sábado, 6 de octubre de 2018

CIENCIA
Los humanos éramos cuatro especies que se aparearon entre sí
Una mujer neandertal - archivo

Los humanos éramos cuatro especies que se aparearon entre sí

El genoma neandertal más completo hasta ahora revela que hubo cohabitación entre este grupo, los sapiens modernos y los denisovanos, además de una cuarta población que pudo ser Homo erectus


Cuanto más se sabe sobre la cronología evolutiva del linaje humano, más se aparta la realidad del clásico dibujo que muestra una fila india de homínidos caminando mientras se yerguen y pierden el vello hasta llegar a un sapiens lampiño. En el Pleistoceno tardío, Eurasia estaba habitada por al menos cuatro especies humanas diferentes: sapiens, neandertales, un grupo poco conocido llamado denisovanos y una cuarta población aún por determinar. Las excavaciones y los análisis de ADN están revelando que estas cuatro especies no solo habitaron en los mismos lugares, sino que incluso llegaron a tener descendencia común, mezclando sus genes y embrollando la comprensión que tenemos de nuestros orígenes. Esta semana la revista Nature publica un estudio que detalla el genoma neandertal más completo hasta la fecha, complicando aún más el culebrón de las relaciones entre nuestros ancestros y sus parientes.
El nuevo estudio se ha elaborado a partir de una falange de neandertal hallada en 2010 y que corresponde al cuarto o quinto dedo del pie de una mujer adulta que vivió hace al menos 50.000 años en la cueva de Denisova, situada en las montañas de Altai al sur de Siberia (Rusia). Esta gruta ha demostrado ser un filón para los paleoantropólogos, ya que los restos descubiertos allí indican que fue una vivienda muy popular, habitada en diferentes momentos por sapiens, neandertales y un tercer grupo hallado por primera vez en 2008 y que recibió su nombre de la cueva. El pasado año, científicos del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig (Alemania), con su director Svante Pääbo a la cabeza, secuenciaron el genoma de los denisovanos a partir del hueso de un dedo de una mujer joven que vivió en la cueva hace unos 40.000 años.
Pääbo, que en 2010 dirigió también el proyecto del primer genoma neandertal, ha liderado ahora un equipo internacional de científicos en el análisis del ADN del nuevo hueso para obtener una secuencia en alta resolución de los genes de esta especie. Los resultados revelan que la propietaria de aquel dedo del pie era fruto de una unión consanguínea. “Hicimos simulaciones de varios escenarios de endogamia y descubrimos que los padres de este individuo neandertal eran medio hermanos de una misma madre, o dobles primos carnales, o tío y sobrina, tía y sobrino, abuelo y nieta, o abuela y nieto”, detalla el coautor del estudio Montgomery Slatkin, de la Universidad de California en Berkeley (EE. UU.). Según los investigadores, esta endogamia parece haber sido algo frecuente en los neandertales y denisovanos, tal vez debido al pequeño tamaño de sus poblaciones.
Los científicos han comparado la secuencia con la de los denisovanos, con otro ADN neandertal procedente de la región del Cáucaso y con los genomas de 25 humanos modernos, descubriendo una serie de huellas genéticas que revelan un cierto entrecruzamiento de estas especies a lo largo del tiempo. La secuencia demuestra que los neandertales estaban estrechamente emparentados con los denisovanos, con quienes compartieron un ancestro común hace unos 450.000 años. Este, a su vez, se separó del linaje de los humanos modernos entre 550.000 y 765.000 años atrás.
Vista dorsal del hueso cuyo ADN se ha secuenciado, una falange del pie de una mujer neandertal hallada en la cueva de Denisova Bence Viola
