jueves, 20 de octubre de 2016

LOS SABIOS TAMBIEN DICEN PAVADAS Y PELOTUDECES

De Platón a Kant: las frases más machistas de los pilares de la filosofía occidental

En La aritmética del patriarcado, Yadira Calvo repasa las legitimaciones del sexismo o la misoginia a través de la ciencia o las humanidades
El libro incorpora multitud de citas e ideas de autores como Aristóteles, Darwin, Kant, Rosseau o Schopenhauer
Retrato anónimo de Immanuel Kant
Retrato anónimo de Immanuel Kant
La aritmética del patriarcado (Bellaterra, 2016) es una especie de museo de la vergüenza con el que la ensayista Yadira Calvo se propone denunciar los pilares machistas de la cultura occidental. Lo hace encadenando cita tras cita de autoridades de la ciencia y las humanidades. La autora nos muestra así la ubicuidad de discursos que, con un tono variable, han dado cobertura intelectual a la exclusión o subordinación de las mujeres.
Calvo cita a multitud de pensadores e investigadores: clásicos de la cultura grecolatina (Aristóteles, Platón), referentes del cristianismo hispánico (Fray Luis de León, Fray Antonio de Guevara), autores clave en el desarrollo científico de Occidente (Charles Darwin) o revolucionarios (Pierre-Joseph Proudhon).
Abarca, por tanto, periodos históricos y disciplinas muy diversas, y eso implica una cierta exigencia hacia el lector. Pero la costarricense despliega su discurso con una prosa cercana, poco dada a los tecnicismos, muy abierta al uso de la ironía y el sarcasmo.

Filósofos del sexismo

A lo largo de las páginas del ensayo, aparecen frases despreciables de algunos de los principales pensadores del canon filosófico imperante. Para Hegel, las mujeres “no están hechas para las ciencias más elevadas”, Auguste Comte habló de la “debilidad intrínseca de su raciocinio” y Fichte afirmó que “en el matrimonio, la mujer expresa libremente su voluntad de ser anulada ante el Estado por amor al marido”.
También aparece mencionado el anarquista Pierre Joseph Proudhon, para quien el impulso sexual femenino era “lo más bajo y repugnante que existe en la naturaleza”. Otto Weininger, autor de Sexo y carácter, equiparó el feminismo con la prostitución.
Calvo también dedica varias páginas al programa educativo, relamido y extremadamente paternalista, que Kant hubiese destinado a las mujeres. Y recoge citas de Arthur Schopenhauer: "Solo infundiéndoles temor puede mantenerse a las mujeres dentro de los limites de la razón". El filósofo germano aparece de manera reiterada en el libro. Según Schopenhauer, ellas “se quedan niñas toda la vida”, solo resultan atractivas hasta los 28 años y nunca poseen inteligencia. Esa “miopía intelectual” que les atribuye explicaría que nunca fuesen capaces “de producir una obra perdurable”.
Artur Schopenhauer
Artur Schopenhauer

Ciencia al servicio de la exclusión

Calvo también traza líneas de unión entre machismo e imperialismo, entre la infantilización sufrida por las mujeres y los hombres no blancos. En el ámbito literario, compara el colonialismo de Robinson Crusoe con el paternalismo delEmilio de Jean-Jacques Rosseau.
Además, la ensayista recuerda que la ciencia también ha legitimado roles sociales subalternos o esclavos, a través de mediciones de cráneos y pesajes de cerebros. Para el paleontólogo E. D. Cope, las características de las mujeres eran similares a las de “los hombres durante el estadio inicial de su desarrollo”. El naturalista Ernest Haeckel también afirmó que las mujeres y los hombres negros representaban el mismo estado evolutivo “que los niños varones blancos”.
A lo largo de la historia y durante siglos, han pervivido nociones vergonzantes en el campo científico. El útero se ha considerado un órgano errante cuyos movimientos, debidos a la falta de sexo y embarazos, provocaban todo tipo de enfermedades. También se ha visto la menopausia, incluso en plena era hippie, como un proceso enfermizo que sume en el trastorno mental.
Un psiquiatra popular, Robert A. Wilson, animaba a consumir estrógenos para combatir “la miseria indecible del alcoholismo, la drogadicción, el divorcio y los hogares rotos” derivados del fin de la edad fértil.
Calvo nos recuerda con su contundente sucesión de ejemplos que el sexismo y el machismo yacen en las raíces de nuestra cultura. Una contribución intensa que cuestiona unos discursos que todavía impactan y resuenan en nuestro presente.

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