UNA PÁGINA PARA PUBLICAR LAS BARBARIDADES MÉDICAS,LOS ROBOS DE LOS LABORATORIOS,LAS MEDIDAS PROGRESISTAS Y LAS NOVEDADES MEDICAS MUNDIALES
viernes, 8 de mayo de 2015
jueves, 7 de mayo de 2015
"La Sanidad pública no tiene que ser rentable"
El médico y cineasta Thomas Lilti
provoca un debate necesario sobre la Sanidad con su película
'Hipócrates', crónica de la vida de dos médicos residentes en un
hospital . Éxito rotundo en Francia, ya ha conquistado a más de un
millón de espectadores

Escena de 'Hipócrates', dirigida por el médico y cineasta Thomas Lilti.
.
BEGOÑA PIÑA
MADRID.- André Malraux dijo que se podía evaluar el estado de un país observando cómo eran sus prisiones. Thomas Lilti
añade: “Ahora también se puede determinar por sus hospitales públicos”.
Médico y cineasta, por este orden, Lilti ha despuntado como artista
aprovechando su experiencia como doctor. Lo ha hecho con Hipócrates,
su segundo largometraje, una película sobre la vida de dos médicos
residentes en un hospital público francés. El filme, que ha despertado
un debate necesario sobre la Sanidad pública, ha conquistado a más de un
millón de espectadores en su país.
“La situación en Francia debe ser muy similar a la de aquí con los problemas derivados de la crisis económica”, asegura. Atendiendo a su película –protagonizada por Vincent Lacoste y Reda Kateb (Premio César)- en los hospitales franceses se sufren casi idénticas consecuencias a causa de los recortes que las que se padecen aquí. Con matices fundamentales que tendrían que ver con la ideología real de los gobiernos de ambos países, es cierto que la historia de Hipócrates es perfectamente reconocible en España.
“La situación en Francia debe ser muy similar a la de aquí con los problemas derivados de la crisis económica”, asegura. Atendiendo a su película –protagonizada por Vincent Lacoste y Reda Kateb (Premio César)- en los hospitales franceses se sufren casi idénticas consecuencias a causa de los recortes que las que se padecen aquí. Con matices fundamentales que tendrían que ver con la ideología real de los gobiernos de ambos países, es cierto que la historia de Hipócrates es perfectamente reconocible en España.
Los recortes en la Sanidad pública
española han provocado, según los datos de la Asociación del Defensor
del Paciente, 800 muertes. La decisión del Gobierno de Rajoy de
negar la atención sanitaria a los inmigrantes se traduce en 873.000
personas excluidas (salvadas ahora por la campaña de las elecciones).
Pésimas condiciones laborales para los trabajadores del sector, pérdida
de puestos de trabajo, copago de medicamentos, cierre de servicios
hospitalarios… La situación que las mareas blancas denuncia en España desde hace años y que en Francia ha llegado ya al cine.
¿Cuánto hay en la película de autobiográfico?
Empecé a estudiar Medicina con diecisiete años y luego he trabajado en varios hospitales públicos. Ahora soy médico de familia y hago sustituciones, y en paralelo sigo haciendo cine. Creo que durante estos veinte años he estado filmando con mis ojos la película que iba a hacer luego. Una película que fuera una historia cercana a mí y que rememorara los años en los que fui médico internista. Una película donde pudiera hablar de los médicos extranjeros, de la soledad que sienten, de los problemas de los residentes…
En alguna entrevista en Francia ha dicho que ésta no es una película política, sin embargo, es una crónica de un hospital público que sufre muchos recortes por la crisis, donde la primera víctima es un hombre que vive en la calle…
Es verdad. Más bien, lo que quería decir es que el motor de la película, de la escritura del guion y de la realización posterior, no ha sido la política. Pero, sí, es una película política, aunque no nació con conciencia de ello. Nunca pensé que iba a hacer una película de denuncia, lo que pensé es que iba a rodar una historia que hablara de la pérdida de ilusiones, de humanidad, de lo que hay entre bastidores en un hospital… Ese sí es el motor de la película, la humanidad.
Al final ¿es también una película que muestra su propio compromiso?
¿Cuánto hay en la película de autobiográfico?
Empecé a estudiar Medicina con diecisiete años y luego he trabajado en varios hospitales públicos. Ahora soy médico de familia y hago sustituciones, y en paralelo sigo haciendo cine. Creo que durante estos veinte años he estado filmando con mis ojos la película que iba a hacer luego. Una película que fuera una historia cercana a mí y que rememorara los años en los que fui médico internista. Una película donde pudiera hablar de los médicos extranjeros, de la soledad que sienten, de los problemas de los residentes…
En alguna entrevista en Francia ha dicho que ésta no es una película política, sin embargo, es una crónica de un hospital público que sufre muchos recortes por la crisis, donde la primera víctima es un hombre que vive en la calle…
Es verdad. Más bien, lo que quería decir es que el motor de la película, de la escritura del guion y de la realización posterior, no ha sido la política. Pero, sí, es una película política, aunque no nació con conciencia de ello. Nunca pensé que iba a hacer una película de denuncia, lo que pensé es que iba a rodar una historia que hablara de la pérdida de ilusiones, de humanidad, de lo que hay entre bastidores en un hospital… Ese sí es el motor de la película, la humanidad.
Al final ¿es también una película que muestra su propio compromiso?
“El estado de un país se puede determinar observando la situación de los hospitales públicos”
Terminas haciendo algo que es parecido a ti, a tu
compromiso, sí, y a cómo ves tú la relación con la sociedad. Al final,
la película refleja mi mirada sobre la sociedad y sobre la Sanidad
pública, una mirada sin concesiones…
A lo que dijo Malraux usted añade que los hospitales públicos hoy también son reflejo de un país …
Sí, se puede aplicar perfectamente. Podemos decir cómo es un país conociendo sus hospitales públicos. Cuentan muchas cosas sobre la vida y sobre la sociedad. Un hospital es un reflejo de la sociedad y lo que hacen los médicos, los residentes, las enfermeras… está directamente relacionado con las cuestiones sociales.
A lo que dijo Malraux usted añade que los hospitales públicos hoy también son reflejo de un país …
Sí, se puede aplicar perfectamente. Podemos decir cómo es un país conociendo sus hospitales públicos. Cuentan muchas cosas sobre la vida y sobre la sociedad. Un hospital es un reflejo de la sociedad y lo que hacen los médicos, los residentes, las enfermeras… está directamente relacionado con las cuestiones sociales.
¿Una sociedad en la que nos insisten que todo, incluso la Sanidad, debe ser rentable?
Sí, una sociedad en la que dicen que la rentabilidad es necesaria. Pero yo me pregunto en la película si la Sanidad pública tiene que ser rentable, ¿qué significa que busquemos rentabilidad en la Sanidad pública?
Y, en su opinión, ¿qué significa?
Que se emplee la tecnología avanzada por encima de todo aunque con ello no se esté escuchando a la sociedad. Cada vez los ricos son más ricos y los pobres son más pobres y no es igual la Sanidad para los ricos que para los pobres. El acompañamiento que tienen unos y otros en las plantas de terminales, por ejemplo, es diferente. Hoy tenemos una tecnología punta para mantener a las personas vivas lo máximo posible, pero la sociedad no responde a esa exigencia. Los problemas sociales son otros. Hay problemas morales, religiosos… al lado de los técnicos y de eficacia… La Sanidad pública no tiene que ser rentable.
En Hipócrates muestra la gran responsabilidad de un médico, que tiene la vida de todos en sus manos. Usted es médico y cineasta, ¿siente la misma responsabilidad como artista?
No. Es complicado. Lo que hago que diga el personaje de Abdel, “la medicina no es un trabajo, es una especie de maldición”, es verdad. Ser médico es una maldición y yo la sufro, pero funciona como un hechizo. Yo soy médico, ésa es mi responsabilidad, la de sentir empatía con los que sufren. No siento esa responsabilidad como cineasta. El cine me permite cuestionar cosas.
Hipócrates ha provocado un debate necesario en Francia, además de conseguir un gran éxito en taquilla, ¿cuál es el secreto de ese reconocimiento?
Creo que el éxito de la película viene de que no me he disfrazado, de que he sido sincero, no me he escondido ni he pretendido ir de listo. He dicho las cosas tal y como las siento. Y creo que eso ha sido parte de por qué se ha despertado ese debate. No creo que el cine cambie las cosas, pero a mí aquí me permite hablar por ejemplo de la situación de los médicos residentes extranjeros, que nadie conoce y que son tan necesarios. Esta película me permite mostrar los mecanismos por los que, a pesar de todo, un hospital funciona.
