sábado, 3 de diciembre de 2011

SABES PONERLA CALENTITA ?

Pareja

Mujer y sexualidad: ¿existe una estimulación adecuada?

Durante siglos, el placer femenino estuvo arrinconado, silenciado, ignorado. Hoy, legitimado socialmente y hasta amparado por la ley de educación sexual, busca destino. La licenciada Diana Resnicoff nos habla de las diferencias fisiológicas y psico-emocionales del hombre y la mujer y comparte consejos para reencontrarnos con nuestro cuerpo y disfrutarlo.

Cada tanto surgen controversias sobre lo que las mujeres "deben sentir" o "dejar de sentir". ¿Existe algún punto mágico aún no descubierto que provoque placer? ¿Es posible desarrollar mayor sensibilidad vaginal? ¿Es lícito que algunas mujeres prefieran recibir caricias a ser penetradas?.

Vale la pena preguntarnos si la sexualidad masculina es también sometida a tantas preguntas. Y respondernos: no, en absoluto. La calidad del orgasmo de un hombre no se cuestiona. Con la mujer, en cambio, los diferentes medios de comunicación, al igual que ciertos libros, insisten en calificar, cuantificar, criticar y hasta proscribir lo que las mujeres sienten. Y, en tanto, las mujeres, preocupadas por demás en cumplir o adherir a lo “normal”, dejan de lado o estigmatizan sus propios ritmos, sensaciones y tiempos.


Hombre, mujer, dos mundos

Una condición previa necesaria para iniciar cualquier actividad sexual es la excitación que aparece en una mujer cuando se siente sexualmente atraída. Los tipos de caricia –suave, áspera, cosquilleante, incitante- y las zonas que responden y provocan la atracción son variados y diferentes en cada mujer y en diferentes momentos de la vida.

Caricias, besos, miradas, mimos y un contacto corporal directo nos excitan sexualmente. También pueden despertarnos sensaciones eróticas, las fantasías, el recuerdo de ciertas imágenes placenteras de otros momentos vividos o de alguna lectura o película... Casi siempre, son varios factores los que se combinan para encendernos.

La presencia de un hombre, su comportamiento, o quizá rozar sus manos son puntos “disparadores” de esas imágenes placenteras, casi siempre tan fugaces que las mujeres dicen no recordarlas. Directamente se manifiestan atraídas, excitadas eróticamente y deseosas de mantener una relación sexual.

Una de las diferencias fundamentales entre el varón y la mujer es que mientras el primero se excita principalmente con estímulos visuales, la mujer requiere esencialmente de los táctiles. Además, la mujer suele excitarse más lentamente que el hombre. De hecho, el estado de excitación se intensifica cuando, en una atmósfera de intimidad, los cuerpos se rozan o se estimulan ciertas zonas muy sensibles. No siempre sucede con los cuerpos desnudos, a pesar que el contacto “piel a piel” proporciona estímulos directos y muy fuertes.

Hay numerosas mujeres, y también hombres, que necesitan un prolongado tiempo de excitación estando vestidos o con un poco menos de ropa, pero no desnudos totalmente. Desvestirse rápidamente por suponer que ello incrementará al máximo la excitación sexual no siempre es efectivo.

Casi todas las mujeres necesitan este período previo de excitación durante el cual se dan la mayor parte de los juegos amorosos. Para poder disponerse a gozar plenamente de las sensaciones eróticas, se debe estar seguro de no ser interrumpido, espiado, distraído. Las mujeres necesitamos estar relajadas lo más que podamos.


La etapa de excitación, clave en la fisiología de la respuesta sexual femenina

La etapa de excitación es un momento clave porque durante la misma se producen todos los cambios fisiológicos previos al orgasmo. Nuestras estructuras sexuales se expanden y se congestionan más que las masculinas; la única diferencia en esta etapa es que la erección del hombre ocurre fuera del cuerpo y, en consecuencia, es visible; la nuestra, en cambio, sucede bajo los labios vaginales.

En la mujer esta etapa se caracteriza por la aparición de un exudado más o menos espeso en las paredes vaginales, capaz de lubricarla y facilitar así la posible penetración. Esta sensación de humedad suele ser agradable y es acompañada de una suave relajación de los músculos que rodean la entrada vaginal. Es una señal específica de estar respondiendo en forma efectiva a los estímulos eróticos.

