Así aprenden los médicos estadounidenses de la sanidad cubana
El
hospital Salvador Allende acoge a 5.000 estudiantes de medicina, la
mayoría procedentes del África subsahariana y de Latinoamérica, pero
también norteamericanos
Ver fotogaleríaSamantha Marie Moore, de Detroit, Michigan, alumna de sexto curso en la ELAM, examina a Estrella Gómez Mesa, de 76 años.Allison Shelley
El hospital Salvador Allende es un oasis verde en el deteriorado
barrio habanense de El Cerro, lejos de los hoteles costeros y los
restaurantes para turistas de la capital cubana. El complejo
hospitalario, construido originalmente en 1899 como centro de atención
para los emigrados españoles de origen asturiano, está compuesto por
edificios de columnatas dispuestos en medio de parques bien cuidados. Es
lógico que recuerde a una pequeña universidad de artes liberales: el
Salvador Allende es ahora un hospital docente, con 532 camas y más de
5.000 estudiantes de medicina, la mayoría procedentes del África
subsahariana y de Latinoamérica. Incluso hay algunos estudiantes
estadounidenses.
Samantha Moore, de Detroit, estudia sexto curso y
trabaja en la sección de gerontología, aprendiendo a cuidar ancianos. En
un espacioso edificio lleno de azulejos de colores y luz natural, los
pacientes geriátricos charlan sentados en la galería, al calor del sol
matutino. Moore se inclina sobre una de ellos, Ofelia Favier, que ha
perdido una pierna debido a la diabetes y está hospitalizada por
deshidratación. Mueve las manos por el cuerpo de esta paciente de
delicada constitución, apretando y pulsando levemente. “Buenos días,
mami”, dice. “¿Cómo se siente? ¿Ha pasado buena noche? ¿Le duele algo?”.
Ofelia, de 85 años, no está de buen humor. “Nunca me
duele, estoy bien. Ya no tengo fiebre. Tengo hambre. Ojalá la cafetería
se diese prisa”. Moore suelta una carcajada y se va para ver cómo va el
desayuno, compuesto por arroz, alubias y huevos.
“Me encanta la atención a los pacientes”, dice la
alumna. En Cuba, los estudiantes aprenden la importancia de los factores
de diseño medioambiental. Moore observa que la luz natural del
pabellón, la libre circulación del aire y los suaves colores pastel
contribuyen a la recuperación del paciente. “Es una educación asombrosa;
en Estados Unidos esto no se aprende”. Se ha demostrado
que la libre circulación del aire es más eficaz que el aire
acondicionado y el aire recirculado que a menudo se ve en los hospitales
estadounidenses y que constituyen un factor significativo en las tasas
de infección hospitalaria.
Casi todos los estudiantes de la ELAM reciben
formación gratuita, gracias a becas concedidas por el Estado cubano o
por su propio país. A cambio, se espera que regresen a su país natal y
trabajen con comunidades médicamente desatendidas
Moore es una de las 93 estudiantes estadounidenses de la
Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM). En cierto sentido, es la
respuesta cubana a la Kennedy School of Government creada por Harvard,
que forma a profesionales de todo el mundo. Pero a diferencia de la
Kennedy, que va más dirigida al grupo de Davos, los alumnos de la ELAM
se están formando específicamente para trabajar en comunidades de rentas
bajas. Casi todos los estudiantes de la ELAM reciben formación
gratuita, gracias a becas concedidas por el Estado cubano o por su
propio país. A cambio, se espera que regresen a su país natal y trabajen
con comunidades médicamente desatendidas, usando la medicina de bajos
recursos y centrada en la prevención que por lo general se practica en
Cuba.
En Estados Unidos, solo un pequeño número de estudiantes
de medicina se especializan en atención primaria, y el porcentaje de
los que deciden ejercer como médico de cabecera descendió un 50% entre
1997 y 2005, según The New England Journal of Medicine. En
2013-2014, menos del 10% de los titulados en medicina hicieron la
residencia en la especialidad de familia (centrada en la atención
primaria), según un informe de la Academia Estadounidense de Médicos de
Familia. El informe señalaba “la desatención de las facultades a una
medida clave de la responsabilidad social”.
Moore, de 35 años, siempre había querido estudiar
medicina pero no tenía dinero para hacerlo. Por eso hizo un máster en
informática. Como muchos estudiantes estadounidenses, encontró el ELAM a
través del programa Pastores por la Paz,
una organización neoyorquina que colabora con la escuela en la
selección de estudiantes estadounidenses. Se sintió inspirada por un
sermón del director fundador de la organización, el reverendo Lucius
Walker, ya fallecido, que describía la ELAM como un lugar que permite
formarse como médico para trabajar con los pobres y aquellos que sufren
una atención médica deficiente.
ver fotogaleríaLa
doctora Vallentina Cuello Vargas usa un cadáver para explicar el
sistema vascular a alumnos de anatomía de primer curso en la Escuela
Latinoamericana de Medicina (ELAM).Allison Shelley
Cuando vuelva a Detroit, Moore quiere trabajar en
medicina interna. Incluso quiere incorporar a su trabajo la atención
domiciliaria, una práctica común en Cuba. “No entiendo por qué las
personas con dificultades para acudir a una clínica no pueden acceder a
un médico”, explica.
La necesidad de médicos es urgente en todo el mundo.