Fruto de los probables cruces entre las distintas especies fue el legado genético de los neandertales y denisovanos en distintas poblaciones de los sapiens modernos. Según los autores del estudio, entre un 1,5 y un 2,1% del genoma de los humanos no africanos actuales es de origen neandertal. Por otra parte, análisis previos han mostrado que los denisovanos dejaron su huella hasta en el 6% de los genes de aborígenes australianos, papuanos y melanesios. El nuevo estudio descubre además que el 0,2% del genoma de los chinos de la etnia Han, de los nativos americanos y de otras poblaciones asiáticas se debe a la herencia denisovana. A su vez, los denisovanos recibieron un 0,5% de su ADN de los neandertales, incluyendo genes importantes relacionados con la inmunidad y la función del esperma. “El estudio realmente muestra que la historia de humanos y homínidos durante este período fue muy complicada”, concluye Slatkin. “Hubo un montón de entrecruzamientos que ya conocemos y probablemente otros que aún no hemos descubierto”.
Entre estos últimos se encuentra la contribución de entre el 2,7 y el 5,8% que el genoma de los denisovanos recibió por parte de otro grupo de humanos arcaicos. Este linaje, cuya identidad aún es un misterio, se separó del resto hace más de un millón de años. “Esta antigua población de homínidos vivió antes de la separación de neandertales, denisovanos y humanos modernos”, dice la primera autora del estudio, Kay Prüfer, del Instituto Max Planck. Respecto a la posible identificación de este grupo, Prüfer sugiere una interesante hipótesis: “Es posible que este homínido desconocido fuera lo que conocemos por el registro fósil como Homo erectus. Se requieren más estudios para apoyar o descartar esta posibilidad”, agrega. En el estudio, los investigadores escriben que “este grupo comenzó a dispersarse desde África hace 1,8 millones de años, pero las poblaciones de Homo erectus asiáticas y africanas pudieron separarse hace solo un millón de años”. Es más: su descendencia pudo pervivir hasta hace poco más de 12.000 años en el disputado Homo floresiensis de la isla de Flores (Indonesia).
Los autores subrayan que aún no se conoce durante cuánto tiempo estas cuatro especies humanas llegaron a coexistir, ya que la posible franja temporal de entrecruzamientos abarca desde hace 12.000 años hasta hace 126.000. Hay pruebas de que neandertales y sapiens convivieron en Eurasia durante al menos 30.000 años. “No sabemos si el entrecruzamiento se produjo solo una vez por la mezcla de un grupo de neandertales con los humanos modernos, y no volvió a ocurrir, o si ambos grupos vivieron uno junto al otro y se entrecruzaron durante un período prolongado”, dice Slatkin. En un comentario adjunto al estudio en Nature, los genetistas Ewan Birney y Jonathan Pritchard, que no participaron en la investigación, escriben: “Parece que, en el Pleistoceno tardío, Eurasia era un lugar interesante para ser un hominino, con individuos de al menos cuatro grupos separados viviendo, conociéndose y ocasionalmente manteniendo relaciones sexuales”.
Desde el enfoque contrario, el estudio ha ahondado además en lo que nos hace únicos a los sapiens. Los investigadores han detectado al menos 87 genes de los humanos actuales que son significativamente diferentes de sus versiones en neandertales y denisovanos. En este pequeño conjunto de genes, aventuran los autores, podría residir aquello que nos distingue de otros parientes que sucumbieron a la extinción. “No hay un gen al que podamos señalar y decir que es el responsable del lenguaje o de alguna otra característica única de los humanos modernos”, aclara Slatkin. “Pero de esta lista de genes podemos aprender algo sobre los cambios que tuvieron lugar en el linaje humano, aunque probablemente esos cambios serán muy sutiles”. Por su parte, Pääbo apunta: “Esta lista de cambios simples en la secuencia de ADN que distinguen a todos los humanos de hoy de nuestros parientes extintos más próximos es comparativamente pequeña”. “Es un catálogo de rasgos genéticos que diferencia a los humanos modernos de todo el resto de organismos, vivos o extintos. Creo que en ella se esconden algunas de las cosas que posibilitaron la enorme expansión de las poblaciones humanas, así como de su cultura y tecnología, en los últimos 100.000 años”, concluye Pääbo.