Simultáneamente, se produce la erección de los pezones, la dilatación de las areolas, el aumento del clítoris; los labios mayores se apartan del orificio vaginal y los menores aumentan de tamaño. El tercio externo de la vagina se llena cada vez más de sangre, aumenta la lubricación vaginal y se congestiona de manera tal que reduce su diámetro en casi un 30%; sus paredes, congestionadas, constituyen la plataforma orgásmica, cuya existencia es señal de orgasmo inminente.

Se trata de un período de intenso goce durante el cual su cavidad pélvica se llena de toda la sangre necesaria para alcanzar luego un orgasmo satisfactorio. Hacia el final de la fase, se producen contracciones uterinas y la retracción del clítoris, que se esconde dentro del prepucio.

Si la estimulación deja de ser placentera, la excitación desciende y desaparece. A veces, un dolor mínimo, una palabra fuera de lugar, una caricia brusca, nos saca totalmente de clima, debiendo transcurrir un cierto período para que la respuesta placentera vuelva a aparecer. Y esto es así por razones fisiológicas, porque somos diferentes a los hombres, que pueden permanecer excitados aunque la estimulación manual cese.

La penetración debe intentarse cuando la mujer alcanza límites muy altos de excitación, cuando su vagina está lubricada y dilatada. De lo contrario, puede llegar a ser dolorosa, decreciendo su interés sexual.

Todos estos fenómenos suceden por autoestimulación o por estimulación manual u oral del compañero. Una característica importante de la excitación femenina es la necesidad de recibir estimulación continua, incluso durante el orgasmo, para lo cual sólo nosotras podemos saber qué necesitamos. Nuestro cuerpo es la guía infalible y nosotras somos “las expertas” del mismo. Por eso es necesario que seamos nosotras quienes informemos a nuestra pareja, verbal u oralmente, qué cosas nos gustan y cuáles nos disgustan.

Pensemos que la gran mayoría de los hombres no están informados sobre cómo son los genitales femeninos; más aún, la gran mayoría nunca los vio. Un buen punto de partida podría ser describirle tus genitales, explicándole la sensibilidad de las diferentes estructuras. No hay que olvidar indicarles cuáles son tus zonas más sensibles, incluso guiando su mano con la tuya para que de este modo sepa cómo te gusta exactamente ser acariciada y qué grado de presión preferís. Así, de modo tranquilo y jugando, tu pareja aprenderá un montón de cosas sobre tus necesidades. Y ambos la pasarán genial.


Lic. Diana M. Resnicoff. Psicóloga clínica. Sexóloga clínica.

¿ELLAS MIRAN EL TAMAÑO?

Intimidad

¿Las mujeres también “se miden”?

Mucho se habla de las medidas de los hombres, pero poco de las nuestras. ¿Existe un tamaño estándar? ¿Repercute en el encuentro sexual? ¿Cambia con el paso de los años? Lo debatimos con un sexólogo y una ginecóloga.

En los últimos días, Entremujeres profundizó en un tema que obsesiona a muchos hombres. Nuestra encuesta demostró que para el 73% de las mujeres "el tamaño" de ellos no lo es todo. Enseguida se abrió el debate y varios comentarios llamaron nuestra atención.

Algunos hombres decían que sus medidas dependen de las medidas de nosotras. Entonces, nos preguntamos... ¿los órganos sexuales de ambos deberían tener cierta "coherencia" para alcanzar el mayor placer? ¿Al grande, grande, y al chico, chico?

Muchas veces se habla de vaginas angostas o anchas, pequeñas o grandes, profundas o más cortitas. ¿Hay medidas estándar? “La vagina es un conducto músculo membranoso de unos 12 centímetros de longitud y 3 de ancho. Normalmente está plegado, apoyando la cara anterior sobre la posterior, lo que origina un orificio virtual que se abre y distiende durante el coito”, cuenta el doctor Walter Ghedin, sexólogo.

