martes, 26 de junio de 2018

SI,SE PUEDE

Amaxofobia: qué es y cómo se puede superar

Mujer conduciendo de noche con cara de miedo.Derechos de autor de la imagenNYCSHOOTER / GETTY IMAGES
Image captionA algunas personas les puede dar incluso décadas después de estar conduciendo.
Lo peor de todo, como en cualquier fobia, es "el miedo al miedo", me explica por teléfono Francisco Javier Díaz Calero, que desde hace más de dos décadas trabaja ayudando a personas con amaxofobia a superar su miedo a conducir.
Más que temerle al coche, al tráfico o a los otros conductores, "le tienen miedo a sus propios nervios, a su propio descontrol".
María, de 51 años, sabe perfectamente de lo que habla este psicólogo clínico y profesor de autoescuela de Madrid.
Ella era una conductora habitual, con 30 años de experiencia al volante, cuando de repente un día sufrió un ataque de pánico en plena autopista.
"Tuve que parar el coche literalmente en el lateral de la autopista porque no fui capaz de seguir conduciendo", le contó a BBC Mundo.Saltar las recomendaciones
Cuando reunió fuerzas para volver a arrancar María siguió avanzando por el arcén, iba "muy, muy despacito y muy pegada a la orilla, que era donde me sentía más segura", hasta que consiguió encontrar la primera salida de la autopista y llegó a población.
"Salí como pude", dice ahora, tres años después, al recordarlo.
"Me asusté muchísimo". "Todos los coches me pitaban, lo pasé muy mal".
"La situación fue muy dura, la verdad".
Mujer tapándose los ojos en un coche que circula a gran velocidad.Derechos de autor de la imagenRUSLANDASHINSKY / GETTY IMAGES
Image caption"Muchas veces el miedo se basa en una fantasía, en un miedo sobre lo que creen que va a ocurrir", dice el psicólogo.
A partir de entonces María tenía tanto miedo a que le volviera a pasar lo mismo que poco a poco fue dejando de conducir: primero evitó las autopistas, las vías rápidas y al final ya incluso conducir por ciudad, a pesar de que el coche era esencial para su vida diaria.
"Hasta cambiar de carril me producía miedo", admite. "Y me planteé dejar de conducir totalmente, porque cada vez tenía más miedo".
Pero la idea de pasar a depender de otras personas le causaba una frustración grandísima, así que después de varios años decidió buscar ayuda.

Vinculado al estrés

Francisco Javier Díaz Calero va charlando con sus pacientes-clientes mientras van al volante, gracias a un vehículo de autoescuela de doble mando que le permite garantizar su seguridad y la de los conductores mientras éstos se enfrentan a su miedo.
Explica que esta fobia está muchas veces vinculada a un estado de ansiedad generalizada y que por eso en paralelo al pánico y a las habilidades psicomotoras propias de la conducción también va trabajando otros factores como "la gestión del estrés y la autoestima, que es un factor fundamental y determinante".
Vehículo avanzando en un túnelDerechos de autor de la imagenAEROGONDO / GETTY IMAGES
Image captionEl especialista estima que un 7% aproximado de los conductores siente tanto miedo que no puede manejar.
María cuenta que cuando tuvo ese primer ataque de pánico al volante estaba pasando por "una situación de estrés personal y laboral importante".
Además, añade que no encontró mucho apoyo en su entorno: "la gente pensaba que era una tontería y no entendían que me pasara esto después de tantos años de experiencia conduciendo".
No hay cifras específicas sobre cuántas personas tienen amaxofobia. Según Díaz Calero las estimaciones en España varían alrededor del 25-30% de quienes tienen licencia, que pueden experimentar nervios o miedo.
Pero el especialista estima que para un 7% aproximado de los conductores esa inseguridad se convierte en un pánico que imposibilita el manejo del automóvil.