Actualmente, en los países en desarrollo hay un déficit de siete
millones de doctores, enfermeros y otros trabajadores sanitarios, y se
prevé que la cifra prácticamente se duplique en los próximos 20 años. La
Organización Mundial de la Salud advierte de que los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, como reducir la mortalidad materna e infantil, no se lograrán sin más personal en este ámbito.
A pesar de la nueva financiación de la que se dispone
hoy en día para la sanidad mundial, la formación de profesionales sigue
siendo una de las necesidades más desatendidas. Repartir fármacos para
urgencias es una cosa; pero la enseñanza intensiva de varios años que se
necesita para formar médicos exige un compromiso mucho mayor.
La ayuda exterior depende notablemente de la moda: hace unos años, la
parábola del “enséñale a pescar” era omnipresente. Pero como suele
suceder, una cosa es la retórica y otra la realidad. La mayor parte de
la ayuda extranjera de hoy en día se dedica a obtener un resultado
determinado, como luchar contra una enfermedad, proporcionar alimentos
de emergencia o aliviar las consecuencias de un desastre natural o una
crisis. El modelo cubano adopta un planteamiento completamente distinto:
enseña a las personas aptitudes esenciales, para que esas personas
puedan responsabilizarse de sus propios resultados.
La ELAM se creó en 1999, tras el huracán Mitch,
que devastó el Caribe y Centroamérica. La idea era la de ayudar a
sustituir a los médicos que habían perdido los vecinos de Cuba. Desde
entonces, la escuela ha formado a más de 26.000 galenos de 124 países de
todo el mundo.
La necesidad de médicos es urgente en todo el
mundo. En los países en desarrollo hay un déficit de siete millones de
doctores, enfermeros y otros trabajadores sanitarios
En una pequeña clase de laboratorio hay dos docenas de
alumnos procedentes de Chad, Sierra Leona, Angola, Sudáfrica, Congo,
Belize y Nueva Jersey. “Siempre que nos hablan de epidemias, lo hacen
compañeros que las han experimentado de primera mano”, explica Agyeiwa
Weathers, de Newark. Por ejemplo, Saada Ly, estudiante de Conakry,
Guinea, recordaba las repercusiones que tuvo la falta de trabajadores
sanitarios durante el brote de cólera de 2015. “Todo el mundo vio que el
sistema sanitario de mi país era deficiente”, dice.
Los estudios de medicina de la escuela duran seis años,
frente a los cuatro de las facultades estadounidenses. Los dos años
adicionales se dedican a estudiar sanidad pública, medicina tropical, y
el singular énfasis de Cuba en la prevención. Los médicos aprenden a
hacer diagnósticos basándose en el conocimiento de las condiciones de
trabajo y de vida de sus pacientes, y relacionándose con ellos,
tocándoles y escuchándoles.
A la ELAM empezaron a asistir alumnos estadounidenses en
2005, cuando los miembros del Grupo Negro del Congreso se reunieron con
Fidel Castro y oyeron hablar del programa de formación. El
representante Bennie Thompson le comentó al líder cubano que los
votantes de sus circunscripciones carecen de acceso a una buena atención
sanitaria. Castro ofreció de inmediato 500 puestos para alumnos
estadounidenses. Hasta la fecha se han titulado 134 estadounidenses, y
más de 50 de ellos están ahora realizando programas de especialización.
En las aulas de la ELAM no hay portátiles. A diferencia
de las facultades de medicina estadounidenses, donde la mayor parte de
la formación se imparte en el aula, los estudiantes de medicina cubanos
pasan mucho tiempo atendiendo a los pacientes y practicando
procedimientos como insertar un catéter, colocar un hueso roto o atender
un parto.
Esa formación práctica es útil cuando vuelven a Estados
Unidos, comenta Susan Grossman, directora del programa de médicos
residentes en el Woodhull Medical Center de Brooklyn, al que asisten
tres titulados de la ELAM. Cuando empiezan su residencia, explica
Grosmman, tienen mucha más experiencia clínica que el titulado medio de
una facultad de medicina estadounidense.
ver fotogaleríaEnfermeras
caminando entre los edificios del Hospital Salvador Allende. Todos los
alumnos estadounidenses de la ELAM realizan los estudios de tercero a
sexto curso de medicina en este centro.Allison Shelley
Woodhull, un hospital público, está especializado en
atención comunitaria centrada en el enfermo, por lo que los titulados de
la ELAM encajan de forma natural. “Estos tres residentes están muy
centrados en los pacientes, y tienen excelentes dotes de comunicación”,
comenta Grossman. “No sé si se debe a su formación o a su personalidad.
Tienen una formación clínica excelente”.
En Cuba, los médicos aprenden a hacer diagnósticos
basándose principalmente en el examen personal, y se pueden pasar horas
con los pacientes si la situación lo requiere. Usan los análisis de
sangre y las pruebas radiológicas para confirmar su diagnóstico. Muchos
médicos formados en Estados Unidos, por el contrario, confían en las
pruebas para guiar sus diagnósticos.
“En algunos países, la tecnología se ha convertido en un
sustituto del pensamiento médico”, señala Enrique Beldarraín,
epidemiólogo e historiador de la sanidad pública que trabaja en el
Centro Nacional de Información de Ciencia Médicas cubano.
