta a la gente. Además, va acompañado por una reacción física que aumenta las pulsaciones y la presión sanguínea, activa las glándulas sudoríparas y dilata las pupilas…

…que resultó ser una herramienta importante para su experimento.
Sí. El tamaño de la pupila normalmente fluctúa, dependiendo fundamentalmente de la intensidad de la luz. Sin embargo, cuando a alguien se le da un trabajo mental, la pupila se ensancha y se mantiene sorpresivamente estable. Es un hecho extraño que resultó ser muy útil para nosotros. En efecto, las pupilas reflejan el alcance del esfuerzo mental de una persona de una manera increíblemente precisa.

RIESGOS DE LA INTUICIÓN
Al estudiar la intuición humana, o el “sistema 1”, usted parece haber apren-
dido a desconfiar de esa misma intui-
ción…
No lo diría de esa manera. Nuestra intuición funciona muy bien la mayoría de las veces. Pero es interesante examinar dónde falla.

Los especialistas, por ejemplo, reúnen mucha experiencia en sus respectivas áreas y, por esa razón, están convencidos de que tienen una muy buena intuición respecto de su campo en particular. ¿No deberíamos confiar en eso?
Depende del rubro. En el mercado bursátil, por caso, las predicciones de los expertos no tienen prácticamente ningún valor. Para cualquiera que quiera invertir dinero sería mejor elegir fondos indexados que, simplemente, siguen un cierto índice de acciones sin la intervención de dotados seleccionadores de acciones. Año tras año, así se obtienen mejores resultados que el ochenta por ciento de los fondos de inversión gerenciados por especialistas bien remunerados. Sin embargo, intuitivamente, queremos invertir nuestro dinero con alguien que parecería entender acerca del tema, pero la evidencia estadística demuestra que, en esos casos, los resultados no son nada buenos. Por supuesto, hay campos en los que la experiencia existe y cuenta. Depende de dos cosas: de la previsibilidad del rubro y de la suficiente experiencia del experto como para aprender los mecanismos. El mundo bursátil es intrínsecamente impredecible.

¿Es decir que todos los análisis y cálculos complejos no tienen ningún sentido, no son mejores que una simple apuesta?
Los especialistas son aún peores, porque son muy caros.

¿Entonces sólo se trata de vender mentiras?
Es más complicado, porque la persona que vende mentiras sabe que son falsas, mientras que los expertos de Wall Street creen que entienden algo. Es la ilusión de la validez…

…que les genera millones de dólares de ganancia.
No es necesario ser cínico. Se puede ser cínico con todo el sistema bancario, pero no con los individuos. Muchos de ellos creen que están aportando un valor real.

¿Cómo respondió Wall Street a su libro?
Uh, algunas personas se volvieron totalmente locas; otras, estaban bastante interesadas y respondieron positivamente. Me dijeron que en Wall Street alguien repartió mil copias de mi libro a los inversores. Pero claro, muchos profesionales todavía no creen en mí. O, para ser más preciso, creen en mí en general, pero no aplican mis ideas. Creen que pueden confiar en su propio juicio, y se sienten cómodos así.

¿Acaso ponemos demasiada fe en los expertos?
No digo que las predicciones de los especialistas no tengan ningún valor. Vea lo que sucede con los médicos. A menudo, son excelentes con los pronósticos a corto plazo. Pero, generalmente, fallan mucho al predecir cómo estará un paciente dentro de cinco o diez años. Y no saben la diferencia. Ésa es la clave.

¿Cómo puede darse cuenta de si una predicción es buena?
En primer lugar, sospeche de quienes presentan sus pronósticos con una gran confianza. Eso no dice nada sobre su exactitud. Debería examinarse si el área es lo suficientemente regular y predecible, y si el individuo tiene  suficiente experiencia para conocerla.

Según su último libro, El pensamiento, rápido y lento, cuando se está en duda, es mejor confiar en un algoritmo computacional.
En lo que se refiere a las predicciones, los algoritmos a menudo resultan mejores.

