domingo, 9 de diciembre de 2012

CON GESTIÓN PUBLICA SON UN 74% MÁS BARATAS

Cada cama 'privatizada' le cuesta a Madrid 665 euros más que una pública

Cada cama 'privatizada' le cuesta a Madrid 665 euros más que una pública
Concentración ante la Asamblea de Madrid en protesta por las medidas sanitarias de la Comunidad. (EFE)
La marea blanca vuelve este domingo a su cauce en las calles de la capital y lo hace decidida ahora a hablarle al consejero de Sanidad madrileño en su mismo idioma. Si en el discurso de Javier Fernández-Lasquetty no existe la privatización, sino la adopción de “fórmulas más eficientes que consuman menos recursos públicos", los profesionales sanitarios tienen algo que replicarle: las camas privatizadas de los hospitales de Madrid resultan más caras que las públicas.
Es lo que demuestra el informe publicado esta semana por el sindicato CSIT Unión Profesional, el mayoritario entre los funcionarios, que analiza los presupuestos de la comunidad para 2012 y concluye que costear una cama en los hospitales enteramente públicos le sale al contribuyente por 955 euros diarios, un 74% más barato que los 1.660 que cuesta mantenerla en los hospitales donde la gestión sanitaria está privatizada.
Basta con contrastar los presupuestos de uno y otro modelo. La Administración asigna a los hospitales de servicios sanitarios privatizados –el Infanta Elena de Valdemoro, el de Torrejón de Ardoz, el Nuevo Móstoles y la Fundación Jiménez Díaz– una cantidad de 553.820.728 euros anuales para mantener 914 camas funcionantes y atender a una población de 820.000 personas. Los hospitales públicos tradicionales de la región, por el contrario, reciben un volumen de 2.792.531.561 euros anuales para atender las necesidades de salud de 4.201.169 personas y una oferta de 8.010 camas funcionantes. Es decir; cada plaza hospitalaria le cuesta a la Comunidad 665 euros diarios más si su gestión está en manos privadas. Al año paga 256.000 euros extra por cada una de ellas.
La elaboración de este análisis "de coste y eficiencia", en palabras del portavoz del Gabinete de Estudios de CSIT  y responsable de la coordinación del informe, Juan Luis Martín, persigue un fin sencillo: "Comprobar si la sanidad privada es más barata para el contribuyente, como repite el Gobierno a falta de estudios previos que avalen su decisión de privatizar". Y las cifras globales, asegura, hablan por sí mismas. "Con los mismos recursos, la sanidad pública madrileña rinde más que la privada".
Incluso en el recuento paciente a paciente. La atención a un ciudadano en un hospital de gestión sanitaria privada –que acuda a consulta o a un tratamiento, sin que necesariamente resulte ingresado– le cuesta a la Administración 675 euros anuales. En los hospitales de gestión pública ese mismo promedio es de 664 euros. Cada año, la Comunidad paga 11 euros extra por cada paciente asignado a un hospital privatizado.
Esa diferencia, sostiene el sindicato, corresponde al margen de beneficio de la empresa que lo gestiona. CSIT-UP estima que "el 20% de los impuestos, uno de cada 5 euros, destinados a financiar la sanidad irán a beneficio de las empresas privadas gestoras". En un modelo de gestión pública, recuerdan, "el 100% de los impuestos recae en la financiación del sistema".
Cobrar por vecino, no por paciente
Las plataformas antiprivatización no solo critican la cantidad de dinero, sino el modo de financiación. Estos hospitales públicos madrileños donde lo sanitario está en manos privadas –bajo el modelo PPP, o public-private partnership, por sus siglas en inglés– reciben de la Administración una cantidad fija o canon que depende no del número de pacientes que atiendan, sino del número de vecinos que tengan asignados. Si esos vecinos no hacen uso del hospital, las empresas cobran igual.