Tres perfiles típicos

Según Díaz Calero, en general son tres tipos de personas las que desarrollan un caso serio de amaxofobia:
  • En el primer grupo están los conductores como María, ya experimentados, que sufren un ataque de ansiedad o de pánico mientras conducen -y que no necesariamente está vinculado al manejo del vehículo sino a una situación de estrés. En algunos casos es un ataque de agorafobia, que hace que tengan miedo sobre todo al conducir por vías rápidas.
  • El segundo lo integran los conductores que han tenido un cierto miedo a conducir desde el principio que nunca llegaron a superar y que con el tiempo empeoró. Es habitual en este grupo encontrar, por ejemplo, a mujeres que se divorcian y que al verse solas necesitan volver a conducir para garantizar su independencia.
  • Y el tercero, agrupa a las personas que han sufrido un gran accidente de tráfico que les ha causado un Trastorno de Estrés Post Traumático.
Si bien hay terapias psicológicas que utilizan la hipnosis o la realidad virtual para tratar a pacientes con fobias, Díaz Calero cree que en el caso de la amaxofobia es más eficaz hacerlo con técnicas de exposición.
Joven llamando por teléfono después de un accidente.Derechos de autor de la imagenLPETTET / GETTY IMAGES
"El problema de la conducción es que en un despacho no se puede tratar", afirma después de varias décadas de experiencia.
Argumenta que al ser una habilidad psicomotora es necesario practicar, "porque si pierdes el hábito se incrementa el problema".
"Yo me meto con ellos en el coche", dice, algo que podría ser temerario para un psicólogo habitual.
Díaz Calero empieza con un coche de autoescuela de doble mando y va haciéndoles circular por situaciones cada vez más difíciles en sesiones semanales.
"Vas trabajando sus miedos justo en el momento en el que aparecen", explica, analizándolos, viendo cómo se sienten.
Un miedo muy habitual, dice, son las cuestas abajo.
"Muchas veces el miedo se basa en una fantasía, en un miedo sobre lo que creen que va a ocurrir. Y lo que haces, por ejemplo, es contrastarlo con la realidad".
El objetivo es conseguir "que mejoren su control emocional y su habilidad de conducción". Y hacia el final de la terapia ya viajan en el propio vehículo del paciente.

"Ahora ya cambio de carril"

Recuperarse puede tomar tiempo.
Carretera despejada en medio de un paisaje amplioDerechos de autor de la imagenFRANKMARKSERGE / GETTY IMAGES
Image captionLa agorafobia puede desencadenar un ataque de ansiedad al volante.
"Ahora llevo cuatro meses de terapia y ya he conseguido conducir de una manera normal en población, haciendo mis cambios de carril", dice María.
"Antes me ponía detrás de un coche y no era capaz de adelantarlo siquiera".
Otros pueden tomar años y no llegar a recuperarse por completo o no llegar a poder conducir por carretera.
"Ahora estamos en la fase de conducir por las autovías y la verdad es que me voy sintiendo más tranquila dentro del coche, con más ánimo y con más fuerza para superarlo".
"Si puedo volver a conducir en autovía y autopista ya me conformo. Poderrecuperar la normalidad de la vida de uno es importante", dijo con optimismo.
CIENCIA
Esta ilustración muestra las diferencias entre conejos domésticos y silvestres, incluyendo cambios en el tamaño de la amígdala y la corteza prefrontal
Esta ilustración muestra las diferencias entre conejos domésticos y silvestres, incluyendo cambios en el tamaño de la amígdala y la corteza prefrontal - Fabian Sinzinger.

¿Por qué los conejos no te tienen miedo?

