viernes, 27 de julio de 2018

COMEMELO



Ni hablar de sexo oral

Por qué un tercio de las mujeres rechaza esta práctica sexual


No todas las amantes consideran indispensable el sexo oral. Hay muchas que se niegan a practicarlo o a que se lo practiquen.


La felación se consideraba un arte en el Antiguo Egipcio
La felación se consideraba un arte en el Antiguo Egipcio GETTY IMAGES

A veces creemos que todas las personas que están a nuestro alrededor llevan una vida parecida a la nuestra. O cuando menos, no muy diferente. Sin embargo, en la intimidad de nuestro dormitorio, cada uno da rienda suelta a sus preferencias sexuales, en las que no tenemos por qué coincidir lo más mínimo. Aún así no pude evitar sorprenderme de que aquel amigo, de la misma edad que yo, con una relación de pareja de casi dos años, me confesara que desde que está con su novia, jamás de los jamases ha practicado sexo oral en ninguna de sus posibilidades. Ni lo hace él, ni se lo hacen. Su novia ha expresado su incomodidad a la hora de practicarlo y se niega a ser ella la que reciba las prebendas.
A la pregunta de qué es lo que más te gusta hacer en la cama, el sexo oral siempre es una de las primeras. Sin embargo, Journal Sex of Medicine divulgó en el año 2017 un estudio en el que se reflejaba que el 30% de los hombres no practicaba ni recibía sexo oral. No se escandalicen, en otro estudio de The Canadian Journal of Human Sexuality se constató que solo un 28% de las mujeres entre 18 y 24 años encuestadas, reconocían disfrutar practicándolo y recibiéndolo, cifra que aumentaba considerablemente hasta situarse, en torno a los 40 años, en una práctica llevada a cabo por más del 80%. Mientras esas mujeres no supieron qué era y cómo era el buen sexo oral no lo contemplaban como una práctica deseada.

El sueño de la mujer del pescador. Xilografía de HokusaiAna Lombardía, psicóloga, sexóloga y terapeuta de parejas, conoce a estas mujeres. El rechazo a los genitales sucede en el aspecto más físico: no les gusta el sabor y/o el olor de los mismos. Ni los suyos ni los de su pareja. Los genitales, en sí, les parecen sucios. También consideran humillante practicar una felación por condicionar la imagen del acto a lo que vemos en el cine para adultos. Para otras mujeres, el problema radica en lo trabajoso que resulta hacer una buena felación, práctica que consideran que solo reporta placer a quien recibe el sexo oral, pero no a quien lo proporciona. "La educación en general y la sexual en particular limita la práctica del sexo oral. Y tiene mucho que ver con cómo nos contaron la película y cómo empezamos a verla para que queramos repetir. No conozco a nadie que después de llevar a cabo lo que sea en la cama, si no ha salido medianamente bien, le queden ganas para repetir experiencia. Como con todo, con el sexo oral no queda otra que ir lentamente, con mucho amor y mucho cuidado. Normalmente, es una cuestión de género. Somos más las mujeres las que nos negamos a tener sexo oral en cualquiera de sus posibilidades, y por tanto las que determinamos hasta dónde llegará la intensidad de esa relación sexual", concluye la sexóloga.