Al principio, la formalidad del sistema médico
estadounidense resultaba chocante, comenta Joaquín Morante, titulado de
la ELAM y ahora residente de tercer año en Woodhull. Morante, que se
crio en el Bronx y estudió los primeros años de medicina en Cornell,
recuerda que un especialista le recriminó que se dirigiese a un paciente
con un “Hola, colega, ¿cómo va eso?”. Él defiende su estilo: “Les hablo
como un neoyorquino más”, dice.
Una práctica común en Cuba es que los médicos
hagan visitas domiciliarias, algo que en Estados Unidos muchos solo
conocen por la televisión
Morante reconoce que hay algunos problemas médicos para
los que Cuba no le ha preparado. Una es la resistencia generalizada a
los antibióticos que se observa en los hospitales estadounidenses. Y a
diferencia de lo que sucede en Estados Unidos, las heridas por arma de
fuego son extremadamente raras en Cuba.
Otra alumna, Keresse Gayle, que creció en Florida y
Nueva Orleans, completaba no hace mucho su residencia en el Newark Beth
Israel. Afirma que, desde un punto de vista médico, el principal cambio
de Cuba a Estados Unidos “fue el pasar de no tener suficientes opciones a
tener demasiadas”.
Los estudiantes de la ELAM no están ni mucho menos
mimados. Gayle recuerda que dormía en una habitación con otras nueve
chicas, guardaba sus cosas en una taquilla, y compartía un baño con 50
personas. Los estudiantes reciben una pequeña asignación económica y
necesidades básicas como desodorante, compresas y pasta de dientes,
están cubiertas. “En Estados Unidos estamos acostumbrados a cierto nivel
de comodidad”, comenta. “Allí no tienes agua corriente las 24 horas. A
veces hay apagones. Es un lugar difícil”.
Una calurosa tarde de miércoles tenía lugar en la ELAM una clase
improvisada. Cassandra Cusack Curbelo, alumna de sexto que se crio en
Miami, se había detenido para hablar con unos estudiantes de tercero
sudafricanos que se refugiaban del calor sentados en un banco a la
sombra. Los sudafricanos, Noluvuyo Dingele, Diago Jalkie y Felicity
Bulo, estaban encantados de hablar con una alumna más experimentada.
“¿Cómo te sientes ahora?”, pregunta Jalkie.
“Cansada”, contesta Curbelo.
“No, quiero decir como médico”, aclara Jalkie, haciendo
referencia al hecho de que, a partir de tercero, los estudiantes de la
ELAM pasan buena parte del tiempo atendiendo directamente a los
pacientes. “¿Cómo te sientes?”.
“Cansada”, repite Curbelo, sonriendo. Llegó a la ELAM
con una mezcla de idealismo y ganas de aventura. Ella y sus amigos se
referían a la escuela como “el campamento de verano disco
revolucionario”. Pero muy pronto, con el método de formación práctica de
la ELAM, se enfrentó a las responsabilidades que entraña el ser médico,
además de a las realidades de la vida en Cuba, que dista mucho de las
bien equipadas facultades médicas de Estados Unidos.
Cuenta a los ansiosos estudiantes una de sus
experiencias cuando ella estaba también en tercero y empezaba a ver
pacientes. Trabajaba en el turno de noche, y llegó un hombre empapado en
sudor, con una fuerte bajada de tensión, y que empezó a sufrir
convulsiones. Estaba entrando en shock. Curbelo estaba intentando
ponerle a toda prisa una vía intravenosa cuando se fue la luz. Por
suerte, rememoraba, tenía una linterna de bolsillo, la sujetó con los
dientes, puso la vía y estabilizó al paciente. “Fue mi primera
experiencia con la medicina de guerrilla cubana”, cuenta.
Los sudafricanos escuchan la anécdota con los ojos muy
abiertos, imaginándose en esa situación. “Voy a invertir en una linterna
de bolsillo”, dice Bulo con convicción.
Se dice que la de los médicos cubanos es una vida dura, y
un chiste habitual es que ganan lo mismo que los bedeles hospitalarios
(al parecer ganan más, gracias a una reciente subida salarial que los
sitúa en torno a los 60 dólares al mes). Al mismo tiempo, el hecho de
que vivan en circunstancias similares a las de sus pacientes tiene sus
ventajas. Al habitar las comunidades a las que atienden, los doctores
conocen muchos de los problemas personales, las presiones sociales y los
factores medioambientales que podrían estar afectando a la salud de un
paciente. Es una parte fundamental de su método preventivo: determinar
cuáles son los factores de riesgo y prestar atención a los enfermos.
Una práctica común en Cuba es que los médicos hagan
visitas domiciliarias, algo que en Estados Unidos muchos solo conocen
por la televisión. “Para mí la medicina es un arte, pero en Estados
Unidos no es más que un negocio”, comenta Katherine Leger, alumna de
quinto nacida en República Dominicana que estudió también en el Ithaca
College. La medicina estadounidense le parece demasiado impersonal,
apresurada y regida por el dinero. “Si no consigues que un paciente se
sienta cómodo, ¿cómo vas a descubrir qué tiene realmente?”