EL MARE NOSTRUM ES EL MARE MIERDUN


Estas son las áreas del Mediterráneo más afectadas por la actividad humana


El mar Adriático, el Egeo, la costa africana o el área catalana, donde la intensidad de pesca es muy elevada, son algunas de las zonas más afectadas por la actividad humana. Esta es la principal conclusión de un estudio que ha identificado espacialmente los impactos de todo el mar Mediterráneo. Según el trabajo, las áreas más amenazadas son más vulnerables a los cambios ambientales asociados al calentamiento global.
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<p>Mapa de las zonas amenazadas del Mediterráneo. / UB</p>
Mapa de las zonas amenazadas del Mediterráneo. / UB
Un estudio dirigido por el investigador Francisco Ramírez, de la Facultad de Biología y del Instituto de Investigación de la Biodiversidad (IRBio) de la Universidad de Barcelona, ha analizado y distribuido espacialmente la información existente sobre multitud de impactos que están afectando de forma simultánea, y posiblemente sinérgica, a todo el mar Mediterráneo: desde impactos climáticos como el incremento en la temperatura del mar, a la presión pesquera sobre los recursos naturales o los cambios en las condiciones fisicoquímicas.
El resultado es una representación espacial de los lugares más afectados por la actividad humana, como por ejemplo el mar Adriático, el mar Egeo, la costa africana o el mar del área catalana, entre otros. Según los investigadores, esta información permitirá identificar las zonas dónde se debería actuar localmente para minimizar los efectos de un problema global como es el cambio climático.
"Al solapar espacialmente todos estos impactos, hemos identificado aquellas áreas marinas que están particularmente amenazadas", subraya Ramírez.
El nuevo trabajo se ha publicado en la revista Scientific Reports, y también está firmado por Marta Coll y Joan Navarro, del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC), y Javier Bustamante y Andy J. Green, de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC).
Espacios operativos seguros
El estudio se enmarca en el concepto de espacios operativos seguros (SOS, del término inglés safe operating space), que delimita un espacio multidimensional dentro del cual se encontraría un ecosistema, y que está determinado por diferentes tipos de impactos, como serían la contaminación, la pesca o la temperatura del agua.
Para que este ecosistema se encuentre en condiciones adecuadas, las magnitudes de los impactos no deberían sobrepasar unos umbrales concretos, de manera que, si la magnitud de un impacto aumenta, los umbrales del resto disminuyen y viceversa. "Si delimitamos un SOS a partir de los efectos climáticos y humanos, eso quiere decir que, al disminuir la presión antrópica, aumenta el umbral para los impactos climáticos por encima del cual el ecosistema colapsaría y, por tanto, aumentaría la capacidad del ecosistema de resistir a los impactos ambientales asociados al cambio climático", explica Ramírez.
Para delimitar espacialmente los potenciales efectos que afectarían al mar Mediterráneo, los investigadores han combinado múltiples metodologías y bases de datos, como las series temporales más largas existentes de datos de teledetección –imágenes de satélites espaciales–, que proporcionan información sobre, por ejemplo, la temperatura de la superficie marina. También utilizaron los datos sobre la distribución de la presión pesquera proporcionados por el Global Fishing Watch.
Habrá especies de gran valor comercial, como la sardina, que se verán particularmente afectadas, ya que son extremadamente sensibles al aumento de la temperatura
"Al solapar espacialmente todos estos impactos, hemos identificado aquellas áreas marinas que están particularmente amenazadas y que, por lo tanto, merecen una atención especial si se quieren conservar los recursos o la biodiversidad que existen en ellas", subraya Ramírez.
Medidas locales para mitigar los efectos del cambio climático
Según el estudio, las zonas más afectadas por los impactos humanos serían potencialmente más vulnerables al cambio climático. Los resultados muestran que hay determinadas zonas particularmente vulnerables, como el mar Adriático, el mar Egeo, la costa africana o el mar del área catalana, donde la intensidad de pesca es muy elevada.
Si a ello se le suma el incremento de la temperatura del mar provocado por el calentamiento global, el resultado es que habrá especies de gran valor comercial, como la sardina, que se verán particularmente afectadas, ya que son extremadamente sensibles al aumento de la temperatura.
"Saber cómo se distribuyen espacialmente estas amenazas puede ayudar gestionar determinadas actividades, como la pesca. Por ejemplo, puede servir para regular esas actividades en áreas particularmente afectadas o desplazar la pesca a zonas que estén menos perjudicadas por otras amenazas", apunta Francisco Ramírez.
Está aproximación permite evidenciar dónde se debería actuar localmente para minimizar los efectos de un problema global como el cambio climático. "Las administraciones locales no pueden combatir el cambio climático por sí solas, ya que esa lucha requiere el consenso y la actuación de toda la comunidad internacional. Sin embargo, gestionando otros posibles impactos más locales se puede disminuir la vulnerabilidad al cambio climático de determinadas áreas y ecosistemas. Con ello no queremos decir que no se deba combatir el calentamiento global, pero a corto y medio plazo, una posible medida de mitigación sería gestionar esos otros impactos más locales", concluyen los investigadores.
Referencia bibliográfica:
Ramírez, F.; Coll, M.; Navarro, J.; Bustamente, J.; Green, A. J. "Spatial congruence between multiple stressors in the Mediterranean Sea may reduce its resilience to climate impacts". Scientific Reports, 2018.