El sueño de la mujer del pescador. Xilografía de Hokusai  GETTY


Se aprende siempre que te enseñan. Si no, no hay manera. Encontrarte con una mujer o un hombre homosexual de 40 años que no practique una buena felación es también responsabilidad de todos los señores que pasaron por su cama y no les enseñaron nada. Un saludo a todas las personas que cuando se cruzaron en mis sábanas quisieron que yo aprendiera algo más de su sexo. Si lo hago tan bien, adivina por qué es. Si no te lo sé hacer, enséñame.
Carolina Armero, sexóloga, señala que a muchas mujeres no les gusta recibirlo por no haber solucionado antes la incomunicación con sus parejas. "Nosotras tardamos más en llegar al orgasmo que los hombres, pero muchas veces no somos capaces de hablar abiertamente con ellos de lo que nos gusta o cómo nos gusta lo que nos hacen. Por eso hay quien empieza a poner excusas y a dejar de lado una práctica que reporta mucho placer. Con esas mujeres hay que trabajar desde la raíz del problema, poco a poco y desmontándoles sutilmente todos los prejuicios que puedan tener. Convencerlas de que no es nada malo, enseñarles que el mal olor o sabor se suple con lubricantes de sabores y demostrarles con imágenes eróticas pero no pornográficas que las felaciones no traen implícito ningún sometimiento".
Los egipcios gustaban de exhibir sus genitales en público y consideraban la felación todo un arte. A partir del siglo XVII los artistas japoneses empiezan a usar referencias sexuales en muchas de sus obras de arte. En 1814, Katsushika Hokusai dibujó una de las xilografías eróticas más famosas: El sueño de la mujer del pescador. Sexo oral onírico e imaginativo: una mujer recibiendo las prebendas de dos pulpos, uno pequeño que besa sus pechos, otro gigante que le practica un cunnilingus. Ambas culturas disfrutaban de una educación sexual implícita.
¿Se imaginan si en vez de educarnos para santificar mártires nos hubiesen permitido imaginar todas las posibilidades sexuales habidas y por haber?

EL ASESOR MEDICO DEL PRESIDENTE ARGENTINO ,EL MAFIOSO CALABRÉS MACRI


“Pero volvamos al himen. Esta membrana es un sello físico que contribuye a que la mujer se inicie con mayor racionalidad en la vida sexual. Todos los sellos, no sólo los sexuales, tienen como misión ayudar a reflexionar sobre la acción que se llevará a cabo. Por ejemplo, en las tiendas elegantes las prendas de vestir tienen un sello que, quien lo rompe debe comprar la mercadería; a diferencia de los mercados persas en los que se puede probar una mercadería sin sellos ni garantías y si es utilizada a lo largo de unos días y no complace al comprador, éste podrá regresar al puesto de venta y cambiarla por otra (...)”.
(De “Gobernar es poblar. ¿Paternidad responsable o fornicación asistida?”, de Abel Albino.)
Fotos del himen virgen

Similitudes y diferencias entre trastorno bipolar y esquizofrenia


Científicos españoles han diseccionado genéticamente el trastorno bipolar y la esquizofrenia. El trabajo, publicado en Cell, identifica diversas regiones génicas involucradas en las similitudes y diferencias entre ambos trastornos.

<p>Al comparar los pacientes con esquizofrenia y los pacientes con trastorno bipolar se identificaron cuatro regiones genómicas que contribuyen a las diferencias biológicas entre ambos. / SINC</p>
Al comparar los pacientes con esquizofrenia y los pacientes con trastorno bipolar se identificaron cuatro regiones genómicas que contribuyen a las diferencias biológicas entre ambos. / SINC
La esquizofrenia y el trastorno bipolar son dos condiciones psiquiátricas distintas pero que comparten síntomas clínicos. Estudios epidemiológicos y genéticos recientes han demostrado una superposición sustancial entre ambos trastornos, pero también diferencias en la arquitectura genética.
En este trabajo, llevado a cabo por el Bipolar Disorder and Schizophrenia Working Group of the Psychiatric Genomics Consortium, se ha indagado en los factores genéticos que contribuyen a los síntomas compartidos por los dos trastornos y a los síntomas específicos de cada trastorno.
“Identificar los componentes genéticos que contribuyen a ambos trastornos proporcionará una idea de la biología subyacente a los síntomas compartidos por los dos trastornos. También es importante identificar variantes genéticas específicas de un determinado trastorno y descubrir cómo contribuyen dichas variantes genéticas a síntomas específicos de cara a escoger el tratamiento más adecuado”, explica Eduard Vieta, del Hospital Clínic de Barcelona.