La domesticación ha reducido la región cerebral de estos animales destinada a responder al miedo



El motivo es que al domesticarlos hemos transformado su cerebro. Así lo afirma un estudio internacional con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que indica que los cambios genéticos asociados con la domesticación de los conejos ha tenido un profundo impacto en las regiones de su cerebro relacionadas con el procesamiento del miedo, como son la amígdala y el córtex prefrontal medial. Este es el motivo por el que estos animales se muestren tan dóciles ante nuestra presencia o la de otro potencial depredador. Ya no se asustan.
«No hay animal más difícil de domesticar que un gazapo de conejo silvestre, y ningún animal es tan dócil como un gazapo de conejo doméstico», decía Charles Darwin en «El origen de las especies». Cuánta razón tenía el padre de la teoría de la evolución. Estos animales silvestres tienen una respuesta de huida muy fuerte porque son cazados por águilas, halcones, zorros y humanos, y por lo tanto deben estar muy alerta y reactivos para sobrevivir en la naturaleza. Mientras tanto, esas graciosas criaturas que se pasean por casa, muchas veces elegidas por su dulzura como mascotas para los niños, son capaces de dejarse acariciar por las manos más torpes sin apenas inmutarse.
Los científicos criaron ocho conejos domésticos y ocho silvestres en condiciones muy similares para minimizar los cambios debidos a los efectos ambientales. Además, los datos de las resonancias magnéticas del cerebro se interpretaron con un sofisticado análisis de imágenes en el que el científico responsable desconocía si el animal era salvaje o doméstico.

Más lentos y tranquilos

«Este estudio indica que el cerebro de los conejos domésticos presenta amígdalas más pequeñas y córtex frontales medios más grandes comparados con las de los conejos salvajes», explica Jose A. Blanco-Aguiar, del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (centro mixto del CSIC y la Universidad de Castilla La Mancha). Las áreas que han perdido volumen son precisamente las que están involucradas en la detección, aprendizaje y expresión del miedo, mientras que las que han ganado volumen tienen que ver con la modulación del procesamiento emocional. Los autores también encontraron una reducción generalizada de la materia blanca, compatible con una velocidad neuronal reducida y una capacidad de procesamiento de información menos eficaz. Posiblemente, esto explica por qué son más lentos y flemáticos que sus homólogos silvestres.
«Una de las características más patentes que diferencia a los animales domésticos de sus ancestros silvestres es la respuesta comportamental ante la presencia humana o de depredadores potenciales, que en el caso de los animales domésticos no suele desencadenar ni la huida, ni la respuesta agresiva», añade el científico. Estas diferencias de comportamiento que ya citaba Darwin «en gran medida están determinadas genéticamente», señala Blanco-Aguiar. Para Rafael Villafuerte, del Instituto de Estudios Sociales Avanzados en Córdoba, la respuesta al riesgo de depredación debe ser tenida en cuenta a la hora de gestionar la conservación de esta especie frente a sus depredadores.

lunes, 25 de junio de 2018

PROHIBIRLAS QUE SON VENENO

Reino Unido quiere restringir la venta de chuches para bajar la obesidad infantil
Foto: Tomada de Internet
CIENTÍFICOS IDENTIFICAN SEGUNDO CEREBRO HUMANO
El cuerpo humano posee un segundo cerebro, ubicado al final del tracto digestivo y compuesto por un sistema neuronal que regula de manera autónoma las contracciones musculares necesarias para expulsar las heces. Así lo sugiere un estudio realizado por científicos australianos y publicado en la revista The Journal of Neuroscience. Los expertos analizaron cómo los movimientos de los intestinos dependen de una intrincada red de millones de neuronas que pertenecen al sistema nervioso entérico. Para ello, registraron los impulsos eléctricos en el músculo liso de ratones de laboratorio con la ayuda de imágenes neuronales de alta resolución y electrodos. Así, los científicos observaron cómo estas células cerebrales disparan su señal de manera rítmica y sincronizada para regular el trabajo del colon. 