Consigue no parecerse en nada a las series estrella de médicos, House, Urgencias, Anatomía de Grey… ¿ha huido premeditadamente de ellas?
El hospital domina completamente en la película. Un hospital no es un lugar frío y geométrico, como el de House, que, por otra parte, es un gran divertimento. Y en Hipócrates es el corazón de la historia. En la televisión, House, por ejemplo, es como un policiaco, cada episodio podría ser Colombo. Ha sido complicado alejarse de estas series, pero tenía claro que eso era un tema de la televisión. En ella, los hospitales sirven de marco para cualquier género, pero no cuentan de verdad lo que pasa en ellos y lo que hace la gente allí. Urgencias es otra cosa, siento mucha admiración por esa serie porque era una inmersión en el sistema.
El éxito de Hipócrates, más de un millón de espectadores, le pone más fáciles las cosas en el cine. ¿Cambiará eso el equilibrio profesional que vive ahora?
No. Seguramente durante un tiempo podré hacer con más facilidad cine, pero siempre volveré a la Medicina, que es mi verdadera vocación.
Sí, una sociedad en la que dicen que la rentabilidad es necesaria. Pero yo me pregunto en la película si la Sanidad pública tiene que ser rentable, ¿qué significa que busquemos rentabilidad en la Sanidad pública?
Y, en su opinión, ¿qué significa?
Que se emplee la tecnología avanzada por encima de todo aunque con ello no se esté escuchando a la sociedad. Cada vez los ricos son más ricos y los pobres son más pobres y no es igual la Sanidad para los ricos que para los pobres. El acompañamiento que tienen unos y otros en las plantas de terminales, por ejemplo, es diferente. Hoy tenemos una tecnología punta para mantener a las personas vivas lo máximo posible, pero la sociedad no responde a esa exigencia. Los problemas sociales son otros. Hay problemas morales, religiosos… al lado de los técnicos y de eficacia… La Sanidad pública no tiene que ser rentable.
En Hipócrates muestra la gran responsabilidad de un médico, que tiene la vida de todos en sus manos. Usted es médico y cineasta, ¿siente la misma responsabilidad como artista?
No. Es complicado. Lo que hago que diga el personaje de Abdel, “la medicina no es un trabajo, es una especie de maldición”, es verdad. Ser médico es una maldición y yo la sufro, pero funciona como un hechizo. Yo soy médico, ésa es mi responsabilidad, la de sentir empatía con los que sufren. No siento esa responsabilidad como cineasta. El cine me permite cuestionar cosas.
Hipócrates ha provocado un debate necesario en Francia, además de conseguir un gran éxito en taquilla, ¿cuál es el secreto de ese reconocimiento?
Creo que el éxito de la película viene de que no me he disfrazado, de que he sido sincero, no me he escondido ni he pretendido ir de listo. He dicho las cosas tal y como las siento. Y creo que eso ha sido parte de por qué se ha despertado ese debate. No creo que el cine cambie las cosas, pero a mí aquí me permite hablar por ejemplo de la situación de los médicos residentes extranjeros, que nadie conoce y que son tan necesarios. Esta película me permite mostrar los mecanismos por los que, a pesar de todo, un hospital funciona.
Consigue no parecerse en nada a las series estrella de médicos, House, Urgencias, Anatomía de Grey… ¿ha huido premeditadamente de ellas?
El hospital domina completamente en la película. Un hospital no es un lugar frío y geométrico, como el de House, que, por otra parte, es un gran divertimento. Y en Hipócrates es el corazón de la historia. En la televisión, House, por ejemplo, es como un policiaco, cada episodio podría ser Colombo. Ha sido complicado alejarse de estas series, pero tenía claro que eso era un tema de la televisión. En ella, los hospitales sirven de marco para cualquier género, pero no cuentan de verdad lo que pasa en ellos y lo que hace la gente allí. Urgencias es otra cosa, siento mucha admiración por esa serie porque era una inmersión en el sistema.
El éxito de Hipócrates, más de un millón de espectadores, le pone más fáciles las cosas en el cine. ¿Cambiará eso el equilibrio profesional que vive ahora?
No. Seguramente durante un tiempo podré hacer con más facilidad cine, pero siempre volveré a la Medicina, que es mi verdadera vocación.
Los recortes en la Sanidad pública
española han provocado, según los datos de la Asociación del Defensor
del Paciente, 800 muertes. La decisión del Gobierno de Rajoy de
negar la atención sanitaria a los inmigrantes se traduce en 873.000
personas excluidas (salvadas ahora por la campaña de las elecciones).
Pésimas condiciones laborales para los trabajadores del sector, pérdida
de puestos de trabajo, copago de medicamentos, cierre de servicios
hospitalarios… La situación que las mareas blancas denuncia en España desde hace años y que en Francia ha llegado ya al cine.
¿Cuánto hay en la película de autobiográfico?
Empecé a estudiar Medicina con diecisiete años y luego he trabajado en varios hospitales públicos. Ahora soy médico de familia y hago sustituciones, y en paralelo sigo haciendo cine. Creo que durante estos veinte años he estado filmando con mis ojos la película que iba a hacer luego. Una película que fuera una historia cercana a mí y que rememorara los años en los que fui médico internista. Una película donde pudiera hablar de los médicos extranjeros, de la soledad que sienten, de los problemas de los residentes…
En alguna entrevista en Francia ha dicho que ésta no es una película política, sin embargo, es una crónica de un hospital público que sufre muchos recortes por la crisis, donde la primera víctima es un hombre que vive en la calle…
Es verdad. Más bien, lo que quería decir es que el motor de la película, de la escritura del guion y de la realización posterior, no ha sido la política. Pero, sí, es una película política, aunque no nació con conciencia de ello. Nunca pensé que iba a hacer una película de denuncia, lo que pensé es que iba a rodar una historia que hablara de la pérdida de ilusiones, de humanidad, de lo que hay entre bastidores en un hospital… Ese sí es el motor de la película, la humanidad.
Al final ¿es también una película que muestra su propio compromiso?
¿Cuánto hay en la película de autobiográfico?
Empecé a estudiar Medicina con diecisiete años y luego he trabajado en varios hospitales públicos. Ahora soy médico de familia y hago sustituciones, y en paralelo sigo haciendo cine. Creo que durante estos veinte años he estado filmando con mis ojos la película que iba a hacer luego. Una película que fuera una historia cercana a mí y que rememorara los años en los que fui médico internista. Una película donde pudiera hablar de los médicos extranjeros, de la soledad que sienten, de los problemas de los residentes…
En alguna entrevista en Francia ha dicho que ésta no es una película política, sin embargo, es una crónica de un hospital público que sufre muchos recortes por la crisis, donde la primera víctima es un hombre que vive en la calle…
Es verdad. Más bien, lo que quería decir es que el motor de la película, de la escritura del guion y de la realización posterior, no ha sido la política. Pero, sí, es una película política, aunque no nació con conciencia de ello. Nunca pensé que iba a hacer una película de denuncia, lo que pensé es que iba a rodar una historia que hablara de la pérdida de ilusiones, de humanidad, de lo que hay entre bastidores en un hospital… Ese sí es el motor de la película, la humanidad.
Al final ¿es también una película que muestra su propio compromiso?
“El estado de un país se puede determinar observando la situación de los hospitales públicos”
Terminas haciendo algo que es parecido a ti, a tu
compromiso, sí, y a cómo ves tú la relación con la sociedad. Al final,
la película refleja mi mirada sobre la sociedad y sobre la Sanidad
pública, una mirada sin concesiones…
A lo que dijo Malraux usted añade que los hospitales públicos hoy también son reflejo de un país …
Sí, se puede aplicar perfectamente. Podemos decir cómo es un país conociendo sus hospitales públicos. Cuentan muchas cosas sobre la vida y sobre la sociedad. Un hospital es un reflejo de la sociedad y lo que hacen los médicos, los residentes, las enfermeras… está directamente relacionado con las cuestiones sociales.
A lo que dijo Malraux usted añade que los hospitales públicos hoy también son reflejo de un país …
Sí, se puede aplicar perfectamente. Podemos decir cómo es un país conociendo sus hospitales públicos. Cuentan muchas cosas sobre la vida y sobre la sociedad. Un hospital es un reflejo de la sociedad y lo que hacen los médicos, los residentes, las enfermeras… está directamente relacionado con las cuestiones sociales.