Al comparar los pacientes con esquizofrenia y los pacientes con trastorno bipolar (23.585 vs 15.270, respectivamente) se identificaron cuatro regiones genómicas que contribuyen a las diferencias biológicas entre ambos trastornos.
Los autores, entre los que se encuentran varios expertos españoles, analizaron datos genéticos de más de 53.000 pacientes (20.129 pacientes con trastorno bipolar y 33.426 pacientes con esquizofrenia) y más de 54.000 voluntarios sanos procedentes de diversos centros a nivel mundial. Como resultado de estos análisis, se hallaron 114 loci implicados en vías sinápticas y neuronales compartidas entre ambos trastornos, de los cuales 32 loci no se habían identificado previamente.
También se identificaron múltiples firmas genómicas que se correlacionan entre un trastorno y un síntoma clínico en el otro trastorno. Por ejemplo, se halló que los marcadores de riesgo poligénico para trastorno bipolar (PRS, polygenic risk score, que son una medida cuantitativa de la carga genética individual) se asociaban con la presencia de síntomas maníacos en pacientes con esquizofrenia.

Comprender sus aspectos diferenciales 

Vieta señala que “en este estudio se presenta una disección genética detallada del trastorno bipolar y la esquizofrenia que apunta a un riesgo genético compartido sustancial, pero que también demuestra que loci específicos contribuyen a las diferencias fenotípicas de estos trastornos”.
“Nuestros datos sugieren que la esquizofrenia y el trastorno bipolar no son el mismo trastorno, pero tampoco enfermedades totalmente independientes, sino que pueden compartir dimensiones sintomáticas específicas que se pueden identificar utilizando información genética, lo que en última instancia puede ayudar a caracterizar mejor al paciente y a guiar el diagnóstico y el manejo terapéutico”, añade.
“Estos nuevos datos nos acercan sustancialmente hacia la comprensión de la herencia de dos de los grandes síndromes psiquiátricos, la esquizofrenia y el trastorno bipolar, y abren por primera vez la vía para comprender aspectos diferenciales de su genética molecular”, concluye el experto.