Por su parte, la doctora Sandra Magirena, médica ginecóloga, agrega que los tamaños pueden variar según las características generales de la mujer. “Si la pelvis es amplia y grande podría ser que la vagina sea más larga. Hay situaciones particulares donde puede haber una malformación congénita que determine que la vagina sea corta, o pueda tener tabiques internos que dificulten la penetración, pero esas son patologías”, aclara.

Las diferencias de tamaño interno tienen que ver, por lo general, con la capacidad de distensión y la longitud. El ginecólogo puede llegar a tener una medida aproximada en un tacto vaginal.


Cómo repercute en el sexo

Según el doctor Ghedin, la vagina es capaz de adaptarse al tamaño del pene: puede ampliarse o retraerse. En definitiva, lo abraza. “Por lo tanto, se podría decir que no existen vaginas grandes o pequeñas, existen vaginas complacientes”, ironiza.

“La vagina es una cavidad virtual, con paredes muy elásticas y con mucha capacidad para distenderse durante la excitación y el orgasmo”, agrega Magirena. Si quedan dudas sobre su capacidad de ampliación, basta con imaginar un trabajo de parto.

La ginecóloga nos asegura que al tener relaciones no hay ningún problema relacionado con el tamaño, siempre que se trate de una vagina normal, sin malformaciones congénitas. Sí puede haber dificultades (como dolor o vaginismo) si hay poca elasticidad o tensión en los músculos perineales. También, claro, si hay poca lubricación.



Lo que ellos miran, y lo que no

El doctor Ghedin nos asegura que el tamaño de la vagina no es un tema que preocupe a los hombres, justamente por la capacidad que tiene el órgano femenino de adaptarse al tamaño del pene.

Según el especialista, los hombres disfrutan mucho cuando se ponen en contacto con el cuerpo femenino, más allá de sus medidas.

Los años no vienen solos…

También se habla de que el tamaño de la vagina cambia con el paso del tiempo o con la cantidad de relaciones sexuales. “Lo que puede modificarse con los años es precisamente su elasticidad, como ocurre con cualquier otro tejido del cuerpo, sea la piel, el cabello, los músculos o las articulaciones. Los partos también modifican la entrada de la vagina, sobre todo si hubo episiotomía”, cuenta Magirena.

En esos casos, las cirugías de estética vaginal se presentan como la solución para “rejuvenecer” la zona. ¿Son seguras y recomendables? “Salvo que exista una dificultad anatómica congénita o un deseo de cambio de genitales, no recomendaría ningún tipo de cirugía estética de la vulva. Los tejidos vulvares tiene muchos receptores sensitivos que liberan feromonas y tejido eréctil que favorece la excitación y la respuesta orgásmica”, responde la ginecóloga.


Para tener en cuenta

* Las relaciones sexuales y los masajes vaginales mejoran la elasticidad de las paredes, favorecen la irrigación de los tejidos y mejoran, así, la lubricación vaginal.

* Los orgasmos ayudan a fortalecer los músculos del piso pelviano.

* Es muy importante mantener una vida sexual plena y activa o realizar masajes autoestimulantes para tener la zona íntima en buenas condiciones.

* También se recomienda practicar ejercicios perineales.

* Las mujeres debemos aprender a admirar y cuidar nuestro portal sagrado del placer.

viernes, 2 de diciembre de 2011

SIN REMEDIOS,MEJOR

Demencia: cómo desacelerar sus estragos sin medicamentos

.Pacientes de demencia en terapia

Las habilidades prácticas juegan un importante papel en la terapia MAKS.

Un equipo de científicos alemanes trabajó doce meses con un grupo de pacientes de demencia y los trató sin remedios. Tanto el tratamiento como sus resultados parecen enormemente alentadores.

Su avance puede ser lento o vertiginoso. Sus causas pueden ser diversas. Pero la demencia es siempre degenerativa.

Los síntomas de la demencia incluyen confusión, pérdida de memoria y problemas para expresarse y entender. Su repercusión es negativa para el ánimo del paciente y el de quienes lo cuidan.

Sin embargo, un nuevo experimento en el tratamiento de un grupo de pacientes de demencia basado en ejercicios mentales y de comportamiento, consiguió detener el avance del proceso.

Un equipo de investigadores de Friedrich Alexander Universitat Erlangen, Alemania, dirigidos por el doctor Elmar Graessel, incluyó en su estudio a pacientes de cinco casas de reposo de Bavaria.