¿Una sociedad en la que nos insisten que todo, incluso la Sanidad, debe ser rentable?
Sí, una sociedad en la que dicen que la rentabilidad es necesaria. Pero yo me pregunto en la película si la Sanidad pública tiene que ser rentable, ¿qué significa que busquemos rentabilidad en la Sanidad pública?
Y, en su opinión, ¿qué significa?
Que se emplee la tecnología avanzada por encima de todo aunque con ello no se esté escuchando a la sociedad. Cada vez los ricos son más ricos y los pobres son más pobres y no es igual la Sanidad para los ricos que para los pobres. El acompañamiento que tienen unos y otros en las plantas de terminales, por ejemplo, es diferente. Hoy tenemos una tecnología punta para mantener a las personas vivas lo máximo posible, pero la sociedad no responde a esa exigencia. Los problemas sociales son otros. Hay problemas morales, religiosos… al lado de los técnicos y de eficacia… La Sanidad pública no tiene que ser rentable.
En Hipócrates muestra la gran responsabilidad de un médico, que tiene la vida de todos en sus manos. Usted es médico y cineasta, ¿siente la misma responsabilidad como artista?
No. Es complicado. Lo que hago que diga el personaje de Abdel, “la medicina no es un trabajo, es una especie de maldición”, es verdad. Ser médico es una maldición y yo la sufro, pero funciona como un hechizo. Yo soy médico, ésa es mi responsabilidad, la de sentir empatía con los que sufren. No siento esa responsabilidad como cineasta. El cine me permite cuestionar cosas.
Hipócrates ha provocado un debate necesario en Francia, además de conseguir un gran éxito en taquilla, ¿cuál es el secreto de ese reconocimiento?
Creo que el éxito de la película viene de que no me he disfrazado, de que he sido sincero, no me he escondido ni he pretendido ir de listo. He dicho las cosas tal y como las siento. Y creo que eso ha sido parte de por qué se ha despertado ese debate. No creo que el cine cambie las cosas, pero a mí aquí me permite hablar por ejemplo de la situación de los médicos residentes extranjeros, que nadie conoce y que son tan necesarios. Esta película me permite mostrar los mecanismos por los que, a pesar de todo, un hospital funciona.
Consigue no parecerse en nada a las series estrella de médicos, House, Urgencias, Anatomía de Grey… ¿ha huido premeditadamente de ellas?
El hospital domina completamente en la película. Un hospital no es un lugar frío y geométrico, como el de House, que, por otra parte, es un gran divertimento. Y en Hipócrates es el corazón de la historia. En la televisión, House, por ejemplo, es como un policiaco, cada episodio podría ser Colombo. Ha sido complicado alejarse de estas series, pero tenía claro que eso era un tema de la televisión. En ella, los hospitales sirven de marco para cualquier género, pero no cuentan de verdad lo que pasa en ellos y lo que hace la gente allí. Urgencias es otra cosa, siento mucha admiración por esa serie porque era una inmersión en el sistema.
El éxito de Hipócrates, más de un millón de espectadores, le pone más fáciles las cosas en el cine. ¿Cambiará eso el equilibrio profesional que vive ahora?
No. Seguramente durante un tiempo podré hacer con más facilidad cine, pero siempre volveré a la Medicina, que es mi verdadera vocación.
Sí, una sociedad en la que dicen que la rentabilidad es necesaria. Pero yo me pregunto en la película si la Sanidad pública tiene que ser rentable, ¿qué significa que busquemos rentabilidad en la Sanidad pública?
Y, en su opinión, ¿qué significa?
Que se emplee la tecnología avanzada por encima de todo aunque con ello no se esté escuchando a la sociedad. Cada vez los ricos son más ricos y los pobres son más pobres y no es igual la Sanidad para los ricos que para los pobres. El acompañamiento que tienen unos y otros en las plantas de terminales, por ejemplo, es diferente. Hoy tenemos una tecnología punta para mantener a las personas vivas lo máximo posible, pero la sociedad no responde a esa exigencia. Los problemas sociales son otros. Hay problemas morales, religiosos… al lado de los técnicos y de eficacia… La Sanidad pública no tiene que ser rentable.
En Hipócrates muestra la gran responsabilidad de un médico, que tiene la vida de todos en sus manos. Usted es médico y cineasta, ¿siente la misma responsabilidad como artista?
No. Es complicado. Lo que hago que diga el personaje de Abdel, “la medicina no es un trabajo, es una especie de maldición”, es verdad. Ser médico es una maldición y yo la sufro, pero funciona como un hechizo. Yo soy médico, ésa es mi responsabilidad, la de sentir empatía con los que sufren. No siento esa responsabilidad como cineasta. El cine me permite cuestionar cosas.
Hipócrates ha provocado un debate necesario en Francia, además de conseguir un gran éxito en taquilla, ¿cuál es el secreto de ese reconocimiento?
Creo que el éxito de la película viene de que no me he disfrazado, de que he sido sincero, no me he escondido ni he pretendido ir de listo. He dicho las cosas tal y como las siento. Y creo que eso ha sido parte de por qué se ha despertado ese debate. No creo que el cine cambie las cosas, pero a mí aquí me permite hablar por ejemplo de la situación de los médicos residentes extranjeros, que nadie conoce y que son tan necesarios. Esta película me permite mostrar los mecanismos por los que, a pesar de todo, un hospital funciona.
Consigue no parecerse en nada a las series estrella de médicos, House, Urgencias, Anatomía de Grey… ¿ha huido premeditadamente de ellas?
El hospital domina completamente en la película. Un hospital no es un lugar frío y geométrico, como el de House, que, por otra parte, es un gran divertimento. Y en Hipócrates es el corazón de la historia. En la televisión, House, por ejemplo, es como un policiaco, cada episodio podría ser Colombo. Ha sido complicado alejarse de estas series, pero tenía claro que eso era un tema de la televisión. En ella, los hospitales sirven de marco para cualquier género, pero no cuentan de verdad lo que pasa en ellos y lo que hace la gente allí. Urgencias es otra cosa, siento mucha admiración por esa serie porque era una inmersión en el sistema.
El éxito de Hipócrates, más de un millón de espectadores, le pone más fáciles las cosas en el cine. ¿Cambiará eso el equilibrio profesional que vive ahora?
No. Seguramente durante un tiempo podré hacer con más facilidad cine, pero siempre volveré a la Medicina, que es mi verdadera vocación.
ESPAÑA RETROCEDE EN INVESTIGACION E INNOVACION
La Comisión Europea ha presentado hoy en Bruselas el informe
Innovation Union Scoreboard 2015 (IUS) en el que se indica que España se
ha situado en el puesto 19 entre los 28 miembros de la UE en materia de
innovación, lo que supone dos posiciones menos que el año anterior.
El documento señala que nuestro país es un “innovador moderado”, cuyo rendimiento había mejorado de manera constante hasta 2012. “A partir de entonces el índice de innovación empezó a caer”. En 2014 este índice se situó en un nivel significativamente más bajo que en 2007. En 2008 el rendimiento era del 77% mientras que en 2014 fue del 69%.
“Junto con Rumanía, España es el único país con un descenso tan acentuado en el nivel de innovación”, dice el documento.
El IUS utiliza un conjunto de 25 indicadores clasificados en varias dimensiones: recursos humanos, sistemas de investigación, finanzas y apoyo, inversión de las empresas, emprendimiento, etc. A través de ellosl, se calcula un índice con el que se crea el ranking.
La comisión indica que España está por debajo de la media europea en la mayoría de esos 25 indicadores. De hecho, solo destaca en cuatro: publicaciones científicas, marcas comunitarias, comercialización de productos nuevos y tasa de población con educación universitaria.
“Los niveles de excelencia, atractivo y apertura de los sistemas de investigación españoles se acercan al promedio de la UE (con un crecimiento del 6,4%) “debido principalmente a la coautoría en artículos publicados en revistas científicas internacionales”, que se han incrementado en un 9,4%, señala el informe.
La escasa inversión privada en I+D, acentuada por la
crisis y los bajos ingresos por la venta de patentes en el extranjero
son algunos de los principales déficits en la innovación en España,
según el organismo europeo. Además las inversiones procedentes del
capital riesgo han caído un 17%.
"España no está evolucionando como se esperaba y es algo que tendremos que examinar. Creo que los políticos españoles deben analizar estos datos y fijarse en lo que están haciendo los países que obtienen mejores resultados", ha dicho el comisario de Investigación, Carlos Moedas.