Antonio Gómez, portavoz de la Coordinadora Antiprivatización de la Sanidad –CAS–, pone el ejemplo de Torrejón de Ardoz, donde la Consejería de Sanidad establece el pago de una cantidad de 571,50 euros por paciente potencial, unos 133.000 en su área de referencia. Las empresas adjudicatarias –un consorcio de Ribera Salud, Asisa y FCC– reciben 428,35 euros asignados a la asistencia sanitaria y otros 143,15 euros anuales por la prestación de servicios no sanitarios, como la administración o la limpieza.
En total, Madrid paga al hospital 76,1 millones de euros anuales con independencia de la cantidad de pacientes que atienda. "Da igual que los vecinos vayan o no al hospital, sea por propia decisión o porque el centro carezca de la unidad específica para tratarlos", explica Gómez. "Da igual que muchos pacientes de la zona, como de hecho ocurre, prefieran ir a los grandes centros públicos de la capital y no utilicen el hospital de su localidad. La empresa que lo gestiona se lleva el dinero público igual".
Inversión rentabilizada
Según CAS Madrid, el lucro no acaba en estos hospitales totalmente privatizados, sino que se extiende a los del modelo mixto –Henares, Infanta Sofía, Infanta Leonor, Infanta Cristina, Majadahonda, Tajo y Sureste–. En los últimos cinco años, la Administración ha pagado más de 990 millones de euros a las empresas concesionarias de estos hospitales donde las camas son públicas y sus médicos y enfermeras, funcionarios.
Estos centros funcionan bajo el modelo PFI –private finance iniciative–. La sanidad depende directamente de lo público, pero los servicios no sanitarios –administración, seguridad, limpieza, logística...– están concedidos a compañías privadas. También fueron empresas privadas, como Dragados, FCC, Acciona, Sacyr, Begar-Ploder, Hispánica y CVC Capital Partners, quienes construyeron sus inmuebles. Así, este conjunto de empresas reciben un canon público por la prestación de servicios no asistenciales y para la amortización de la inversión en construcción.
"La construcción y equipamiento básicos de estos hospitales costaron alrededor de 840 millones de euros", advierte Gómez. "Según nuestros cálculos, en 2011 el conjunto del sector había recuperado el 92% de esta cantidad y al término de 2012 ya habrán rentabilizado su inversión".
Gómez no duda de la calidad del negocio. "Los contratos vencen en treinta años y pueden prorrogarse otros treinta más", explica. "Es una inversión inmejorable para los accionistas y un negocio nefasto para los contribuyentes".
Ni más baratos ni más rentables
Los sindicatos no son los únicos en remitirse a estas cifras. La Plataforma de Jefes de Servicio de los Hospitales Públicos madrileños –que representa a casi 600 médicos de más de 20 centros sanitarios de la región– dirigía esta semana una carta abierta a la ciudadanía ciñéndose al mismo argumento. No es cierto, aseguran, "que la sanidad privada sea más barata que la pública".
Aprovechando el punto y seguido en los paros y huelgas de esta semana –convocadas de nuevo para el 19 y 20 de diciembre–, los responsables médicos de la región advierten de que en los países en que coexisten los modelos público y privado, "el gasto sanitario por habitante y año es mucho más alto, y la aportación de gasto público para ello también".
En el caso madrileño, además, denuncian que "la aportación económica que la Comunidad pretende pagar a los nuevos dueños es superior al coste actual". En otras palabras; las empresas adjudicatarias de los servicios "van a tener beneficio con el dinero de nuestros impuestos".