viernes, 5 de octubre de 2018

Por qué el cannabis afecta a la plasticidad de los circuitos neuronales


Investigadores de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona han identificado un mecanismo por el cual el cannabis afectaría a la plasticidad de los circuitos neuronales. En este trabajo realizado en ratones muestran cómo su principal componente psicoactivo influye en la maquinaria necesaria para mantener el balance de proteínas en el hipocampo.

<p>Imagen de microscopía que muestra las células piramidales del hipocampo del ratón Thy1-EGFP. / UPF.</p>
Imagen de microscopía que muestra las células piramidales del hipocampo del ratón Thy1-EGFP. / UPF.
Un estudio liderado por Andrés Ozaita, investigador del Laboratorio de Neurofarmacología-NeuroPhar de la Universidad Pompeu Fabra (UPF), muestra cómo el principal componente psicoactivo del cannabis afecta la maquinaria necesaria para mantener el balance de proteínas en el hipocampo.
Los autores han descubierto un mecanismo por el cual el cannabis afectaría la plasticidad sináptica, es decir, la capacidad que tienen las neuronas de responder frente a estímulos modificando sus conexiones, necesaria para procesos como el aprendizaje y la memoria.  El trabajo, realizado en roedores, ha sido publicado en la revista Biochemical Pharmacology. 
Los derivados de la planta Cannabis sativa, el cannabis o marihuana, son las drogas ilegales más consumidas en todo el mundo. Su principal componente psicoactivo, el Δ9-tetrahidrocannabinol (THC), afecta a múltiples funciones cerebrales, incluido el rendimiento cognitivo.
“Se sabe que el consumo crónico de cannabis produce diversos cambios a escala cognitiva”, explica Victoria Salgado-Mendialdúa, primera autora del artículo. “Decidimos estudiar el hipocampo porque es un área clave del cerebro para el aprendizaje y la memoria, relevante para este efecto perjudicial del THC”, añade.
El principal componente psicoactivo del cannabis afecta la maquinaria necesaria para mantener el balance de proteínas en el hipocampo 
Los investigadores analizaron las proteínas del hipocampo que presentaban alteraciones tres horas después de administrar una dosis amnésica de THC. Posteriormente, mediante el análisis de redes de interacción, vieron que estas proteínas estaban relacionadas con el proteasoma, un complejo proteico que se encarga de la degradación de las proteínas que no son necesarias, o están dañadas, facilitando su continuo recambio.
“Es plausible que el THC pueda alterar la formación de la memoria al reducir la actividad del proteasoma, ya que evidencias recientes muestran que, a nivel sináptico, allí donde las neuronas conectan unas con otras, la actividad del proteasoma es necesaria en todo momento para mantener la plasticidad de los circuitos neuronales. La adecuada degradación de proteínas es tan importante como la síntesis de nuevas proteínas para la formación de la memoria”, dice Salgado-Mendialdúa.
Los perjuicios del THC
En este estudio se ha descrito por primera vez cómo el THC disminuye la actividad del proteasoma en el hipocampo del ratón, lo que contribuirá al desequilibrio entre mecanismos de síntesis y degradación de proteínas necesarias para el adecuado funcionamiento de las sinapsis.
“Actualmente estamos valorando la relevancia relativa de este mecanismo en el conjunto de los procesos celulares modulados por THC en el cerebro que contribuyen a las alteraciones en el aprendizaje y la memoria”, comenta Ozaita. “Este estudio encaja con otros previos de nuestro grupo donde observamos que el THC aumentaba las señales de síntesis de proteínas de novo, y en su conjunto apunta a que el THC desequilibra los procesos de síntesis/degradación proteica a nivel sináptico”, concluye.
Además, han participado en el estudio Joaquim Aguirre-Plans, Emre Guney y Baldomero Oliva del Programa de Investigación en Informática Biomédica (GRIB), programa conjunto del departamento de Ciencias Experimentales y de la Salud (DCEXS) y el Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM); Rafael Maldonado, director del Laboratorio de Neurofarmacología-NeuroPhar de la UPF, y Rita Reig-Viader y Àlex Bayés del Instituto de Investigación Biomédica de Sant Pau (IIB Sant Pau) y la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).
Referencia bibliográfica:
Salgado-Mendialdúa, V., Delta9-tetrahydrocannabinol modulates the proteasome system in the Brain. Biochemical Pharmacology (2018), https://doi.org/10.1016/j.bcp.2018.08.026.