La insistencia en la atención preventiva parece
hacer dado buenos resultados. Las investigaciones han establecido que el
periodo de 40 años en el que Cuba dio prioridad a la atención primaria
coincidió con un descenso del 40% en la mortalidad infantil
Desde el comienzo de su educación, los alumnos de la
ELAM empiezan a trabajar en centros de atención primaria, llamados
consultorios. Cada uno de ellos está dotado de un médico y una
enfermera, responsables como máximo de 200 familias. El médico ve con
regularidad a los pacientes para determinar factores de riesgo como
tabaquismo, alcoholismo o presión arterial elevada. Después toma medidas
para ayudar a aliviar esos factores, como derivar al paciente a grupos
de apoyo o enseñarle a cambiar su estilo de vida.
“Si en Estados Unidos tuviésemos eso, las disparidades
sanitarias desaparecerían”, comenta el estudiante de segundo curso
Nikolai Cassanova, de 27 años, nacido en Jamaica y criado en Brooklyn,
Nueva York. Le impresionó especialmente que el médico de su consultorio
conociese el nombre de todos los pacientes. “Me encantaría ver cuántos
médicos estadounidenses saben cómo se llaman sus pacientes”.
La insistencia en la atención preventiva parece hacer
dado buenos resultados. Las investigaciones han establecido que el
periodo de 40 años en el que Cuba dio prioridad a la atención primaria
coincidió con un descenso del 40% en la mortalidad infantil (a pesar de
que el PIB no había cambiado sustancialmente), y con pruebas de un descenso sustancial en el número de hospitalizaciones por enfermedades cardiovasculares.
Según la OMS, Cuba va por delante de Estados Unidos en las tasas de
mortalidad de recién nacidos y menores de cinco años, a pesar de que el
gasto per cápita es muy inferior.
Un área de especial interés en el país caribeño es la
atención prenatal: una embarazada asiste al médico al menos una decena
de veces. En Estados Unidos, por el contario, más de la quinta parte de
las mujeres latinas y negras tienen problemas para recibir atención prenatal, según el Departamento Estadounidense de Servicios Sanitarios y Humanos.
Antes de la revolución cubana, el mero hecho de dar a
luz era extremadamente peligroso, recuerda Isolina Martínez Bacallao, de
81 años. Con el sistema caciquil de los tiempos prerrevolucionarios,
dice, el alcalde decidía quién iba al hospital y quién no. A menudo las
mujeres morían de parto porque no tenían un doctor que las atendiese.
“Ahora el cambio es como de la noche al día”, opina. “Los médicos corren
detrás de las embarazadas para cuidarlas”, dice.
El actual sistema de atención primaria cubano se basa en
la creencia de que vale más prevenir que curar, explica Angelina Cedré
Cabrera, profesora de salud materna e infantil en la ELAM. Además de la
formación biomédica normal que reciben como médicos, a los alumnos se
les enseñan valores de humanitarismo, solidaridad y ética. “Aquí los
estudiantes aprenden a ser doctores en ciencia y en conciencia”, bromea.
Queda por ver cómo se trasladará el sistema médico
cubano al resto del mundo. Miles de sudafricanos han llegado en los
últimos años a la ELAM para ayudar a cubrir la importante escasez de
galenos que padece el país. El énfasis cubano en la prevención es un
gran cambio para Sudáfrica, comenta Jalkie, el estudiante de tercero. En
su país, dice, “más o menos esperamos que la gente se ponga enferma y
después intentamos curarla”.
Sin duda, la formación cubana tiene sus limitaciones.
Quienes han experimentado el sistema de salud cubano desde el lado del
paciente se quejan a veces de que los médicos no están preparados para
tratar a pacientes verdaderamente enfermos, y no siempre están al tanto
de la tecnología y los medicamentes más recientes.
El sistema cubano ha mostrado al mundo de la atención
sanitaria global cómo un país puede tener una población más sana con un
presupuesto bajísimo, aunque carezca de los recursos necesarios para
atender enfermedades avanzadas o mortales, explicaba Daniel Palazuelos,
médico instructor de la Escuela de Medicina de Harvard que ha colaborado
con médicos cubanos en Haití y en México. “Son como los médicos de
cabecera estadounidenses realmente buenos; y responden perfectamente
bien al 95% de los problemas a los que se enfrenta la mayoría de la
población”, remacha.
Por supuesto, la política sanitaria cubana es altamente
delicada. El régimen sigue siendo autoritario; los despachos de los
funcionarios públicos todavía están adornados con fotos de Fidel y Raúl,
y a veces de Hugo Chávez, y los lemas de estos se exhiben en lugares
destacados de los edificios públicos. Y a pesar de su loado sistema
médico, el Ministerio de Salud Pública dificulta el acceso a periodistas
e investigadores académicos.
En el hospital Salvador Allende, en un pabellón de
gerontología que, por extraño que parezca, no tiene nada de deprimente,
Julián, el hijo de Ofelia, se sienta junto a la puerta de la habitación.
Lleva allí 24 horas, turnándose con su hija y su hermano. Como es
práctica habitual para todos los pacientes, allí siempre hay un familiar
u otro cuidador.
“Estoy aquí para ayudarla si quiere levantarse, ir al baño o dar unos pasos”, explica Julián. “Ella fue mi raíz, y yo la cuido”.
Samantha Moore espera poder aplicar en Detroit las
lecciones y las experiencias vividas en Cuba. “Es fenomenal ir por la
calle y que alguien te diga ‘¿Qué hay, doctora, cómo está?”.