La mala salud es muy saludable para la industria farmacéutica

@anitabotwin
Hace tiempo vi un documental realizado por la ONG Salud Por Derecho que hablaba de los fallos del sistema actual de investigación, desarrollo e innovación de fármacos.
Al salir de la proyección de Houston tenemos un problema: El documental que no quieren que veas, una mezcla de cabreo y tristeza me invadieron. Supe entonces que, mi enfermedad autoinmune, al igual que la de mucha otra gente, iba a ser cronificada por el resto de mi vida. No iba a existir una cura y en caso de haberla no iba a ser rentable para el monstruo farmacéutico. Curar enfermedades no es rentable para las farmacéuticas y los pacientes no somos más que dólares en bolsillos de lobos de Wall Street.
El mercado farmacéutico supera las ganancias por ventas de armas o las telecomunicaciones, y es que por cada dólar invertido en fabricar un medicamento se obtienen mil de ganancia. En 2002 el volumen de beneficios de las 10 mayores farmacéuticas ya superaba los beneficios acumulados por las otras 490 empresas, según la lista Fortune. De entre ellas,  25 empresas controlan cerca del 50% del mercado mundial. El 90% del presupuesto dedicado por las farmacéuticas para la investigación y el desarrollo de nuevos medicamentos está destinado a enfermedades que padecen un 10% de la población mundial
Además de la cronificación, se encuentra la falta de acceso a medicamentos que sí curan. La realidad es que una de cada tres personas no tiene acceso a los fármacos que necesita para enfermedades tan graves como el cáncer, el sida o la hepatitis C; el actual modelo de investigación no invierte en saber más acerca de enfermedades que no son rentables e impone precios exorbitantes a los nuevos medicamentos, jugando con la vida de los pacientes y poniendo en peligro la sostenibilidad de los sistemas de salud. Además, este tiburón codicioso desarrolla fármacos de escaso valor terapéutico que suponen un despilfarro de recursos públicos y de conocimiento científico. Todo ello lo cuenta Salud por Derecho, que hace una labor extraordinaria en su afán por conseguir un acceso universal a medicamentos.
¿Hasta qué punto es válido que la industria de la salud se rija por los mismos valores y principios que el mercado capitalista, los cuales llegan a parecerse mucho a la mafia? El premio Nobel de Medicina de 1993, Richard Roberts, denunció en su momento que las farmacéuticas se dedican a desarrollar medicinas que no curan del todo, sino que cronifican la enfermedad. Según su punto de vista,  los poderes políticos lo saben, pero los laboratorios compran su silencio financiando sus campañas electorales. Es aquí donde entramos los ciudadanos y nuestra presión social para que se deje de comerciar con nuestra salud y nuestras vidas.  La investigación en la salud humana no puede depender tan sólo de su rentabilidad económica. Roberts aseguró que  las farmacéuticas están interesadas en líneas de investigación no para curar sino sólo para cronificar dolencias con medicamentos cronificadores mucho más rentables que los que curan del todo y de una vez para siempre. Si nuestras vidas son un negocio, ¿no deberíamos ser más conscientes y luchar para presionar al poder?
En este sentido, Vanessa López, directora de Salud Por Derecho, cuenta que en el caso de VIH-sida la mayor parte de la investigación ha sido en relación al desarrollo de fármacos que no curan la enfermedad, “si tienes acceso a ellos puedes vivir con buena calidad de vida y cronificar la enfermedad, pero la inversión en investigación para una vacuna preventiva o para una cura ha sido a lo largo de la historia muy deficiente”. Para la hepatitis, por ejemplo, existe cura y sin embargo por su precio excesivo es muy complicado su acceso. Actualmente la compañía farmacéutica Gilead –¿casualidad con El Cuento de la Criada?- está ganando una gran cantidad de beneficios gracias al tratamiento contra la hepatitis C, Sofosbuvir, al que puso el astronómico precio en España de 25.000 euros.
Es comprensible que ustedes, queridos empresarios multimillonarios, quieran sacarnos los cuartos antes que curar nuestros males y quieran “paliar los síntomas” o frenar la evolución para que nos demos con un canto en los dientes. Pero no cuela. Es de sentido común que es mucho más rentable para una multinacional sacar un beneficio X para toda su vida empresarial y mantenerlo en el tiempo, que sacar un beneficio Y –la cura- que por muy alto que fuese, jamás alcanzaría al X. Y es así, amigos, como funciona el negocio de la salud.
Por ello, necesitamos presionar para modificar el modelo actual de i+d y con el cambio de Gobierno esperemos que tomen buena nota. Que el nuevo Gobierno no tema a las farmacéuticas y laboratorios, que prime las vidas por encima de intereses privados. Es el momento de salvar vidas o callar muertes en vida. No hay medias tintas.

jueves, 26 de julio de 2018


Un hipocondríaco sufre una enfermedad que aún no se ha descubierto

LO QUE CREE QUE TIENE ES TAN GRAVE QUE NO SALE NI EN GOOGLE


Diciendo que es “muy nueva” pero que matará a un montón de gente, un hipocondríaco ha acudido esta mañana a urgencias con los síntomas clarísimos de una enfermedad aún por descubrir y de la que nada se sabe, según él mismo ha informado a la prensa.
“La van a descubrir en unas horas, en cuanto me analicen”, explica el hipocondríaco, muy emocionado. “Tengo los típicos síntomas que en el futuro servirán para identificar esta enfermedad mía que tengo y que es mortal y que probablemente acabe con la vida de la mitad de la población mundial”, insiste el paciente, especificando que la principal manifestación de esta nueva patología es una “intensa sensación de preocupación” seguida, según dice, de una irracional necesidad de acudir al médico a ser escuchado.
“Tras acudir al médico el paciente convoca a la prensa para anunciar que los médicos están a punto de descubrir una nueva enfermedad y a continuación empieza a inventarse síntomas, lo que indica que el virus ya se ha hecho muy fuerte en su interior y el desenlace es inevitable”, detalla el enfermo. “Los síntomas de la siguiente fase son convulsiones o desmayos o sangrar de forma abundante por el ano, aún no lo he decidido”, añade.
A última hora, fuentes del hospital han informado de que el paciente está sangrando de forma abundante por el ano.