jueves, 4 de octubre de 2018

Los genes neandertales que protegieron a los 'sapiens' frente a virus

GENÉTICA

Los 'sapiens' heredaron sus defensas

Recreación de un 'Homo sapiens' (izquierda) y de un neandertal EDUARDO SÁIZ

La hibridación entre 'sapiens' y neandertales ayudó a sobrevivir a nuestros antepasados al heredar las defensas contra virus a los que los neandertales llevaban miles de años adaptados
Los encuentros sexuales entre neandertales y sapiens no sólo se tradujeron en una descendencia común. Durante el tiempo que convivieron estas dos especies humanas, intercambiaron patógenos y compartieron defensas para combatir algunos virus. Así lo asegura un nuevo estudio publicado esta semana en la revista Cell basado en el análisis del genoma de los neandertales, una especie que se extinguió hace unos 40.000 años pero cuyas huellas permanecen en parte de la población actual. Se calcula que muchos habitantes de Europa y Asia conservan en sus genomas entre un uno y un 4% de ADN neandertal.
La razón es que, antes de desaparecer, hibridaron con los Homo sapiens que acababan de salir de África para extenderse por el mundo. Los investigadores de las universidades de Stanford y Arizona que firman este estudio sostienen que, gracias ello, nuestros antepasados heredaron las defensas frente a virus con las que ya contaban los neandertales.
Según explica Dmitri Petrov, uno de los autores del estudio, su investigación ha revelado que buena parte de los cambios en los genes de los neandertales tuvieron lugar para adaptarse al frío. "Los genes neandertales probablemente nos dieron en cierta medida protección contra virus que nuestros antepasados encontraron cuando salieron de África", señala en un comunicado.
Y es que cuando nuestros ancestros empezaron a llegar a otras zonas geográficas, tuvieron que hacer frente a un clima muy distinto al que estaban acostumbrados en África. Cuando se toparon con los neandertales, éstos llevaban ya cientos de miles de años viviendo fuera de África, así que su sistema inmune había tenido bastante tiempo para evolucionar contra los virus infecciosos que había en Europa y Asia.
Los sapiens, sin embargo, eran mucho más vulnerables a ellos. "Tiene mucho más sentido que los Homo sapiens adquirieran esas defensas genéticas de los neandertales en lugar de esperar a que se desarrollaran sus propias mutaciones adaptativas", apunta David Enard, otro de los investigadores del laboratorio de Dmitri Petrov.
Es decir, durante sus escarceos con los neandertales, nuestros antepasados heredaron sus virus pero en cierto modo también la forma de combatirlos, por lo que los autores del estudio hablan de veneno-antídoto.
Para llevar a cabo el estudio, compararon una larga lista de 4.500 genes de los humanos modernos que están vinculados a las interacciones víricas con genes neandertales los autores identificaron 152 genes presentes en ambas especies.