El ADN mitocondrial de un neandertal que
vivió en la actual Alemania sugiere que homínidos muy próximos a los
humanos modernos salieron de África y dejaron su huella genética en la
otra especie inteligente hace más 220.000 años
Excavaciones cerca de la entrada de la cueva Hohlenstein-Stadel, en el
suroeste de Alemania, donde en 1937 se descubrió un fémur neandertal de
124.000 años de antigüedad - Museo de Ulm
La relación entre el Homo sapiens, la especie a la que todos pertenecemos, y los neandertales,
nuestros primos europeos inteligentes ya extintos, es extremadamente
compleja. Desde que en 2010 Svante Päävo, director del Instituto Max
Planck de Antropología Evolutiva, en Leipzig (Alemania), desentrañara el
genoma neandertal, sabemos que las personas de origen euroasiático
llevan en su «código de barras» la ligera marca de la otra especie
humana. Y es más, es probable que en los primeros encuentros, ellos
también heredaran algunos de nuestros genes. Pero mucho antes de que eso
ocurriera, unos homínidos miembros del linaje que dio lugar al hombre moderno salieron de África y también tuvieron sexo con neandertales
en algún momento hace entre 470.000 y 220.000 años. Es decir, para
embrollar aún más la historia, antepasados de nuestra especie también lo
fueron de los neandertales. El fémur del neandertal de Hohlenstein-Stadel- Oleg Kuchar / Museo de UlmInvestigadores
del Max Planck, en esta ocasión del instituto para la Ciencia de la
Historia Humana, y de la Universidad de Tubinga han encontrado la huella
de esos homínidos en el ADN mitocondrial de un
neandertal cuyo fémur fue hallado en 1937 en la cueva de
Hohlenstein-Stadel, en el sur de Alemania. El hueso, que muestra
evidencias de haber sido roído por un gran carnívoro, pertenecía a un
individuo de 124.000 años de antigüedad que los científicos han
bautizado como HTS. Curiosamente, representa un linaje mitocondrial (la
mitocondria, que se hereda de madres a hijos, tiene su propio ADN)
diferente al de los neandertales estudiados previamente, incluso a los
de la misma época de la Sima de los Huesos en Atapuerca, lo que sugiere que su ADN mitocondrial había sido reemplazado por completo.
Una
investigación anterior del ADN nuclear de neandertales y humanos
modernos estimaba la división de los dos grupos hace entre 765.000 y
550.000 años. Sin embargo, estudios de ADN mitocondrial mostraron una
división mucho más reciente, de hace unos 470.000 años como máximo. Por
otra parte, el ADN mitocondrial de los neandertales es más similar al de
los humanos modernos, lo que indicaba un ancestro común más reciente
que el de sus parientes cercanos denisovanos, una misteriosa especie humana cuyos escasos restos han sido hallados en Siberia. ¿Cuál era la explicación?
Una mujer con un macho neandertal
Lo que ahora proponen los científicos en la revista Nature
Communications es un escenario en el que un grupo de homínidos movidos
de África a Europa introdujo su ADN mitocondrial en la población
neandertal hace entre 470.000 y 220.000 años, antes de la gran
dispersión de los humanos modernos. En concreto, fue una mujer la que se
apareó con un macho neandertal, y sus hijos difundieron el legado genético.
Pudo haber ocurrido en Oriente Medio, donde se aventuraron los primeros
Homo sapiens. La afluencia de homínidos habría sido lo suficientemente
pequeña para que no diera lugar a un gran impacto en el ADN nuclear de
los neandertales. Sin embargo, sí habría sido lo suficientemente grande
como para reemplazar completamente el linaje mitocondrial existente de
los neandertales, más similar entonces al de los denisovanos, por un
tipo más similar al de los humanos modernos.
Los investigadores
creen que datos nucleares del fémur de HST serían fundamentales en la
evaluación de sus relaciones con los neandertales, los denisovanos
y los humanos modernos, pero reconocen que es muy difícil recuperar ADN
nuclear de este individuo debido a la mala conservación y a los altos
niveles de contaminación humana moderna. Por ese motivo, consideran
fundamental realizar nuevos estudios al respecto. Con toda seguridad,
los próximos hallazgos darán aportaciones clave.
El
cuerpo es una maquinita milagrosa, lástima que a veces abusamos de
ella. El departamento de psicología de la Universidad McGill de Canadá
encontró que las mujeres heterosexuales que mantienen relaciones con
regularidad logran una habilidad especial para recordar las palabras, ya
que el contacto genital estimula el desarrollo del tejido nervioso que
crece en el hipocampo, área del cerebro que controla las emociones y los
recuerdos.
"Los
químicos (hormonas) asociados a las señales de recompensa del cerebro
también están ligados a la memoria y la actividad sexual" explicaba el psicólogo Jens Pruessner, uno de los autores del ensayo.
Según el informe abreviado que publica Archives of Sexual Behavior,
tras varios estudios "se han identificado una serie de factores que
contribuyen a mejorar la función cognitiva, y específicamente a la
función de memoria en individuos cognitivamente normales. Uno de estos
factores, la frecuencia del coito peneano-vaginal (PVI o interacción
peneno-vaginal, como define el informe) podría ser ventajoso por el
aumento de la neurogénesis en el giro dentado del hipocampo", señala el
texto.