Líderes
A continuación se sitúan Austria, Bélgica, Francia, Irlanda, Luxemburgo, Países Bajos y Eslovenia y Reino Unido con un nivel ligeramente por encima o cercano a la media.
Por su parte, el nivel de Croacia, Chipre, República Checa, Estonia, Grecia, Hungría, Italia, Lituania, Malta, Polonia, Portugal, Eslovaquia y España está por debajo de la media de la UE. En último lugar están Bulgaria, Letonia y Rumania que van muy por debajo de la media.
Los efectos de la crisis
Entre las conclusiones del informe, la Comisión Europea destaca que el nivel general de la UE en innovación se mantiene estable. Sin embargo, la crisis ha impactado de manera considerable en la actividad en I+D del sector privado. “El número de empresas innovadoras está en declive, al igual que las innovaciones de las pymes, las solicitudes de patentes, las exportaciones de productos de alta tecnología, las inversiones de capital de riesgo y las ventas de productos innovadores”.
El documento señala que nuestro país es un “innovador moderado”, cuyo rendimiento había mejorado de manera constante hasta 2012. “A partir de entonces el índice de innovación empezó a caer”. En 2014 este índice se situó en un nivel significativamente más bajo que en 2007. En 2008 el rendimiento era del 77% mientras que en 2014 fue del 69%.
“Junto con Rumanía, España es el único país con un descenso tan acentuado en el nivel de innovación”, dice el documento.
El IUS utiliza un conjunto de 25 indicadores clasificados en varias dimensiones: recursos humanos, sistemas de investigación, finanzas y apoyo, inversión de las empresas, emprendimiento, etc. A través de ellosl, se calcula un índice con el que se crea el ranking.
La comisión indica que España está por debajo de la media europea en la mayoría de esos 25 indicadores. De hecho, solo destaca en cuatro: publicaciones científicas, marcas comunitarias, comercialización de productos nuevos y tasa de población con educación universitaria.
“Los niveles de excelencia, atractivo y apertura de los sistemas de investigación españoles se acercan al promedio de la UE (con un crecimiento del 6,4%) “debido principalmente a la coautoría en artículos publicados en revistas científicas internacionales”, que se han incrementado en un 9,4%, señala el informe.
"España no está evolucionando como se esperaba y es algo que tendremos que examinar. Creo que los políticos españoles deben analizar estos datos y fijarse en lo que están haciendo los países que obtienen mejores resultados", ha dicho el comisario de Investigación, Carlos Moedas.
Líderes
La escasa inversión privada en I+D y los bajos ingresos por la
venta de patentes en el extranjero son algunos de los principales
déficits
En la clasificación presentada por la UE se indica que Suecia,
Dinamarca, Finlandia, Alemania y Suecia son líderes en innovación
europeos, con resultados muy por encima de la media.A continuación se sitúan Austria, Bélgica, Francia, Irlanda, Luxemburgo, Países Bajos y Eslovenia y Reino Unido con un nivel ligeramente por encima o cercano a la media.
Por su parte, el nivel de Croacia, Chipre, República Checa, Estonia, Grecia, Hungría, Italia, Lituania, Malta, Polonia, Portugal, Eslovaquia y España está por debajo de la media de la UE. En último lugar están Bulgaria, Letonia y Rumania que van muy por debajo de la media.
Los efectos de la crisis
Entre las conclusiones del informe, la Comisión Europea destaca que el nivel general de la UE en innovación se mantiene estable. Sin embargo, la crisis ha impactado de manera considerable en la actividad en I+D del sector privado. “El número de empresas innovadoras está en declive, al igual que las innovaciones de las pymes, las solicitudes de patentes, las exportaciones de productos de alta tecnología, las inversiones de capital de riesgo y las ventas de productos innovadores”.
miércoles, 6 de mayo de 2015
CAMBIAR DE MONTA ES VIEJO EN LA PAMPA
Las erecciones retornan antes con parejas nuevas
por Pere Estupinyà
/
Evolutivamente hablando, en muchas
especies no tiene sentido que los machos quieran volver a copular con
una hembra inmediatamente después de haberla inseminado. Repetir es un
gasto de energía y de esperma frente a la posibilidad de que aparezca en
escena una nueva hembra en celo.
Ratas copulando para un experimento en la Concordia University (Montreal). (Credit: Pere Estupinyà, S=EX2)
Por eso la selección natural ha diseñado el “período refractario”:
un tiempo tras la eyaculación en que la apetencia sexual disminuye
drásticamente, y no hay manera de volver a tener una erección. Salvo
excepciones (que las hay), en humanos el período refractario puede durar
desde minutos en un joven, a varias horas en un adulto.

Pero el período refractario no depende
sólo de la edad y del estado de salud. La evolución es más inteligente
de lo que pensamos, y de la misma manera que ha diseñado el maldito
período refractario para que no tengamos erecciones y perdamos recursos
con una hembra ya inseminada, también ha diseñado un fenómeno curioso:
El Efecto Coolidge. El Efecto Coolidge se refiere a que el
tiempo refractario necesario para tener una nueva erección se acorta si
aparece una pareja nueva.
La lógica biológica es aplastante: la
selección natural quiere que pierdas la erección y apetencia sexual para
que no copules seguido con la misma hembra, pero que las recuperes de
inmediato si aparece una nueva.
La mayoría de humanos no notan el efecto
coolidge porque no van enrollándose con varias parejas el mismo día
(amantes y swingers aparte). Pero las ratas (cuyos mecanismos
neurofisiológicos de la función sexual no son tan diferentes a los
nuestros) vaya si lo notan… si encierras a un macho en una jaula con 4
hembras en celo, se las cepillará a todas hasta quedar exhausto. Aunque
ellas se le continuarán insinuando, el macho ya no mostrará ningún
interés por sus sensuales lordosis (origen evolutivo del twerking). Pero
si de repente en la celda pones una rata nueva, el agotado macho cogerá
fuerzas de donde sea y se tirará de golpe a perseguirla. Efecto
coolidge en acción.
De hecho las bases neurológicas del
Efecto Coolidge es lo que está estudiando Jorge Rojas en la Universidad
de Guadalajara, a quien conocí cuando presentaba su trabajo en el
congreso de la Society for Neuroscience en Washington DC.
Jorge sospecha que el mecanismo por el
que la apetencia y erección vuelven más rápido ante una nueva pareja es
que el estímulo novedoso aumenta los niveles de dopamina. Para comprobar
si esa hipótesis es cierta, diseñaron un fármaco que incrementa los
niveles de dopamina tras la eyaculación… y oh milagro!: las ratas macho
que tomaban el fármaco repetían más coitos con la misma hembra que los
que no lo tomaron. Realmente el período refractario se acortaba. Cierto
que para mantener erecciones y extender relaciones puedes recurrir a
técnicas más naturales, como por ejemplo los orgasmos sin eyaculación
propios del tantra. Pero… ayudarnos a echar varios seguidos, podría
ser bien útil! 
EN ARGENTINA, UNA INVESTIGACION CONSTATO DAÑOS GENETICOS EN NIÑOS EXPUESTOS AL GLIFOSATO
Por Pedro Lipcovich
Los autores señalan que “no existen en la Argentina estudios que analicen los efectos genotóxicos producidos en los niños por la exposición a sustancias químicas”. El trabajo se propone examinar esos efectos para niños con exposición a plaguicidas por inhalación. El método utilizado es el “monitoreo genotoxicológico” que, a partir de células de la mucosa bucal, detecta daños genéticos y se viene aplicando en distintos países para poblaciones expuestas a agentes tóxicos.
Los investigadores estudiaron una muestra de 50 niños de Marcos Juárez, ciudad de 27.000 habitantes que “está rodeada por zonas cultivadas”; precisan que “los plaguicidas más utilizados en la zona son glifosato, en sus diferentes formulaciones líquidas o granuladas, y los insecticidas cipermetrina y clorpirifós en formulaciones líquidas”.
Las edades de los chicos de la muestra iban de los 4 a los 14 años, con una media de 9 años. Del total, 27 residían a menos de 500 metros de los lugares de aplicación de plaguicidas y 23 vivían a más de 500 metros (la ley provincial 9164 prohíbe la aplicación a menos de 500 metros de plantas urbanas). También tomaron, como grupo de control, 25 niños de la ciudad de Río Cuarto, residentes “por lo menos a 3000 metros de áreas de pulverización con plaguicidas” y “considerados no expuestos”. Así, el total de niños testeados fue de 75, 31 varones y 44 mujeres.