De ellos, la mayoría eran mujeres. La razón: viven más.

MAKS

Tras una selección al azar, la mitad de los pacientes fue incluida en lo que se llamó la "intervención" MAKS, de un año de duración.

La sigla, en inglés, alude a los siguientes aspectos de la terapia. M para la estimulación motora, la que incluye juegos de bochas, croquet y ejercicios de equilibrio.

A refiere a la práctica de habilidades para el diario vivir, como preparación de alimentos, jardinería y artesanía. Las habilidades cognitivas, K, recibían un estímulo en la forma de juegos de rompecabezas individuales o grupales.

La sesión terapéutica empezaba con una introducción de diez minutos, que los investigadores denominaron "elemento espiritual" o S, donde los participantes discutían tópicos como la felicidad o cantaban una canción o un himno.

Logros

El doctor Graessel explicó que los pacientes con demencia suave a moderada presentaron los mejores resultados, pero que, en el caso de la terapia MAKS para las funciones cognitivas, el resultado fue tan bueno como tratar a los pacientes con inhibidores de la colinisterasa.

Paciente de demencia juega a los palitroques

La terapia MAKS estimula las facultades motoras con juegos y ejercicios de equilibrio.

Aparte de esto, el equipo encontró que el efecto sobre la habilidad de los pacientes para llevar a cabo tareas diarias fue dos veces mayor que el rendimiento conseguido por la medicación.

La doctora Katharina Luttenberger, investigadora asistente del equipo del doctor Graessel, le dijo a BBC Mundo que los pacientes que se someten a MAKS deben mantenerse en terapia por el resto de su vida para detener el avance de la enfermedad.

Los investigadores de MAKS no estaban, como principio, opuestos a los medicamentos. De hecho, algunos de los pacientes tratados ya utilizaban fármacos prescritos y lo siguieron haciendo durante la terapia MAKS.

Lo que el grupo dirigido por Graessel trataba de poner en práctica era una concepción diferente de la demencia, que se expresa más claramente en el plano económico.

"Las casas de reposo reciben más dinero si las necesidades del paciente son mayores," le dijo a BBC Mundo la doctora Luttenberg.

"Nuestro equipo quería poner el acento en los recursos de la demencia en vez de resaltar sus gastos. Queríamos demostrar la utilidad de estabilizar todas las habilidades en nuestros pacientes."

ANOTENSENNN PAJEROS

Abre en Viena la primera escuela de sexo del mundo

Los alumnos, que aprenderán a mejorar sus prácticas sexuales, técnicas de caricias y detalles de la anatomía, podrán practicar en habitaciones mixtas por el «módico precio» de 1600 euros

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La primera escuela del sexo del mundo ha abierto sus puertas en Viena. Aquellos que quieran convertirse en perfectos amantes podrán matrícularse en las clases que impartirá esta escuela, teóricas pero especialmente prácticas, por un precio por curso de 1.600 euros, según publica el Huffington Post.

Los únicos requisitos son, además de abonar la cantidad, tener más de 16 años. Los estudiantes viven en «dormitorios sexuales» mixtos para poder realizar bien sus deberes: «las posturas sexuales, las técnicas para acariciar, las características anatómicas, cómo utilizar las manos...», según explica su directora Ylva-Mari Thompson, quien la define como «la primera universidad del mundo de la sexualidad aplicada».

La ciudadanía austriaca no ha acogido muy bien esta iniciativa, pues la presión social ha obligado a la televisión a retirar los anuncios que promueven esta institución.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Publicado por Miguel Jara .