La
teoría se probó en un grupo de 78 mujeres universitarias de entre 18 y
29 años. "Para determinar si la variación en PVI estaría asociada con el
rendimiento de la memoria, pedimos que completaran un paradigma de
memoria computarizado compuesto por palabras abstractas y caras (rostros
de personas) neutrales. Los resultados mostraron que la frecuencia de
PVI se asoció positivamente con las puntuaciones de memoria para las
palabras abstractas, pero no las caras. Debido a que la memoria de las
palabras depende en gran medida del hipocampo, mientras que la memoria
de las caras puede depender en mayor medida de las estructuras
extra-hipocampales circundantes, nuestros resultados parecen ser
específicos para la memoria que se cree depende de la función
hipocampal.
Esto puede sugerir que la neurogénesis en el hipocampo
es más alta en las mujeres con una frecuencia más alta de PVI
(relaciones sexuales). En conjunto, estos resultados sugieren que el PVI
puede tener efectos beneficiosos sobre la función de la memoria en
mujeres jóvenes sanas."
La casa del farmacéutico jubilado Ramon Viader Guixà, en Sant Sadurní d’Anoia, esconde un tesoro médico. Se trata de más de mil piezas
–frascos, fármacos, máquinas, libros…– que testimonian los tres siglos a
lo largo de los cuales las 10 generaciones anteriores a la de Viader Guixà se dedicaron a la medicina y la farmacia.
El último de la estirpe trabaja a toda velocidad y con dinero exclusivamente de su bolsillo para preservar el legado. Su último esfuerzo es el libro 'Viader. Nissaga de metges i apotecaris' (Rubes Editorial, 2017).
“No tengo nadie atrás:
tengo un hijo ingeniero agrónomo y otro piloto de aviones”, se
sincera Viader Guixà. Esas piezas forman parte de su vida. “Mis padres
las tenían en casa. Yo nací prácticamente en la farmacia, que era parte
de la vivienda. Cuando se vendió, me quedé yo con todo”, afirma.
PIEZAS VALIOSAS
Una de las piezas más valiosas es un frasco florentino, un concentrador de esencias de vidrio, de principios del siglo XVIII. “El vidrio es raro, porque se rompe mucho”, explica Viader Guixà. La colección contiene también un estuche de bolsillo de 1840, con una veintena de fármacos homeopáticos.
Otra pieza curiosa es un pote de aspirina en polvo de 1898: por aquel entonces, Bayer aún no dominaba la técnica del comprimido. La biblioteca Viader guarda joyas como una impresión de 1663 de un libro del médico griego 'Dioscórides' y una copia de la primera farmacopea oficial en España, la Valentina.
Un posible museo de la salud en L'Hospitalet aspira a hacerse con parte de la colección
La
colección Viader se expuso en el 2015 en en la Facultat de Farmàcia de
la Universitat de Barcelona y ahora se prepara una vitrina definitiva en
su sede. “Recientemente, he tenido contactos con el Ayuntamiento de
L'Hospitalet, que quiere tirar adelante el Museu de Cièncias de la Salut de Catalunya,
con la aspiración de que sea un referente en Europa”, afirma Viader
Guixà. L'Hospitalet aspira también a hospedar un instituto de medicina
tradicional China. “Desconozco el proyecto del museo. Me parece muy
bien, pero no se pueden hacer cosas ignorando lo que se lleva luchando
desde hace años desde instituciones como el Museu d'Història de la Medicina o
la comisión de trabajo sobre el Patrimonio Sanitario Histórico de
Catalunya, para comunicar la ciencia y si historia”, comenta Zarzoso.
“Tengo
toda la colección en mi casa, en cajas. Me ayudan una restauradora, una
fotógrafa y una bibliotecaria”, explica Viader Guixà. “Me parece impresionante
lo que ha hecho el señor Viader: tiene mucho mérito y pone de
manifiesto las faltas de la sociedad catalana y española en general en
cuanto a patrimonio científico”, comenta Alfons Zarzoso, conservador del Museu d’Història de la Medicina de Catalunya, no implicado en el trabajo de Viader.
DIEZ GENERACIONES
La historia de la estirpe empieza con Josep Viader Fàbregas,
un médico nacido en Santa Coloma de Farnés en 1680. La suya fue la
primera de cinco generaciones de médicos, seguidas por cinco más de
farmacéuticos.
“Las estirpes en oficios
relacionados con la salud y el derecho son frecuentes en Catalunya”,
comenta Zarzoso. Según el historiador, son el resultado de estrategias
matrimoniales y patrimoniales que consolidaron las redes de poder en las
ciudades. “Sin embargo, el caso de los Viader es singular”, añade.
El ancestro más ilustre es Josep Anton Viader Payrachs (1756-1816). Estaba al frente del Hospital de Santa Caterina
en Girona cuando la ciudad fue sitiada por Napoleón en 1808. Viader
Payrachs se dio cuenta de la importancia de la higiene cuando aún se
desconocían los microbios. También creó una red de hospitales de campo,
para evitar que los soldados murieran en el trayecto al hospital.
Un
hijo de Viader Payrachs llevó a la familia de la medicina a la farmacia
y de Girona a Sant Sadurní. Las vidas de los sucesores encarnan las
vicisitudes de España: uno fue alcalde durante la primera república; otro apoyó a los arrendadores en el conflicto de los 'rabassaires'; otro fue movilizado en el ejército franquista en Aragón. Viader
Guixà vio el final de la época de las fórmulas magistrales. “No me
gustaba vender potitos y pañales, así monté con mi padre un laboratorio
de análisis”, explica. Los dos ofrecían un servicio codiciado en la
Anoia: el análisis de calidad y seguridad de los vinos.