El ensayo se realizó en células de la mucosa bucal, obtenidas mediante hisopos estériles, como ya es habitual para análisis de ADN. Para cada niño se levantó “una historia clínica ambiental que interrogó sobre datos demográficos, tipo de exposición a plaguicidas, patologías, síntomas persistentes y estilo de vida”.
Analizados los resultados, “se encontró una media de 5,20 micronúcleos (indicadores de daño genético) cada mil células en las muestras de Marcos Juárez contra 3,36 cada mil en las de Río Cuarto” (un 55 por ciento más). Particularmente en el muestro efectuado en marzo/abril –al cabo de pulverizaciones continuas que duran de cuatro a seis meses–, el indicador de daño genético en niños de Marcos Juárez se eleva a 5,78 micronúcleos cada mil células.
Y hay más. Los investigadores compararon el daño genético en chicos que viven hasta 500 metros de las pulverizaciones con el daño en chicos que viven hasta 1095 metros, ya por fuera del límite legal de seguridad, y encontraron que “la frecuencia de micronúcleos no muestra diferencias significativas” con los que viven más cerca: “Tratándose de una ciudad relativamente pequeña, este resultado pone de manifiesto que las pulverizaciones podrían alcanzar, por vía aérea, a toda la localidad, y que la población se encuentra sometida a una exposición extremadamente alta y continua, dado que vive rodeada por los cultivos. Debería tomarse en cuenta este dato al momento de establecer resguardos ambientales en localidades que se encuentren rodeadas de cultivos donde se pulveriza”.
Los investigadores señalan que “el marcador utilizado detecta un nivel de daño que todavía es reversible”, lo cual “permite tomar las medidas necesarias para disminuir o suprimir la exposición al agente tóxico y de ese modo disminuir o prevenir el riesgo de desarrollar neoplasias (cánceres) y otras alteraciones patológicas”.
El riesgo de las fumigaciones
El estudio de la Universidad Nacional de Río Cuarto,
publicado en la revista de la Sociedad Argentina de Pediatría, detectó
que los chicos de la ciudad cordobesa de Marcos Juárez presentan casi un
55 por ciento más de anomalías que nenes no expuestos a plaguicidas.
Por Pedro Lipcovich
En
niños que viven cerca de lugares donde se fumiga con glifosato y otros
plaguicidas se constataron daños genéticos, que podrían conducir a
enfermedades como la leucemia y que ya estarían ocasionando síntomas
como broncoespasmo y hemorragias nasales. La investigación –publicada en
la revista de la Sociedad Argentina de Pediatría– fue efectuada por la
Universidad Nacional de Río Cuarto: en una muestra de chicos de Marcos
Juárez, ciudad cordobesa “rodeada por cultivos”, se registró casi un 55
por ciento más de anomalías que en nenes no expuestos a plaguicidas. Las
alteraciones genéticas son más en los chicos que viven a menos de 500
metros de las fumigaciones (límite permitido por la ley local) pero se
detectan aun en chicos que viven a más de un kilómetro. Los resultados
del estudio –en sintonía con estudios anteriores sobre trabajadores
rurales– plantean varias cuestiones urgentes: a) la distancia de
seguridad para agrotóxicos en zonas pobladas no se estaría cumpliendo;
b) aun si se cumpliera, resultaría insuficiente, ya que se detectó daño
aumentado en niños residentes a más de 1000 metros de las
pulverizaciones; c) el pronto reconocimiento del problema permitiría
encarar los problemas de salud de los niños ya afectados, ya que, según
advierten los investigadores, los daños registrados “todavía pueden
revertirse”.
La investigación fue publicada en Archivos Argentinos de Pediatría,
firmada por Delia Aiassa, Nora Gorla, Alvaro Méndez, Fernando Mañas,
Natalia Gentile y Natalí Bernardi, todos integrantes del grupo Genética y
Mutagénesis Ambiental (GEMA), de la Universidad Nacional de Río Cuarto.Los autores señalan que “no existen en la Argentina estudios que analicen los efectos genotóxicos producidos en los niños por la exposición a sustancias químicas”. El trabajo se propone examinar esos efectos para niños con exposición a plaguicidas por inhalación. El método utilizado es el “monitoreo genotoxicológico” que, a partir de células de la mucosa bucal, detecta daños genéticos y se viene aplicando en distintos países para poblaciones expuestas a agentes tóxicos.
Los investigadores estudiaron una muestra de 50 niños de Marcos Juárez, ciudad de 27.000 habitantes que “está rodeada por zonas cultivadas”; precisan que “los plaguicidas más utilizados en la zona son glifosato, en sus diferentes formulaciones líquidas o granuladas, y los insecticidas cipermetrina y clorpirifós en formulaciones líquidas”.
Las edades de los chicos de la muestra iban de los 4 a los 14 años, con una media de 9 años. Del total, 27 residían a menos de 500 metros de los lugares de aplicación de plaguicidas y 23 vivían a más de 500 metros (la ley provincial 9164 prohíbe la aplicación a menos de 500 metros de plantas urbanas). También tomaron, como grupo de control, 25 niños de la ciudad de Río Cuarto, residentes “por lo menos a 3000 metros de áreas de pulverización con plaguicidas” y “considerados no expuestos”. Así, el total de niños testeados fue de 75, 31 varones y 44 mujeres.
El ensayo se realizó en células de la mucosa bucal, obtenidas mediante hisopos estériles, como ya es habitual para análisis de ADN. Para cada niño se levantó “una historia clínica ambiental que interrogó sobre datos demográficos, tipo de exposición a plaguicidas, patologías, síntomas persistentes y estilo de vida”.
Analizados los resultados, “se encontró una media de 5,20 micronúcleos (indicadores de daño genético) cada mil células en las muestras de Marcos Juárez contra 3,36 cada mil en las de Río Cuarto” (un 55 por ciento más). Particularmente en el muestro efectuado en marzo/abril –al cabo de pulverizaciones continuas que duran de cuatro a seis meses–, el indicador de daño genético en niños de Marcos Juárez se eleva a 5,78 micronúcleos cada mil células.
Y hay más. Los investigadores compararon el daño genético en chicos que viven hasta 500 metros de las pulverizaciones con el daño en chicos que viven hasta 1095 metros, ya por fuera del límite legal de seguridad, y encontraron que “la frecuencia de micronúcleos no muestra diferencias significativas” con los que viven más cerca: “Tratándose de una ciudad relativamente pequeña, este resultado pone de manifiesto que las pulverizaciones podrían alcanzar, por vía aérea, a toda la localidad, y que la población se encuentra sometida a una exposición extremadamente alta y continua, dado que vive rodeada por los cultivos. Debería tomarse en cuenta este dato al momento de establecer resguardos ambientales en localidades que se encuentren rodeadas de cultivos donde se pulveriza”.
Los investigadores señalan que “el marcador utilizado detecta un nivel de daño que todavía es reversible”, lo cual “permite tomar las medidas necesarias para disminuir o suprimir la exposición al agente tóxico y de ese modo disminuir o prevenir el riesgo de desarrollar neoplasias (cánceres) y otras alteraciones patológicas”.
martes, 5 de mayo de 2015
“Los traumas de la guerra no pueden cerrarse nunca”
Entrevista a las psicoanalistas Ana Miñarro y
Teresa Morandi, coordinadoras del libro “Trauma y transmisión. Efectos
de la guerra del 36”
“Los traumas de la guerra no pueden cerrarse nunca”
Muertes durante
la guerra de 1936 en el combate (unas 300.000), pero también lejos del
frente de batalla (cerca de 200.000 personas); en torno a 20.000
republicanos asesinados en el periodo inmediatamente posterior al
triunfo fascista; cárceles, campos de concentración, exilio… Las
psicoanalistas Anna Miñarro y Teresa Morandi son las coordinadoras de un
libro “Trauma y transmisión. Efectos de la guerra del 36, la posguerra,
la dictadura y la transición en la subjetividad de los ciudadanos”,
editado por Xoroi y la Fundació Congrés Català de Salut Mental. El texto
trata de explicar cómo la guerra desgarró la biografía de las personas
que la sufrieron, pero tuvo efectos también sobre las generaciones
posteriores, hasta hoy. Según las autoras, el trauma no puede cerrarse,
de manera que la huella queda indeleble. Ahora bien, existe la
posibilidad de elaborar el duelo, expresar con palabras el dolor e
iniciar un proceso de “resignificación”. Anna Miñarro y Teresa Morandi
también explican que ante la prisión, las torturas y los campos de
concentración, los principales mecanismos (psicológicos) de defensa eran
la ideología y la solidaridad.