UN MUNDO INFELIX

Del dominio de una retórica a una retórica de dominio
Neurociencia ficción
El autor interroga desde la retórica a lo que llama “neurociencia ficción”: un discurso que prolifera como abordaje de la subjetividad, una práctica clínica que articula la psicofarmacología con las terapias cognitivo-conductuales y una cosmovisión que se deriva de esa conjunción. El uso de objetos químicos (fármacos) y objetos léxicos.
¿Reprogramar el cerebro para perder el miedo al dolor, borrar nuestras conductas erróneas y regrabar sobre ellas las correctas?
Quisiera interrogar desde la retórica un discurso que hoy prolifera como abordaje de la subjetividad, práctica clínica que implica la psicofarmacología articulada a las TCC (Terapias Cognitivo Conductuales) y una cosmovisión que se deriva de esa conjunción. Tiene su faz de orden, cosmos, que la ciencia ficción anticipó como totalización del control de las vidas humanas a través del consumo de sustancias, y del consumo en general, incluido el de la palabra. Llamaré a ese discurso Neurociencia Ficción. 
En Un mundo feliz (Huxley), a la droga para el control del deseo como objeción a un orden para todos se suma el consumo de un modo de la palabra: “Un estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos (…) pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre. Inducirles a amarla es la tarea asignada (…) a los ministerios de propaganda, los directores de los periódicos y los maestros de escuela. Pero sus métodos todavía son toscos y anticientíficos”. Requiere según Huxley una técnica más avanzada de sugestión, con mejores drogas y una eugenesia para producir humanos estandarizados. Total actualidad.
En 1890, a Freud aún le entusiasma la sugestión como panacea: “las «meras» palabras del médico” pueden curar los síntomas. Esas palabras son “ensalmos desvaídos. Pero será preciso emprender un largo rodeo para hacer comprensible el modo en que la ciencia consigue devolver a la palabra una parte de su prístino poder ensalmador”. Luego Freud, conducido por otra ética de los poderes de la palabra, funda el psicoanálisis. Que no es una cosmovisión. Y es un desarrollo sobre la sugestión: implica un funcionamiento inverso de los mismos elementos. El psicoanalista, sometido a la palabra del paciente, sitúa los efectos hipnóticos de la palabra del Otro. En sus síntomas, actos fallidos, sueños, el que se analiza despliega cómo algo habla en él sin que antes pudiera saberlo y lo comanda. El analista opera con la palabra (la interpretación) para que no se consolide ese sitio enaltecido, de líder o hipnotizador, en que es paradójicamente ubicado, haciendo oír los efectos sugestivos de la palabra para ponerlos en cuestión, de modo que su palabra no sea de saber ni de autoridad.
El nombre Neurociencia Ficción alude tanto a su pretendida relación a la ciencia del cerebro como al género literario que engendra: no la ciencia ficción sino una ficción sobre la neurociencia. No acerca de ella sino apoyada en sus términos, su retórica científica.
La Ciencia ocupa hoy un lugar de creencia, estructurante de una cosmovisión, idea de un orden de las cosas que da certidumbres. Los términos de la Ciencia decoran textos que, apoyándose en ellos, se vuelven creíbles para el público, por esa retórica que llevan como marca de origen y les da una pátina de verdad.
La Neurociencia Ficción, además de objetos químicos, fármacos, se sirve de objetos léxicos, palabras que circulan en prospectos, notas, congresos, libros, objetos de un discurso que se sostiene en los aparatos de legitimación tanto como en las exclusiones que lo fundan (Foucault). ¿Es la exclusión del psicoanálisis necesaria para el sostén del discurso de esta Neurociencia?
La proliferación de textos que en los mass media se apuntalan en la Ciencia  sostiene ese discurso, cuyos términos médico científicos e informáticos legitiman el discurso de la tecnociencia. Retórica eficaz: sus usuarios no exigen ni practican experimentación científica antes de someterse a una reprogramación cerebral o a un tratamiento psicofarmacológico. Confían en la legitimidad de la técnica que se sostiene en los términos de autoridad que comandan un discurso.