El hongo que degrada plásticos en menos de tres días


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Un grupo multidisciplinario de científicos mexicanos, liderado por la doctora Carmen Sánchez, adscrita al Centro de Investigación de Ciencias Biológicas de la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UAT), encontró un hongo fitopatógeno que tiene la capacidad de degradar un aditivo de los plásticos en tan solo 60 horas.
Se trata del hongo Fusarium culmorum, el cual produce unas enzimas llamadas cutinasas, las cuales tienen el poder de degradar plastificantes que son aditivos del policloruro de vinilo (PVC), explicó Carmen Sánchez, experta en hongos.
Los plastificantes, también conocidos como ftalatos, proporcionan flexibilidad a los plásticos que los contienen. Por ello, se utilizan en muchos productos que se emplean en la vida cotidiana como tubos, cables, revestimientos de suelos y sistemas de techos, entre otros.
En este estudio que lleva por nombre Degradación de plastificantes empleando hongos filamentosos participan investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), unidad Iztapalapa, y la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).
Esta investigación es relevante porque el plástico tarda en degradarse entre 100 y mil años, dependiendo de su composición química, razón por la cual representa una amenaza para el medio ambiente una vez que se desecha.
En entrevista para la Agencia Informativa Conacyt, la científica, quien también es miembro nivel I del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), dio más detalles de este estudio que ya fue reportado en la revista Science of the Total Environment.
Carmen-Sanchez-1609
Agencia Informativa Conacyt (AIC): ¿Qué tipos de hongos estudian en su laboratorio?
Carmen Sánchez (CS): Son diversos hongos los que estamos estudiando, hongos comestibles y hongos fitopatógenos, es decir, que infectan las plantas.
En el artículo que acabamos de publicar es empleado el hongo fitopatógeno Fusarium culmorum y estamos escribiendo un artículo de degradación de plastificantes empleando Pleurotus ostreatus, que es el hongo comestible conocido como seta.
AIC: En cuanto a degradación, ¿cuáles son las principales diferencias entre Fusarium culmorum Pleurotus ostreatus?
CS: El hongo Fusarium culmorum mineraliza completamente el plastificante, es decir, lo degrada por completo. Pleurotus ostreatus también degrada el compuesto, pero no lo mineraliza totalmente. Esto es debido a que Fusarium culmorum produce mayor cantidad de cutinasas que Pleurotus ostreatus.
AIC: ¿Cómo encontraron el hongo Fusarium culmorum?
CS: Los plastificantes se encuentran en las tintas que se usan en las industrias papeleras y como componentes de los adhesivos que se encuentran en los sobres de papel y cajas de cartón.
Por ello, tomamos muestras de un lugar donde dicho material estuviera presente, esto fue en una empresa recicladora de papel, y de estas muestras aislamos organismos, dentro de estos encontramos el hongo Fusarium culmorum.
Lo anterior partiendo del principio que en este hábitat se estarían desarrollando organismos capaces de degradar plastificantes.
AIC: ¿En dónde habita el hongo?
CS: Fusarium culmorum es un hongo fitopatógeno que infecta las plantas dada su habilidad de producir unas enzimas que se llaman cutinasas. La producción de estas enzimas hace que la cutina que se encuentra en la pared de las plantas sea degradada, lo que facilita el proceso de infección en estas.
Pero gracias a esta habilidad de los hongos de producir dichas enzimas, que para las plantas representa una “desgracia”, para el fin que nosotros perseguimos esto es una “bendición”.
Esto es, las enzimas cutinasas son capaces de romper los enlaces ésteres que se encuentran en los plastificantes como di (2-etilhexil) ftalato y dibutil ftalato y, de esta manera, iniciar el proceso de degradación de algunos plásticos como el PVC.
Se ha reportado que estos plastificantes actúan como disruptores endocrinos. Esto quiere decir que además de contaminar el medio ambiente también pueden dañar la salud humana.
pet_bas_1609AIC: ¿En qué tiempo puede degradar el plastificante?
CS: Realizamos experimentos empleando el compuesto puro; por ejemplo, el di (2-etilhexil) ftalato es degradado en 60 horas de crecimiento (hablamos de una concentración de mil miligramos por litro).
AIC: ¿Qué tan costoso es el proceso? ¿Es viable económicamente?
CS: Estamos en la primera etapa, en la cual estamos estudiando la potencialidad que representa este organismo como productor de cutinasas; en una segunda etapa tendremos que caracterizar a detalle la enzima para después poder producirla a gran escala empleando técnicas biotecnológicas, esto requiere estudios más a detalle. Lo importante es que ahora ya tenemos el organismo productor de dichas enzimas.

