
- Símbolo
de la lucha de Muammar el-Kadhafi contra los islamistas, el Líder libio
se había rodeado de una guardia personal femenina. Sin embargo, después
de lincharlo y enterrarlo, la OTAN se justificaba “revelando” a la
opinión pública occidental que las amazonas de Kadhafi sólo eran
prostitutas en manos de un dictador obsesionado por el sexo. En Francia,
esta propaganda dio incluso lugar a la publicación de un libro de la
“periodista” Annick Coljean, basado enteramente en un solo testimonio.
Occidente aplaude los bombardeos de Arabia Saudita
contra Yemen y la caída de la ciudad siria de Idlib en manos
de al-Qaeda, a pesar de que al-Qaeda es oficialmente una organización
terrorista antisaudita públicamente proclamada responsable de los
atentados del 11 de septiembre de 2001. ¿Qué está pasando que ahora nos
ponen nuevamente a los discípulos de Osama ben Laden en el campo de los «freedom fighters»
[“combatientes por la libertad”], como cuando luchaban contra los
soviéticos en Afganistán, porque tomaron Idlib, en la Siria de Bachar
al-Assad?
En el terreno, los hechos están confirmando, por desgracia, lo que
yo mismo escribí en este sitio web hace 2 semanas: la locura sanguinaria
que se ha apoderado del mundo árabe no tiene nada que ver con clases
sociales, con tendencias ideológicas ni con creencias religiosas. Desde
hace 4 años, gran número de individuos han modificado sus posiciones y
han cambiado de bando. Poco a poco, las cosas van decantándose y una
nueva línea limítrofe va apareciendo sin que los pueblos tengan
conciencia de ello.
En los años 1950, el mundo árabe se dividía en proestadounidenses y
pro-rusos. En los años 1990, se dividía en proisraelíes y miembros de la
Resistencia. Pero el presidente estadounidense George W. Bush y su
vicepresidente Dick Cheney rompieron con la lógica de los intereses de
los Estados para favorecer los intereses de las compañías petroleras. Y
hoy estamos recogiendo los frutos de la política de Barack Obama.
Estamos viendo una explosión de violencia de partidarios de la
poligamia contra defensores de los derechos de la mujer. Las monarquías
árabes y la Hermandad Musulmana defienden una sociedad dominada por los
hombres mientras que Irán y sus aliados luchan por una sociedad nueva,
donde hombres y mujeres son dueños de su fecundidad y disponen de los
mismos derechos. Podemos torcer y retorcer los hechos en todos
los sentidos pero la realidad es que no existe prácticamente ninguna
otra diferencia de peso entre ambos bandos.
Estamos viendo la oposición entre dos visiones del mundo.
¿Qué tienen en común los gobernantes árabes que han sido blanco de la
hostilidad de Occidente –el tunecino Zinedin Ben Ali, el libio Muammar
el-Kadhafi, el sirio Bachar al-Assad, el iraquí Nuri al-Maliki y
el yemenita Abdul Malik al-Huthi? Nada, aparte del hecho que todos
lucharon contra la poligamia.
¿Y qué tienen en común los aliados de Occidente en el mundo árabe
–los países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo y la Hermandad
Musulmana? Son todos favorables a la poligamia.
Esa es hoy absolutamente la única línea divisoria que atraviesa el
mundo árabe, exceptuando Irak y Egipto. En Irak, Estados Unidos todavía
no ha escogido claramente a sus socios. Oficialmente Washington respalda
a Haider al-Abadi contra el Emirato Islámico, pero la prensa de Irán,
al igual que la de Irak, ya ha demostrado que Estados Unidos está
jugando un doble juego y que ha entregado voluntariamente armas
al Emirato Islámico y matado soldados iraquíes. En cuanto a Egipto, el
presidente al-Sissi todavía sigue dudando entre su concepción personal
de los derechos de las mujeres y la de su padrino saudita, cuyo dinero
le resulta indispensable para la economía de su país, actualmente en
bancarrota.
Los años de propaganda nos han vuelto ciegos a la realidad.