viernes, 7 de diciembre de 2012

MILLONES DE MUJERES LA ENVIDIABAN

Se quitó la vida la mujer que sufría 50 orgasmos diarios

Gretchen Molanne, padecía una enfermedad con la cual no podía vivir sin masturbarse. Recientemente fue encontrada en su departamento muerta días después de haber hablado con la prensa por su condición.
 Una mujer se suicidó por no soportar vivir con una enfermedad que le hizo tener hasta 50 orgasmos por día. Tenía un trastorno de la excitación genital persistente.
La mujer, que tenía 39 años, vivía en Florida y se llamaba Gretchen Molannen, fue encontrada muerta en su casa una semana después de haber hablado con la prensa local en relación a su condición.
Molannen, quien era soltera, dijo que la desarrolló cuando tenía 23 años.
La condición le genera al que la padece estar constantemente excitado y la única forma de encontrar alivio es masturbarse durante horas. Ni siquiera pueden trabajar o salir a tomar algo con amigos, según informan en The Sun.
Malonnen aseguró que le arruinó la vida y que, en más de una oportunidad, había tratado de suicidarse. En su última entrevista aseguró que no podía vivir y que pensaba en suicidarse todo el tiempo. "No quiero hacerlo, quiero disfrutar de la vida, pero esto la destruyó", aseguró.

jueves, 6 de diciembre de 2012

La resaca es peor cuando se combina alcohol y tabaco


Con el mismo número de copas, los que fuman mucho tienen más posibilidades de desarrollar una resaca o sufrirla de forma más intensa, según un estudio

La resaca es peor cuando se combina alcohol y tabaco

La resaca, esa combinación de dolor de cabeza, náuseas y fatiga después de una noche de mucho alcohol, puede ser aún peor si hemos abusado también del tabaco. Así lo asegura un estudio norteamericano que se publicará en la edición de enero de «Journal of Studies on Alcohol and Drugs».
«Tomando el mismo número de copas, las personas que fuman más de lo normal tienen más posibilidades de desarrollar una resaca o sufrirla de forma más intensa», ha señalado el investigador Damaris J. Rohsenow, doctor del Centro de Estudios en Alcohol y Adicciones de la Universidad de Brown, en Rhode Island (EE.UU.).
Los investigadores encontraron que los estudiantes universitarios eran más propensos a padecer síntomas de resaca tras una noche en la que habían ezclado alcohol y tabaco. Para llegar a esta conclusión, realizaron una encuesta online a 113 estudiantes que reprotaron, durante ocho semanas, su consumo de alcohol y tabaco y cualquier síntoma de resaca. En general, cuando los estudiantes bebían mucho -el equivalente a cinco o seis latas de cerveza en una hora- los que habían fumado más ese mismo día tenían mayores probabilidades de sufrir una resaca a la mañana siguiente y que fuera más dolorosa.
Pese a que el porqué de este fenómeno no está todavía muy claro, Rohsenow ha citado otra investigación que demostraba que los receptores de nicotina en el cerebro están involucrados en la respuesta subjetiva a la bebida. Fumar y beber al mismo tiempo aumenta la liberación de dopamina, un neurotransmisor del cerebro responsable de hacer que el cuerpo se sienta relajado. El hecho de que la nicotina y el alcohol están conectados en el cerebro puede explicar por qué fumar está ligado a la resaca.

miércoles, 5 de diciembre de 2012


La felicidad evoluciona según la edad

 
La edad y la felicidad
Cuando se trata de la felicidad, parece que los jóvenes y viejos poseen el secreto. Y que lo que vale para los humanos también se cumple en los primates.
¿Cómo cambia la felicidad según la edad?
La mayoría de la gente asume que de niños disfrutamos una existencia despreocupada, pasamos a la miserable confusión de la adolescencia y recuperamos la felicidad cuando entendemos todo y nos asentamos, sólo para hacernos más gruñones y solitarios con cada arruga y cana adicional.
Totalmente incorrecto.
Resulta que la felicidad es mucha en la juventud, pero decae sostenidamente para llegar a su punto más bajo cuando llegamos a la cuarta década: la llamada crisis de la mediana edad. Entonces, milagrosamente, nuestro sentido de la felicidad mejora y va aumentando conforme envejecemos.
La crisis de la mediana edad
¿Será la mediana edad aquella en la que los seres humanos son más infelices?
Este patrón en forma de U de la felicidad a lo largo de la vida ha sido observado en todo el mundo, desde Suiza hasta Ecuador, Rumanía y China. Se ha documentado en más de 70 países, encuestando a más de 500.000 personas, en países desarrollados y en desarrollo.
¿Cómo se explican estos hallazgos contrarios a la intuición?
¿Tiene que ver con balancear a los hijos con la carrera cuando llegamos a los 30 y 40 años? Aparentemente no. Incluso contando la presencia de los niños en la casa, permanece el patrón de la felicidad.
¿Quizás se debe a diferencias generacionales? Pero los estudios no seguían a los mismos individuos a lo largo de la vida, sino a varios de distintas edades.
¿Será que los adolescentes y ancianos son más felices que los de mediana edad porque nacieron en tiempos mejores? No, esto no parece afectar el patrón. También persiste al contar otros factores demográficos, incluidos estado civil, educación, empleo e ingresos.