Germán Velásquez ha estado en la Organización Mundial de la Salud (OMS) más de 20 años y es una de las personas que con mayor decisión y poder de influencia ha advertido sobre la mercantilización de la salud. En concreto asegura que la OMS se ha ido “privatizando” pues aunque sus estatutos recogen que el dinero para financiarla ha de provenir de los gobiernos que la componen y ahora son entidades privadas las que están aportado la mayor cantidad del dinero de sus fondos.
Velásquez trabaja como Asesor Especial en el Centro del Sur, organización con sede en Ginebra constituida por 54 países en vías de desarrollo y le he entrevistado en el número de diciembre de la revista Discovery DSalud (que está ya en los kioskos). Algunos de sus comentarios son:

(…) en estos últimos años he visto con tristeza cómo la OMS ha ido perdiendo su independencia –por ejemplo debido a la intervención de determinadas naciones desarrolladas que solo buscaban proteger los intereses de sus industrias farmacéuticas o de alimentación- y su credibilidad –algo que últimamente se ha comentado no sólo en los medios de comunicación sino en numerosas instancias como en el Asamblea del Consejo de Europa y algunos parlamentos, especialmente tras la nefasta gestión de la gripe A.

(…) ¿La gripe A achacada al H1N1 fue un caso de “salud pública” o un “saludable negocio”? ¿Quién ganó y perdió con ella? Una declaración de pandemia puede prevenir millones de muertes… o crear mercados de millones de dólares. ¿Estuvo la gripe A en esta segunda categoría? La respuesta es que, en gran medida, sí.

Pero hay una interrogante aún más grave y sin respuesta: cómo ese episodio afectará a la credibilidad de la OMS y de las autoridades sanitarias de los países, si a partir de ahora la gente se preguntará si está haciendo una gestión más comercial que sanitaria. Y, sobre todo, esa clara pérdida de credibilidad, ¿la impedirá afrontar eficazmente un problema real de salud en el futuro?

(…) algunos de los países más industrializados son los que han permitido la “privatización” de la OMS. Porque los ingresos regulares de la OMS según los estatutos deben proceder de los estados miembros cuya contribución depende de su número de habitantes y Producto Interior Bruto (PIB) pero hoy con eso sólo se cubre el 20% del presupuesto de la organización para el periodo 2012–2013. Así que se sostiene con “donaciones”. Y evidentemente quien contribuye con su dinero al mantenimiento de una institución termina teniendo influencia en ella. Es el caso del señor Bill Gates, primer “donante” de una agencia que debería ser multilateral, pública e independiente.

ADIOS PROFE,ENTRE TANTA MIERDA,FUE UN EJEMPLO

Una luz de la ciencia argentina

Eugenia Sacerdote de Lustig

Falleció el domingo pasado. Tenía 101 años. Dos semanas antes había sido distinguida con una Medalla del Bicentenario. Fue la vanguardia femenina en la universidad argentina. Llegó al país huyendo del nazismo. Investigó la poliomielitis al frente del Malbrán.

Por Soledad Vallejos

No creía en Dios porque era una mujer de ciencia, y porque “siempre pensé que si existiera, no dejaría que pasaran tantas barbaridades”. Eugenia Sacerdote de Lustig, médica, investigadora emérita del Conicet, protagonista de gran parte de la historia científica en la Argentina, el país al que llegó huyendo del ingreso nazi en su Italia natal, murió el domingo. Tenía 101 años. Dos semanas antes había sido distinguida con una Medalla del Bicentenario. Dejó el recuerdo de una vida de trabajo intenso, que sólo se alejó de los laboratorios cuando la ceguera le impidió valerse por sí misma. Había estudiado en la universidad mientras las mujeres en los claustros eran una rareza, salvado a miles de personas de la epidemia de poliomelitis al frente del Malbrán, escapado por un azar de la Noche de los Bastones Largos. Tenía tres hijos, nueve nietos, bisnietos. Vivía rodeada de miles de libros que no podía leer, pero escuchaba, sentada en un sillón.

Eugenia Sacerdote había nacido en Turín, en 1910. Como recordó en una entrevista de 2006 publicada en este diario, cuando tuvo edad para estudiar lo que, de niña, había decidido que sería, se encontró con un problema. “El estúpido de Mussolini seguía haciendo propaganda con la idea de que las mujeres sólo servían para tener muchos hijos”, de modo que su educación media, en un liceo para mujeres, sólo la había preparado para cumplir tareas domésticas, saber un poco de literatura y hablar algo de francés. Pero compartía objetivo y terquedad con una prima compinche y contemporánea: entre ambas consiguieron un docente particular que las preparó, estudiaron 12 horas por día e ingresaron en la Facultad de Medicina. Las alumnas eran cuatro; los alumnos, 500. Todavía pasado más de medio siglo recordaba que había sido “tremendo”. “No estaban acostumbradas a ver mujeres en la facultad. Se divertían a costa nuestra.” En 1936, ella y su prima Rita Levi-Montalcini, que recibiría el Nobel por sus investigaciones en Neurología, se graduaron en Medicina.