¿Por qué?
Bueno, los resultados son rotundos. Cientos de estudios han demostrado que si tenemos suficiente información para construir un modelo, éste funcionará mejor que la mayoría de las personas.

¿Cómo puede ser que un simple procedimiento sea superior al razonamiento humano?
Bueno, hasta los modelos a veces resultan inútiles. Una computadora será tan poco fiable en predecir el precio futuro de las acciones bursátiles como un ser humano. Y la situación política en veinte años es, probablemente, imposible de predecir; el mundo es demasiado complejo, sencillamente. Sin embargo, los modelos computacionales son buenos allí donde las cosas son relativamente regulares. El juicio humano sufre fácilmente de la influencia de las circunstancias: si se le da a un radiólogo la misma placa dos veces, seguramente la interpretará de manera diferente la segunda vez. Pero a un algoritmo si se le da la misma información dos veces, siempre dará la misma respuesta.

IBM desarrolló una supercomputadora llamada “Watson”, que ofrece rápidos diagnósticos médicos analizando la descripción de los síntomas y la historia del paciente. ¿Es la medicina del futuro?
Creo que sí. No hay magia de por medio.

Hay quienes dicen que un algoritmo también podría predecir el próximo éxito cinematográfico.
¿Por qué no? La industria del entretenimiento desperdicia mucho dinero en películas que no funcionan. No debería ser tan difícil desarrollar un programa que, por lo menos, no sea peor que los juicios intuitivos del ser humano.

Pero la mayoría de las personas tiende a ser hostil a las fórmulas y los cálculos fríos, y muchos pacientes prefieren a un médico que los trate personalmente.
Es cuestión de acostumbrarse. La llamada “medicina basada en evidencias” está haciendo progresos, y está fundamentada en algoritmos claros y duplicables. O vea lo que sucede en la industria del petróleo. Hay procedimientos estrictos a la hora de decidir o no perforar en una zona específica. Formulan una serie de preguntas y luego miden. Confiar en la intuición podría llevar al error. Después de todo, los riesgos son altos y hay mucho dinero en juego.

MEMORIA, TRAUMA Y TIEMPO
En la segunda parte de su libro, trata la cuestión acerca de por qué ni siquiera podemos confiar en nuestra memoria. Afirma, por ejemplo, que cuando una persona sufrió, al recordarlo, no le da demasiada importancia a la duración de su dolor. Eso parece un poco absurdo.
Los hallazgos son claros. Lo demostramos en pacientes que tuvieron que someterse a una colonoscopía. En la mitad de los casos, les pedimos a los médicos que esperaran un poco después de terminar, antes de sacarle el tubo al paciente. En otras palabras, para ellos, el procedimiento desagradable se prolongó. Y eso mejoró notablemente la valoración que las personas le dieron a la experiencia, porque los pacientes claramente basaron sus evaluaciones del procedimiento en el modo como terminó, y percibieron la disminución gradual del dolor como algo mucho más placentero. Muchos otros experimentos llegaron a resultados similares. En algunos casos, los sujetos tenían que tolerar ruidos y, en otros, tenían que mantener la mano dentro de agua fría. El problema no es la memoria: la gente sabe cuánto tiempo tuvo que soportar el dolor, entonces su memoria es correcta. Pero su evaluación de la experiencia no se altera por la duración.

¿Cómo puede ser que suceda eso?
Cada experiencia recibe una evaluación en la memoria: buena, mala, peor. Y eso es completamente independiente de su duración. Sólo importan dos cosas al respecto: los picos -es decir, los peores y los mejores momentos- y el resultado, o sea, cómo terminó.

Entonces, una vez terminado un procedimiento doloroso, ¿los médicos deberían someter al paciente a unos minutos más de tortura moderada?
No, porque si un médico dice que terminó, el episodio está terminado para el paciente y, en ese momento, se le asigna un valor a la experiencia. Después de eso, comienza un nuevo episodio, y nadie quiere sufrir un dolor adicional por adelantado. Pero probablemente sea útil, fundamentalmente, para los pacientes que sufrieron un trauma. Mi consejo sería: no los saquen del sitio del trauma para tratarlos en otro lugar. Hay que intentar hacerlos sentir mejor en el mismo lugar para que el recuerdo de lo sucedido no sea tan malo.