La felicidad, una monada

Hace apenas un mes, un grupo encabezado por el profesor Andrew Oswald, de la Universidad de Warwick, reportó que la felicidad de nuestros primos en la evolución -los grandes simios- también sigue el patrón en U durante su vida.
Por supuesto, los simios no pueden evaluar su satisfacción en una escala de 1 a 10. Pero el bienestar de 508 monos fue calculado a través de sus cuidadores humanos. Los simios, como los humanos, eran menos felices durante la mediana edad.
Gorila
Los gorilas y otros simios también sufren de la crisis de mediana edad.
La existencia de una crisis en esa etapa de la vida del simio fortalece la noción de que el patrón de la felicidad en la vida no se debe a factores socioeconómicos. Esto deja dos probables explicaciones.
Primero, "la supervivencia de los más felices": se sabe que la felicidad se relaciona con la longevidad. Es decir, los más felices viven más, mientras que los pesimistas mueren prematuramente, posiblemente porque se estresan más.
Por tanto, los ancianos que quedan para las pruebas de los científicos deberían ser más felices que los de 30 o 40 años. Pero esto sólo explica la segunda parte de la U.
Segundo, la U podría plantearse tanto en humanos como en simios, debido a similares cambios en la estructura cerebral relacionada con la edad que influyen en la felicidad. Una parte de nuestro cerebro que cambia considerablemente en las primeras dos décadas de vida, conforme avanzamos hacia la vejez, es el lóbulo frontal.

Malas noticias

Nuestros lóbulos frontales maduran a mediados de los 20 años y comienzan a deteriorarse a los 45. Esto significa que mientras nos desarrollamos, aumentamos lentamente alguna función, que posteriormente perdemos.
Una de esas funciones es nuestra habilidad para aprender de malas noticias.
Mis colegas y yo hemos encontrado que la gente tiende a descontar la relevancia de información indeseable (el alcohol es malo para el hígado) pero está lista para las buenas noticias (el vino tinto es bueno para el corazón). Así, cuando los fumadores ven advertencias en paquetes de cigarrillos, piensan: "Sí, fumar mata, pero sobre todo a los demás".
Igualmente, cuando escuchamos que el mercado inmobiliario está subiendo, pensamos: "¡El valor de mi casa se duplicará!".
Usando técnicas de diagnóstico por imagen cerebral descubrimos que la tendencia a descartar malas noticias se relaciona con la forma en que las regiones del lóbulo frontal codifican información negativa inesperada.
Podría pensarse que descartar malas noticias puede causar problemas a la gente, por ejemplo, fumando más y ahorrando menos. Hay algo de cierto en esto, pero también es bueno para nuestra salud mental.