Tiempo después, casada con el ingeniero Maurizio Lustig e instalada en Roma, se dedicó a la práctica médica en un hospital. En junio de 1938, la Italia fascista dictó las leyes raciales; días después, cuando los restaurantes colgaban carteles como “no se aceptan perros ni judíos”, a su marido, empleado en Pirelli, le ofrecieron trasladarse a la Argentina, donde la empresa abriría una sede. Lo ignoraba todo del país; en 1939 subieron al buque “Oceanía” en Nápoles; desembarcaron en Buenos Aires.

Durante años, la Argentina no reconoció su título, pero en la cátedra de Histología de la Facultad de Medicina de la UBA le propusieron facilitarle instrumentos y espacio para investigar, aunque sin salario fijo: sus ingresos dependían de un fondo para reponer el material de vidrio dañado. Por eso, “durante dos años yo cuidé mucho que nadie rompiera pipetas y probetas”.

Tuvo un laboratorio en el Instituto de Oncología Roffo, y al mismo tiempo Armando Parodi la contrató para investigar en el Instituto de Bacteriología Malbrán, donde montó la Sección de Cultivo de Tejidos. Poco después, con el alejamiento de Parodi, Sacerdote de Lustig quedó al frente del departamento de virus en un momento crítico: la epidemia de poliomelitis. Cada día recibían 60, 70 casos para diagnosticar. “Tenía un miedo terrible de infectarme y de que se infectara todo el personal. Cada día trabajaba hasta medianoche con mi técnica Catalina –recordó cinco años atrás ante este diario–. Cuando terminábamos, poníamos todo el material que habíamos usado en el jardín del Malbrán, le echábamos nafta y prendíamos fuego, porque temíamos que a la mañana siguiente la persona que iba a limpiar tocara algo y se infectara. Después me cambiaba de pies a cabeza para irme a casa. Hasta los zapatos. Tenía terror de infectar a mis hijos.” Gracias a eso, y a su decisión de avalar la aplicación de la vacuna Salk antes de que recibiera la aprobación oficial, salvó a miles.

Trabajó hasta perder completamente la vista. Por entonces investigaba sobre el mal de Alzheimer, genética y oncología. Ciudadana Ilustre porteña, en 2006 convirtió los apuntes escritos para sus nietos en el libro autobiográfico De los Alpes al Río de la Plata.



MIRA A ESE BOLUDO CON ESE MINON...

A las guapas les gusta salir con feos y a las rubias con morenos


A las guapas les gusta salir con feos y a las rubias con morenos

En un contexto animal seleccionamos rasgos diferentes a los nuestros. (Corbis)

Javier Sánchez*

No pocas veces nos asombramos de que altos salgan con bajas, rubios con morenas, feas con guapos y viceversa. A nuestra lógica le resultaría más fácil percibir que quienes se parecen se atraigan entre ellos. Diversos estudios han intentado indagar qué tipo de rasgos faciales y físicos resultan atractivos de forma universal, llegando sólo a conclusiones generales.

Por resumirlos, rasgos masculinos como una mandíbula recta, un cuello bien formado y musculoso o un predominio de la anchura de los hombros con respecto a la de la cintura son rasgos constantemente apreciados por mujeres andrerastas (es decir, aquellas cuyo objeto sexual de preferencia son hombres), y tanto más cuanto más femeninas se consideran las entrevistadas. En oposición, el cabello largo, las pronunciadas curvas del busto y de las nalgas y la carnosidad de los labios son aspectos reconocidos como incitantes por una mayoría de varones ginerastas (esto es, aquellos que tienen por objeto de preferencia erótica a mujeres).