"Sin duda tiene lógica que estos genes ayudaran a sobrevivir a nuestros antepasados contra el efecto de virus a los que los neandertales llevaban quizás centenares de miles de años adaptados", comenta a este diario el genetista Carlos Lalueza-Fox, sin vinculación con el estudio publicado en Cell.
Según explica el investigador del Instituto de Biología Evolutiva de Barcelona CSIC-Universitat Pompeu Fabra), estos científicos "han explorado genes relacionados con reconocimientos de virus, y han desarrollado un método para reconocer estas regiones genómicas de neandertales que aparecen fragmentadas en múltiples individuos, una vez el efecto selectivo inicial ha dejado de actuar".
En concreto, se trata de virus de ARN, compuestos de ácido ribonucleico (ARN) en lugar de ácido desoxirribonucleico (ADN). Entre los virus actuales de ARN figuran el de la gripe, el VIH o la hepatitis C.
Sin embargo, según aclara Lalueza-Fox, esa protección frente a ciertos virus que gozaron los primeros sapiens no seguiría activa en la actualidad, así que nosotros no estaríamos protegidos frente a ellos: "Los virus cambian muchísimo. Los de la gripe, por ejemplo, son diferentes cada año, de forma que la vacuna del año anterior no te sirve", afirma Lalueza Fox. "Aunque los podamos denominar igual, seguro que no eran los mismos".

Herencia para bien y para mal

Este nuevo estudio se suma a los ya numerosas investigaciones que se han centrado en determinar qué genes neandertales han sido asimilados (o introgresados, en el lenguaje de los genetistas) y cuáles han sido seleccionados posteriormente en los humanos modernos y por qué motivo. "Se han descrito algunos, normalmente asociados a cuestiones metabólicas, de la dieta o de ritmos circadianos, y se ha concluido que, en realidad, nos ayudaron a adaptarnos de forma más rápida a las condiciones ecológicas de Eurasia que nuestros antepasados estaban colonizando (lo que se conoce como introgresion adaptativa)", dice Lalueza Fox.
Pero no toda la herencia genética neandertal ha sido positiva. De hecho, anteriores estudios han mostrado que entre la población actual cuyo genoma hay rastros de aquella especie tienen una mayor tendencia a padecer diversas enfermedades de la piel y la sangre, trastornos digestivos o a sufrir un infarto de miocardio o depresión.
Sobre la fecha en la que se produjeron esos encuentros sexuales entre especies, un estudio publicado en la revista Nature en 2016 reveló que uno de esos primeros capítulos de hibridación tuvo lugar hace 100.000 años, posiblemente en Oriente Próximo. Hasta esa investigación, se pensaba que esos encuentros sexuales habían sido posteriores, hace entre 47.000 y 65.000 años.

CEREALES ,LECHE Y CARNE


CIENCIA
Estos son ejemplos de depósitos calcificados de vasijas modernas y antiguas en Çatalhöyük. a) Ejemplo de una extensa acumulación de cal en una tetera moderna utilizada cerca de Çatalhöyük. b) Un primer plano de depósitos de cal en una muestra antigua. c) Una vasija relativamente intacta (no analizada en este estudio) que demuestra la forma del tazón. d) Una selección de cuatro vasijas analizadas en este estudio que muestran calcificaciones adheridas a la superficie interior de tiestos cerámicos
Estos son ejemplos de depósitos calcificados de vasijas modernas y antiguas en Çatalhöyük. a) Ejemplo de una extensa acumulación de cal en una tetera moderna utilizada cerca de Çatalhöyük. b) Un primer plano de depósitos de cal en una muestra antigua. c) Una vasija relativamente intacta (no analizada en este estudio) que demuestra la forma del tazón. d) Una selección de cuatro vasijas analizadas en este estudio que muestran calcificaciones adheridas a la superficie interior de tiestos cerámicos

Lo que se comía hace 8.000 años, al detalle

Hallan en recipientes de cerámica los restos de una variedad de alimentos consumidos por los primeros agricultores e identifican incluso las especies

