viernes, 9 de marzo de 2018

PARA EL FEMINISMO

El acertijo sobre el sesgo de nuestro pensamiento que da que pensar


LEE ATENTAMENTE ESTE ACERTIJO, MUY USADO EN EL ÁMBITO DE LA PSICOLOGÍA
Un padre y un hijo viajan en coche y tienen un accidente grave. El padre muere y al hijo se lo llevan al hospital porque necesita una compleja operación de emergencia, para la que llaman a una eminencia médica. Pero cuando entra en el quirófano dice: No puedo operarlo, es mi hijo. ¿Cómo es posible?
¡Responde rápido, no lo pienses!
En realidad, la mayoría de las personas no acierta a la primera. Un ejemplo: el 86% de los estudiantes de psicología que participaron en 2014 en un estudio de la Universidad de Boston no llegó a dar la respuesta que parecía más obvia.
Un momento. Repitamos:
Un padre y un hijo viajan en coche y tienen un accidente grave. El padre muere y al hijo se lo llevan al hospital porque necesita una compleja operación de emergencia, para la que llaman a una eminencia médica. Pero cuando entra en el quirófano dice: No puedo operarlo, es mi hijo. ¿Cómo es posible?
¿Has caído en la cuenta, ahora, de que...?
Sí. Lo que nos ocurre a la mayoría, da igual que seamos hombres o mujeres, tiene un nombre científico: "parcialidad implícita" o "sesgo inconsciente".
Su origen está en la infancia temprana, cuando en el cerebro de los niños empiezan a crearse asociaciones neuronales que relacionan conceptos y recuerdos de una manera inconsciente.
Por eso es tan importante la educación desde la edad temprana. Porque esas asociaciones son huellas que configuran nuestra personalidad, nos ayudan a categorizar personas y situaciones y nos acompañan toda la vida.
Como explica Tinu Cornish, psicóloga del centro Equality Challenge Unit, en este reportaje de BBC Mundo, "si cada vez que vas a trabajar o que enciendes la tele o escuchas la radio ves que los hombres están asociados al liderazgo, a un mayor estatus y a una mayor capacidad, eso es lo que nuestro cerebro inconsciente va a aprender".
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Volvamos al acertijo:
Un padre y un hijo viajan en coche y tienen un accidente grave. El padre muere y al hijo se lo llevan al hospital porque necesita una compleja operación de emergencia, para la que llaman a una eminencia médica. Pero cuando entra en el quirófano dice: No puedo operarlo, es mi hijo. ¿Cómo es posible?
¿Te das cuenta ahora?
Las personas somos parciales de manera inconsciente respecto a cuestiones como la raza, el género y la orientación sexual, la edad, el estatus socioeconómico o la discapacidad. O lo que es lo mismo: prejuicios, que, paradójicamente, pueden entrar en colisión con los valores e ideas que decimos defender. Y este sesgo afecta a nuestro comportamiento y a nuestra toma decisiones. Como si una fuerza extraña nos gritara desde el interior.
Conocer su existencia no es suficiente para que se generen cambios. Modificar los roles y los tipos de juegos en la infancia, fomentar modelos femeninos en el trabajo, desarrollar maneras de corregir el sexismo en el lenguaje... Son muchas las posibilidades.
Y, por supuesto, la multitudinaria expresión de la necesidad de cambio que fue la jornada de huelga feminista de este 8 de marzo en España puede contribuir a modificar la situación y evitar este sesgo automático que explica por qué hasta las personas con más conciencia de la igualdad entre hombres y mujeres no se les ocurre resolver el acertijo diciendo: 
La "eminencia médica" es... una mujer

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