MAS SOLOS QUE LA UNA...NO ME LO CREO


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Frank Drake y su célebre ecuación sobre la posibilidad de que existan otras civilizaciones inteligentes - SETI / Vídeo: Una nueva teoría explica por qué no contactamos con extraterrestres

No busquen más, estamos solos en el Universo

Un equipo de científicos británicos llega a la conclusión de que somos la única civilización inteligente


La mayor parte de los astrofísicos y cosmólogos de la actualidad están convencidos de que "ahí arriba", en alguna parte, deben existir formas de vida inteligente. Es la conclusión lógica de pensar en la enormidad del Universo: miles de millones de galaxias, con cientos de miles de millones de estrellas cada una y billones de planetas orbitando alrededor de esas estrellas.
Anders Sandberg, Eric Drexler y Toby Ord, investigadores de la Universidad de Oxford, acaban de publicar en arxiv.orgun demoledor artículo en el que reinterpretan con rigor matemático dos de los pilares de la astrobiología: la Paradoja de Fermi y la Ecuación de Drake. Y sus conclusiones son que, por mucho que las busquemos, jamás encontraremos otras civilizaciones inteligentes. ¿Por qué? Porque, sencillamente, no existen.
Lo abultado de estas cifras, consideran esos científicos, convertiría en una auténtica "perversión estadística" la mera idea de que la inteligencia hubiera surgido solo una vez en un sistema de tales proporciones. ¿Pero qué pasaría si la posibilidad más inverosimil resultara ser la correcta y resultara que, a pesar de todo, estamos completamente solos?
Según los tres investigadores de Oxford, los cálculos hechos hasta ahora sobre la probabilidad de que exista vida inteligente fuera de la Tierra se basan en incertidumbres y suposiciones, lo que lleva a que sus resultados tengan márgenes de error de "múltiples órdenes de magnitud" y, por lo tanto, inaceptables.
Por eso, Sandberg, Drexer y Ord han tratado de reducir al máximo ese enorme grado de incertidumbre, ciñéndose a los mecanismos químicos y genéticos plausibles. Y el resultado, afirman, es que "hay una probabilidad sustancial de que estemos completamente solos".
Según la paradoja de Fermi, formulada en 1950 por el físico italiano Enrico Fermi, solo en nuestra galaxia hay tantas estrellas que, teniendo en cuenta la edad del Universo, incluso la más pequeña probabilidad de que surja vida inteligente significaría que la Vía Láctea debería estar repleta de tales civilizaciones, y que por lo menos algunas de ellas deberían haber sido ya detectadas por la Humanidad. Pero a pesar de todos los esfuerzos, no ha sido así. De ahí la paradoja.
En 1961, el astrónomo norteamericano Frank Drake trató de encuadrar la paradoja de Fermi en un marco analítico y desarrolló la famosa ecuación que lleva su nombre para estimar el número de civilizaciones inteligentes que podrían existir en nuestra VÍa Láctea, independientemente del hecho de que no podamos verlas.
En su ecuación
N sería el número de civilizaciones con capacidad de comunicación dentro de nuestra galaxia. Un número que Drake calculó teniendo en cuenta factores como el ritmo actual de formación de estrellas "adecuadas" (R), la fracción de estrellas que tienen planetas (fp), el número de planetas dentro de la "zona habitable" de esas estrellas (ne), el número de mundos en los que ha surgido la vida (fl), se ha desarrollado hasta la inteligencia (fi) y ha sido capaz de fabricar tecnología de comunicaciones (fc). L, por su parte, es el tiempo medio, en años, durante el que una civilización inteligente puede sobrevivir.
Asignando una serie de valores a cada parámetro, Drake llegó a la conclusión de que solo en nuestra galaxia, la Vía Láctea, debería haber un mínimo de diez civilizaciones detectables por el hombre cada año. Más tarde, y a la luz de los nuevos conocimientos astronómicos, los valores asignados por Drake a cada factor se fueron ajustando, y un buen número de soluciones a su ecuación contemplan resultados mucho más modestos, con cifras de 0,0000000142162 (e incluso menos) posibles civilizaciones detectables al año.
En su artículo, los tres investigadores británicos hacen suya la frase de la astrónoma Jill Tarter, directora del Instituto SETI hasta 2012, en la que se refiere a la ecuación de Drake como a "una maravillosa forma de organizar nuestra ignorancia".
El problema con la ecuación, dicen los tres científicos, es que los valores asignados a la mayoría de los factores suelen representar las mejores conjeturas posibles, que además dependen en gran medida de la actitud optimista o pesimista de la persona que las realiza en cuanto a la posibilidad de que exista vida inteligente.
Parafraseando a Steven J. Dick, otro astrónomo norteamericano, los investigadores escriben en su artículo: "Quizás nunca en la historia de la ciencia se haya ideado una ecuación que arroje valores que difieran en ocho órdenes de magnitud... Cada científico parece aportar sus propios prejuicios y suposiciones sobre el problema". Y eso que Dick estaba siendo amable, indican los investigadores, ya que muchos resultados de la ecuación de Drake difieren incluso en cientos de órdenes de magnitud.
Entre las muchas soluciones obtenidas hasta ahora, Sandberg, Drexer y Ord valoran especialmente la conseguida recientemente por el cosmólogo Max Tegmark. Según este científico sueco, no existe razón alguna para que dos civilizaciones inteligentes se encuentren a una distancia determinada. Por lo que, y dado que la VÍa Láctea solo representa una minúscula porción del Universo observable, que a su vez solo es una pequeña parte del Universo más allá de lo que podemos ver, resulta poco probable que surjan dos civilizaciones inteligentes en el mismo Universo observable. Por lo tanto, a todos los efectos, lo más probable es que estemos solos.