Eduardo Keegan, teórico de las TCC, en Escritos de psicoterapia cognitiva alude al poder persuasivo de lo científico: “El discurso de la Modernidad precluye la apelación a lo sobrenatural; a partir de esto, el adjetivo científico es condición indispensable para que una práctica o una teoría logren credibilidad”. No es lo mismo adjetivo “científico” que fundamento científico. Se alude a la retórica, al valor persuasivo de la palabra.
En las TCC esa retórica es incluida en el tratamiento: el paciente es invitado a corroborar o descartar como hipótesis sus ideas compulsivas, a llevar registros de sus cogniciones, estados de ánimo, mejoras o recaídas, para evaluar empírica y objetivamente el proceso. Mientras el supuesto control del paciente pareciera descartar el factor subjetivo de quien conduce la terapia, los términos científicos pasan desapercibidos en su eficacia sugestiva.
Se dice en los mass media que la felicidad está determinada por la ingesta de azúcares, que las relaciones sexuales por la mañana mejoran la salud, que el vino es bueno para el corazón, y luego que es malo. Alimentos, costumbres, sexo, se convierten en fármacos, remedio y tóxico. Deben ser incorporados en dosis adecuadas. Una nota (Clarín, 2008) titulaba: “Prueban que beber mucha agua no es tan beneficioso. Los 8 vasos diarios que se recomendaban no tienen un serio respaldo científico”. En la nota leemos que tampoco tiene respaldo la probada novedad, cuestionada por un médico local. Pero entretanto se habló de respaldo científico, dosis, investigaciones, universidades… liturgia científica que sostiene la creencia. Tomar agua se transmuta en ingerir “8 vasos diarios”, una dosis, transformándose por la magia del discurso en medicamento, objeto que participa de creencias consagradas.
El lenguaje de la ciencia y la informática convergen en esta nota (La Nación, 2017): “Reprogramar el cerebro de Juan Martín del Potro: la llamativa propuesta de un gurú de la neurociencia”. Técnicas de “visualización”, reaprendizaje del revés, aparatos que emiten sonidos que afianzan como campanilla de Pavlov la reprogramación: conductismo y lenguaje informático que informan la práctica neurocientífica y las TCC. “Suena a ciencia ficción, pero no lo es”, aclara el autor que entrevistó al gurú. A la autoridad del experto en biomecánica, el término “gurú” le agrega el sesgo hinduista de maestro espiritual.
“Resetear” su cerebro es la solución para los problemas del tenista, que “necesita recuperar la fe en su revés a dos manos”, dice el gurú. “Lo que quiero proponerle es simple: una reprogramación neuromotriz que le diga a su cerebro que ya puede volver a pegar su revés”. Aparatos y términos científicos pero en el fondo una cuestión de fe. La “reprogramación neuromotriz” le diría a “su cerebro que ya puede volver a pegar su revés”. Personificación mediante (¡retórica!) es la “reprogramación neuromotriz”, tan encumbrada y digna de fe la que daría una orden a su cerebro. El deportista imagina “los errores para desgrabarlos y ver mentalmente el golpe correcto para regrabarlo”. Términos científicos, informáticos, un organismo máquina, ordenador ordenado. El autor se alarma: “Grabar y desgrabar” es “casi inquietante, porque [el gurú] está hablando del cerebro de una persona.” Pero ¿se trata de un paciente en la reprogramación del golpe del tenista? ¿Se trata de prácticas que buscarían la salud o entraríamos al mero terreno de la programación de mentes?
En la hipnosis aplicada al tratamiento médico (viajamos al Buenos Aires de 1890) la salud está presente, “el noble sentimiento humanitario de hacer bien” incluso, tal como dice un médico argentino en La sugestión en terapéutica (1892), donde a los objetivos agrega “aliviar los sufrimientos del paciente, ya con el objeto de desarrollarle alguna facultad, como sucede con ciertos niños de poca actividad intelectual á quienes se les puede desarrollar la memoria y la aplicación al estudio por las sucesivas sugestiones. De la misma manera puede hacerse con los viciosos é indisciplinados pudiendo corregírseles por la sugestion hipnótica”. La salud no es lo único. Conducta, moral y productividad forman parte del horizonte de la práctica.