La felicidad alrededor del mundo

Niña africana
  • El patrón en forma de U es global, pero la edad en la que la felicidad es menor varía según el país
  • La felicidad llega a su punto más bajo a los 35,8 años en Reino Unido, una década más tarde en Estados Unidos, y a los 64,2 en Italia
  • Los ciudadanos estadounidenses son menos felices cada diez años desde 1900; en Europa, la felicidad declinó hasta 1950 y desde entonces se incrementó sostenidamente
  • Las mujeres son menos felices a los 38,6 años como promedio; los hombres a los 52,9
Nuestra investigación muestra que la exitosa incorporación de malas noticias se relaciona con la depresión. Descartarlas, como solemos hacer, presumiblemente nos permite tener una visión prometedora del futuro que, aunque no sea necesariamente realista, nos mantiene felices.
Pero la tendencia a descartar malas noticias también sigue el patrón en U durante nuestra vida. Los niños, adolescentes y ancianos descartan información no deseada más que los adultos.
El cambio en los lóbulos frontales parece reflejarse en nuestra capacidad de aprender de las malas noticias, que a su vez pueden conducir a diferencias en la felicidad según la edad.
Así, la felicidad puede tener un precio: una menor capacidad de asumir información no deseada.
Esencialmente, esto significa que podríamos necesitar volver a encuadrar campañas de salud y seguridad, especialmente dirigidas a los jóvenes y ancianos. En lugar -o además de- etiquetar un paquete de cigarrillos con las palabras "FUMAR MATA", podríamos poner "80% de quienes tratan de dejar de fumar lo logran".
Y en vez de subrayar los riesgos de cáncer a la piel en un frasco de bronceador, podríamos resaltar los beneficios del protector solar: menos arrugas, piel más saludable.
¿Menos gente buscará otro cigarrillo al enfocarse en normas sociales? ¿Más gente se protegerá de los rayos ultravioletas cuando enfatizamos lo positivo? Hay que probar cada caso.
Dado que sabemos que la gente tiende a responder a advertencias diciendo "es improbable que me ocurra" y a la posibilidad de un futuro glorioso con "¿por qué no yo?", hay razones para creer que sí.
Tali Sharot es autora de "El optimismo irreal" y "La ciencia del optimismo".

martes, 4 de diciembre de 2012

Un filósofo en la sala de urgencias

El ensayista argentino Mario Bunge denuncia una situación donde el mercado decide qué remedios se producen, los investigadores no tienen trabajo, viejas enfermedades reaparecen y la obesidad persiste. Este cuadro lo describe en su libro nuevo.

POR Ines Hayes

Mario Bunge dice que los médicos filosofan todo el tiempo. Asegura que pueden ir del realismo al materialismo dependiendo del caso que tengan entre manos –o en el consultorio o en el quirófano. Estuvo en Buenos Aires presentando su libro, que precisamente se llama: Filosofía para médicos (Gedisa). ¿Cómo puede ayudar o perjudicar la filosofía a la medicina?, ¿Qué es la enfermedad: cosa o proceso, natural o social?, ¿Qué filosofía debe guiar el ejercicio de la medicina? A estos interrogantes y otros no menos controvertidos como los delitos de las industrias farmacéuticas, la drogadependencia o la eutanasia respondió el reconocido físico, filósofo y epidemiólogo que vive en Canadá desde 1966.

