lunes, 29 de julio de 2013

PARA QUE SE TE SIGA PARANDO

Cómo conservar la forma: los secretos de la libido masculina

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La vejez es una etapa vital marcada por un notorio abandono de la actividad sexual debido al descenso de la libido y la aparición de problemas sexuales. La disfunción eréctil afecta a uno de cada dos hombres mayores de 50 años y se generaliza en el grueso de la población a partir de los 70. Los cambios biológicos en el organismo, como la disminución del flujo sanguíneo y del oxígeno en los genitales o la insuficiente segregación de testosterona son los principales responsables de esta pérdida de la virilidad masculina, pero no los únicos.
Para el reputado cirujano cardiovascular Ronald Virag, famoso por haber sido el pionero en el desarrollo de tratamientos contra la disfunción eréctil, la actitud y el estado anímico son otros factores igual de importantes para explicar esta pérdida del deseo sexual, como explica en su último ensayo Erection, the user's guide (Editions Clément). El estrés, las preocupaciones, los cuadros depresivos, la medicación excesiva (especialmente de antidepresivos), el sedentarismo y los estilos de vida poco saludables en general tienen una gran influencia en la pronta aparición de las disfunciones sexuales, que afecta a uno de cada diez menores de 30 años.
La prolongación del deseo sexual durante el envejecimiento es un objetivo complejo, pero posible, según apunta Virag. Para ello es necesario compaginar los tratamientos médicos, que frenen las causas biológicas de la pérdida de la libido, con la incorporación de hábitos de vida saludable. Un propósito que no responde únicamente al mero hecho del disfrute de las relaciones sexuales, sino a los beneficios para la salud derivados de éstas.
Los beneficios para la salud del sexo en la vejez
Uno de los estudios recientes que insiste en esta tesis, publicado en el Journal of American Medical Association, concluye que la actividad sexual regular aumenta la esperanza de vida, reduciendo el riesgo de infarto y de desarrollar otras enfermedades respiratorias, hipertensión, arterioesclerosis y colesterol. En la bibliografía de Virag sobre esta cuestión también se citan diversos estudios que vinculan la práctica de sexo con una serie de beneficios para la próstata y el corazón.
El psicólogo David Weeks, antiguo jefe de geriatría del Royal Hospital de Edimburgo, presentó recientemente una investigación en un congreso en la que concluía que el sexo puede marcar una diferencia sustancial en nuestro bienestar y nuestra apariencia física. Tanto es así, que la práctica regular del sexo nos hace aparentar entre cinco y siete años menos.
Más allá de los tratamientos médicos popularizados por Ronald Virag para combatir las disfunciones sexuales, este cirujano francés recomienda tener en cuenta una serie de factores que contribuyen a despertar la libido y evitar las disfunciones eréctiles.
La calidad y la cantidad del sueño (y las erecciones nocturnas)
Dormir las horas suficientes es fundamental para mantener intactas las funciones del organismo y reparar todas las células del cuerpo, incluyendo los genitales. Además de la cantidad, también es importante la calidad del sueño, que se relaciona con las beneficiosas erecciones nocturnas. Cuanto más habituales sean más facilidades se tendrán para alcanzarlas durante el día. Esto es porque los tejidos de los genitales recuperan su vitalidad y se produce la regeneración tisular necesaria para que el pene funcione correctamente. Como el pene pasa mucho tiempo en estado de flaccidez, con baja oxigenación, estas erecciones automáticas son buenas para seguir teniéndolas cuando se desee, pues cuantas más veces se rellene el pene de sangre, mejor funcionará cuanto tenga que hacerlo.
La importancia de la relajación
Los nervios y el estrés pueden arruinar el acto sexual. Cuando un hombre se preocupa demasiado por su rendimiento sexual por el miedo a no estar a la altura se desencadena un círculo vicioso que provocará un gatillazo o bloqueará la erección. Cuantas más experiencias de este tipo se tengan, más se tratarán de evitar conscientemente las relaciones sexuales, aumentará el miedo y se acabará desplomando la libido. La falta de deseo conduce inevitablemente a un descenso de la segregación de testosterona, que es crucial para alimentar el apetito sexual.
El cuidado de la próstata
Uno de cada diez españoles desarrolla cáncer de próstata a lo largo de su vida, el cual afecta a la salud sexual. La próstata produce dos tercios del líquido seminal que, con las células de esperma, forman de semen. Como resultado de ello, la glándula que rodea la uretra presiona sobre ella interrumpiendo el flujo de orina y la eyaculación. Además, la glándula está recubierta por dos haces de nervios que son vitales para mantener una erección.
El cuidado de la próstata, por lo tanto, es muy importante. Por ello es importante evitar el tabaquismo, tener una actividad sexual regular y mantener un peso saludable.
Los periodos de descanso
La libido masculina puede tardar varias horas o incluso días hasta volver a alcanzar su punto álgido tras una eyaculación. Se trata de un período llamado fase refractaria. Mientras tanto, las endorfinas causan una sensación de calma y euforia al mismo tiempo. Hay que ser conscientes de que la fase refractaria dura más tiempo a medida que envejecemos, pues el cuerpo tarda más en limpiar las sustancias químicas y volver a segregar óxido nítrico. Si para un adolescente puede ser suficiente una espera de cinco minutos, para una persona mayor de 70 años se puede llegar a necesitar hasta una semana, aunque lo normal es que sean dos o tres horas.

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