-¿Reaparecen las heridas mal cerradas, los muertos mal enterrados? ¿Es posible el olvido?
-Anna Miñarro: No, es absolutamente imposible. El recuerdo siempre retorna en estos casos, porque no ha podido hacerse el duelo. Ahora bien, ha de establecerse la diferencia entre los vencedores, que ante el fusilamiento o la desaparición de un familiar pudieron elaborar el duelo desde el primer momento. Y el caso de los vencidos, cuyos muertos están enterrados bajo las cunetas y el duelo fue imposible. 75 años sin que pueda hablarse del asunto hacen que la impunidad se convierta en una tortura.
-Teresa Morandi: No puede enterrarse bien a los muertos a quienes se ha asesinado sin juicio previo y en crímenes perpetrados con nocturnidad. Los seres humanos celebran una serie de rituales para conmemorar el nacimiento o la muerte, y así estar cerca de sus seres queridos. Esto fue imposible para más de 100.000 personas en el estado español. Todavía no los ha reconocido un estado que debería haberlos amparado.
-¿Qué aporta la mirada psicoanalítica al estudio de la guerra civil española y la posterior represión?
-AM: El terror, además de una actividad con finalidad represora, se convirtió en un método de control social y en un elemento decisivo de la forma de gobierno franquista. Se impuso el silencio como única posibilidad de sobrevivir. La imposibilidad de hablar, de pensar, de expresarse ideológicamente e incluso en relación con los afectos y las vivencias, profundizó las heridas psíquicas heredadas de la guerra. Esto impidió la elaboración de duelos y la psi(ci)catrización de las heridas. Buscamos, entonces, analizar los efectos psíquicos en la subjetividad de los ciudadanos producto de la violencia. Precisamente en el oficio del Psicoanálisis, cuestiones como sujeto, memoria, trauma y duelo tienen una importancia fundamental.
-TM: El sujeto, el ser humano, no puede pensarse sin lo social, ni tampoco puede pensarse sin el cuerpo. Es nuestro oficio escuchar estas dificultades que tiene el sujeto con sus lazos sociales. Desde hace mucho tiempo se habla de los soldados que volvieron de la primera guerra mundial o de la guerra de Vietnam, sus traumas y dificultades para enfrentarse a lo social o los maltratos que fueron capaces de infligir a otras personas. Incluso se está conociendo el suministro de drogas a soldados. Hay un documental sobre ello titulado “Drogas con receta”. Pero en el estado español no se ha hablado, en general, sobre los efectos de la guerra. Ha habido un gran desconocimiento.
-¿Qué testimonio destacaríais de vuestro trabajo de investigación?
-AM: El caso de una señora de 92 años. Nos dijo que quería hablar porque estaba a punto de morirse. Hicimos la entrevista en la comarca de El Vallés (Barcelona). El lugar al que nos dirigíamos –“El turó de la Ilussió”- no figuraba en las guías, lo buscábamos sin encontrarlo. La señora se exilió a Francia con sus hijas de dos y tres años, y su marido permanecía en el campo de concentración de Argelès-sur-mer. Me impactó mucho su testimonio. Yo no sabía que se hubieran cometido violaciones incluso dentro del estado francés (que supuestamente debería proteger a los exiliados). Esta mujer resultó violada con 20 años por el prefecto de Perpiñán, a cambio de obtener más vituallas para sus hijas. Ella vivía en una precariedad absoluta. Cuando volvieron del exilio, su marido no la dejó salir de casa.
-TM: Yo le hice una entrevista a su hija. Nos dijo que sabía que el franquismo existió y que hubo represión, pero no todo lo que estaba pasando. Al cabo de un rato nos dijo que su hijo tuvo problemas con la drogadicción, nos explicó cómo luchó para que este hijo no acabara malamente, y que ahora estaba mucho mejor. No me hablaba del nieto (que estaba allí delante) sino de su hijo. Y hablaba de él como de ese vacío que se produce a causa de un trauma. Es como si uno no tuviera el recuerdo de algo que ha pasado, pero a veces se despierta por cualquier situación (hay como una llamada al trauma) y se produce una angustia superior a la que el sujeto puede aceptar. Esto se traduce en pesadillas, escalofríos o repetición de determinados actos y situaciones que indican que algo está ocurriendo. Todo tiene que ver con el impacto terrible de situaciones muy violentas.
-¿Hay posibilidades de forjar una identidad personal y colectiva sin memoria?
-AM: Absolutamente imposible. La identidad personal se construye. Pero hay que distinguir entre las personas que no han podido construir su identidad y otros que sí la tenían constituida (una personalidad estructurada). En el exilio la identidad es una de las primeras cosas que se pierde, porque te marcan con un número e incluso te quitan el nombre. Hay además casos de cambio de nombres vinculados a la naturaleza en el mundo anarquista (Floreal, Armonía…). Hubo muchos ejemplos en el Camp de la Bota (Barcelona). Recuerdo una mujer, Armonía, a quien las monjas le cambiaron su nombre por el de Mónica.
-TM: El ser humano no es idéntico a sí mismo. En todo caso se identifica con las personas que le acogen cuando nace y las que se encuentra a lo largo de la vida. El legado de la familia, nombre y apellidos, las dictaduras se lo cargan de un plumazo. La historia de los campos de concentración con los números, o con la pérdida de identidad humana es terrible. En el Colegio de Periodistas de Barcelona se celebró una mesa redonda con el historiador Ricard Vinyes, Armonía (la mujer que te citábamos) y un nieto “recuperado” por las Abuelas de la Plaza de Mayo. Se repetían muchas de las cuestiones: les habían robado parte de su vida.
-¿Cómo se podían soportar, según los testimonios recabados, los ingresos en prisión, las torturas o el exilio? ¿Cuáles eran los mecanismos de defensa? ¿Algo parecido a lo que hoy se llama “pensamiento positivo”?
-AM: Hay muchos mecanismos de defensa. Aquellas personas con creencias más fuertes y, digamos, ideológicamente constituidas (con una ideología política), tenían una mayor capacidad de resistencia. Otro mecanismo era la solidaridad. Uno podía ser solidario, por ejemplo, a la hora de repartir el pan o quitarle los piojos a un compañero, pero teniendo en cuenta que este compañero al día siguiente podía ser torturado o estar muerto. Sabemos que el trauma es una herida profunda y difícil de de trabajar, que elabora mejor la persona que de inicio no tenía dificultades psíquicas. Se presentaban numerosos síntomas en el cuerpo y a nivel psíquico como consecuencia de la guerra, que nunca se han reconocido. Hay muchas mujeres con dolores por todas partes, que nadie vincula con una madre deprimida o vestida todo el día de negro.
-TM: La resistencia se daba sobre todo mediante la solidaridad. Porque una persona sola, en una situación tan extrema como un campo de concentración o una prisión…Esto del “pensamiento positivo” es propio de una sociedad que dice que todo está bien, y que aquí no pasa nada. El pasado tiene un peso en la población que no podemos negar. En ocasiones la gente mayor vive situaciones de descontrol, asiste al médico y éste le prescribe medicamentos. Cuando puedes hablar con esta persona o su familia, lo que aparece es la angustia. Recuerdo el caso de un señor que, en un estado ya de problemas con la memoria, le dice a sus familiares: “Que no me fusilen; miren si estoy en la lista, miren si estoy en la lista…”, Este señor no pudo sacar la tortura interior. Es muy importante hablar las cosas, aunque no de cualquier manera.
-¿Queda siempre la huella del trauma? ¿Es posible la “resiliencia”, la “resignificación” en lenguaje freudiano?
-AM: El trauma no puede cerrarse nunca. La marca es imborrable y quedará para toda la vida. Pero las personas que pueden testimoniar y ser escuchadas tienen la posibilidad de iniciar la “resignificación”. Pensaba en una señora de Vall d’Uixó, que nació en la prisión de Castellón, y que fue desterrada a Barcelona con su madre. Nos contó que había llevado al médico a la madre, ya que tenía miedo –muchos años después de la guerra- de salir a la calle por si la mataban. El facultativo le recetó un antipsicótico. Pero decidió dejar de darle a su madre la medicación, ponerle una persona para su cuidado y, sobre todo, que fuera escuchada. “Resignificar”, por tanto, quiere decir saber qué te han hecho y decidir qué hacer con ello. Poderlo hablar y, a partir de ahí, darle un sentido. Hace falta marcar la diferencia entre la “resiliencia” (de origen estadounidense) y la “resignificación”. Estamos en este caso ante una persona diagnosticada como psicótica, cuando no lo era. Se trataba de una persona (previamente sana), que a causa del maltrato recibido en la prisión y con nueve familiares fusilados, vivía con el miedo en el cuerpo.