-Usted habla de las patologías del mercado: si éste considera que no va a tener ganancias con lo que produce, entonces no lo produce. Las enfermedades “de la pobreza” como el dengue y el cólera, por ejemplo, no tienen cura porque no se hacen vacunas para eso. Los médicos pueden tener ética pero la voracidad económica no, ¿cómo se revierte esta situación?
-Son problemas sociales. Sólo el Estado puede hacer algo y de hecho, en algunos países como Sudáfrica, Brasil y la India, el Estado se ha ocupado de favorecer, de impulsar la fabricación de medicamentos contra esas plagas típicas del Tercer Mundo y lo ha hecho en combinación con pequeños laboratorios. No se va a dirigir a Pfizer o a alguno de esos grandes, porque no lo van a hacer, no les interesa; lo están haciendo pero con los medicamentos conocidos. Hace falta realizar más investigación. El problema principal en realidad es el problema de la parasitosis. En el Tercer Mundo los chicos tienen el vientre lleno de parásitos y se comen lo mejor de ellos: están desganados, no tienen energía, no pueden estudiar bien. Hubo una experiencia muy importante en la Universidad de México, en la época en que era rector el doctor Soberón, un investigador muy serio a quien tuve el gusto de tratar. Se preguntó por qué era tan bajo el rendimiento de los estudiantes de la Universidad de México, que eran como un cuarto de millón. Pensó que podían ser los parásitos, entonces se hizo una muestra y se vio que casi todos los estudiantes tenían parásitos. En la Argentina hay pocos parasitólogos, en La Plata había un grupo interesante de parasitólogos que se disolvió; Guillermo De Negri, un amigo mío, estaba en Mar del Plata, él sigue con la parasitología y también tiene un seminario de filosofía. La parasitología es otra de las ramas que hay que impulsar en estos países. Es necesario investigar más los parásitos porque los seres humanos somos muy sensibles a ellos y van apareciendo nuevas enfermedades. Hace medio siglo no existía el sida, y el ébola no se puede prever, pero en cuanto aparece el brote hay que aislar a los enfermos y estudiarlos a fondo. A las compañías farmacéuticas les conviene mucho seguir produciendo drogas exitosas, les reporta más ganancias producir Viagra que ensayar nuevas drogas porque los ensayos son muy costosos. Un artículo reciente del Medical Journal demuestra que destinan solamente el 1,7% de su ingreso a la investigación que se termina haciendo principalmente en las universidades y en los institutos estatales de EE.UU., Alemania e Inglaterra. Han decidido cerrar laboratorios que tenían 5 mil investigadores; claro, no eran los de primera, porque la industria con esa miopía que la caracteriza empleaba a investigadores de segunda o tercera. Los de primera están en la universidad y los que trabajan en las industrias, con muy pocas credenciales, lo hacen para ganarse la vida, en cambio los otros lo hacen por curiosidad. Es una crisis tremenda porque hay miles y miles de farmacólogos desocupados que podrían estar, bajo dirección competente, buscando nuevos remedios.

-Usted también afirma que en la actualidad existen dos grandes males, uno es la drogadicción, y el otro la obesidad, sobre todo en EE.UU. donde los índices de obesidad infantil son alarmantes. Militares retirados de las fuerzas armadas sostienen que esa situación va en contra de la propia seguridad.
-Son problemas sociales, la obesidad es pronunciada en Estados Unidos, pero no creo que sea mayor que en otras partes. ¿A qué se debe? En gran parte a los juegos electrónicos, los chicos de mi generación jugábamos a la pelota, andábamos en bicicleta, teníamos actividad física, hoy en día están sentados viendo pantallas, eso los hace engordar y de la gordura puede venir la diabetes. Además de ese efecto físico hay otro social muy grave que hace que los chicos prefieran tener amigos imaginarios, en la pantalla, a tener amigos de carne y hueso con quienes puedan tener una relación cara a cara, pelearse, jugar juntos y al aire libre. Hay una estadística que da miedo: el 93% de los chicos canadienses pasan menos de una hora por día al aire libre. Los canadienses eran famosos por gustarles el aire libre, por hacer deportes de invierno, se abrigaban y salían, no le temían al frío. En una generación ha cambiado la actividad de los chicos: ahora juegan con juegos electrónicos en lugar de jugar a la pelota. La drogadicción también es un problema social. Sería muy fácil terminar con ella, por lo menos con el problema del narcotráfico, como se ha hecho en Inglaterra, en Holanda, en Suiza: legalizar su consumo pero controlándola. En cambio, en Estados Unidos, que es el mercado de drogas más grande del mundo está en manos de criminales. Hace unos meses se reunieron los presidentes de todas las naciones americanas y todos le pidieron a Obama y al primer ministro canadiense que legalizaran las drogas en sus países, Obama se negó y el primer ministro canadiense también. Si Obama hubiera legalizado el consumo de drogas regulándolo, habría perdido votos republicanos moderados: siempre están pensando en las próximas elecciones, no tienen planes a largo plazo.