Un equipo de investigadores alemanes y británicos ha conseguido descifrar la dieta de las personas que vivían hace casi 8.000 años en la antigua Anatolia, lo que ahora es Turquía. Gracias al análisis de las proteínas encontradas en cuencos y recipientes de cerámica en el asentamiento prehistórico de Çatalhöyük, los científicos han desvelado esa dieta prehistórica con un alcance y detalles asombrosos. Entre los alimentos hay cereales, legumbres, leche y carne de distintos animales. Curiosamente, muchos de esos ingredientes han aparecido en los mismos recipientes, con la excepción de lo que podría ser el suero de un queso primitivo.
Aunque estudios anteriores ya habían descubierto algunos de los alimentos que los primeros agricultores consumían en Çatalhöyük, el trabajo del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, la Universidad Libre de Berlín y la Universidad de York es el primero en utilizar una técnica de vanguardia de análisis de proteínas que permite identificar plantas y animales a un nivel sin precedentes, llegando en algunos casos a conocer incluso la especie.
Çatalhöyük, en lo que ahora es el centro de Turquía, fue un gran asentamiento habitado desde aproximadamente 7100 aC hasta 5600 aC por los primeros agricultores. El lugar es en sí mismo fascinante, ya que las casas se construyeron directamente una al lado de la otra en todas las direcciones y destaca por su excelente conservación. Después de más de 25 años de excavación y análisis, se considera uno de los sitios de agricultura temprana mejor investigados en el Viejo Mundo.
Estos son ejemplos de depósitos calcificados de vasijas modernas y antiguas en Çatalhöyük. a) Ejemplo de una extensa acumulación de cal en una tetera moderna utilizada cerca de Çatalhöyük. b) Un primer plano de depósitos de cal en una muestra antigua. c) Una vasija relativamente intacta (no analizada en este estudio) que demuestra la forma del tazón. d) Una selección de cuatro vasijas analizadas en este estudio que muestran calcificaciones adheridas a la superficie interior de tiestos cerámicos
Estos son ejemplos de depósitos calcificados de vasijas modernas y antiguas en Çatalhöyük. a) Ejemplo de una extensa acumulación de cal en una tetera moderna utilizada cerca de Çatalhöyük. b) Un primer plano de depósitos de cal en una muestra antigua. c) Una vasija relativamente intacta (no analizada en este estudio) que demuestra la forma del tazón. d) Una selección de cuatro vasijas analizadas en este estudio que muestran calcificaciones adheridas a la superficie interior de tiestos cerámicos
El análisis reveló que los recipientes, que tenían residuos calcificados en las superficies internas, contenían granos, legumbres, carne y productos lácteos. Los productos lácteos provenían principalmente de ovejas y cabras, y también de ganado bovino. Si bien los huesos de estos animales se encuentran en todo el sitio y los análisis de lípidos anteriores han identificado las grasas de la leche en los vasos, esta es la primera vez que los investigadores han podido identificar qué animales se estaban ordeñando. En línea con los restos de plantas encontrados, entre los cereales había cebada y trigo, y entre las leguminosas, guisantes y arvejas. Los productos animales no lácteos, que podrían haber incluido carne y sangre, provenían principalmente de la familia de las cabras y ovejas, y en algunos casos de bovinos y ciervos. Curiosamente, muchas de las vasijas contienen evidencias de múltiples tipos de alimentos.

Quesería temprana

Sin embargo, un frasco en particular solo tenía evidencias de productos lácteos, en forma de proteínas que se encuentran en la porción de suero de la leche. «Esto es particularmente interesante porque sugiere que los residentes podían haber estado usando métodos de producción de lácteos que separaban la leche fresca en cuajo y suero. También sugiere que tenían un recipiente especial para sostener el suero después, lo que significa que lo usaron para algo más después», afirma Jessica Hendy, autora principal del estudio, del Max Planck. Estos resultados muestran que la lechería ha estado en curso en esta región del mundo por lo menos desde el sexto milenio antes de Cristo, y que las personas consumieron la leche de múltiples especies de animales, incluyendo vacas, ovejas y cabras.
Sin embargo, los investigadores enfatizan que, según el registro arqueológico, probablemente se consumieron una variedad aún mayor de alimentos, especialmente alimentos vegetales, en Çatalhöyük, que o bien no estaban contenidos en los vasos que estudiaron o no están presentes en las bases de datos que usan para identificar proteínas. Muchas especies de plantas no están representadas o tienen una representación limitada. «Por ejemplo, solo hay seis secuencias de proteínas para la arveja en las bases de datos. Para el trigo, hay casi 145.000», explica Hendy. «Un aspecto importante del trabajo futuro será expandir estas bases de datos con más secuencias de referencia».