-TM: En los Grupos de Palabra y Transmisión con diferentes generaciones se habla mucho de los bombardeos, y de lo que significaron en términos de miedo permanente y angustia. Cuando hablamos de las dictaduras y del estado de guerra, la persona convive el día entero con el terror. Eso tiene un impacto en el cuerpo, en la mente y en la relación con los demás. Por otro lado, la “resiliencia” es una palabra muy de moda, cuyo origen está vinculado a la guerra del Vietnam. Cada cierto tiempo aparecen las mismas ideas expresadas de manera diferente.
Con independencia del nombre que le demos, el ser humano convive con situaciones traumáticas. El mismo nacimiento lo es, en el sentido de que hay algo que se fractura. Nos hallamos ante procesos que afectan a la vida familiar y social, relacionados con situaciones, digamos, “excesivas”, de impacto o extrema violencia y que la persona no puede asumir. El tener la posibilidad de decir qué le ha pasado, cómo, qué siente, es una manera de dar un lugar a eso que es inexplicable. Buscar un sentido que pueda integrarse en la vida cotidiana de cada uno. Ello supone una cierta pacificación.
-¿Qué concepción de la salud mental tenía el franquismo? ¿Quedan reminiscencias en el presente?
-AM: El gran mentor del franquismo en la materia era Antonio Vallejo-Nájera, una persona formada por en la psiquiatría tradicional alemana. Está basada en la ideología de la “diferencia”, es decir, todo lo que se consideraba “diferente” (mujeres, locos, homosexuales o rojos) tenía una pésima consideración. Este tipo de psiquiatría se mantuvo durante muchos años. El problema, hoy, es que la mayoría de los psiquiatras no escuchan. No se hace, por ejemplo, una historia clínica completa como en Alemania, que incluya información sobre el contexto familiar.
Pero también a los psicoanalistas, que supuestamente somos los que más escuchamos, nos falta la formación adecuada, y también el deseo de saber, de comentar con el paciente. A algún paciente se le ha dicho: “Bueno, ha pasado ya mucho tiempo de la guerra civil”. Está todo por hacer. En la universidad tampoco se imparte la formación necesaria. Ciertamente aquella violencia de la guerra civil y la posguerra tiene efectos en el presente. Todo el mundo tiene vínculos con la violencia, tanto los que fueron represaliados como los que no.
-TM: Vallejo-Nájera fue formado en la psiquiatría nazi, donde todo el que pensaba de una manera diferente era considerado un enfermo mental, lo que constituía un estigma social. Históricamente, estas enfermedades han sido incomprendidas y tratadas con el encierro, de manera que hoy las cárceles de Estados Unidos están llenas de enfermos mentales. En cuanto a Vallejo Nájera, actualmente nos parecería ridículo. Aunque una jueza catalana, Silvia Ventura, ha escrito un libro muy interesante sobre la transmisión de pensamiento tanto en el colectivo médico como en el de la salud mental. Es un pensamiento que no se cuestiona. Por ejemplo, en las historias clínicas de las mujeres no se pregunta por la emigración (por hambre o represión política) interna. Eso implica que nunca se han estudiado los efectos psíquicos de lo que llamamos las “catástrofes sociales” (en contraposición a las naturales). Los profesionales –psicólogos, psiquiatras o psicoanalistas- tienen muy buena voluntad, pero carecen de tiempo para escuchar. Eso incluye el tiempo de formación. Si un profesional está preparado para escuchar a un paciente, lo escucha; pero si te preparas para callar lo que a una persona le pasa, le das una pastilla.
En las jornadas sobre Defensa de la Atención Pública a la Salud Mental, hemos considerado fundamental atender a las personas de otra manera. No medicando excesivamente, como está haciéndose con la población infantil, juvenil y mayor. Una de las drogas que se hacían servir para que los soldados salieran a matar sin mayores problemas eran las anfetaminas; hoy las anfetaminas están absolutamente extendidas entre la población infantil para combatir el Trastorno de Déficit de Atención por Hiperactividad (TDH).
-¿Reaparecen las heridas mal cerradas, los muertos mal enterrados? ¿Es posible el olvido? -Anna Miñarro: No, es absolutamente imposible. El recuerdo siempre retorna en estos casos, porque no ha podido hacerse el duelo. Ahora bien, ha de establecerse la diferencia entre los vencedores, que ante el fusilamiento o la desaparición de un familiar pudieron elaborar el duelo desde el primer momento. Y el caso de los vencidos, cuyos muertos están enterrados bajo las cunetas y el duelo fue imposible. 75 años sin que pueda hablarse del asunto hacen que la impunidad se convierta en una tortura.
-Teresa Morandi: No puede enterrarse bien a los muertos a quienes se ha asesinado sin juicio previo y en crímenes perpetrados con nocturnidad. Los seres humanos celebran una serie de rituales para conmemorar el nacimiento o la muerte, y así estar cerca de sus seres queridos. Esto fue imposible para más de 100.000 personas en el estado español. Todavía no los ha reconocido un estado que debería haberlos amparado.
-¿Qué aporta la mirada psicoanalítica al estudio de la guerra civil española y la posterior represión?
-AM: El terror, además de una actividad con finalidad represora, se convirtió en un método de control social y en un elemento decisivo de la forma de gobierno franquista. Se impuso el silencio como única posibilidad de sobrevivir. La imposibilidad de hablar, de pensar, de expresarse ideológicamente e incluso en relación con los afectos y las vivencias, profundizó las heridas psíquicas heredadas de la guerra. Esto impidió la elaboración de duelos y la psi(ci)catrización de las heridas. Buscamos, entonces, analizar los efectos psíquicos en la subjetividad de los ciudadanos producto de la violencia. Precisamente en el oficio del Psicoanálisis, cuestiones como sujeto, memoria, trauma y duelo tienen una importancia fundamental.
-TM: El sujeto, el ser humano, no puede pensarse sin lo social, ni tampoco puede pensarse sin el cuerpo. Es nuestro oficio escuchar estas dificultades que tiene el sujeto con sus lazos sociales. Desde hace mucho tiempo se habla de los soldados que volvieron de la primera guerra mundial o de la guerra de Vietnam, sus traumas y dificultades para enfrentarse a lo social o los maltratos que fueron capaces de infligir a otras personas. Incluso se está conociendo el suministro de drogas a soldados. Hay un documental sobre ello titulado “Drogas con receta”. Pero en el estado español no se ha hablado, en general, sobre los efectos de la guerra. Ha habido un gran desconocimiento.
-¿Qué testimonio destacaríais de vuestro trabajo de investigación?
-AM: El caso de una señora de 92 años. Nos dijo que quería hablar porque estaba a punto de morirse. Hicimos la entrevista en la comarca de El Vallés (Barcelona). El lugar al que nos dirigíamos –“El turó de la Ilussió”- no figuraba en las guías, lo buscábamos sin encontrarlo. La señora se exilió a Francia con sus hijas de dos y tres años, y su marido permanecía en el campo de concentración de Argelès-sur-mer. Me impactó mucho su testimonio. Yo no sabía que se hubieran cometido violaciones incluso dentro del estado francés (que supuestamente debería proteger a los exiliados). Esta mujer resultó violada con 20 años por el prefecto de Perpiñán, a cambio de obtener más vituallas para sus hijas. Ella vivía en una precariedad absoluta. Cuando volvieron del exilio, su marido no la dejó salir de casa.
-TM: Yo le hice una entrevista a su hija. Nos dijo que sabía que el franquismo existió y que hubo represión, pero no todo lo que estaba pasando. Al cabo de un rato nos dijo que su hijo tuvo problemas con la drogadicción, nos explicó cómo luchó para que este hijo no acabara malamente, y que ahora estaba mucho mejor. No me hablaba del nieto (que estaba allí delante) sino de su hijo. Y hablaba de él como de ese vacío que se produce a causa de un trauma. Es como si uno no tuviera el recuerdo de algo que ha pasado, pero a veces se despierta por cualquier situación (hay como una llamada al trauma) y se produce una angustia superior a la que el sujeto puede aceptar. Esto se traduce en pesadillas, escalofríos o repetición de determinados actos y situaciones que indican que algo está ocurriendo. Todo tiene que ver con el impacto terrible de situaciones muy violentas.