Encontramos el fundamento moral en las órdenes sugestivas que el médico da a sus pacientes, donde si se intenta curar el síntoma, su ética podría engendrar lo contrario, instalando un nuevo amo, al que el deseo vía el síntoma intenta resistir. Un ejemplo tomado de esa tesis: 1890: Hospital Sifilicomio: paciente con crisis histéricas, ovarialgias. Dice el médico: “le sugiero no tener durante esta semana ningun acceso.” (…) “el lúnes ocho, tuvo un acceso que le duró cuatro minutos; la consecuencia [causa] de ello, fue el haber recibido una noticia desagradable (habían llevado á la Penitenciaria á una persona muy querida de ella) (…) la desperté y se puso á llorar como una criatura: en seguida la hago dormir, le sugiero que se quede durmiendo durante diez minutos, y despues se despierte contenta y alegre; obedeciendo á esta sugestion. En este mismo dia á las 5 p. m., la hago dormir, le sugiero que no tenga mas ataques. (…) Dia11 (…) Le agrego además que ya estaba completamente sana y que hiciera una vida mas moral, pues la que llevaba no le convenia.” (…) “Despues he sabido que no le han repetido los ataques, y lo mas particular del caso es que salió de la vida en que se hallaba, reduciéndose á pasar una mas pobre, pero mas honesta y honrada”. Obedeciendo a la autoridad médica logra reemplazar unas prácticas a las que por inmorales se les supone poder patógeno, por otras cuyo sustento es la idea de moral del médico, representante del poder científico y social, de la cual se espera la cura: adaptación a las costumbres que el médico representa, fusión con sus creencias.
Nada muy diferente se puede esperar hoy de los reaprendizajes neuro-cognitivo-conductuales. Su retórica alambicada con los términos de la tecnociencia actual puede afianzar el dominio sobre los cuerpos, acorde a las necesidades actuales de esa tecnociencia en su unión con el mercado: optimización del recurso humano.
Respecto de los términos usados en las notas periodísticas (dosis, etc.) que provienen de la medicina destaco también lo que tiene la receta de imperativo: la orden y el orden. La dosis de 8 vasos de agua ordena la ingesta que hidrata, pero también obliga a beber. Los pasos a seguir por el deportista organizan los pasos del “reseteo” y ordenan a regrabar. Implican la obediencia. ¿Maestro, me da la receta? ¿Doctor, me hace la receta, la orden? Las recetas de cocina, como señaló Todorov en Los géneros del discurso, son órdenes. Ponga sal y pimienta, coloque en la olla, cocine a fuego lento, destape, sirva. Hay en los términos tomados de la medicina esos dos poderes: de la Ciencia y del modo imperativo de la receta, dos gotas cada dos horas.
El público ama los tips. ¿Quién no oyó mencionar como ventaja comparativa de una terapia que provea tips, consejos prácticos que pueden aplicarse y evaluarse objetivamente? Los tips en las revistas comparten el modo imperativo: dé a sus hijos ejemplos claros, ofrezca alimentos de diversos colores, no establezca penitencias difíciles de hacer cumplir... Infantilizan al interlocutor, contraparte crédula y obediente de un diálogo de poder.
La incorporación de los poderes simbólicos de un objeto sigue vigente desde el banquete totémico dotando al remedio de un carácter especial, pastillas o líquidos que se transmutan por intercesión del oficiante en otra cosa. Tips, consejos o psicoeducaciones se convierten, sostenidos en la Neurociencia Ficción, en órdenes que por la oreja se incorporan y disponen al cuerpo a una entrega que se espera pacificadora por la promesa de fusión con el Otro social, inmersión que ilusiona con una feliz adaptación. “Inadaptado” es uno de los temidos insultos que sostienen la práctica aggiornada que se propone como propia del sistema. O excluido: lo más abyecto en la retórica de dominio, eso que hay que evitar a cualquier costo, aunque sea el de la salud, si la entendemos como la que proviene del tratamiento del síntoma para dar otro cauce al deseo, porque esa salud puede sacrificarse en el altar de la inclusión en los significantes amos del sistema, los términos que rigen un discurso que dice que, como en The Truman Show, nada hay por fuera de él.
* Psicoanalista.