-Si bien han desaparecido algunas enfermedades, han reaparecido otras por cuestiones sociales o religiosas de, por ejemplo, negarse al uso de las vacunas.
-Sí, por ejemplo, la tos convulsa. Hay una vacuna muy eficaz: la triple, contra la tos convulsa, el tétanos y la difteria que se daba a los chicos, que no había en mi época, pero hay toda una campaña, de parte de grupos políticos y religiosos, en Estados Unidos sobre todo, contra la vacunación. Por qué, porque es barata, llega a todo el mundo con muy poco y es un deber del Estado. Como usted sabe, los republicanos, en particular la extrema derecha republicana, que es la que tiene la sartén por el mango, se niega a que el Estado preste servicios sociales. Además, hay grupos religiosos que se oponen a la vacunación porque la vacunación, como la cirugía interfieren con los designios del Señor: la enfermedad la manda Dios para castigarnos y no tenemos derecho a interferir. El hecho es que ha vuelto o está volviendo la tos convulsa.

-¿Por qué plantea que los escritos de Nietzsche o de Foucault son malos para la salud individual y la sanidad pública?
-Nietzsche, es bien sabido, fue un precursor del fascismo, enemigo de la democracia; era militarista, estaba en contra de la ciencia y de los sindicatos y no es casualidad que fuera el filósofo favorito de Hitler y que Heidegger escribiera todo un libro sobre él. Tampoco es por casualidad que en la carrera de Filosofía de la UBA se exija a los alumnos de primer año que lean a Nietzsche. Son reaccionarios, aunque posiblemente no se den cuenta, pero en todo caso no les hacen leer a los clásicos, les hacen leer a un panfletista, porque eso es lo que era Nietzsche. Lo que pasa es que también era anti religioso, entonces los anarquistas de mi juventud lo adoraban porque estaba en contra del establishment y de la religión, pero hay cosas mucho más importantes que la religión o la lucha contra ella. La batalla contra la desigualdad social es mucho más importante y en ese caso los progresistas podemos unirnos con muchos católicos a los que tampoco les gusta la desigualdad social. En todo caso, Foucault es aún peor porque seguía a Canguilhem que fue el primer filósofo de la medicina reconocido como tal. Bajo el régimen fascista hizo su tesis de doctorado en medicina sobre lo normal y lo patológico. Ahí sostenía que esas son categorías sociales, no biológicas ni médicas. Lo patológico es lo que se aleja o lo que viola la norma. Y quién fija la norma, la sociedad. Entonces, lo anormal es simplemente lo que no suele hacerse. El resfrío es un proceso natural, que no tiene nada que ver con las normas sociales, cualquiera se puede agarrar un resfrío, rico o pobre y las normas sociales o estéticas no tienen nada que ver con eso. Además, Foucault como otros, era un constructivista social: para él, todo lo que existía era una construcción social. El bacteriólogo polaco Fleck fue el primero en sostener que la enfermedad era una creación de la comunidad médica. Fue un caso bastante trágico: por ser judío lo metieron en un campo de concentración, pero como era bacteriólogo sabía las medidas que había que tomar para evitar que se difundiera el tifus, que era permanente en los campos de concentración por la falta de higiene. Si un prisionero se agarraba tifus se lo pasaba al guardia, entonces no le convenía a los nazis ni a los prisioneros que hubiera tifus: le perdonaron la vida a condición de que ejerciera su profesión.