El surgimiento de la vida

En su modelo, los investigadores británicos utilizan un enfoque diferente, incorporando las incertidumbres científicas actuales que hacen que los valores de las diferentes partes de la ecuación de Drake difieran en decenas (o cientos) de órdenes de magnitud. Algunas de esas incertidumbres se refieren a cuestiones críticas, relacionadas con la aparición de vida a partir de materiales "no vivos", un proceso conocido como abiogénesis, y las probabilidades posteriores de que la vida temprana, similar al ARN, termine por evolucionar hacia otra forma de vida más adaptable, parecida al ADN.
Por no hablar de la cuestión de cómo esa vida similar al ADN terminó por convertirse en las complejas células eucariotas de las que está hecha cualquier especie viva de nuestro planeta que sea más compleja que una bacteria. Los resultados son, ciertamente, demoledores, y en ellos la paradoja de Fermi se disuelve hasta desaparecer como un azucarillo en el agua.
"Cuando tenemos en cuenta las incertidumbres de forma realista -concluyen los investigadores- sustituyendo las estimaciones puntuales por las distribuciones de probabilidad que reflejan la comprensión científica actual, no encontramos ninguna razón para sostener que en la galaxia, o en todo el Universo observable, existan otras civilizaciones".
Muy al contrario, lo que sí que encuentran es "una probabilidad sustancial de que estemos solos en nuestra galaxia, y tal vez incluso en nuestro universo observable".
¿Dónde están, entonces todos los demás? Para los tres científicos de Oxford, "probablemente muy lejos, más allá del horizonte cosmológico que será, para siempre, inalcanzable para nosotros".