Llama la atención la falta de mujeres
en la historia. “De una acta notarial se desprende que una hija de
Viader Payrachs, un hombre que dominaba cuatro idiomas, era analfabeta”,
comenta Viader. “El modelo androcéntrico era absoluto: en general los
hombres hacían estirpes, las mujeres jugaban un papel auxiliar en las
estrategias matrimoniales y patrimoniales”, explica Zarzoso.
FOTO: Aula de formación de Álvaro Bastida. / VÍDEO: Anuncio promocional de su clínica dental.
Álvaro Bastida Freijedo es un médico estomatólogo que cuenta con
veintiocho años de experiencia ejerciendo la odontología en Vigo. Su
pasión por la eficiencia terapéutica le ha llevado a desarrollar un
nuevo sistema de implantología dental —patentado como FILO System— que
está revolucionado los manuales de cirugía entre sus colegas de Europa,
América, Asia y África. Además de asistir a las conferencias que imparte
el doctor Bastida en diversas capitales del mundo, estos profesionales
también aprenden sus técnicas en las aulas de formación que fundó en
Vigo y Ourense, y que se están en la vanguardia del aprendizaje de esta
especialidad.
La técnica de este odontólogo gallego, que supone el toque maestro de
los implantes, se basa en el principio de que la cirugía moderna debe
tender hacia operaciones mínimamente invasivas, porque son menos
cruentas y mucho más cómodas para los pacientes, tanto durante la
intervención como en el postoperatorio. “Y la implantología dental no
debe ser una excepción”, afirma.
En su etapa de especialización, Bastida se sumergió en los trabajos
de reconocidos especialistas europeos, como Stephano Tramonte, Dino
Garbaccio o Ernst Bauer, precursores de la implantología mínimamente
invasiva. “Ya en los años sesenta y setenta estos médicos colocaban sus
implantes a través de pequeños orificios en la encía, sin necesidad de
bisturí ni puntos de sutura y con un postoperatorio sin sangrado,
hinchazón o hematomas”, explica Bastida. Y, además, añade, “utilizaban
un implante especial, hecho en una sola pieza, que no necesitaba
conexiones, oquedades ni tornillos internos, típicos de los implantes
habituales de dos piezas”.
Este enfoque cumplía muy bien los criterios de eficiencia que siempre
han guiado la proyección profesional del doctor Bastida, pero había que
ponerlo a la altura del siglo XXI. Así, poco a poco, fue diseñando y
desarrollando sus propios protocolos, técnicas e instrumental, como la
planificación específica con TAC digital, compactadores óseos
atraumáticos, implantación en casos con poco hueso, elevación
transgingival del seno maxilar, entre otros, que definen a FILO.
“Lo bauticé con un acrónimo formado por las iniciales de los nombres
en inglés de los principios técnicos en los que se basa: Flapless
(cirugía sin bisturí ni sutura), Inmediate Loading (dientes desde el
primer día), y One-piece (uso de implantes de una pieza). Hoy resuelvo
todos mis casos clínicos con este enfoque”, infiere el edontólogo
gallego. Esta nueva implantología tiene unos requerimientos técnicos
especiales, por lo que Bastida también desarrolló un juego de
instrumentos específico para su patente. La firma suiza que suministra
los implantes fue muy receptiva a sus ideas y fabrica este conjunto de
instrumentos para él y sus alumnos.
A raíz de publicar los primeros casos clínicos le llovieron las
invitaciones para asistir a congresos internacionales de implantología.
La respuesta de los colegas fue excelente, ya que vieron en el sistema
FILO una alternativa en la vanguardia de esta especialidad. A partir de
entonces, Bastida no ha parado de impartir cursos y conferencias en
diferentes países, sobre todo en España, Alemania, Austria, Turquía,
Lituania, Dubai o Taiwan. “Compartir experiencias y conocimientos con
colegas de países y culturas tan diferentes es sumamente interesante y
enriquecedor, su respuesta me motiva mucho”, comenta.
En uno de sus cursos prácticos que le llevó a Estambul, Álvaro
Bastida recuerda que había colegas no sólo turcos, sino también de
lugares tan distantes como India, China, norte de África e incluso de
Tanzania. Todos ellos habían asistido de oyentes a una ponencia que
meses antes había presentado en Colonia (Alemania), en el seno de la
IDS, una importante feria del sector dental. “Aquello me abrumó, porque
cuando te das cuenta de que hay compañeros de profesión dispuestos a
viajar miles de kilómetros para formarse contigo te entra un sentimiento
de enorme responsabilidad. Tienes que darles lo mejor de ti para que su
esfuerzo les merezca la pena”, subraya.
En 2015, surgió la idea de fundar sus propias aulas de formación en
Vigo y Ourense, por las que han pasado, sobre todo, colegas de España,
América y Asia. “Muchos doctores, tras asistir a mis cursos y
conferencias, solicitaban algo más, querían ver en directo cómo
planifico, opero y resuelvo la parte protética en casos reales”,
argumenta el doctor Bastida. El aula está conectada mediante circuito
cerrado de televisión con un quirófano para retransmitir las
intervenciones en directo. De esa forma los cursillistas pueden aprender
la teoría y la práctica del Sistema FILO aplicada en un paciente en
tiempo real. Situación en España
Bastida Freijedo asegura que “la calidad de la odontología española
es excelente, podemos estar orgullosos”, proclama. “Contamos con muy
buenas universidades en las que los alumnos adquieren los conocimientos y
habilidades necesarios, y me consta que la Facultad de Odontología de
Santiago de Compostela se encuentra entre las mejores de España, tanto a
nivel docente como investigador”. Destaca, además, “la buena labor del
Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos, velando por una adecuada
praxis profesional y la formación continuada de los dentistas
españoles”.