¿Porque eso cambia la percepción asociada con ese lugar?
No, porque salir del lugar se percibe como el fin de un episodio, y la evaluación hecha en ese momento quedará guardada en la memoria.

Pero eso no evita que vivamos malas experiencias una y otra vez, como en una película.
Exactamente. Sin embargo, lo que se evalúa al final, o lo que uno temerá en el futuro, resulta ser ese momento representativo y especialmente intenso del final, y no todo el episodio. Es similar con los animales.

¿Cómo puede saberlo?
Es fácil de estudiar -en las ratas, por ejemplo-, dándoles suaves shocks eléctricos. Se puede variar tanto la intensidad como la duración de los shocks. Y se puede medir el miedo que sienten. Usted verá que depende de la intensidad, no de la duración.

En otras palabras, ¿nuestra memoria también informa sobre lo que esperamos del futuro?
Así es. Eso se puede demostrar con un pequeño experimento que a veces le pido a la gente que haga: imagínese que usted se va de vacaciones y, al final del viaje, se toma una droga para la amnesia. Por supuesto, también quedan destruidas todas sus fotografías. ¿Haría el mismo viaje nuevamente? Algunas personas dicen que ni siquiera se molestarían en irse de vacaciones. En otras palabras, prefieren renunciar al placer, que, sin duda, quedará completamente intacto, a pesar de que sea borrado más tarde. Entonces no quedan dudas de que no lo hacen por la experiencia, lo hacen fundamentalmente por los recuerdos acerca de ella.

¿Por qué es tan importante para nosotros imaginar nuestras vidas como una colección de historias?
Porque es todo lo que nos queda de la vida. La vida pasa, y a uno sólo le quedan historias. Por eso la gente exagera la importancia de los recuerdos.

Pero si yo planeo unas vacaciones, no aceptaría estar terriblemente aburrido la mayor parte del tiempo sólo para recordar unos pocos momentos extraordinarios.
Claro que no. Y si yo le preguntara a usted qué es lo que prefiere, si tolerar el dolor durante cinco o diez minutos, la respuesta también es clara. Sin embargo, cuando se revisa el pasado, las vacaciones que a uno le dejan los mejores recuerdos son las que ganan, y no tiene importancia el tiempo que uno estuvo aburrido entre los momentos memorables.

Debe haber sido bastante agotador y difícil para usted escribir el libro. Seguramente recuerde cuánto tiempo duró la experiencia.
Es verdad. Podría repasar rápidamente una película de cuatro años de dolor, pero principalmente recuerdo momentos, y la mayoría de ellos son malos.

Ahora que el libro se volvió un gran éxito, ¿reevalúa ese período?
Ahora hay mucho menos dolor asociado en la memoria. Si al libro no le hubiera ido tan bien, me sentiría peor, por la manera en que viví esos años. Entonces, claramente, lo que sucede más tarde cambia la historia.

¿Acaso comenzaríamos un proyecto tan exigente por segunda vez si no fuera por la amnesia parcial?
Bueno, uno no sabe cuánto dolor tendrá que enfrentar. Pero después recordamos el gran alivio que sentimos al completar la tarea. En el parto, por ejemplo, todo se soporta porque la historia termina bien, y eso compensa lo que hasta entonces podría haber sido horrible. Es como si estuviéramos divididos en un yo experimentante, que tiene que soportar el dolor, y un yo evocativo que, al recordar, no le importa en absoluto lo experimentado.