Creemos, erróneamente, que los códigos iraníes para el vestir son
similares a los de Arabia Saudita. El hecho es que en Irán las mujeres
se convirtieron en dueñas de su fecundidad desde los primeros años de la
Revolución, o sea antes que las mujeres de la mayor parte de los países
de Europa. En las universidades iraníes, las mujeres son mucho más
numerosas que los hombres y llegan a ejercer las más altas
responsabilidades. Por el contrario, en Arabia Saudita las mujeres
no gozan por sí mismas de ningún derecho.
Creemos, erróneamente, que el mundo musulmán se divide entre sunnitas
y chiitas que luchan encarnizadamente entre sí. Pero en Yemen, los
hutis, a pesar de ser ampliamente mayoritarios a nivel nacional,
no habrían podido tomar Sanaa ni Adén sin el respaldo de una poderosa
fuerza sunnita, población mayoritaria en esas dos ciudades. Y en Siria,
el Ejército Árabe Sirio, que cuenta con el respaldo de Irán en la lucha
contra los takfiristas, se compone en más del 70% de sunnitas.

- Yussef
al-Qaradawi, líder de la Hermandad Musulmana y consejero espiritual del
canal de televisión qatarí Al-Jazeera, se ha convertido en un
especialista de la defensa de la poligamia y del derecho a golpear a las
mujeres. En Egipto, este personaje intervino en la campaña electoral
de Mohamed Morsi predicando en la plaza Tahrir del Cairo que
la prioridad política no era luchar contra Israel sino matar a los
homosexuales. En esta imagen lo vemos como invitado de honor en un mitin
de la “oposición moderada siria”.
Es importante señalar que el primer “logro” de la «
revolución»
tunecina fue –antes de adoptar cualquier decisión legislativa–
organizar el regreso de Rached Ghannouchi, líder de la Hermandad
Musulmana, quien en cuanto llegó a Túnez lo primero que hizo fue
proponer que se reinstaurase la poligamia.
Puede parecer sorprendente el hecho que ciertos miembros del Baas
sirio se hayan vuelto en contra de la República o que algunos comunistas
yemenitas se hayan puesto en contra de su partido y ver que todos estos
elementos se han pasado a las filas de al-Qaeda. Basta un vistazo a sus
familias para entender por qué se cambiaron de bando.
¿Y qué decir de los vencedores de la guerra en Libia, que inmediatamente anunciaron el restablecimiento de la sharia?
Estos ejemplos, que pueden parecer sorprendentes, son frecuentes.
Pero los casos de quienes se pasaron del bando prooccidental al bando
antioccidental son mucho más numerosos.
Como siempre, las potencias coloniales se han aliado a las fuerzas
que no podían triunfar sin su ayuda, que en este caso son los
partidarios de un mundo obsoleto. Pero Estados Unidos no previó las
consecuencias de esa decisión. Los estrategas estadounidenses pensaron
solamente en sus intereses imperialistas a corto plazo. Y hoy tratan de
surfear sobre la ola de violencia que ellos mismos desataron pero que
ahora los sobrepasa, al igual que abruma a los pueblos implicados.
Nadie podrá apagar el incendio que hoy consume el mundo árabe porque
este último ha cambiado demasiado rápido. Nadie puede escapar a la
cuestión de los derechos de la mujer.
En Occidente la producción industrial de condones comenzó en 1844.
Pero hubo que esperar hasta la aparición de la epidemia de sida, siglo y
medio más tarde, para que los países occidentales autorizaran la
publicidad sobre ese medio de contracepción. El diafragma contraceptivo
se inventó en 1880 y el uso del dispositivo contraceptivo intrauterino
conocido como “T de cobre” se extendió durante los años 1930. La píldora
contraceptiva apareció en los años 1950.
El control de la fecundidad transformó profundamente la vida de las
parejas heterosexuales. Los matrimonios “pactados”, que hasta la Primera
Guerra Mundial eran la norma en Occidente, cedieron el lugar al
matrimonio por amor después de la Segunda Guerra Mundial. La sociedad
occidental aceptó entonces la homosexualidad, que anteriormente
describía como una relación «
contra natura», a pesar de que ya
estaba científicamente comprobado que existía entre todos los mamíferos
estudiados y en muchas otras especies [
1].
En un regreso al pasado, desde los acontecimientos que marcaron la
Francia de mayo de 1968, las sociedades occidentales influenciadas por
la «
sociedad de consumo» hoy generalizan los divorcios múltiples.