-¿Hay posibilidades de forjar una identidad personal y colectiva sin memoria?
-AM: Absolutamente imposible. La identidad personal se construye. Pero hay que distinguir entre las personas que no han podido construir su identidad y otros que sí la tenían constituida (una personalidad estructurada). En el exilio la identidad es una de las primeras cosas que se pierde, porque te marcan con un número e incluso te quitan el nombre. Hay además casos de cambio de nombres vinculados a la naturaleza en el mundo anarquista (Floreal, Armonía…). Hubo muchos ejemplos en el Camp de la Bota (Barcelona). Recuerdo una mujer, Armonía, a quien las monjas le cambiaron su nombre por el de Mónica.
-TM: El ser humano no es idéntico a sí mismo. En todo caso se identifica con las personas que le acogen cuando nace y las que se encuentra a lo largo de la vida. El legado de la familia, nombre y apellidos, las dictaduras se lo cargan de un plumazo. La historia de los campos de concentración con los números, o con la pérdida de identidad humana es terrible. En el Colegio de Periodistas de Barcelona se celebró una mesa redonda con el historiador Ricard Vinyes, Armonía (la mujer que te citábamos) y un nieto “recuperado” por las Abuelas de la Plaza de Mayo. Se repetían muchas de las cuestiones: les habían robado parte de su vida.
-¿Cómo se podían soportar, según los testimonios recabados, los ingresos en prisión, las torturas o el exilio? ¿Cuáles eran los mecanismos de defensa? ¿Algo parecido a lo que hoy se llama “pensamiento positivo”?
-AM: Hay muchos mecanismos de defensa. Aquellas personas con creencias más fuertes y, digamos, ideológicamente constituidas (con una ideología política), tenían una mayor capacidad de resistencia. Otro mecanismo era la solidaridad. Uno podía ser solidario, por ejemplo, a la hora de repartir el pan o quitarle los piojos a un compañero, pero teniendo en cuenta que este compañero al día siguiente podía ser torturado o estar muerto. Sabemos que el trauma es una herida profunda y difícil de de trabajar, que elabora mejor la persona que de inicio no tenía dificultades psíquicas. Se presentaban numerosos síntomas en el cuerpo y a nivel psíquico como consecuencia de la guerra, que nunca se han reconocido. Hay muchas mujeres con dolores por todas partes, que nadie vincula con una madre deprimida o vestida todo el día de negro.
-TM: La resistencia se daba sobre todo mediante la solidaridad. Porque una persona sola, en una situación tan extrema como un campo de concentración o una prisión…Esto del “pensamiento positivo” es propio de una sociedad que dice que todo está bien, y que aquí no pasa nada. El pasado tiene un peso en la población que no podemos negar. En ocasiones la gente mayor vive situaciones de descontrol, asiste al médico y éste le prescribe medicamentos. Cuando puedes hablar con esta persona o su familia, lo que aparece es la angustia. Recuerdo el caso de un señor que, en un estado ya de problemas con la memoria, le dice a sus familiares: “Que no me fusilen; miren si estoy en la lista, miren si estoy en la lista…”, Este señor no pudo sacar la tortura interior. Es muy importante hablar las cosas, aunque no de cualquier manera.
-¿Queda siempre la huella del trauma? ¿Es posible la “resiliencia”, la “resignificación” en lenguaje freudiano?
-AM: El trauma no puede cerrarse nunca. La marca es imborrable y quedará para toda la vida. Pero las personas que pueden testimoniar y ser escuchadas tienen la posibilidad de iniciar la “resignificación”. Pensaba en una señora de Vall d’Uixó, que nació en la prisión de Castellón, y que fue desterrada a Barcelona con su madre. Nos contó que había llevado al médico a la madre, ya que tenía miedo –muchos años después de la guerra- de salir a la calle por si la mataban. El facultativo le recetó un antipsicótico. Pero decidió dejar de darle a su madre la medicación, ponerle una persona para su cuidado y, sobre todo, que fuera escuchada. “Resignificar”, por tanto, quiere decir saber qué te han hecho y decidir qué hacer con ello. Poderlo hablar y, a partir de ahí, darle un sentido. Hace falta marcar la diferencia entre la “resiliencia” (de origen estadounidense) y la “resignificación”. Estamos en este caso ante una persona diagnosticada como psicótica, cuando no lo era. Se trataba de una persona (previamente sana), que a causa del maltrato recibido en la prisión y con nueve familiares fusilados, vivía con el miedo en el cuerpo.
-TM: En los Grupos de Palabra y Transmisión con diferentes generaciones se habla mucho de los bombardeos, y de lo que significaron en términos de miedo permanente y angustia. Cuando hablamos de las dictaduras y del estado de guerra, la persona convive el día entero con el terror. Eso tiene un impacto en el cuerpo, en la mente y en la relación con los demás. Por otro lado, la “resiliencia” es una palabra muy de moda, cuyo origen está vinculado a la guerra del Vietnam. Cada cierto tiempo aparecen las mismas ideas expresadas de manera diferente.
Con independencia del nombre que le demos, el ser humano convive con situaciones traumáticas. El mismo nacimiento lo es, en el sentido de que hay algo que se fractura. Nos hallamos ante procesos que afectan a la vida familiar y social, relacionados con situaciones, digamos, “excesivas”, de impacto o extrema violencia y que la persona no puede asumir. El tener la posibilidad de decir qué le ha pasado, cómo, qué siente, es una manera de dar un lugar a eso que es inexplicable. Buscar un sentido que pueda integrarse en la vida cotidiana de cada uno. Ello supone una cierta pacificación.
-¿Qué concepción de la salud mental tenía el franquismo? ¿Quedan reminiscencias en el presente?
-AM: El gran mentor del franquismo en la materia era Antonio Vallejo-Nájera, una persona formada por en la psiquiatría tradicional alemana. Está basada en la ideología de la “diferencia”, es decir, todo lo que se consideraba “diferente” (mujeres, locos, homosexuales o rojos) tenía una pésima consideración. Este tipo de psiquiatría se mantuvo durante muchos años. El problema, hoy, es que la mayoría de los psiquiatras no escuchan. No se hace, por ejemplo, una historia clínica completa como en Alemania, que incluya información sobre el contexto familiar.
Pero también a los psicoanalistas, que supuestamente somos los que más escuchamos, nos falta la formación adecuada, y también el deseo de saber, de comentar con el paciente. A algún paciente se le ha dicho: “Bueno, ha pasado ya mucho tiempo de la guerra civil”. Está todo por hacer. En la universidad tampoco se imparte la formación necesaria. Ciertamente aquella violencia de la guerra civil y la posguerra tiene efectos en el presente. Todo el mundo tiene vínculos con la violencia, tanto los que fueron represaliados como los que no.
-TM: Vallejo-Nájera fue formado en la psiquiatría nazi, donde todo el que pensaba de una manera diferente era considerado un enfermo mental, lo que constituía un estigma social. Históricamente, estas enfermedades han sido incomprendidas y tratadas con el encierro, de manera que hoy las cárceles de Estados Unidos están llenas de enfermos mentales. En cuanto a Vallejo Nájera, actualmente nos parecería ridículo. Aunque una jueza catalana, Silvia Ventura, ha escrito un libro muy interesante sobre la transmisión de pensamiento tanto en el colectivo médico como en el de la salud mental. Es un pensamiento que no se cuestiona. Por ejemplo, en las historias clínicas de las mujeres no se pregunta por la emigración (por hambre o represión política) interna. Eso implica que nunca se han estudiado los efectos psíquicos de lo que llamamos las “catástrofes sociales” (en contraposición a las naturales). Los profesionales –psicólogos, psiquiatras o psicoanalistas- tienen muy buena voluntad, pero carecen de tiempo para escuchar. Eso incluye el tiempo de formación. Si un profesional está preparado para escuchar a un paciente, lo escucha; pero si te preparas para callar lo que a una persona le pasa, le das una pastilla.
En las jornadas sobre Defensa de la Atención Pública a la Salud Mental, hemos considerado fundamental atender a las personas de otra manera. No medicando excesivamente, como está haciéndose con la población infantil, juvenil y mayor. Una de las drogas que se hacían servir para que los soldados salieran a matar sin mayores problemas eran las anfetaminas; hoy las anfetaminas están absolutamente extendidas entre la población infantil para combatir el Trastorno de Déficit de Atención por Hiperactividad (TDH).
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