LA FELICIDAD Y EL YO EVOCATIVO
¿Entonces tenemos que agradecerle a nuestro yo evocativo por el hecho de salir valientemente en busca de la aventura y de momentos memorables en nuestras vidas? De lo contrario, sin él, ¿estaríamos contentos con largos y aburridos períodos de bienestar moderado?
Sí, nuestras vidas están gobernadas por el yo evocativo. Incluso, cuando planeamos algo, anticipamos los recuerdos que esperamos obtener de esa experiencia. El yo experimentante que, por el contrario, tendrá que aguantar bastante a cambio, no tiene poder de voto en la cuestión. Además, lo que el yo experimentante disfrutó puede quedar completamente opacado al mirar hacia el pasado. Alguien una vez me dijo que hacía poco tiempo había escuchado una sinfonía maravillosa pero, desafortunadamente, al final, había un terrible chillido en la grabación. Me dijo que eso arruinó toda la experiencia. Pero, por supuesto, lo único que se arruinó fue el recuerdo de la experiencia, porque fue una experiencia feliz.

¿Eso también se aplica a toda la vida? ¿Todo tiene que ver con el final?
En cierto sentido, sí. No podemos evitar mirar la vida retrospectivamente, y queremos que parezca linda. Tiempo atrás, se hizo un experimento en el cual los sujetos debían evaluar la vida de una mujer ficticia que había tenido una vida feliz pero que murió en un accidente. Increíblemente, si había muerto a los treinta o a los sesenta, no alteró en nada la evaluación que hizo la gente. Sin embargo, cuando les dijeron a los sujetos que la mujer había tenido treinta años felices seguidos de cinco no tan plenos, las calificaciones bajaron notablemente. O imagine a un científico que hizo un descubrimiento importante, un hombre feliz y exitoso, aunque, luego de su muerte, resulta que el descubrimiento era falso y no valía nada. Arruina toda la historia, aunque no haya cambiado absolutamente nada de la vida del científico. Pero ahora uno siente lástima por él.

¿Iría tan lejos como para afirmar que es el yo evocativo el que nos hace humanos? Los animales, probablemente, no recojan momentos memorables.
Bueno, en realidad creo que los animales sí lo hacen, porque necesitan vivir experiencias para repetirlas o para intentar evitarlas. La duración de una experiencia, sencillamente, no es importante. Lo que importa para la supervivencia es si terminó bien y cuán mala fue. Eso también se aplica a los animales.

Según su punto de vista, el yo evocativo es muy dominante, hasta el punto de que parece haber prácticamente esclavizado al yo experimentante.
De hecho, yo lo llamo tiranía. Puede variar en intensidad, dependiendo de la cultura. Los budistas, por ejemplo, enfatizan la experiencia, el presente; intentan vivir el momento. No les dan tanto valor a los recuerdos y a la evaluación en retrospectiva. Para los cristianos, es completamente diferente. Para ellos, la única cosa que importa es ir al cielo al final.

La gente que lea su libro tendrá compasión por el pobre yo experimentante, que fundamentalmente tiene que lidiar con nuestra vida.
Ésa fue mi intención. Los lectores deberían darse cuenta de que hay otra forma de mirarlo. Diría que es consolador para mí, porque tanto mi mujer como yo siempre nos quejamos de que nuestros recuerdos son terribles. No vamos al teatro para recordar más tarde lo que vimos, sino para disfrutar de la actuación. Otras personas viven la vida coleccionando experiencias como se coleccionan fotos.

En otras palabras, piensan que sólo la abundancia de recuerdos puede hacerlos felices.
Aquí debemos distinguir entre satisfacción y felicidad. Cuando se les pregunta a las personas si son felices, sus respuestas pueden diferir muchísimo porque dependen de su humor. Déjeme darle un ejemplo: durante años, Gallup hizo encuestas a miles de norteamericanos sobre varias cuestiones, incluyendo su bienestar. Uno de los hallazgos más sorprendentes fue que, si la primera pregunta tiene que ver con la política, la gente inmediatamente se considera menos feliz.

Por otro lado, las verdaderas calamidades, curiosamente, parecen tener un pequeño efecto sobre el bienestar. Los parapléjicos, por ejemplo, pocas veces difieren de los individuos sanos con respecto a su satisfacción con la vida.
Así es, la diferencia es menor de lo que uno creería. Cuando pensamos en los parapléjicos, quedamos atados a una ilusión difícil de escapar: nos enfocamos automáticamente en todas las cosas que cambian como resultado de la discapacidad, y pasamos por alto lo que todavía sigue siendo igual en la vida cotidiana. Lo mismo sucede con los ingresos. Todos quieren ganar más dinero y, sin embargo, el nivel salarial -al menos por encima de un cierto umbral- no tiene influencia sobre la felicidad emotiva.