Cuándo nos parece atractiva una cara

Hasta aquí escasa sorpresa: masculinidad y feminidad suelen querer compensarse. Lo que sí intriga es que cuanto más masculina se define una mujer o más femenino se considera un hombre, más se tienden a encontrar como atractivos rasgos mezclados o andróginos. Aunque esta línea de investigación psicosexológica tenía por objeto inicial analizar la selección de pareja, igual que en otros tantos terrenos, ha acabado extendiéndose al conocimiento de mercados y consumidores. No en vano, el cribado de las motivaciones y deseos del consumidor encarna un valor central para seleccionar qué tipo de modelo o actriz debe protagonizar una determinada campaña publicitaria.

Pero dejando parcialmente la influencia de estos hallazgos sobre la mercadotecnia, a la hora de interpretar por qué en cada caso particular consideramos una cara o un cuerpo como atractivos, nos encontramos con diferentes teorías que pasamos a revisar sucintamente. De un lado tenemos las explicaciones psicoanalíticas en que la persona seleccionaría un rostro como atractivo en tanto recordase al de personas significativas de la infancia, bien porque nos sentimos “fundidos” con él reconociendo en él nuestros rasgos propios o bien porque “idealizamos” lo que él poseía y nosotros no. Lo habitual es que estas sensaciones se produzcan entre la niña y el padre o entre el niño y la madre.

En oposición, constan las explicaciones genéticas mucho menos “tibias” y según las cuáles como otros seres vivos, en condiciones ideales, buscaríamos lo complementario a nuestros rasgos individuales con intención de dotar con una mejor capacidad genética a la futura generación. De acuerdo con estas teorías más biologicistas, sólo en situaciones altamente influidas por aspectos socioculturales o cuando la limitación física impidiese dicho entrecruzamiento, los individuos optarían por los rasgos familiares, como un mal menor.

Relaciones estables y parejas de rasgos similares

¿Nos inclinamos en este momento histórico por lo igual o por lo complementario en nuestra erótica? Cabría decir que ambas cosas, aunque con fines distintos. Cuando se trata de crear relaciones estables dirigidas a la propia protección, con escaso componente sexual y no exclusivamente dirigidas a la procreación, posiblemente seleccionemos parejas lo más parecidas a nosotros y a nuestros progenitores: de alguna forma se trataría de reproducir ambientes en que las imágenes y los cuerpos nos recuerden a siluetas conocidas y confiables. Históricamente esta ha sido la forma de relación entre castas y estratos sociales, llegando al máximo paradigma de las uniones intrafamiliares de las casas reales.

Cuando por el contrario priorizamos los aspectos relativos a la sensualidad e incluso al narcisismo secundario a conquistar un objeto sexual único o distinto (léase, la posibilidad de “lucir pareja”), es más probable que seleccionemos rasgos faciales y físicos diferentes a los propios, a veces incluso extravagantes, como tributarios de nuestra atención y deseo.

En este segundo supuesto, cuando la procreación es un objetivo importante del individuo, existe la convicción generalizada entre los investigadores de que en un contexto estrictamente animal tendemos a seleccionar rasgos (físicos y químicos) muy diferenciales con respecto a los nuestros como potencial progenitor de nuestros hijos. Esto sería especialmente importante para conseguir el entrecruzamiento genético necesario para redoblar las posibilidades de supervivencia de la progenie.

Una forma de percibir esta discrepancia “química” podría seguir siendo el olfato, ya que según la investigación psicoendocrinoinmunológica, las señales olfatorias que desprendemos a través del sudor podrían estar relacionadas con el tipo de inmunidad que presentamos. Como primates seleccionaríamos de una forma casi inconsciente olores que nos resultan atractivos si tales aromas estuviesen traduciendo que ese individuo posee defensas inmunitarias complementarias a las nuestras. Semejante unión de ambas inmunidades en un futuro fruto de la gestación habría servido para asegurar la supervivencia en ambientes selváticos, al poder luchar mejor contra distintas infecciones y parasitosis.

Ni que decir tiene que en nuestro mundo sofisticado y global cada vez es más factible encontrar mestizajes. Su efecto sobre la capacidad de la especie para sobrevivir y alcanzar su máxima potencialidad sólo podrá confirmarse en un futuro demasiado lejano. Su valor como indicador, en cambio, de cómo nace la atracción y el deseo entre los seres humanos es incuantificable.

*Javier Sánchez. Psiquiatra y sexólogo