Ya no son solamente las mujeres sino los dos sexos quienes son
considerados como productos de consumo perfectamente desechables. Por
vez primera en la historia de la humanidad, la poligamia se convierte en
un hecho social aunque se disimula a través de su extensión en el
tiempo. Dicho de otra manera, cada cual puede tener todas las mujeres o
esposos que quiera, a condición de que no sea simultáneamente.
Al mismo tiempo, las feministas, que antes luchaban por la liberación
de la mujer, a menudo se dedican a confinarlas nuevamente, sólo que
ahora las encierran en papeles masculinos. Afirman que, aunque son
físicamente diferentes entre sí, los dos sexos son absolutamente
idénticos y niegan la existencia de personas intersexuales (en uno de
cada 700 casos existen personas con órganos genitales femeninos que
no son portadoras de cromosomas XX sino XXY, en uno de cada 20 000 casos
hay personas con órganos genitales femeninos que son portadoras de
cromosomas XY, considerado el cromosoma que identifica al sexo
masculino) [
2].
Esta es la visión del mundo representada en Estados Unidos por la
abogada feminista Hillary Clinton, convertida en secretaria de Estado y
principal artífice de las «
primaveras árabes». Esta ideología está imponiéndose en Francia con el Partido Socialista, actualmente en el poder, y su concepción del «
matrimonio para todos» y la «
paridad»: en las últimas elecciones ningún candidato podía presentarse solo sino que tenía que formar un «
binomio» con otro ciudadano legalmente reconocido como del sexo opuesto.
Lo que Occidente ha vivido con enormes dificultades a lo largo de
2 siglos, el mundo árabe ha tenido que vivirlo en una sola generación.
Si bien los partidarios de Arabia Saudita son generalmente musulmanes
sunnitas, mientras que los de Irán pertenecen a todas las comunidades
religiosas, existen numerosas excepciones que no pueden explicarse
únicamente a través de la actitud ante la contracepción.
En el siglo XIX, las Iglesias cristianas eran violentamente
contrarias a la contracepción. En 1958, el papa Pío XII condenaba la
píldora contraceptiva. Pero en 2015, el papa Francisco pondera la «
paternidad responsable» y critica a los cristianos que «
se reproducen como conejos». Hace poco, la Iglesia católica enseñaba aún que la homosexualidad era un pecado contrario al «
plan de Dios». Hoy en día el papa Francisco declara que no se siente en condiciones de juzgar a los homosexuales.
Pero la evolución de la mentalidad no ha terminado aún ya que muchos
cristianos siguen considerando el aborto durante las primeras semanas
del embarazo como un asesinato, aunque Santo Tomás de Aquino demostró
–desde el siglo XIII– que un feto de varias semanas no podía ser un ser
humano. El apoyo de jóvenes musulmanes occidentales al Emirato Islámico
demuestra que Europa todavía no ha ganado la batalla de la «
paternidad responsable».
Hace 4 años que vengo analizando las estrategias de los Estados ante las «
primaveras árabes».
Pero hoy compruebo que los pueblos ya no obedecen a quienes los
manipulaban. Lo que mueve a la gente es otra fuerza, aún más poderosa,
que se apodera de los individuos sin que estos se den cuenta y
los desencadena.
A partir de 1936, el III Reich creó los Lebensborn
,
establecimientos dependientes del ministerio de Agricultura, encargados
de la “producción y crianza” de jóvenes «arios» por cuenta de las SS.
Quizás deberíamos releer nuestra propia historia a la luz de lo que
hoy sucede en el mundo árabe. Comprobaríamos entonces con el mismo
estupor que, durante la Segunda Guerra Mundial, los Aliados (el Reino
Unido, la Francia libre, la Unión Soviética y Estados Unidos) vivieron
movimientos feministas y concedieron diversas responsabilidades a las
mujeres mientras sus hombres morían en los campos de batalla. Mientras
tanto, las potencias del Eje (Alemania, Italia, el Estado Francés que
colaboraba con los nazis y Japón) prohibían estrictamente
la contracepción y se obstinaban, a pesar de todo, en mantener a la
mujer al margen de toda responsabilidad.