¿Y dónde se ubica ese umbral?
Aquí, en Estados Unidos, está al nivel de un ingreso por hogar rondando los 75 mil dólares. Debajo de ese umbral, hay una diferencia sustancial. Es terrible ser pobre. No importa si uno está enfermo o atraviesa un divorcio, todo es peor si uno es pobre.

Entonces, ¿es más fácil acostumbrarse a la enfermedad o a la discapacidad que a la pobreza?
No sé, de lo que estoy seguro es de que nos adaptamos más rápida y fácilmente a las mejoras que al deterioro. 

Traducción: Ignacio Mackinze
Copyright by Der Spiegel

jueves, 28 de junio de 2012

Publicado por Miguel Jara el 27 de junio de 2012
Ya que a Pfizer, la primera multinacional farmacéutica del mundo le permiten vender un medicamento como Celebrex cuando sus primos hermanos (Vioxx y Bextra) se han retirado del mercado sobre todo en el caso del primero por mortales, podría ser más discreta. Pero no, según publica el New York Times y reproduce El País, un director de investigación de la corporación se jacta de haber engañado a la comunidad médica y científica y por tanto a toda la sociedad, al presentar de manera manipulada los resultados de los ensayos clínicos hechos con dicho fármaco.
Celebrex uno de los productos más vendidos de Pfizer. En 2011 la farmacéutica ingresó casi 1.560 millones de dólares sólo en Estados Unidos. Un juzgado estadounidense está investigando a la compañía por posible fraude. Esto sucede unos días después que nos esterásemos que otro de los grandes laboratorios, Roche, podría ocultar 15.161 muertes por sus fármacos.
Se da la circunstancia que Pfizer aceptó pagar una cifra récord de 2.300 millones de dólares (unos 1.600 millones de euros) en 2009 para resolver cargos civiles y penales relacionados con prácticas comerciales fraudulentas del fármaco Bextra. En dicha ocasión fue multada por promocionarlo para usos para los que no tenía permiso de las autoridades farmacéuticas estadounidenses. Esto también lo ha hecho la casa con otros preparados suyos como Neurontin, nada nuevo pues. Lo que no debe de pasar desapercibido es que el citado Bextra es un preparado de la familia de los coxib, un grupo de medicamentos modernos muy conocidos entre los médicos y sobre todo farmacéuticos y farmacólogos, por ser especialmente peligrosos para la salud.
Bextra está retirado de las farmacias estadounidenses. En 2004, el laboratorio Merck retiró “voluntariamente” su antiartrítico Vioxx (rofecoxib). Es muy difícil entender porqué si se demostró que Vioxx podía causar infartos de corazón y cerebrales en sus consumidores, como así fue en cientos de miles de personas con los resultados funestos que pueden imaginarse, han continuado vendiéndose en las farmacias varios medicamentos con el mismo principio activo, caso de Bextra. Pues bien, Pfizer continúa ofertando Celebrex (celecoxib) pese a su peligrosidad y que manipuló los datos de sus ensayos clínicos. No se entiende por qué dentro de un mismo grupo de medicamentos unos se prohiben y otros no ¿no contienen el mismo principio activo? Si alguien sabe explicarlo que avise.
Merck sabía que vendía un fármaco mortal. Había llegado a esta conclusión tras realizar el ensayo APROVe, siglas en inglés de Prevención de Pólipo Adenomatoso con Vioxx, pero ocultó a la FDA esos trabajos para poder comercializarlo (las agencias del medicamento, como la estadounidense o la europea, no realizan estudios independientes sobre los fármacos para los que los laboratorios les solicitan licencia, revisan la documentación sobre dichos medicamentos que les presentan los fabricantes).