miércoles, 25 de julio de 2018



Evidencias humanas en China de hace 2,12 millones de años



Descubren evidencias de que los humanos vivían en Asia mucho antes de lo pensado. Se trata de herramientas líticas de hace 2,12 millones de años. Esto indicaría que nuestros antepasados salieron de África mucho antes de lo pensado, o como una minoría de científicos cree, podrían haber evolucionado en Asia.



Hasta la fecha, las evidencias más antiguas de humanos fuera de África, eran los restos fósiles de Dmanisi, en Georgia. Se trata de Homo erectus de 1,85 millones de años de antigüedad. Los que le seguían son los restos fósiles y herramientas líticas de China e Indonesia, que van de 1,5 a 1,7 millones de años de antigüedad.


Los restos reportados en Nature son 96 puntas y filos de piedra descubiertas en Shangchen, en el centro de China. Herramientas líticas que seguramente nuestros parientes de antaño utilizaban para descarnar los huesos de sus presas, ya que junto con los restos materiales, se descubrieron fósiles de antílopes, venados y cerdos.


El equipo de paleoantropólogos, liderado por Zhaoyu Zhu, del Instituto de Geoquímica de la Academia de las Ciencias de China, pasó años intentando datar con precisión estos restos líticos, ya que sabían que sería controvertida una fecha tan antigua. Utilizaron lo que se conoce como datación paleomagnética, que detecta los cambios en el polo magnético terrestre, ya que estos cambios quedan reflejados en todas las rocas del planeta.

Uno de los datos más interesantes del estudio es sin duda que el yacimiento donde fueron descubiertas las herramientas fue utilizado durante cientos de miles de años, desde hace 2,12 millones de años hasta hace 1,26 millones atrás.

Pero sin duda lo más importante de este descubrimiento es que nuestro género humano puede haber salido y entrado en África más de una vez a lo largo de los millones de años que tenemos de historia evolutiva.

Esta fecha también nos dice que nuestros antepasados ya podían lidiar con una amplia variedad de ambientes y climas, como nuestra propia especie, los Homo sapiens. No se sabe qué especie perteneciente al género humano fabricó las herramientas reportadas en Nature, pero es probable que haya sido una anterior a Homo erectus.

Estas nuevas dataciones permiten que se replantee cómo pensamos la evolución de nuestro género humano. Asia siempre tuvo un espacio secundario en la evolución de nuestro género humano, pero cada año tiene más restos para aportar, que ahondan en la variedad y la antigüedad de la ocupación de ese inmenso continente.

Fig. 4