Pero, en el ámbito laboral, Álvaro Bastida lamenta la situación de
paro o las condiciones muchas veces precarias a los que están abocados
muchos recién licenciados en clínicas franquiciadas o marquistas.
“Porque hemos pasado de una situación de relativa escasez de dentistas,
antes de los años ochenta, a la actual de saturación de odontólogos”,
sostiene.
El doctor Bastida afirma que nunca es tarde para poner implantes
dentales y que a partir de los 18 años ya se pueden hacer estos
tratamientos. “Ese viejo sueño de tener una nueva generación de dientes
cuando perdemos los definitivos ya es posible. Los pacientes jóvenes,
que todavía conservan la mayor parte de sus dientes, buscan recuperar la
estética reponiendo con implantes las piezas perdidas, sin alterar ni
desgastar los adyacentes. Y las personas mayores quieren, sobre todo,
recuperar la función masticatoria y son las que más se benefician, no
solo al comer, también al hablar porque se sienten más seguros en su
vida social. Para ellos, la implantología genera mayor calidad de vida y
esta, a su vez, mayor cantidad de vida. Y ese es el objetivo del
Sistema FILO”, apunta.
EFE«¿No ha rellenado usted el formulario online?».
Ésa frase es la pesadilla aeroportuaria de todo ser humano. En
particular, si la respuesta es: «¿Formulario?, ¿qué formulario?».
Afortunadamente,
el formulario que desde hace siete meses tenemos que rellenar los
residentes permanentes en EEUU cuando viajamos por avión -es otro
misterio de la burocracia del mundo, sólo se aplica si se entra por
avión, no por carretera- a Canadá, se rellena en menos de cinco minutos
desde el móvil, tal y como descubrió el autor de estas líneas momentos
después de que el empleado de la aerolínea en la que iba a viajar le
sacara de su ignorancia aduanera. Y los canadienses, que en EEUU tienen
(merecidísima) fama de ser amables, responden al formulario en menos de
dos horas. En mi caso, en menos de dos minutos. Aun así, el susto no me
lo quitó nadie. Tampoco la sorpresa cuando, al rellenar el formulario,
vi que los canadienses dejaban claro que, una vez en su país, no podría
utilizar su servicio de salud pública.
Horas después, ya en
Quebec, la conserje del hotel vivió unos instantes de orgullo patrio
(canadiense, no quebequés) cuando me explicó que, entre los edificios
notables de la ciudad, está el Hotel-Dieu, el primer hospital al Norte
de México. «Lo fundaron en 1637 tres monjas francesas. Y así comenzó la
Sanidad universal en Canadá, de la que todos nos sentimos muy
orgullosos», concluyó, mirándome a los ojos y poniendo énfasis en cada
palabra.
La sanidad pública es un merecido motivo de orgullo,
sobre todo si se tiene a EEUU de vecino. Si cada vez que criticamos
nuestro sistema de salud, los españoles viéramos cómo es la sanidad (por
llamarla de algún modo) estadounidense, iríamos al número 18 del Paseo
del Prado a darle un ramo de flores al ministro de turno. De hecho,
según los datos de la OCDE, la esperanza de vida media de EEUU está más
cerca de la de México que de la de España.
Esas disparidades en
los sistemas de salud han generado un turismo médico que mueve 50.000
millones de euros anuales en todo el mundo. Hay dentistas de Avilés que
se anuncian en webs estadounidenses y, dado que en Washington pisar la
consulta del dentista, decir «buenos días», y marcharse a continuación,
sale por, como poco, 200 dólares, la oferta es digna de ser tenida en
cuenta. Un estudio de 2008 de la Universidad Johns Hopkins (que tiene el
mejor hospital del mundo) relataba el caso de Howard Staab, un
carpintero de Carolina del Norte que se fue a India, visitó el Taj
Mahal, se hizo una cirugía cardiaca y volvió a casa por 10.000 dólares
(9.400 euros). En EEUU, solo la operación (sin turismo) le habría salido
por 20 veces esa cifra.
Ahora, con Brexit, ese turismo puede
experimentar un boom en España. Unos tres millones de ciudadanos de la
UE viven en Gran Bretaña, y 1,3 millones de británicos residen en la UE.
De ellos, 300.000 en España. Pero hay una diferencia muy sustancial
entre unos y otros. Mientras la mayor parte de los europeos que viven en
Reino Unido trabajan, los británicos se vienen a Europa, en general, y a
España, en particular, a jubilarse. La mitad de los ciudadanos del
Reino Unido que viven en España están jubilados. Arreglar eso va a ser
una de las grandes peleas del Brexit. Camilo José Cela contaba la
historia de un pescador de Málaga que le dijo: «Cómo no voy a estar
contento, si he pasado toda la vida donde los ingleses vienen a
morirse». Eso es algo que se les olvidó cuando votaron por el Brexit.