-Al referirse a la longevidad dice que es un arma de doble filo y que hoy se está revisando el precepto hipocrático de prolongar la vida a cualquier costo ...
-Bueno, a nadie le gusta vivir como una lechuga, como suele decirse. Queremos vivir con el ejercicio de todas nuestras facultades y queremos disfrutar de la vida en lugar de sufrirla. La mayor parte de los recursos médicos y hospitalarios se gastan en los dos últimos años de la vida. La eutanasia –el suicidio asistido– está permitido en dos estados de los Estados Unidos, en Washington y en Oregon. El problema es que, al aumentar la longevidad, que se ha triplicado en el curso de dos siglos, vivimos hoy tres veces más de lo que se vivía entonces. La gente llegaba a vivir 25 años; hoy los franceses llegan casi a los 80, el triple. No solamente por la mejor medicina, sino porque hay agua potable, porque hoy en día incluso los franceses comen mejor. La desnutrición era muy común. La mortalidad infantil, que era tremenda, ha bajado muchísimo. En todo caso, cuanto mayor es la edad, tanto más frecuentes y más graves son las enfermedades, algunas de esas enfermedades imposibilitan: la gente tiene dificultades en caminar, en pensar, imagínese la gente con Alzheimer que anda por ahí, es una carga tremenda para la familia, alguien debe estar constantemente dedicado a esa persona y el pobre con Alzheimer no se da cuenta de nada. Qué sentido tiene prolongar esa vida. Habría que encarar las cosas con menos hipocresía y de forma menos conservadora, habría que alentar el suicidio asistido cuando la gente ya no puede disfrutar de la vida.

-¿Cuál es su opinión sobre la salud pública argentina viviendo en un país como Canadá donde el sistema sanitario ha funcionado muy bien?
-Yo creo que en la Argentina no ha funcionado tan mal, como en otros países, creo que ha mejorado mucho. Sobre todo desde Perón, yo he sido siempre antiperonista, pero reconozcamos que los dos primeros gobiernos de Perón tuvieron, entre otros méritos, el de organizar un Ministerio de Salud Pública, que no había antes. Los servicios sanitarios, de asistencia pública, creo que han mejorado, pero no hay medicamentos suficientes. En Canadá, la medicina anda bastante bien, cualquier residente tiene su tarjeta de medicare que lo habilita para ir a un hospital cualquiera donde lo atenderán gratuitamente, el paciente nunca le paga al médico. No se discuten honorarios ni nada porque los paga el gobierno provincial, de esa manera todos tienen acceso. Lo que ocurre es que no hay suficientes médicos, entonces las esperas suelen ser muy largas.

-Y retomando la pregunta con la que usted termina el libro: ¿cuándo aparecerá el Newton de la medicina?
-Yo no tengo la respuesta. Mientras a los médicos no se les enseñe a razonar, no va a aparecer un Newton. A los estudiantes de Medicina los atiborran, los obligan a memorizar una cantidad increíble de datos, entonces recibirse de médico es dar prueba de tener una gran retención, una enorme memoria. Habría que enseñar menos hechos y más a discutir, a diseñar experimentos, a pensar en causas. Esperemos que la filosofía pueda ayudar, porque da o puede dar una visión de conjunto de las cosas.

Medicamentos: el lucro o la vida. Germán Velásquez


Tres días después de haber salido en las librerías en Francia la “Guía de los medicamentos útiles, inútiles y peligrosos” de los profesores Even y Debré, la edición estaba completamente agotada. Los autores analizan los 4.000 medicamentos del mercado francés y llegan a la conclusión de que 50% son inútiles, 20% mal tolerados, 5% potencialmente muy peligrosos. Con el resultado de 100.000 accidentes terapéuticos graves por año, que necesitan hospitalización, y 20.000 muertes debidas a la toma de medicamentos
A partir de los años 90 la industria farmacéutica se reconvierte al capitalismo especulativo en busca de la rentabilidad inmediata… La responsabilidad de la situación actual no es sólo de la Industria… En Agosto de este año la Ministra de Sanidad española, Ana Mato, anuncio que el Sistema Nacional de Salud de España no financiará 426 medicamentos lo que permitirá ahorrar 458 millones de Euros al año. Sin embargo, “los fármacos incluidos en la lista se podrán seguir recetando cuando lo considere el médico, pero el paciente tendrá que abonar el precio total…”